11 de octubre de 2013

Chile - Isla de Pascua - Ahu Akahanga



El enterramiento del rey

Nuevo día en la isla de Pascua y nuevos lugares a descubrir, y con los que quedarnos con la boca y los ojos abiertos. 


En la costa este se encuentra Ahu Akahanga (mirar mapa), en cuya entrada nos recibe un desfile de puestos de venta de artesanías varias. 




Se trata de una extensa área con restos de ahus y moái desperdigados por el suelo, así como otros lugares de interés. 





A la entrada hay vestigios de una aldea, con restos de casas-bote o hare vaka, de forma elíptica y suelos realizados con bolones marinos; su forma completa la vimos en la aldea ceremonial de Orongo.






Hoy vemos un antiguo fogón rapanui, umu pae, un hoyo en el suelo en el que se colocaban piedras calientes y sobre ellas la comida envuelta en hojas de plátano que luego se cubría con tierra y pasto. La misma forma de cocción la utilizaban, y afortunadamente la siguen utilizando, los polinesios en Nueva Zelanda, y el resultado es el hangi, una mezcla de pollo, ternera, cerdo, marisco, pan, con un sabor muy especial a ahumado, que en Chiloé se llama curanto. Damos fe que el hangi de Nueva Zelanda estaba riquísimo, y ha sido una pena no haber probado el curanto chileno. 




Primero nos dirigimos hacia la derecha, donde hay una cueva natural. 



La cueva se utilizaba para guardar los utensilios de pesca o para sencillamente acampar. Se puede entrar en ella pero no hay nada especial, solo lo especial de pensar en las historias que se produjeron en ella, o las que se contaron. 




De telón de fondo, el océano, el infinito océano, que cada vez que nuestros ojos se encuentran con él, y es a todas horas dado lo pequeña que es la isla, nos quedamos enganchados a su visión, a su color azul. 



Y el horizonte curvo, sí, es un detalle importante que se me había pasado mencionar: el horizonte no se ve tan plano desde la isla como desde otros lugares de nuestro planeta; y desde un lugar elevado se apreciaría aún más. Y no se trata de un efecto óptico o una sugestión, de repente, miramos, y lo notamos; y tampoco de un efecto producido por el objetivo de la cámara, que no lo capta del todo, es el ojo humano el que mejor lo percibe y no lo distorsiona con grandes objetivos angulares. ¡Que belleza!





Hacia la izquierda se encuentran los restos de un ahu, un altar sobre el que se erigían varios moái, al borde del océano. 




Los investigadores no saben mucho sobre los ahu y sus ceremonias. Se cree que los moái representaban a los antepasados de los clanes, a los que se les ofrecía culto. Los ahu eran monumentos funerarios y a veces se incineraban en ellos a los muertos, guardando los restos en una cavidad de la parte trasera de los mismos. 




Antes de llegar al ahu, lo más cerca que se puede ya que se tratan de zonas protegidas, nos encontramos con varios moái que yacen en el suelo, ya sean completos o partidos, boca arriba o boca abajo. Es como una tortuga que se hubiera dado la vuelta y no pudiera volver a su posición normal, dan ganas de ayudar al moái, como las dan con la tortuga.





Un simple cerco de piedras los protege de nosotros, ¿será suficiente? más cuando el turismo en la isla está creciendo a un ritmo ya no de progresión geométrica, sino exponencial. 

El tamaño de la cabeza ya es grande como para pensar en el cuerpo del moaí, una increíble mole de piedra.




Es impresionante encontrarnos con nuestro primer moaí más completo (el primero fue en Ahu Vinapu pero no estaba tan completa su figura como la de este), que se encuentra tumbado en el suelo. 







Caminamos hacia el ahu, y delante de él, en el suelo se pueden ver los pukao, los sombreros realizados en piedra escoria de color rojo. 




El ahu está semiderruido y sus cuatro moái tumbados boca abajo. Se cree que en este lugar fue enterrado el rey Hotu Matu'a, el que llegó de una isla polinesia por una inspiración de su sacerdote. Los hijos de Hotu Matu'a separaron la cabeza del cuerpo y la ocultaron. 




Otra teoría sobre la razón de existencia de los ahu y los moái se refiere al rey Hotu Matu'a, que soñó con su padre muerto, por lo que no conseguía descansar por las noches, causándole un deterioro físico y mental (normal si estos sueños eran continuos), así que acudió al hechicero Haumaka, que le dijo que tallase una piedra hasta conseguir el rostro de su padre, de este modo “el fantasma” le dejaría en paz (en no pocas civilizaciones si poseemos la figura de aquello que tememos o nos incordia, logramos dominarlo). 


Hotu Matu'a labró el rostro de su padre en lava volcánica y lo colocó frente a la puerta de su casa, a partir de este momento vivió y soñó con tranquilidad,  con lo que sus vecinos comenzaron a imitarle (una orgía de pesadillas tenían que tener los rapanui), construyendo estatuas de sus familiares para que sus almas no les molestaran.

Sinceramente esta teoría es menos creíble, o por lo menos eso me lo parece, porque aplicar la lógica no se puede en este caso; me parece mejor la de venerar a los ancestros, pero todo es posible en este mundo. 




Desde este ahu, al estar algo más elevado, podemos ver que hacia el otro lado hay otro ahu con moái también tumbados y algunos pukao, lo que demuestra la importancia del lugar, aunque no llegamos hasta él, pero no recuerdo si estaba el cartel de no pasar, pero si nadie circulaba por allí así que supongo que sería la razón de que Rosita no nos llevara ni nos lo indicara para acercarnos por nuestra cuenta. 




Salimos de Akahanga y poco a poco vamos conociendo más sobre estas piedras misteriosas, sobre su origen o su leyenda. 




9 de octubre de 2013

Chile - Atardecer en Isla de Pascua

 El pequeño paraíso al atardecer


Tras la increíble tarde pasada en Rano Kau, Orongo, Ahu Vinapu y Ana Kai Tangata nos acercan hasta nuestro hotel, donde intentamos disfrutar del atardecer, aunque como la tarde ha sido nubosa no tenemos una gran suerte con él, aunque las fotos engañan y parecen más de lo que realmente fue (en ocasiones ocurre al contrario, las cámaras no captan la belleza del momento). 





Nos tomamos un refresco en la pequeña terraza del Hotel Altiplánico, a la que cada vez tenemos más querencia y estamos más a gusto; además las vistas y la tranquilidad nos ayudan a procesar la información visual y cultural que hemos tenido. Nos atiende la amable, dicharachera y simpática Valeria, chilena que baila sevillanas que aprendió en España. 




No hay nada que hacer, sólo disfrutar de las vistas, del placer de no hacer nada, del momento, y de sentirse inmensamente afortunados y felices. Es de las pocas veces, por no decir casi la primera, que estamos sentados sin pensar en hacer alguna excursión, algún paseo o corta caminata. Increíble para nosotros, aunque Valeria nos da información para realizar alguna en la que ya habíamos pensado nosotros. 






Tras el momento de contemplación y con la llegada de la noche nos vamos a la habitación para “componernos” y decidimos cenar temprano, por aquello de las esperas, que aunque merezcan la pena, no es cuestión de acabar muy tarde. 


Pedimos para compartir un Gourmet del Mar, no queremos cenar demasiado y preguntamos si sería suficiente, aconsejándonos que no está mal y que podemos quedar satisfechos, cosa que ocurrió. 


El plato consiste en tiradito de pescado (ceviche), camarones al ajillo y calamares apanados (empanados), acompañados de salsa y tostadas de pan. Muy rico. 





A pesar del gran dolor de estómago que padecía, y es que esas nubes me lo tenían bien agarrado y destrozado, acompañé parte de la cena con un pisco sour, que en esta ocasión estaba muy cargado (para hacer dos viajes que diría Chiquito de la Calzada). 


Ha sido un gran día en la Isla de Pascua. 



7 de octubre de 2013

Chile - Isla de Pascua - Ana Kai Tangata



La cueva de los caníbales

Desde Ahu Vinapu en dirección a Hanga Roa hacemos la última visita del día: en el lado suroeste de la isla y muy cerca de la ciudad, se encuentra la cueva Ana Kai Tangata (mirar mapa). 




Un camino conduce hasta el acantilado sobre el mar, donde rompen las olas produciendo el siempre bonito espectáculo de la espuma, con un color azul increíble, como si alguien estuviera pintando las olas para que todo sea perfecto. 





El camino desciende hasta la cueva, cuyo significado es el siguiente: Ana-Cueva, Kai-Comer, Tangata-Seres humanos, la cueva de los antropófagos o de los caníbales, porque la leyenda (o no) cuenta que aquí se practicó el canibalismo, por sobrepoblación  y falta de comida en la isla, aunque hay pocas teorías reales que apoyen esta teoría, con lo que también podría significar cueva donde los hombres comen. 




Lo que sí parece estar demostrado es que en la cueva se construían pequeñas canoas, vaka ama, realizadas con tablas cosidas cuando ya la madera escaseaba en la isla. 




En el interior de la cueva se pueden ver pinturas representando al Manu Tara, el gaviotín apizarrado, del que buscaban el primer huevo desde la aldea ceremonial de Orongo para el ritual del Tangata-manu, el hombre pájaro. Están realizados con los colores rojo, blanco y amarillo, aunque de este último no queda mucho rastro. 





Si bien el interior de la cueva es lo que hemos venido a ver, y por supuesto vemos, el exterior, con el océano formando una especie de piscina natural, las olas golpeando las rocas y los tonos profundamente azules de algunas zonas nos tiene a todo el grupo subyugados y forma parte de la visita y el espectáculo. 





Hay que tener cuidado al entrar en la cueva, un cartel avisa de derrumbes, aparte de la subida de la marea. La pena es no poder quedarnos a contemplar la posible puesta de sol en este lugar






Con la minivan nos van dejando como en un reparto cualquiera en nuestros hoteles, pasando por el pequeño puerto pesquero al sur de Hanga Roa