23 de marzo de 2011

Japón - Tokio - Harajuku - Parque Yoyogi koen - Santuario Meiji-jingu

Del templo de la moda al templo de la fe


Terminamos de comer y pasamos por recepción para preguntar si nos pueden dar un mapa, llevamos uno pero siempre es mejor tener más y con indicaciones de  primera mano, y preguntamos también por la estación de metro más cercana y como llegar a ella. El recepcionista hace una indicación a una señorita, que amablemente nos acompaña hasta la puerta, sale a la calle con nosotros, nos acompaña hasta el cruce de semáforo y allí nos indica que todo recto y pasando por debajo de unos túneles llegaremos a ella, ¡¡servicio eficiente cien por cien!!, aunque casi siempre está realizado por amables y sonrientes señoritas, y los señoritos son también amables y sonrientes pero no dedicados a esta tarea.

Llegar hasta la estación fue un camino interminable, parecía que no estaba lejos, pero en Tokio las distancias no tienen nada que ver con lo anteriormente conocido, y al terminar de conocer la ciudad no me quedará más que admitir que Tokio me ha ganado la partida, lo que no han conseguido ciudades como París, Londres y Nueva York, esta lo consiguió en una sola visión desde el autobús y con los primeros pasos por ella.

Después de pasar por el túnel que lleva a la estación de Shinjuku (de tren y de metro), intentar encontrar la línea a tomar, pelearnos un poco con sacar el billete en las máquinas, entramos en el metro, para callejear nuevamente pero en esta ocasión por el submundo de la ciudad, hasta encontrar la línea que buscábamos.

El metro, merece una mención aparte, y recuerdo que este viaje es del año 2008, con lo que puede haber habido cambios. Está estructurado en tres compañías, dos de metro y una de tren, que es circular y para en los puntos céntricos más importantes; y no siempre el billete vale para todas, aunque esto todavía no lo tengo muy claro del todo porque en algún caso si nos validó el billete cuando creíamos que no, lo que es seguro es que para la línea circular sólo valen los suyos. Al sacar el billete hay que mirar el panel  de las líneas para ver el destino y la tarifa a pagar, aunque si se tienen dudas lo mejor es sacar el  billete más barato y ajustar el precio al salir, bien en las máquinas (que no lo conseguimos) o en los trabajadores que hay en cada salida, que te hacen el recálculo y a los que les pagas la diferencia y si les preguntas por cualquier cosa te responden siempre con mucha paciencia. Si el billete es válido te deja salir, pero si no lo es te cierran las puertas y tienes que validarlo de alguna de las formas mencionadas.

Lo que es realmente increíble, como ya había comentado, es que hay otro mundo debajo de la ciudad. Si pensaba que Madrid era un agujero, lo de Tokio ya no tiene nombre, es otra ciudad con miles de personas circulando de un lado para otro. Las conexiones para las líneas son interminables paseos, las salidas en cada estación otro tanto, lo que no se anda por la superficie se anda por el subsuelo.

Pero sin lugar a dudas, es un medio totalmente recomendable, eficaz, limpio, cómodo y sobre todo refrescante en verano, tanto en sus pasillos como en sus vagones, el aire acondicionado siempre listo para tonificarte del calor exterior. 

Hay billetes para todo el día, tanto para una línea sola como para combinaciones de ambas, y una tarjeta en la que se va recargando el dinero para poder seguir utilizándola,  pero dado que nunca sabíamos realmente cuantos viajes haríamos era un poco loco sacar cualquiera de las modalidades sin tener seguro si sería ventajoso o no.

Con la línea circular, Yamanote Line, nos dirigimos sin transbordos a nuestro primer destino, Harajuku, una zona principalmente frecuentada por jóvenes.


En esta zona se encuentra la peatonal calle de Takeshita-dori, lugar donde los jóvenes tokiotas compran moda de lo más alucinante, puntera y atrevida, como se puede comprobar en esta calle y allá por donde hay vida juvenil. Es una explosión de color, gente, olor, luces....Se dice que moda que ha triunfado en Occidente ha salido de esta calle. 



Desde esta calle bajamos andando por el borde del parque Yoyogi, que se encuentra enfrente, buscamos una entrada y seguimos comprobando que efectivamente las distancias prometen cansancio y más cansancio, este parque no es el Retiro, con lo que el metro será nuestro mejor aliado y tendremos que aprender a entenderlo lo más rápido posible.

Pasamos por el puente Gorin, donde se suelen concentrar los jóvenes los domingos por la tarde imitando a sus ídolos musicales, pero sólo vemos a unos cuantos sentados, hoy no es domingo.


Entramos en el parque Yoyogi-koen, es increíble entrar en estos parajes en mitad del caos urbano de gente y tráfico y encontrar el silencio, bueno silencio del todo no, porque las chicharras serán nuestras eternas acompañantes allá donde haya algo de verde. Nuestra guía, más adelante, nos comentará que hay tres tipos de ellas, clasificadas por el ruido que hacen, aunque a mí siempre me parecía el mismo insoportable “cri cri”, al que terminas inmunizándote.

Es un parque de 54 ha precioso, donde no hay mucho gentío, y el paseo es agradable. Se creó al tirar los edificios levantados por las fuerzas de ocupación estadounidenses y fue el principal escenario de los Juegos Olímpicos de 1964, de los que quedan dos estadios proyectados por Tange Kenzo.

Aparte de pasear por el parque lo que queremos visitar es el santuario Meiji-jingu, y nos encontramos con una colección de toneles de sake que nos indican que vamos por el buen camino ya que se llevan para que sean "santificados". Enfrente de los toneles unos cárteles  rectangulares en madera con las donaciones al templo, con cifras en algunos casos escalofriantes. 


Llegamos a nuestro primer torii, las puertas que avisan de la existencia de un santuario o templo (los primeros son sintoístas y los segundos budistas), que no siempre están precisamente cerca del mismo y la emoción nos embarga, luego nos acostumbraremos a verlo pero la emoción seguirá envolviéndonos porque algunos son muy especiales. El torii está construido con madera de cipreses gigantes de Taiwan, de 1.500 años de edad.



Al final del camino, el santuario, que al ser el primero nos impresiona gratamente, tanto por el lugar donde se alza como por la majestuosidad y elegancia del mismo, en madera de ciprés , con toques dorados en sus extremos y con un tejado de cobre. Es el santuario más importante de Tokio, erigido en honor del emperador Meiji, con cuyo reinado se dio el paso de la sociedad medieval a la moderna, entre 1868 y 1912. El emperador y su esposa están enterrados aquí.

Muchos de los santuarios y templos de Japón son reconstrucciones, bien porque fueron destruidos durante la Segunda Guerra Mundial, bien porque la creencia sintoísta los hace destruirlos cada 60 años como un modo de purificación o algo parecido. En el caso de este santuario fue por causa de la guerra y fue reconstruido en 1958 con donaciones de particulares. 


En la entrada de los recintos sagrados, aparte de los torii, no faltan otros detalles: un lugar donde colgar nuestros deseos o ruegos, escritos en unas maderitas con lo que el efecto  logrado es estéticamente bonito, o en unos papeles blancos hechos un lazo y colgados en árboles o verjas en otras ocasiones, lo que aporta luz y alegría. En estas maderas hay ruegos en todos los idiomas.

 
Lo que no falta nunca es un lugar donde purificarnos antes de entrar, con un rito: con el cuenco se coge agua y se lava la mano izquierda, se vuelve a coger agua y se lava la mano derecha, se coge agua otra vez con la mano izquierda y se da un buchito que no se traga, se escupe y de nuevo se coge agua para lavar finalmente la mano izquierda. Yo acabé incorporando un último acto del rito, echarme un cuenco de agua por el cuello para que me corriera y así refrescarme (no será muy religioso, pero era necesario).


En la antesala de los templos y santuarios hay una campana, bien con badajo bien con campanillas bien con una madera que golpea a modo de gong. Primero se lanza una moneda (o varias, dependiendo de la generosidad de cada uno) y con ello ya se tiene acceso a la nueva ceremonia ritual: inclinación, aplaudir dos veces, nueva inclinación; es un acto entre petición y agradecimiento.

No podemos visitar ni los jardines del santuario, que no es el parque de Yoyogi koen, sino un jardín dentro de un santuario dentro de un parque, ni el museo del tesoro, están de reformas en ambos, y además suelen cerrar a las 17 h, con lo que ya íbamos tarde de horario.

22 de marzo de 2011

Japón - Tokio - Shinjuku - Oficina del Gobierno Metropolitano y Rascacielos


Contacto Tokio

El viaje a Japón corresponde a agosto del 2008, nuestro primer viaje largo y organizado, en un tour, una prueba de fuego en todo. El vuelo lo hacemos con KLM vía Amsterdam, con once horas y media desde allí hasta Tokio, que al final se nos hizo pesado, sobre todo porque el espacio entre las butacas era realmente pequeño para tanto tiempo. 

En el avión hay que rellenar papeles de inmigración, tal cual como en EEUU, con preguntas del mismo estilo, que rayan en la absurdez porque nunca dirías “si, soy malo y vengo a hacer cosas tremendas". En el aeropuerto al presentar estos papeles, tal cual como en EEUU, te toman las huellas de los dedos índices y toman una fotografía de nuestra cara cansada por el vuelo.

Nos toca entrar en las estadísticas y nos abren una maleta para hacer un pequeño registro. Lo curioso es que en dos ocasiones se dirigen a mí para preguntarme el motivo de ir a Tokio, como si pudiera ser una inmigrante ilegal, aún viendo que voy acompañada por un hombre, al que no le preguntan nada...extraño, ¿pensarían que iba sola y el hombre solo era un conocido eventual aeronáutico?. 

En el aeropuerto nos espera nuestro contacto para el traslado contratado, que en esta ocasión se diferencia porque nos acompaña hasta la cola del Limousine Airport Bus, que nos llevará hasta el hotel. Es el transporte que se puede tomar desde el aeropuerto por todo el que llega y pasa por hoteles concertados, los más utilizados, y por las estaciones de tren. Con nuestro contacto ni japonés ni español, inglés cada uno a su modo y estilo. 


El aeropuerto está lejos de la ciudad, la autopista de acceso lleva tráfico pero no hay atascos que harían el trayecto más pesado, aun así lleva más de dos horas el llegar al hotel.

 
En el país de los dioses es el título de un libro de Lafcadio Hearn, un greco-irlandés que se afincó en un pueblo de Japón, Matsue, y se enamoró del país y de una autóctona. El comienzo del libro creo que refleja bastante bien lo que se puede esperar de Japón: 

"No deje de anotar sus primeras impresiones lo antes posible -me dijo un amable profesor inglés al que tuve el gusto de conocer después de mi llegada a Japón-, son evanescentes, ya sabe, una vez que se hayan apagado no volverán a usted; y sin embargo, de todas las sensaciones extrañas que pueda experimentar en este país, ninguna será más fascinante que esas primeras impresiones". 1890-1904.

Vamos teniendo las primeras impresiones de la ciudad a través de la ventanilla del autobús, y si ya sospechábamos que iba a ser grande, es increíblemente grande. Parezco una mosca pegada al cristal del autobús, y eso que no he pegado ojo en casi dos días, entre la noche de hacer la maleta y la noche de vuelo, pero no quiero perderme esta primera visión y sentir como Lafcadio.


Nuestro hotel, Keio Plaza, está en la zona de Shinjuku, nombre que significa "posada nueva" y que proviene de las tabernas que florecieron aquí a finales del siglo XVII, cuando la zona se convirtió en la posta más cercana a Edo (antigua capital del imperio japonés) a lo largo de la carretera que iba a los Alpes japoneses. La localidad creció rápidamente y llegó a incluir un enorme distrito de ocio ilícito, que comenzó a renovarse con la construcción de la estación en 1885.

Lo primero al entrar en la habitación del hotel es la sorpresa del baño, ¡¡¡sí, tenemos un inodoro hipermoderno!!!, con sus chorritos de agua limpiadores y con su borde calentito para los días fríos, no vaya a ser que uno se constipe; es tan moderno, que al sentarte ya suelta un chorrito de agua para inspirarte las ganas.

Como no es cuestión de comenzar a  andar mucho, y habrá que ver como se siente la ciudad y como se puede mover uno por ella, yo ya tenía la idea que no iba a ser nada fácil hacerla andando como siempre, nos damos una vuelta por los alrededores, y lo primero que visitamos es la Oficina del Gobierno Metropolitano de Tokio, dos torres de 243 m de altura diseñadas por Tange Kenzo en 1991, inspirado en las catedrales europeos para unos y en chip electrónico para otros; yo no me decanto por ninguna opción. Fueron apodadas como la torre de los impuestos, por su elevado coste de construcción de un billón de dólares. 

Realmente el complejo de la Oficina del Gobierno Metropolitano o Ayuntamiento consta de tres edificios: el Tokyo Metropolitan Building N.1 (las torres), el Tokyo Metropolitan Assembly Building (debajo en la plaza, el de la foto semicircular) y el Tokyo Metropolitan Main Buiding N.2 (estaría a la derecha en la foto).


La plaza de los Ciudadanos, a la entrada del edificio, es semicircular y muy amplia, lo que permite que la visión del edificio del Gobierno sea perfecta. Es una obra preciosa, y como se reflejan la una en la otra y los edificios de alrededor en ellas una composición artística bonita de contemplar.


Subimos a una de las torres, entrada gratuita, la que nos pilla a mano izquierda según se entra, para contemplar la ciudad desde arriba, y disfrutamos enormemente. Estamos en una zona de negocios y hay multitud de rascacielos de oficinas a nuestro alrededor. En teoría a primera hora de la mañana, cuando la contaminación todavía no es grande, el sol está detrás y el viento no soplan, se puede ver el Monte Fuji, pero nosotros no tenemos ninguno de estos requisitos, con lo que vemos la amplia ciudad y los edificios cercanos.


En primer término el Edificio Sumitomo, detrás el Edificio Mitsui de tonalidad negra, por detrás un edificio que en su base termina en curva es el Edificio Sompo Japan, uno de los emblemáticos de la zona, el edificio marrón es el Edificio Shinjuku Center y el que se parece al "pepino" de Londres o a la torre Agbar de Barcelona es el Cocoon Tower


Las tres torres corresponden al Park Hyatt Hotel, aunque no estoy segura si es solo una de las torres y el resto corresponden a oficinas u organismos.

Al salir del edificio pasamos a una especie de "cafetería" de los alrededores para ver si podemos comer algo, pero entre que no nos entendemos y que lo que vemos no nos convence, volvemos al hotel para ver si hay algo abierto, y como no estamos por empezar con las pruebas culinarias acabamos en el restaurante italiano del mismo, todavía es pronto para entrar con la comida japonesa.

21 de marzo de 2011

Japón


みんなで力を合わせれば - La unión hace la fuerza

 

Cuando surgió la idea de crear este blog más o menos tenía la idea del orden en que contaría los viajes realizados hasta el momento, no todos por supuesto pero sí los recientes, los más importantes (que no han sido muchos, tres) , que sería de forma cronológica hacia atrás, y los monográficos a ciudades, pero la actualidad, desgraciadamente, manda, y creo que es el momento de ir a Japón, como un homenaje a un país que nos sorprendió, que nos enamoró, y a una sociedad que a través de los medios de comunicación se la va conociendo, con una entereza, solidaridad, respeto, educación, honradez, que en sus calles preguntando direcciones, en sus restaurantes pidiendo comida, en sus tiendas comprando, o sencillamente paseantes con los que te encuentras, se puede conocer, y no solo a través de una tragedia como la que han sufrido, y de la que espero salgan lo más pronto posible, así es cómo viven y sienten. 

Desde aquí quiero rendir  pleitesía a un país único y maravilloso. Todo tiene su momento y ahora es el de la ayuda de todos para que lo más pronto posible los desplazados por el terremoto y principalmente por el desolador tsunami puedan recuperar sus vidas,  encontrar a sus familiares desaparecidos, y comenzar la reconstrucción de la zona devastada.

Esto lo escribí a la vuelta del viaje para un foro donde participo:

“De Japón vuelvo con la sensación de que es pasado, presente y futuro, porque como ya he comentado se mueve este país, pero sigue manteniendo su historia, sus creencias y retazos de su pasado en algunas calles o pueblos que te hacen viajar en el tiempo. Y sobre todo con el asombro (y la esperanza de contagio para el resto de la humanidad) que es un país de educación y respeto, en el que los saludos son importantes, las sonrisas imprescindibles, el timo o la estafa imposibles (alguno podría escribir casi, pero en mi caso no puedo hacerlo). Cuando veáis un autobús de japoneses que os saludan, devolverles el saludo amablemente, agitar vuestras manos y dedicarles vuestra sonrisa, porque ellos lo han hecho siempre, y no solo al viajar en autobús sino al dejarte en un taxi desde un hotel y a cada momento. Cuando ellos lo hacen en sus viajes no sólo es para demostrar su felicidad sino para compartirla y de algún modo desearte la misma, así como una forma de agradecimiento por lo que están disfrutando”

Sigo pensando lo mismo, quizás ahora matizaría lo de las sonrisas, porque no son tan abiertas como las nuestras, pero su actitud y gesto las acompaña para que mi recuerdo hable de sonrisas. 

Mi corazón está en Japón, como antes lo ha estado en Christchurch (Nueva Zelanda), Australia, Haití, Chile…no conocer no significa no sufrir con las tragedias aunque con el conocimiento se puede tener la sensación de ser más cercanas.

Una leyenda, dos bombas atómicas, una niña, una historia, un deseo, grullas de origami, que hoy de nuevo se han puesto de actualidad. 

 Las 1000 grullas

 Sadako

 

Ánimo Japón! - 頑張って日本!- Nippon kibun

España - Fuentidueña (Segovia)

De aquí a Nueva York y Miami

Una vez comidos en lugar de seguir paseando por Cuéllar, preferimos conocer otra localidad segoviana, Fuentidueña, que fue un poderoso enclave como sede de un condado. 


Aparcamos pasada esta entrada al pueblo, en una pequeña plaza donde se halla la Capilla del Pilar, que pertenecía al Palacio de los Condes de Montijo y que ha sido reconvertida en posada-restaurante.

Andando por la carretera emprendemos la subida hacia la Iglesia de San Miguel, del siglo XII, románica. 


En la iglesia destacan el ábside y la galería porticada, pero sobre todo un detalle, uno de los canecillos, muy erótico él. Estos canecillos románicos son muy comunes en algunas iglesias españolas y son realmente sorprendentes por su "locuacidad".


No muy lejos se halla la entrada al castillo, pero está cerrada, no sé si es de uso privado exclusivamente o si hay algún otro motivo por su cierre. Casi enfrente  de esta entrada están las ruinas de la Iglesia de San Martín


Alrededor de la iglesia hay una necrópolis medieval, con tumbas antropoformas excavadas en la roca y orientadas en la dirección oeste-este (este dato no sé si es importante  por si mismo o solo de situación). Se han documentado 137 tumbas y se remontan las más antiguas al siglo X. 


En 1957 el ábside de la iglesia fue vendido-intercambiado al Gobierno de los EEUU por seis pinturas de San Baudelio de Berlanga (Soria). Ahora se exhibe en The Cloisters, en Nueva York, una sección del Museo Metropolitano. 

Enfrente de la iglesia la Puerta de Trascastillo o de Alfonso VIII (la foto ya es pasada la puerta). Su nombre viene porque continuando el camino se llega a la fuente de Trascastillo, que alimentaba el castillo y la ciudad por una canalización subterránea (no llegamos a ella).


Desde la puerta se ven los campos de Castilla, así como los lienzos de murallas y parte del castillo, y a pesar de embarrarnos por intentar encontrar una entrada "secreta" al castillo no hubo manera.


Volvemos hacia el coche y afortunadamente hay una fuente en la pequeña plaza donde podemos limpiarnos nuestras botas llenas de barro, pero aún así no nos parecen lo suficientemente presentables como entrar a tomar un café y curiosear en la cafetería de la posada. En este momento no llevaba datos suficientes y nos dejamos algunos lugares en el tintero, que en esta ocasión fueron más por desconocimiento que por tiempo.

Continuamos camino hacia Sacramenia, pero ya nos comienza a llover con algo más de fuerza, hasta el momento era un chirimiri intermitente. Intentamos entrar en el Coto de San Bernardo, aunque claramente el cartel de acceso explica que hoy no es día (ni hora) de visitas, con lo que sale el guardés para invitarnos a salir amablemente. 

Aún sin haberlo conocido dejo el dato que en este coto se encuentra la iglesia y las huellas del monasterio cisterciense de Santa María la Real, cuyo claustro, refectorio y la sala capitular se vendieron en 1925 a un potentado norteamericano y desde 1951 se exhiben en Miami (mucho monumento nacional hay que ver en EEUU). 

Un dato de prensa rosa (pero que se puede aplicar a interesados), que yo desconocía al estar allí pero que una buena amiga me ha desvelado, es que en esta iglesia se celebró el matrimonio del Conde Lecquio, y creo que el lugar puede estar muy bien.


Aquí se acaba nuestra pequeña visita a estas tierras segovianas en las que nos hemos dejado muchos rincones por descubrir y algún que otro lechazo por comer.

18 de marzo de 2011

España - Cuéllar (Segovia)

Arcos, un castillo, iglesias y un lechazo

Después de la visita a la Ermita de San Frutos nos fuímos a recorrer localidades segovianas, aunque no tuvimos mucho tiempo para muchas y menos para dedicarles en profundidad. La primera en la que paramos es Cuéllar, declarada conjunto histórico artístico. 

En Cuéllar se celebran los encierros de toros más antiguos de España, datados del siglo XIII (aunque sobre ellos hay polémica con otras localidades castellanas). 

En el siglo XIII comenzó a distinguirse en el terreno político al acoger reuniones de las Cortes de Castilla, y ya era un centro importante exportador de lana. En la pugna por la corona castellana Cuéllar tomó partido por Doña Juana de Trástamara, hija de Enrique  IV, pero supuesta hija de Don Beltrán de la Cueva, que tenía en el castillo-palacio de la villa el centro de su señorío como duque de Alburquerque.  A Doña Juana se la conocía por ello como La Beltraneja. 

Tras la coronación de los Reyes Católicos Cuéllar fue quedando al margen de la vida cortesana, pero mantuvo su desarrollo económico y fue cuna de conquistadores. A partir del siglo XVI entró en una lenta decadencia.

Aparcamos al lado de la Plaza de San Andrés, por casualidad no por decisión, y entramos a la localidad por el Arco de San Andrés, que pertenece al segundo recinto amurallado de la ciudad, de estilo múdejar. En el arco destaca el escudo del Concejo de Cuéllar.


Tal y como hemos hecho en Sepúlveda nos disponemos a callejear, pero en esta ocasión con un mapa, con lo que aunque deambulamos un poco es solo lo justo. De esta forma llegamos hasta la Iglesia de San Esteban, del siglo XIII, con un monumental ábside, considerado como uno de los más sobresalientes del múdejar español, tanto por su tamaño como por las arquerías ciegas y los recuadros de la parte superior. 


Durante la Guerra de la Independencia sufrió expolios por parte de los franceses.


Emprendemos el camino hacia el castillo, y para ello pasamos por el Arco de San Martín. La puerta está flanqueada por dos torreones de planta rectangular y sobre ella de nuevo el escudo del concejo de la villa.


El arco conduce a una explanada, a cuya lado izquierdo se encuentra la Iglesia de San Martín, de estilo múdejar del siglo XII, con un triple ábside de arquerías ciegas.

Al frente nuestro objetivo principal de visitar Cuéllar, el castillo-palacio, construido sobre los restos de una fortaleza anterior por los duques de Alburquerque entre los siglos XV y XVI. Fue utilizado durante unos años como prisión y como hospital.

No llegamos a tiempo de la hora de visita, y las programadas para la tarde no nos cuadran bien para esperar. Algunas de las visitas se realizan de forma de teatro, con actores.


Son cerca de las cuatro de la tarde y lo que tenemos es un hambre tremenda, con lo que nos vamos en dirección a la Plaza Mayor en la que suponemos que algún horno de asar tiene que haber, y nos topamos en este camino con el que supongo antiguo lavadero

Efectivamente en la Plaza Mayor encontramos un figón donde a pesar de la hora que es nos dan de comer medio lechazo asado con ensalada, que no ha sido de los mejores que nos hemos comido pero que sació  el hambre. 

En lugar de seguir callejeando en busca de más monumentos nos vamos hacia el coche para seguir explorando por otros pueblos segovianos. En esta vuelta pasamos al lado del Palacio de Pedro I el Cruel, con portada románica y bastante restaurado; no recuerdo el uso actual que se le está dando. Recibe este nombre por haberse celebrado en este palacio los esponsales de Pedro I, y también recibe el nombre de Casa de la Torre.

Y por la Capilla del Hospital de la Magdalena, construido para albergar a los pobres de la ciudad. Fue construido en el siglo XV y presenta una fachada gótica, destacando los escudos. 


Saliendo de Cuéllar, ya en coche, nos topamos con las ruinas del Convento de San Francisco, fundado a mediados del siglo XIII y reconstruido según modelo renacentista. Fue objeto de un penoso expolio antes de convertirse en fábrica de achicoria; se ha restaurado recientemente pero de la iglesia solo parece mantenerse en pie la fachada, no quedando nada de la cubierta.

En el interior de la iglesia se hallaba el sepulcro en alabastro de Gutierre de la Cueva, obispo de Palencia y hermano de Beltrán de la Cueva. La mayor parte de este conjunto se encuentra actualmente en la Hispanic Society of America, en Nueva York. 

Aquí terminamos nuestro pequeño paseo por Cuéllar, en el que nuevamente nos dejamos por conocer casas y casonas, iglesias y conventos, más arcos y la muralla, así como el interior del castillo. Todo queda pendiente para otra ocasión. 

España - Sepúlveda (Segovia)

Un pequeño paseo

En Sepúlveda se encuentra la Casa del Parque, oficina de información sobre las Hoces del Duratón, y ya que estábamos allí nos dimos un pequeño paseo por la ciudad, aunque nos dejamos muchas calles y monumentos por conocer. 


El origen de la localidad se remonta a la época romana, con el nombre de Septembuplicam, Villa de las Siete Puertas o Villa de los Siete Pueblos; y en los alrededores hay cavernas que se remontan a la Prehistoria.
En el 986 sufrió el saqueo de Almanzor y en el 1010 el conde Sancho García la reconquistó. Como cabecera de una extensa Comunidad de Villa y Tierra vivió un gran auge entre los siglos XI y XII, para constituirse después en señorío de distintas reinas y mantenerse como uno de los más tradicionales baluartes de la Corona.


Lo mejor es callejear, y con un pequeño mapa hubiera estado bien, pero no lo teníamos ni lo pedimos así que fue un paseo improvisado. 

Entramos en la Plaza Mayor, es un ritual pueblo a pueblo, ciudad a ciudad.


La plaza tuvo la condición de coso taurino, alargado, amplio, irregular. En sus flancos se alzan casonas con balcones enrejados. En un extremo de la plaza se halla el Ayuntamiento, de estilo barroco, blasonado y con un reloj en su fachada. Tras el Ayuntamiento destacan los torreones y los muros del antiguo castillo.


Cerca se encuentra la escalinata con crucero que conduce a la Iglesia de San Bartolomé, pero no la subimos y no llegamos hasta ella aunque la intuimos. 



A un pueblo castellano y a su plaza y calles laterales no le pueden faltar sus soportales, que ahora están ocupados por figones donde cocinar los ricos corderos. 



Una cuesta importante conduce a la Iglesia del Salvador, que corona el pueblo.


La iglesia es uno de los edificios más antiguos del románico castellano, fechada en el año 1093, y se la considera como un modelo protípico en la provincia de Segovia. Tiene una galería porticada, con capitales rudamente esculpidos y destaca su robusta torre, exenta, y el ábside. Estaba cerrada y no pudimos conocer su interior. 


Todo lo que se sube se tiene que bajar, y con esas emprendemos el camino de vuelta hacia la Casa del Parque.


Callejeamos un poco más y nos topamos con el Arco del Ecce Homo, una puerta románica de la muralla que recibió hasta el siglo XVII el nombre de Arco de Azogue, por conducir al mercado de la villa. 


Damos por finalizado nuestro pequeño paseo, dejando cantidad de lugares, calles e iglesias por conocer, pero es lo que ocurre cuando no tienes tiempo para hacer todo lo que te apetecería, y en este momento nuestra cita era con las Hoces del Duratón

Sepúlveda también nos debe un rico corderito, con lo que razones hay para otra escapada.

17 de marzo de 2011

España - Hoces del Duratón (Segovia) - Senda larga

Caminante no hay camino...

Para terminar la visita por las hoces hago un pequeño salto en el tiempo, ya que después de visitar la Ermita de San Frutos nos fuimos de visita por pueblos segovianos, y a las hoces el día siguiente, pero el orden cronologico no siempre es el más adecuado para la narración.

La mañana volvió a salir llena de nubes y grisáceo el ambiente, con algunas gotas esporádicas, pero aún así decidimos que vamos a Sepúlveda para pedir información en la oficina para tal fin,  la Casa del Parque  (C/ Conde de Sepúlveda 34) y aunque ni es mucha ni es poca, la justa y que ya sabíamos, decidimos que vamos a intentar hacer la ruta por las hoces, para lo cual de nuevo lo primero es el avituallamiento, para lo que entramos en un bar cerca de la oficina y salimos con dos ricos bocadillos.  

Elegimos hacer la senda larga, del Puente de Talcano al Puente de Villaseca. Desde Sepúlveda se siguen las indicaciones "Hoces del Duratón" y se llega a un parking sobre tierra donde dejamos el coche y comienza la senda. 


El trayecto son 12-14 kilómetros (es que tengo los dos datos y no tengo claro la distancia con seguridad y durante el recorrido todavía se hace más confuso), así que de 24 a 28 kilómetros de ida y vuelta. Nuestra idea es caminar y disfrutar del paisaje, no nos hemos puesto meta de llegar hasta el final, dependerá del tiempo y de nuestras fuerzas. 

El puente romano de Talcano se encuentra al bajar la cuesta desde el aparcamiento, aunque agua debajo no hay.


Pasado este puente hay otro, entre pasarela y puente, por el que si discurre el agua debajo. Esta de la foto es más adelante del camino, que es más bonita.


La naturaleza caliza de las rocas ha propiciado la labor corrosiva del río, socavando el cañón con alturas en algunos puntos por encima de los 70 m.


El caminar va discurriendo tan pronto en una vereda estrecha pegada al río, sobre el que hay pequeños pasos-puentes (pocos). 


Con acceso a fuentes. 


Como de pronto el camino se sigue pegado a las paredes rocosas. 


Que se abre a grandes explanadas y el río se intuye pero no se ve y no se oye, solo en contadas ocasiones.


Vamos disfrutando del paisaje, de la naturaleza vegetal muy otoñal.




Descubriendo a un habitante animal, que estaba inquieta ante nuestra presencia, no dejaba de moverse y mirar continuamente hacia todos los lados, con lo que capturarla con la cámara tuvo su rato de paciencia y perseverencia (que no fueron mis cualidades).


Precioso el paisaje que tenemos ante nuestros ojos, y eso que hemos llegado tarde a la explosión del otoño, y sus colores no abundan ni son tan variados como hace dos semanas según nos contaron en el hotel. 


Las rocas, como en casi todas las hoces o cañones, toman la forma de castillo inexpugnable. 


Por algún lugar del camino se encuentran las ruinas románicas de la Ermita de San Julián, pero no es posible ni verla ni acceder a ella desde abajo; y con el tiempo amenazante decidimos no excursionar fuera de la senda. 


El buitre leonado tiene en las hoces una de las colonias de cría más importante de Europa.


El buitre desarrolla su ciclo reproductor en la primera mitad del año, puesto que tras un periodo de incubación de dos meses del, generalmente único huevo que ponen las hembras a primeros de enero, siguen otros cuatro hasta que el pollo inicia sus primeros vuelos. Por esta razón del 1 de enero al 31 de julio se debe solicitar autorización para transitar por las Zonas de Reserva en la Casa del Parque de Sepúlveda.


Nosotros hemos ido caminando sin pensar en kilómetros ni distancias ni objetivos, pero de repente llegamos a un puente, el puente del Villar, con unos carteles con indicaciones, desde el Puente de Talcano hemos realizado 6 km, y hasta el Puente de Villaseca quedan 4 kilómetros, con lo que a mí me han sisado como mínimo 2 kilómetros de esos 12-14 kilómetros de los que tenía en principio esta senda larga. 


Decidimos continuar pero a falta de unos 2 kilómetros (es lo que suponemos, a lo mejor estábamos al lado y era un suspiro o más lejos de lo que suponía nuestro optimismo) pensamos que era mejor emprender la vuelta. Una de las máximas que intentamos seguir en el campo es guardar fuerzas para la vuelta, que aunque siempre es más rápida y fácil es preferible no ir asfixiado o tener algún problema que impida la marcha. No fue fácil la decisión porque solemos ser bastante perseverantes, además estando tan cerca, pero mi marido iba con un buen catarro y a mí las rodillas de vez en cuando me flojean, si alguno de los dos se cuaja allí, con la poca gente que circulaba, la cosa se hubiera puesto complicada.


Cerca del puente de de Villaseca se encuentra la Cueva de los Siete Altares, de época visigoda, entre los años 414 y 711, que era utilizada como lugar de oración por los ermitaños de la zona. Ahora se encuentra cerrada con una verja para preservarla.
Tendremos que volver para completar la senda completa, o hacer la trampa de comenzar por el puente de Villaseca, ver la cueva y luego realizar otro recorrido de los que hay: la senda de los dos ríos, de 5 km, o la corta senda de la Glorieta, de 800 m. 

Un buen truco para no hacer el camino de ida y vuelta es tener dos coches, uno en el Puente de Talcano y otro en el de Villaseca.