3 de diciembre de 2012

Corea del Sur - Jeju-do - Cráter Sangumburi



Mirador al cráter

Durante el día de ayer, desde nuestra llegada a la isla de Jeju-do, recorrimos lo que el tiempo nos permitió de la parte oeste (mirar mapa), Hallim Park y sus cuevas Hyeopjae y Ssangyong, el Museo de Té O'Sulloc, la costa Yeongmeori y la cascada Cheonjiyeon, hoy nos toca pasar el día en la parte este de la isla. 


Comenzamos el día y las visitas con el cráter Sangumburi (3.000W), por supuesto de origen volcánico.

En la entrada nos recibe un simpático abuelo de ojos saltones, un dolharubang.


Si hay necesidades imperiosas mejor atenderlas antes de tener que poner esta posición de incontinencia que anuncia  los servicios y que más de uno hemos adoptado no en pocas ocasiones.


Ya sabemos, en Corea para ver "algo" hay que caminar y sobre todo, subir. 


Aunque en esta ocasión la subida y la caminata no es nada, un paseo agradable  de menos de diez minutos entre un precioso paisaje de campiña verde. 



En el camino de subida al cráter se ven enterramientos al estilo tradicional de la isla: un ancho y trapezoidal muro de piedra rodeando el túmulo, lo que asemeja estas tumbas a las que hemos visto circulando por el país y las que veremos en Tumuli Park en Gyeongju, un túmulo cubierto de hierba, diferenciándolas el tamaño y la forma.


Se llega a la plataforma desde la que contemplar el cráter tras un corto paseo amenazante de lluvia.


Sangumburi es uno de los tres cráteres principales de la isla, los otros son el lago Baengnokdam en la cima de la montaña Hallasan, situada en el centro de la isla y Seongsan Ilchulbong, situado en la costa este. Sangumburi es el segundo más grande, midiendo 2 km de circunferencia, 250 m de diámetro y 100 m de profundidad. Se encuentra completamente cubierto de vegetación y en él crecen 420 especies de plantas subtropicales, templadas y alpinas. 


Es uno de los 360 conos parásitos o volcanes secundarios que se encuentran en la isla. Cuando explotó el cráter no expulsó mucha lava y no realizó grandes formaciones alrededor del cono, con lo que se asemeja más a una depresión de terreno que a un cráter, sobre todo por la vegetación que lo cubre. 

El sendero no bordea el cráter por completo, sólo es posible asomarse a él por un lado.



Parte del camino está cubierto con un pavimento de goma para que no se empape el suelo y no haya barro en el que resbalarse, gran invento. 




Caminamos en dirección a la figura de un ciervo que nos llama la atención, parece que nos encontremos en una reserva. 


El ciervo marca un lugar cargado de energía, se decía que la celebración de ritos aquí antes de escalar las montañas evitaba los accidentes.  


En este lugar también se cuenta la historia de amor entre una estrella llamada Hangam y la tercera hija del Emperador de Jade, su favorita, de nombre Maljat. Una pareja castigada por el emperador cuando se enteró de sus citas clandestinas, fueron condenados al exilio y  encontraron refugio en Sangumburi. Pero lo que el amor unió, la comida lo separó, ya que la diferencia de gustos alimenticios provocaba malos olores al contrario: él comía carne, ella fruta...no sé si hay moraleja como en nuestros cuentos y se trata de que hay comer de todo para estar sanos y tener relaciones felices...

La visión de este cráter nos ha recordado la que tuvimos en Nueva Zelanda, en la isla de Rangitoto, pero aquí la subida fue más costosa aunque muy gratificante, y el cráter aunque estaba igualmente cubierto de vegetación no estaba tan verde; como es un viaje pendiente de narrar una foto de este cráter para presentároslo. 


Con esto concluimos la visita y volvemos hacia la entrada, pasando de nuevo junto a los enterramientos.


Antes de salir realizamos unas compras en la tienda, sobre todo un trío de tés líquidos que me llamaron la atención, que son pastosos como miel y se disuelven en agua…o es eso o me estoy tomando miel de té diluida en agua caliente pero no, su sabor es a té muy dulce. Sus sabores son: oh-mi-ja (elaborado con unas bayas que tienen los cinco sabores básicos, salado, dulce, amargo, picante y ácido), hallabong (té con mandarinas de la isla del que ya compré en el Museo de Té O'Sulloc en su versión clásica) y cactus. 


Sin ser espectacular resulta curioso estar ante un cráter tan verde y tan fácil de alcanzar, y por supuesto el paisaje acompaña favorablemente, con lo que el paseo sería bonito de realizar con cráter o sin él, que es uno de los puntos fuertes de Corea, sus montañas, sus paisajes, sus senderos. 


29 de noviembre de 2012

Corea del Sur - Jeju-do - Cascada Cheonjiyeon



La sonrisa del cielo

Desde la costa Yeongmeori y la visita fallida al dragón nos dirigimos hacia la ciudad de Seogwipo (mirar mapa), pero no paramos en ella, sólo podemos ver rápidamente el bonito estadio construido para el mundial de fútbol del 2002, un puente con forma de vela y algo del puerto. 




El chófer aparca cerca del puerto, hasta allí podemos llegar en coche, el resto será por supuesto caminando hacia la cascada Cheonjiyeon (2.000W - mirar mapa), por un sendero que pasa por un pequeño bosque subtropical en el valle con forma de U formado por lava que sigue el curso del río Cheonjiyeon. 

Se comienza cruzando un florido puente (fotografía una vez cruzado).


Al ser un espacio natural, más o menos conservado y protegido, los animales se encuentran en su hábitat mientras el flujo de turistas en ambas direcciones es continuo.


El cielo nos sonríe con colores, ya que tenemos la suerte de contemplar el arco iris, pero no como siempre en la posición conocida, sino que está al revés, dibujando en el cielo una amplia sonrisa. Para mí es la primera vez que lo veo así y he tenido que buscar información sobre él; recibe el nombre de arco circumcenital y se produce con condiciones atmosféricas adecuadas, lo curioso es que el cielo tendría que estar despejado y no es así, las nubes lo intentan tapar pero afortunadamente no lo consiguen.

Los meteorólogos dicen que estos arcos se forman cuando la luz del sol rebota sobre cristales de hielo en la atmósfera, enviando los rayos de luz de regreso al cielo, lo malo es que este efecto lo asocian al cambio climático y esto no es nada bueno. 


El paisaje es precioso, no de grandes alturas, pero sí de intensidad de verdor. En el camino hay tiendas de souvenirs, donde se pueden adquirir figuras de dolharubang de diversos tamaños. El que tenga un jardín en casa en lugar de poner enanos de cerámica puede adquirir una de estas figuras y proteger el hogar. 


Uno de los puentes resulta ser algo juguetón, aunque si se pasa saltando las tablas de madera de los laterales mejor hacerlo con precaución para evitarse un tremendo chapuzón. 


Es otro puente el que nos ofrece la estampa más bucólica del lugar. 


Además el puente está bien protegido por dos dolharubang a cada lado.


El valle está protegido y ha sido declarado Monumento Natural por las plantas raras que se encuentran, como la Rubus Hongnoensis, que es de la familia de las rosáceas, así que al que le guste la botánica en profundidad seguramente disfrute buscando la planta. 


Al fondo del paseo y del valle se encuentra la cascada Cheonjiyeon, que significa cascada que conecta el cielo, cheon significa cielo y ji, tierra. 


La cascada tiene una caída de 22 m, y debido a la fuerza del agua se ha producido un estanque de 20 m de profundidad e incluso un agujero en la roca de detrás. 


Afortunadamente para ser verano la cascada lleva agua pero tras una fuerte lluvia el espectáculo debe ser grandioso, una cortina de agua que cubra toda la rocas.

En 1694 se escribió respecto a esta cascada: “cuando se realiza un ritual de lluvia en el otoño, durante la estación seca, funciona el conjuro inmediatamente, gracias a un dragón misterioso que habita en el estanque”. 

Por la noche tanto el camino como la cascada se iluminan con lo que se ofrece una diferente visión, y el paseo debe estar interesante a estas horas, sobre todo si el hotel se tiene en la zona de Seogwipo y el desplazamiento se puede realizar o en coche propio o en taxi.

Emprendemos el camino de vuelta en compañía de las alegres y coloridas flores tanto en la naturaleza como en los decorados puentes. 





Se han terminado las visitas de hoy y de camino al hotel en el que nos alojaremos dos días en la isla, el día ha sido largo porque ya son las siete y cuarto de la tarde, pasamos por uno de esos museos que me hubiera gustado visitar por su punto curioso y friki, el Museo de los Ositos de Peluche, que muestra a estos simpáticos teddy bears como protagonistas de hechos históricos o eventos sociales. Fue inaugurado el abril de 2001, y museos con ositos hay en todo el país y en bastantes ciudades, con lo que éxito tienen sin lugar a dudas; con este museo creo entender algo más aquellos ositos que vimos en el Paseo el Filósofo en Kyoto. La fotografía es la menos mala de las muchas que intentamos hacer cada vez que pasábamos al lado del museo.


El hotel en el que nos alojaremos está destinado principalmente al turismo asiático, por decirlo de cierta forma, siendo un destino para las parejas coreanas, chinas y japonesas en luna de miel; pertenece a la cadena Lotte y se encuentra dentro del Complejo Turístico de Jungmun, cerca de la ciudad de Seogwipo, donde hay hoteles, restaurantes, un campo de golf, un acuario, un jardín botánico, un centro comercial…lo que quiere decir que moverse dentro del complejo sería con transporte de cualquier modo dada la extensión del mismo. 

Durante el registro en el hotel ocurre un hecho que nunca nos había ocurrido, hasta el momento los guías que hemos tenido en Japón, Nueva Zelanda y Australia (no en Vietnam ni en Camboya) tenían habitación en el hotel en que nosotros nos alojábamos, pero Sonia no dispone de habitación en éste, se encuentra al completo y tiene que buscarse la vida en la ciudad. Desconozco si es que los guías viajan con dietas o tengan conciertos de habitaciones con algunos hoteles exclusivamente y este fue uno de los hoteles que cambiamos en el tour, aunque ambos se encuentran dentro del mismo complejo Jungmun. Sonia tampoco nos dio más explicaciones pero si me preocupó el asunto porque esto debería estar previsto, es más, pensaba que el precio del tour incluía todo, hasta el alojamiento del guía.

El hotel es realmente inmenso, llegar a la habitación es doblar pasillo tras pasillo, parece el pasillo infinito, y nuestra habitación está casi al final de uno de ellos. Exploramos la habitación y bajamos a explorar el hotel, sobre todo las posibilidades de cena, y reservamos mesa en el restaurante coreano, Mu Gung Hwa. Tiempo justo para una ducha y casi nada de descanso. 

La diferencia con los restaurantes coreanos en los que hemos estado comiendo con Sonia es que la presentación de la mesa y los cubiertos tienen otro nivel, más acorde a la categoría estrellada del hotel, aunque personalmente la decoración me recuerda a los asadores castellanos. 


No recuerdo exactamente el nombre de los platos. Para mi marido una ternera a la plancha con verduras, que estaba muy tierna y rica (no es bulgogi o eso creo, es como una barbacoa pero ya hecha) y que iba acompañada con varias salsas.


Para mí un estofado de ternera con su hueso acompañada de una oreja de mar también llamada abulón, que dicen que es un manjar. La ternera y el guiso de un sabor exquisito pero el abulón que me creía asemejaría a una tierna vieira y que es carísimo no pude masticarlo, se me hacía bola en la boca. El abulón lo conocimos en Nueva Zelanda por su bonita concha de colores azulados y verdosos como paua, pero allí nunca lo llegamos a probar. Hoy no tenemos banchan y nos entristece, y es que parece que el lujo no siempre es lo mejor e incluso se pierden las buenas costumbres y tradiciones.


Terminamos la cena con un té, eso sí, obsequio de la casa, con lo que cuando ya nos disponíamos a marcharnos nos pararon en el camino de salida para poder degustarlo.