7 de abril de 2011

Japón - Takayama - Mercadillos

Las compras temprano se hacen mejor

Estamos en la ciudad de Takayama, situada en las laderas occidentales de los Alpes japoneses, cuyo nombre significa "montaña alta". Los carpinteros de Takayama desempeñaron un importante papel en la construcción de Kioto y Nara, con lo que alcanzaron fama como centro de la artesanía en madera; en el siglo VIII, cuando la región era incapaz de producir suficiente arroz para pagar los impuestos cumplía con el fisco enviando artesanos.

Temprano bajamos a desayunar y nos encontramos con japoneses que bajan en yukata, con lo que el día comienza con un poco de folklore, nunca se me había pasado por la cabeza que se pudiera bajar en pijama por un hotel y con total tranquilidad, pero aunque parezca raro esto te da confianza y familiaridad, aunque al principio lo cierto es que produce asombro e incluso algo de risa.

Paseamos por las calles casi desiertas de Takayama y nos va gustando, de momento tiene una mezcla entre hoy y ayer en sus edificios, el ayer le da el toque justo para ser muy agradable,. Nos cuesta caminar porque no hay aceras en algunos lugares y para colmo nos tenemos que acostumbrar a que los coches conducen por la izquierda (esto parece que es un recuerdo de cuando llevaban las espadas en este lado para no chocarse unos contra otros; como la teoría inglesa de que la razón era la utilización del látigo). Lo malo es que comienza a llover y eso nos puede fastidiar mucho el recorrido, y lo bueno es que fue solo una nube de verano. 

A pesar de una población pequeña y sus sitios de interés los tenemos bien localizados en el mapa, se agradece que haya señales indicativas de los mismos. 


Cruzamos el río con su torii anunciando que hay un templo, aunque nunca se sabe a ciencia cierta la distancia a la que se encuentra.


Nuestro destino son los mercadillos matinales (aso-ichi), que gozan de fama y en los que venden alimentos, flores y artesanía, que ya están en marcha y en pleno apogeo. Estan los típicos tenderetes y en las aceras hay unas bonitas tiendas de souvenirs en las que aprovechemos para gastar yenes. Este mercadillo se encuentra a la orilla del río Miyagawa


Hay sartenes en las que cocinan alimentos para su prueba, hay cuencos con alimentos para lo mismo, hay telas, getas (zapatos típicos japoneses), abanicos y pai-pais, artículos de madera.....un auténtico y variado mercadillo.



En el puente Kaji-bashi nos encontramos con unas simpáticas figuras, unos duendecillos del bosque que actúan como protectores de la ciudad y del río. En muchos de los puentes o por las calles hay diversas figuras, pero ninguna tan llamativas como éstas (siento el tercer elemento en discordia pero no hay ninguna foto sin él), una enfrente de la otra.



Seguimos caminando por el pueblo y llegamos a otro de los mercadillos, localizado en Jinyamae, cerca del Palacio Histórico del Gobierno, donde venden principalmente frutas y verduras; los melocotones tienen una pinta espectacular, así como su precio,  exorbitante, como ofrecen de prueba no me corto y tomo un trozo, comprobando que su precio será excesivo por razones desconocidas para mí pero no por su sabor. Como del mercadillo no hay ninguna foto suficientemente interesante, otra de una escultura que se encontraba al lado.


Salimos de la zona por el puente Naka-bashi, con el típico color con el que asociamos los puentes japoneses o chinos.


Damos por finalizada nuestra escapada a los mercadillos, que han resultado ser geniales, con lo que volvemos felices al hotel con nuestras bolsas de compras, y eso que nos hemos contenido mucho. Allí nos esperan nuestros compañeros de viaje y nuestra guía para comenzar las visitas guiadas.


6 de abril de 2011

Japón - Hakone - Owakudani - Lago Ashi - Monte Koma

¿Dónde estará mi Fuji?


Lo primero de la mañana es dejar las maletas a las siete en la puerta de la habitación del hotel, ellas viajarán por su cuenta y llegarán al hotel donde pasemos la noche. A las ocho nos encontramos los integrantes del tour con nuestra guía Sumitsu en el lobby y salimos andando, cual caravana apertrechada de enseres, hasta la estación de trenes de Shinjuku, y es divertido vernos acarrear nuestras pertenencias de mano por la calle.

Allí tomamos un tren para Hakone, desde el cual vamos disfrutando de los primeros paisajes de verde y arrozales, de poblaciones y paisanos, de la vida que no es urbanita.

Antes de continuar tengo que hacer un inciso importante sobre el transporte en ferrocarril en Japón, y es que para los viajes por libre es útil comprar el Japan Rail Pass, que permite coger casi todos los trenes (vienen especificados) para moverse por el país. Puede ser de 7, 14 o 21 días, es para los extranjeros y solo se puede comprar fuera de Japón. 

Llegamos a Hakone, un pueblo balneario, donde a la salida de la estación de tren peregrinamos un poco en busca de nuestro siguiente medio de transporte, un autobús, que nuestra guía no encuentra. Repasando la guía y las notas del viaje veo que hay varios pueblos llamados Hakones en la zona, pero no puedo decir en cual de ellos nos bajamos, es lo que tiene el ir con guía, en muchas ocasiones te dejas llevar sin fijarte bien en la ruta y las paradas, ventajas e inconvenientes.


Continuamos el viaje en autobús, con el que nos adentramos en las montañas y desde el que disfrutamos de bonitos paisajes. Primera parada, el valle de Owakudani, el valle de la Gran Ebullición, un valle con chorros de vapor y aguas sulfurosas, donde hace todavía más calor por esas emanaciones a altas temperaturas.



La temperatura del agua supera con facilidad los 60º, con lo que no es nada recomendable ni meter un dedo para probarlo. 


Lo que sí se puede poner al vapor del agua son huevos, que venden a los turistas casi al por mayor, con lo que aprovechamos para degustar uno, con la cáscara ennegrecida. Se dice que el comerlos alarga siete años la vida, pero solo se puede comer uno, por aquello de que la avaricia rompe el saco supongo, así que espero que estos siete años de más que tenemos sean buenos. Por si os lo preguntáis, su sabor es a huevo ahumado, nada diferente en especial.


De momento el Fuji no se deja ver, el día amaneció despejado pero el cielo se ha ido cubriendo de nubes que tapan las montañas y sobre todo a esta montaña. Con el autobús primero paramos en la reconstrucción de un pueblo de la época Edo (1603-1868), época en la que Japón cerró sus fronteras y ningún ciudadano podía salir ni regresar del país bajo pena de muerte. 


En realidad se trata de la reconstrucción de uno de los puestos de control de viajeros que transitaban por el antiguo camino del Tokaido, entre Kioto y Edo (el actual Tokio). En las construcciones se han instalado como pequeños museos para explicar las utilidades de las mismas y por supuesto, tiendas. 


Tras esta visita paramos a comer en un hotel, con un buffet tanto occidental como oriental. Y por fin llega el viaje esperado y soñado, un crucero por el Lago Ashi, en el que debería reflejarse el Fuji y disfrutar de su visión pero nanai, el tipo está completamente tapado por las nubes, que poco a poco se han ido apoderando del paisaje y no hay asomo de por donde está.

 
Por lo menos vemos el famoso torii naranja de las fotos, del templo sintoísta de Hakone Gongen, templo al que se llega subiendo por las escaleras que se adentran por el bosque, con lo que el camino debe ser interesante y bonito. El santuario fue fundado hace unos 1.200 años y es uno de los mayores de Japón.


Terminado el crucero de nuevo al autobús para ahora tomar un teleférico y ascender al Monte Koma e intentar ver el Fuji, que desde aquí las vistas tienen que ser buenas, pero claro, si abajo había lo que había, arriba por triplicado, niebla y más niebla, ver al de nuestro lado era hasta difícil.


El Fuji no se ha dejado ver así que ¿cómo narices podemos decir que hemos estado en Japón?, esto es como ir a Segovia y no ver el acueducto, pero bueno, tenemos la foto souvenir del mismo y nos tendremos que conformar con ella. Era una de las ilusiones de este viaje, contemplar el Fuji y su reflejo, pero no hemos tenido suerte, aunque parece que es difícil tenerla, ya que el reflejo se puede ver diez días de cada cien.


El Fuji-san, san significa montaña, o Fuji-Yama es la montaña más alta de Japón, con 3.776 m de altura, y dicen que el volcán más hermoso de la tierra. La última erupción tuvo lugar en 1707 y se prolongó durante tres semanas. Lo mejor para disfrutar de un espectacular amanecer, supongo, es escalarlo en la noche; un refrán o proverbio o sencillamente dicho japonés dice, "todo el mundo  debería ascender el Fuji-Yama una vez, pero sólo un loco lo intentaría una segunda. Aquí tenéis el relato de alguien que lo ha hecho y que efectivamente no lo hará una segunda vez. A las mujeres no se les permitió subir hasta 1872. 

Bajamos del teleférico y camino del autobús encontramos a una pareja de japoneses disfrazados (o no) que posan para las fotos de forma natural, nos cuenta la guía que el modo de vestirse de color rosa y algo estrafalaria es una reivindicación de la ecología. Si ya poníamos deditos a la hora de las fotos después de la sesión de estos dos profesionales los deditos victoriosos salían a cada tres por cuatro en nuestro grupo (como supongo en los millones de grupos de turistas).


El autobús nos deja en la estación de Odawara (en esta ocasión sí me fijé) para tomar el tren bala (Shinkansen) en dirección a Nagoya. Es un espectáculo ver pasar el tren en la estación, y eso que en Japón no pueden ir a toda la velocidad posible a causa de su terreno y sus fallas en el mismo. Al ir hacia el andén nos dan una caja bento, que es un picnic de cena para el camino que todavía nos espera, para nosotros sería como comida para llevar, y una botella de agua.


En Nagoya cambiamos de andén y nos toca tomar otro tren hasta nuestro último destino de hoy: Takayama. En el viaje consumimos la cena, ¡¡¡con sus aceitunas!!!, unos sándwiches, de jamón, de atún (con un saborcillo excesivo a pescado), de algo que quería ser parecido a ensaladilla rusa, algo de tempura, pescado guisado y spaguettis o noodles.

Lo más divertido de este viaje fue que descubrimos que los asientos se podían dar la vuelta, y como íbamos en contra del sentido de la marcha, ¡¡todos a cambiar!!, y al llegar a la siguiente estación volvemos a cambiar el sentido de la marcha, con lo que ¡¡de nuevo jaleo!! ante la mirada algo asombrada y estupefacta de los demás viajeros. 


Por fin llegamos a Takayama, a las diez y media de la noche, completamente extenuados,  desde la estación de tren vamos andando con nuestro pequeño equipaje hasta el hotel. El día de hoy ha sido completo: andar, tren, autobús, barco, teleférico....todo lo posible por tomar lo hemos tomado hoy.

Una ducha, porque la ropa parece que va pegada al cuerpo y a dormir, que la agencia ha cambiado el planning y la visita que tenían programada para los mercadillos de Takayama el martes no se realiza, así que la haremos nosotros mañana lunes por nuestra cuenta, y comienzan a las siete de la mañana. ¡¡¡Jesús, que vacaciones!!!.

Personalmente creo que en este tour podrían hacer una escala en Nagoya y visitar su castillo, que es lo que más que resalta en esta población y evitar esta paliza a los pobres viajeros.

5 de abril de 2011

Japón - Tokio - Kabuki-cho

Un menú diferente


Para terminar el día elegimos Kabukicho,  un distrito al este de Shinjuku. Ya ha anochecido y  estará animado e iluminado. El nombre proviene de finales de la década de 1940, con los planes de construir un teatro kabuki, que nunca se llevó a cabo.


En Kabuki-cho se hallan reunidos todos los placeres: comida, bebida, juego y sexo. Así escrito suena fuerte, nos imaginamos algo sórdido, pero por las calles por las que nos movimos nada más alejado de la realidad que vimos; esto no quita que en algunas calles o callejones el ambiente pueda no ser el más adecuado, pero al no verlo no podemos comentarlo. Supuestamente el distrito es la zona de la Yakuza, pero no es tan fácil detectar a sus miembros y sus movimientos, y desde luego no era nuestro objetivo.


Los carteles en muchos lugares no dejan lugar a dudas, sorprenden fotografías de semidesnudas, así como los chavalotes que circulan por sus calles captando posibles clientes, todos con el mismo peinado despeinado, con un traje de la misma hechura y unos zapatos de punta, con lo que llega un momento en que tienes la sensación que es el mismo japonés que se mueve más rápido que tú. 


Pero lo que más me llama la atención son ellos: sus fotos están para ser elegidos, igual que para elegir el menú de las comidas Lo que ví en un documental de viajes es que se paga por la compañía y la conversación, que no está bien visto lo de pagar por favores sexuales de un hombre, pero me parece que esto era más de campaña que de verdad, supongo que las chicas que vayan a estos lugares si quieren y pagan lo tendrán todo. Japón sigue sorprendiéndonos hasta en estos detalles. 


Preferimos no callejear mucho más de las calles más transitadas e iluminadas, y emprendemos la vuelta al hotel, además hemos quedado con la pareja con la que estuvimos por la mañana para cenar en el restaurante francés. Después de la cena nos tomamos una copa en el bar de la planta 44, desde donde se disfrutan unas buenas y bonitas vistas. Haciendo patria me tomo un whisky Suntory al brindis de ¡Kampai!, que es como nuestra ¡Salud!. Cuidadito que "chin-chin" tiene connotaciones sexuales, hace referencia a como llaman los niños a su cosita.

Hoy nos toca rehacer las maletas, mañana comienza en serio el tour. Lo curioso es que las maletas viajan por un lado y nosotros por otro, solo llevamos equipaje de mano.

4 de abril de 2011

Japón - Tokio - Parque Ueno

Nuestros destinos
Siempre vivos
En el corazón del cerezo 

Hoy comenzamos el relato con un haiku, una composición poética de tres versos que suele estar relacionada con la naturaleza, de Matsuo Basho, una de las grandes plumas de la poesía japonesa. Ya veremos la razón de este comienzo.

Caminando todo el mercado de Ameyoko se llega al Parque Ueno, situado en una colina, que se convirtió en el primer parque público de Tokio en 1873. Según entramos, entrada sur del parque, nos topamos con la estatua de Saigo Takamori, que fue el personaje que inspiró la película de El último samurai, y nada que ver con el actor bombón Ken Watanabe.


Saigo fue un famoso samurai de los últimos tiempos del shogunato Tokugawa y la restauración Meiji. Primero fue defensor de la restauración imperial y posteriormente se rebeló contra esta, la rebelión Satsuma, en defensa de la preservación de los valores esenciales japoneses que veía amenazados por la occidentalización que emprendió el emperador. Saigo fue derrotado y murió en 1877. 

Caminamos sin un rumbo fijo, según encontramos un camino por él vamos, y no muy lejos de la estatua se encuentra el templo Kanei-ji Kyomizu Kannon-do, construido para albergar la imagen de la divinidad budista de la compasión, Kannon, que toma como modelo el de Kiyomizu-dera de Kioto. El templo es uno de los dos edificios que sobrevivió a los incendios provocados por los samurais lealistas al shogun en la batalla que tuvo lugar en esta colina en 1867. 


Las mujeres con problemas de fertilidad acuden al templo. Las agraciadas por la diosa deben regresar al tempo y depositar una pequeña muñeca como ofrenda. El 25 de septiembre en una ceremonia se incineran las figurillas depositadas a lo largo del año.

En el lado oeste del parque se encuentra el estanque de Shinobazu, cubierto en gran parte por plantas de loto. El estanque fue diseñado en el siglo XVII, y está separado entre esta  parte de lotos y la parte acuática para navegar en botes.


En un islote en el estanque, unido por un puente de tierra, se halla el templo Benten-do, dedicado a Benten, diosa de la riqueza, musa de las artes y patrona de las parejas enamoradas. En los alrededores del templo hay varios puestos instalados de venta de artículos varios.


Paseamos por el borde del estanque y nos encontramos con bastantes vagabundos o personas sin techo, que hacen su colada en el estanque y no molestan nada. Sobre el tema de la seguridad tengo que comentar que en ningún país me he sentido tan tranquila como en Japón, hasta tal punto de despreocuparme de mi bolso, cosa que nunca hago y menos cuando paseo entre multitudes, pero aunque la guía nos comentó que la delincuencia se va incrementando por el paro que crece, en ningún momento tuve una sensación rara o de alguien con malas intenciones, su cultura de honor todavía es un grado y las imágenes recientes nos dan fe de ello . 


Sin darnos cuenta entramos en el complejo del templo de Gojo-Tenjinsha, al que los fieles suelen acudir a pedir por la salud.


Aunque hacemos el camino inverso, en lugar de entrar lo hacemos de salida por los toris naranjas que conducen a él desde el paseo principal. 

 
El parque es muy famoso por sus cerezos, y en la época de floración tiene que ser impresionante el espectáculo en blanco y rosa. Los japoneses celebran la fiesta del hanami, que consiste en observar los cerezos en flor mientras se realiza un picnic. Esta es la razón del haiku del título, un homenaje a esta floración, a esta fiesta y al poeta Basho.
 
  
Lo que sí buscamos y encontramos es el santuario Tosgho-gu, que es uno de los templos más antiguos y bonitos de Tokio, construido en 1651 fue dedicado al fundador del shogunato,Tokugawa Ieyasu, que fue enterrado aquí y posteriormente trasladado a Nikko. 

 
El acceso al santuario se realiza por un camino con linternas de piedra a ambos lados, por el que sobresale entre los árboles la pagoda Gojuno-to, de cinco pisos.. 




Dentro del parque se hallan varios museos: el Museo Nacional de Tokio, que acoge la mayor colección de arte japonés del mundo; el Museo Nacional de Arte Occidental, que alberga obras de maestros europeos de los siglos XVIII y XIX así como autores modernos; el Museo Metropolitano de Arte de Tokio: el Museo Ueno Mori; el Museo de Ciencias Naturales, y el Museo de Artes y Música de la Universidad de Tokio.

También otros templos pero no llegamos a acercarnos a ellos, como tampoco entramos en el Zoo de Ueno, que abrió en 1882, cuyos animales fueron sacrificados durante la Segunda Guerra Mundial por el peligro de que una bomba los liberara y andaran por la ciudad sin control; como dato curioso, tres elefantes, John, Tonky y Wanly se negaron a comer la comida envenenada y salvaron su vida.

En este parque nos hemos dejado muchos rincones por descubrir ya que hemos entrado tarde en él y no queremos que se nos haga muy de noche para salir.

Volvemos por el mercado de Ameyoko, y aprovechamos para refrescarnos con una brocheta de piña y otra de melón, a 100Y, muy refrescantes y dulces.

3 de abril de 2011

Japón - Tokio - Odaiba - Ikebukuro - Ameyoko

Ocio japonés


Desde el jardín de Hamarikyu caminamos durante un buen trecho hacia el metro, buscamos la estación de Shinbashi, para desde allí ir a nuestro próximo destino: la isla artificial de Odaiba, pero en este caso será solo una toma de contacto visual rápido. Para ello decidimos que tomaremos el monorraíl Yurikamome, que no lleva conductor (aunque creo que ahora si, después de un accidente que hubo), y que suena simpático. Craso error para lo de las vistas, va lleno de gente hasta la bandera, ya que Odaiba es un paraíso de recreo, con playa, una enorme noria, una sala de Toyota, el centro comercial sólo para mujeres de Venus Fort, un gran centro comercial, un balneario ambientado en el periodo Edo, museos varios....vamos, que la gente va a pasar el día y no se aburre nada.

Durante el trayecto vemos el edificio de Fuji TV, diseñado por Tange Kenzo y que es original y bonito, nuevamente con el cristal y el acero como materiales predominantes, y con una gran bola en el centro de 1.200 toneladas, a la que se pueden entrar y es un mirador de la zona.


Vemos una copia de la Estatua de la Libertad, el edificio Tokyo Big Sight, con forma de pirámides invertidas, con un observatorio en su interior y donde se halla instalado el Salón Internacional de Exposiciones de Tokio, y el puente Rainbow, por el que circula el monorraíl, que por la noche iluminado se debe ver impresionante. Imposible tomar fotos o por lo menos buenas fotos de los lugares mencionados o de otros que nos van llamando la atención, es imposible moverse dentro del monorraíl para acercarse a las ventanillas. 


Cuando Occidente comenzó a obligar a Japón a abrirse comercialmente en la década de 1850, el sogunato construyó una serie de daibas (obstáculos) a lo ancho del puerto de Tokio para mantener a los barcos negros extranjeros fuera de él; los barcos extranjeros recibieron el adjetivo de negros por el color de los que llegaron a la bahía dirigidos por el almirante  norteamericano Matthew Perry en 1853. Daiba, u Odaiba, es una isla artificial que casi bloquea la entrada a la bahía de Tokio que debe su nombre a estos obstáculos. 

Lo mejor hubiera sido tomar el barco de vuelta a la ciudad para poder hacer buenas fotos y disfrutar con tranquilidad del paisaje y los edificios, pero esto nos habría llevado más tiempo  y teníamos que aprovechar al máximo el tiempo, así que nos despedimos las parejas y cada una toma su rumbo. Nuestro destino no es nada especial, pero está a medio camino de otros a los que queremos llegar, así que nos dirigimos a Ikebukuro, donde hay un inmenso centro comercial, el Edificio Sunshine 60, en el que casi solamente se ve gente del país, en este no hay muchas caras occidentales o turistas perdidos, y el ambiente merece la pena como contraste a todo lo turístico. La torre del edificio fue la más alta del país hasta la construcción del Landmark Tower en Yokohama, con 240 m de altura, y se alza en el lugar donde se encontraba la prisión de Sugamo, donde fueron condenados y ejecutados siete criminales de guerra de la Segunda Guerra Mundial, incluido el primer ministro Tojo Hideki.

Comemos en un restaurante dentro del centro comercial que elegimos por las fotos de los platos en su exterior (no hay de otra), y aquí el valiente de mi marido se pidió shabu-shabu, un plato de ternera cortado muy finamente que se pasa por un caldo de verduras caliente y luego se moja en salsa de soja o en un huevo batido (muy rico, y al shabu shabu le echo de menos), y yo un plato de tempura. Todo ello acompañado del consabido arroz, que en mi caso se asemeja más a un arroz tres delicias que al típico hervido, cosa que agradezco enormemente, y de la odiosa sopa de miso. 

 
En una pastelería supuestamente francesa me pido un postre raro, es una gelatina  muy fría de melón y kiwi, que no está muy dulce y es refrescante.

Nos vamos a cotillear al Amlux Toyota, un edificio de cinco plantas con plantas llenas de coches para probarlos, y sobre todo de familias que parece que van a pasar el día allí, me produce la sensación que para ellos es un parque de atracciones más; no solo hay coches, y esta será la segunda razón de tanta visita, también hay videojuegos, un planetario, un acuario y un mirador, pero a ninguno de estos tres lugares entramos.


Siendo Toyota no puede faltar un coche de Fórmula Uno. 

 
De nuevo al metro para llegar al Mercado de Ameyoko, ¡¡¡que bien me lo pasé!!!. Era una explosión de tiendas y productos, de alegría, de consumo puro y duro; me gustó mucho esta zona y no somos grandes compradores aunque en ocasiones podamos parecer convulsivos. Es lo más parecido a un bazar asiático como lo entendemos que se puede encontrar en Tokio, incluidas las falsificaciones baratas o no tanto en algunos casos.

Este mercado es un legado del mercado negro que floreció después de la guerra. El nombre es una contracción de Ameya-yokocho (callejón de los dulcés) por los puestos de dulces que solían servir de tapadera a las mercancías -principalmente provenientes de Estados Unidos- que vendían los estraperlistas.


31 de marzo de 2011

Japón - Tokio - Crucero por el río Sumida - Jardín de Hamarikyu

Navegando para llegar a un jardín


Una vez bien desayunados en el mercado de pescado nos vamos al metro para ir a Asakusa, cerca del templo de Senso-ji, que habíamos visitado el del día anterior. La excursión por el metro hasta llegar fue entretenida, porque había que hacer trasbordo entre las dos compañías que funcionan, con la particularidad que había que salir de una estación de una línea a la calle para entrar en la otra estación de la otra línea, eso sí, con el mismo billete.

En los alrededores del puente Azumabashi vemos uno de esos escaparates de los restaurantes que os he comentado, con el muestrario de las comidas en plástico para que no haya lugar a dudas de la elección. Estos platos también se pueden comprar en tiendas como souvenir, aunque su precio no es precisamente barato como para tomárselo a broma. 


Enfrente del puente destacan dos edificios: el Edificio Asahi, que simula ser un vaso de cerveza con espuma (imaginación hay que tener), y a su lado el Edificio Flamme d'Or, diseñado por Philippe Starck, que supuestamente tiene una llama en lo alto, pero los tokiotas lo llaman "el edificio de la caca" (cada cual que elija lo que le parece más, yo lo tengo claro). 


Debajo del puente hay un embarcadero, desde el que salen los barcos que realizan un crucero por el río Sumida. En la espera para embarcar me pedí un té helado con limón, y el modo de prepararlo fue realmente curioso, mucho hielo, rayadura de limón congelada, agua y un chorrito de te para dar color, que sin estar delicioso por lo menos fue refrescante. 


En el río aparte de embarcaciones clásicas tipo paseo con la parte superior abierta para disfrutar del paisaje, como la nuestra, también hay alguna futurista. 



En los laterales del río se ven canales con un ambiente más japonés, o lo que nosotros entendemos que debe ser este ambiente, barcazas de madera con sus letras. Esto es Japón, pasado, presente y futuro van de la mano en todo momento.


El paseo es agradable, se pasa por varios puentes, cada uno de un color, en los que un encargado siempre subía a la parte superior para avisarnos que nos agacharámos para no darnos en la cabeza. No hay nada destacable, aunque se puede disfrutar de la arquitectura de modernos edificios, algunos estéticamente bonitos. 

La última parada para nosotros es el jardín de Hamarikyu, que como dato curioso está cerca del mercado de pescado, parece que estamos dentro de un círculo turístico. Los pinos negros están recortados y apuntalados para ir dándoles la forma que el paisajista o jardinero quiere.


El jardín está situado en la desembocadura del río Sumida, tiene 25 Ha y fue construido para en 1654 para la familia de un shogun, que solía pescar patos aquí. 


Desde 1869 dependió de la Casa Imperial y se convirtió en el Jardín del Palacio Separado. Ahora es un parque público previa entrada que va incluida en el precio del crucero. ¿Reconocéis el ruido?, ¡¡si!!, nuestras amigas las chicharras, aquí comenzamos a escucharlas y creo que aún hoy todavía lo hago, sentimentalismo puro a pesar del sonido.


Un puente de madera conduce a una casa sobre el lago, que fue un pabellón o una villa donde se alojó el presidente americano Ulysses Grant en su visita al país en 1879. 


Hoy la villa se ha convertido en una ochaya o casa de té, donde por el precio de 500Y se realiza la ceremonia del té.


Aunque yo tengo ganas de entrar, para disfrutar y aprender de la ceremonia, mis acompañantes votan por seguir haciendo el recorrido del parque y de la ciudad, así que me quedo con las ganas, y eso que el ambientillo favorecía mucho, pero es lo que tiene el turismo en compañía y quedarse en minoría, hasta con el voto en contra de mi marido. 



El jardín es un oasis verde en el que disfrutamos mucho, a pesar del calor intenso y sofocante, con el contrapunto de los edifcios a su alrededor.