Noche
de estrellas
En el camino de
vuelta de la cueva Ana Kakenga a Hanga Roa, o al hotel en nuestro caso, que nos queda más cercano, en el camino pararon dos coches, de personas que habían estado visitando la cueva, que nos ofrecieron acercarnos, y antes de que esta boca pudiera decir nada,
nuestra nueva amiga declina la oferta, y como soy educadita por las monjas pues
no le replico, pero si llegamos a estar solos me subo en ese coche sin ninguna
duda. El mundo nos sigue ofreciendo su cara más buena, bondadosa, amable.
Llegamos al hotel cansados, aunque la caminata no ha requerido mucho esfuerzo realmente, con lo que hoy no
toca un refrigerio en la terraza, lo que toca es una ducha vigorizante,
para luego ir a cenar. Un detalle que se me había pasado comentar es que los caminos de mesa en el restaurante también se utilizan como toallas, ya que para la visita a la playa de Anakena, el hotel amablemente nos prestó dos.
Al ser la última noche en la isla, en la que hemos disfrutado enormemente, lo celebramos (alegría y tristeza a la vez) con un
vino chileno, Santa Ema, Select Terroir 20111, de Bodegas Santa Ema, del Valle
del Cachapoal, con uva carménère, uva a la que le hemos cogido mucho cariño y
paladar.
Decidimos que ya que sólo
hemos comido una empanada de atún en Hanga Roa esta noche haremos un pequeño exceso, no demasiado grande ya que de nuevo volvemos a compartir.
De primero,
Ceviche en tres estilos: rapa nui (cebolla morada y cilantro), tailandés (leche
de coco, ralladura de limón y jengibre, y peruano (leche de tigre de ostión).
Riquísimos todos, aunque personalmente me quedo con el primero, el rapanui,
porque me gusta la cebolla y el cilantro, elemento este segundo que a mi marido
no le convence desde nuestro periplo por Vietnam (y es que lo mucho cansa). Acompañan chips de
verduras y un camote (la “patata” morada).
De segundo, Filete
altiplánico, un filete de res con salsa de centollas, acompañado con papas a la crema con
queso azul y trocitos de pera. Un mar y montaña o surf and turf
internacionalmente. IMPRESIONANTE, lo mejor de las cenas que hicimos en el
hotel, y de todas salimos contentos con el sabor y la calidad, de ninguna salimos insatisfechos, pero este plato era de sobresaliente.
Además hoy toca
postre, un helado de vainilla y un suspiro limeño, realizado con manjar blanco
y merengue, rico y muy dulce.
Isla de Pascua tiene
muchos encantos como habéis podido ver, pero por las noches sobresale uno por
encima de todos, y es que tiene un cielo claro en el que se pueden ver un
sinfín de estrellas, te puedes tumbar mirando hacia arriba y pasar la noche
arropada por el cielo iluminado (y un buen forro polar o plumas porque si por el día hace calor, por la noche bajan las temperaturas, por lo menos en la época en que la visitamos). ¡Que bonito!
Para terminar nuestro
viaje por Rapa Nui, creo que la mejor frase es la de un antiguo refrán rapanui,
“aquí lo único más incierto que el futuro
es el pasado”.
Rematamos con música del grupo rapanui
Matato’a, que aparte de ser rítmica y bonita, va acompañada de imágenes de la
isla, más imágenes, bellas imágenes, como las que se nos han quedado en las
retinas y en las cámaras.
Que maravilla. La comida tiene una pinta fantástica y ese cielo resulta maravilloso... Ya me gustaría a mi ir a la Isla de Pascua... siempre me atrajo un monton. Algún día llegará la oportunidad...
ResponderEliminarUn besote,
Trini
http://yoadoroviajar.blogspot.com
Hola Trini! La comida era ponerse las botas, el cielo para quedarse toda la noche "estrellada" y sin dormir, y la isla, para nosotros ha sido mucho más de lo que nos esperábamos y nos lo esperábamos todo.
ResponderEliminarSeguro que algún día nos cuentas tu visión de la isla y de sus maravillosos moáis.
Un beso viajera!