27 de diciembre de 2018

Myanmar - Lago Inle - Maing Thauk

Cruzando el puente

Las visitas del día se han terminado con la del monasterio Nga Hpe Kyaung y emprendemos la vuelta al hotel, saliendo por uno de los canales del lago Inle



El lago, sus reflejos, su entorno, su vida, no dejan de sorprendernos y mostrarnos sus bellas estampas. 


Por la tarde parece que salen más pescadores, no sé si porque los peces son más propicios o porque ya a estas horas hay menos turistas incordiando; aunque tristemente ninguno de los que vimos estaba utilizando la famosa red cónica, eran redes normales. 




En las montañas destacan las pagodas doradas. 


Durante el trayecto cambiamos los planes, es temprano y aunque las nubes van cubriendo el cielo, no parece que vaya a caer un chaparrón (totalmente imprevisible, porque en época de lluvias descarga sin avisar), así que le pedimos a Myo que en lugar de llevarnos al hotel nos deje en la localidad de Maing Thauk, donde se ubica la bodega Red Mountain, que podría haber resultado una interesante visita, pero que no programamos y tampoco se la pedimos a Myo una vez allí. 


Nos dejan en el embarcadero de un puente de madera de unos 0,5 km de longitud, construido sobre pilotes de madera en 2001 por voluntarios de la aldea. 


El puente sirve de unión entre las dos partes de Maing Thauk, la terrestre y la flotante. Algunas casas palafito albergan restaurantes de cocina birmana y en el agua hay jardines flotantes o cultivos de arroz. 





Una vez cruzado el puente, caminamos por la carretera, ni intentamos buscar un taxi, en teoría no estamos muy lejos del hotel, así que a pesar del tráfico vamos con cuidado para no ser atropellados. Pasamos junto a una pagoda, de la que sospechamos que durante la tarde-noche y por la mañana temprano realizan cánticos que desde el hotel escuchamos. 



Sí que nos sorprende pasar junto a una mezquita, aunque parecía totalmente cerrada. No me aventuro a hacer ninguna suposición. 



Lo que no hacemos es perdernos -o intentar preguntar- buscando lo que queda del fuerte Steadman, de la época colonial, donde se encontraba la administración de los estados meridionales shan, del que solo quedan unas tumbas marcadas con un pequeño conjunto de pagodas. Posiblemente con una bicicleta, y si yo supiera montar, habríamos intentado llegar, e incluso al monasterio que veíamos en la montaña desde el lago.

En algo más de media hora llegamos al hotel, y por muy poco nos libramos de un buen chaparrón, porque si esto nos cae durante el camino por la carretera, hubiéramos terminado de agua y barro hasta donde no me puedo imaginar. Afortunadamente para cuando vamos a cenar la lluvia ha cesado y no necesitamos el uso de paraguas. 

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