28 de enero de 2011

Vietnam - Saigón (3) - Palacio de la Reunificación - Templo de Mariamman - Ayuntamiento

 Bonsoir Saigón


Desde la plaza Lam Son, llegamos hasta el Palacio de la Reunificación, que tenía que ser la residencia del infame presidente Ngo Dinh Diem, pero fue asesinado por su propio ejército en 1963 y no llegó a ocuparlo. Se terminó en 1966 y se instaló en él el siguiente presidente, Nguen Van Thieu, hasta que tuvo que huir del país finalizada la guerra (un poquito antes por aquello de que no le pillaran, el 21 de abril de 1975), en un helicóptero desde la terraza del palacio, delegando el gobierno en el vicepresidente, que a su vez lo delegó en el  coronelDuong Van Minh una semana más tade (menudo traspaso de poderes).  


Durante el siglo XIX el lugar estuvo ocupado por el palacio Norodom, que era la residencia del gobernador francés y luego paso a ser la del presidente Ngo Dinh Diem con el nombre de Palacio de la Independencia, pero en 1962 dos pilotos durante el golpe del Estado lo alcanzaron y fue condenado a la demolición.


En la visita nos hacemos un poco de lío al principio, vemos unas cuantas salas de reunión, imposible identificarlas ahora, pero todas ellas en la entrada tienen el nombre en vietnamita y en inglés de su uso así que con interés y en caso necesario apuntar todo sería fácil. Aparte del exceso de información durante todo el viaje, también me he relajado en ocasiones, lo que conlleva el caos en el qué es qué pero no me estresso por ello. Creo que esta es la sala de conferencias, por la mesa en forma de canoa.


Sin darnos cuenta nos topamos con las escaleras y nos vamos directamente abajo, un sótano algo claustrofóbico pero sumamente interesante, donde el presidente Ngo Dinh Diem ordenó construir un refugio antibombas.

Hay cuartos o cuartuchos con mapas, teléfonos de la época, desde donde se intentaba controlar la guerra contra el Vietcong. En otras equipos de radiofonía, teletipos, parece que hayamos retrocedido en el tiempo al bajar por la escalera, e incluso nos hemos colado en una película de espías de los 60. 


También se visita el despacho de guerra del presidente con uno de esos teléfonos con un botón rojo, tan cinéfilos ellos. 

En un salón infinidad de fotos sobre la guerra, está completamente lleno de un grupo de turistas chinos, con lo que no podemos dedicarle mucho tiempo entre tanta cabeza, pero conseguimos la foto de la foto, cuando un tanque norvietnamita derribó la verja del palacio el 30 de abril de 1975, fotografía que fue el símbolo de la reunificación del país, y por eso el cambio de nombre nuevamente del palacio, ahora Palacio de la Reunificación.


Aparcado en un pasillo uno de los coches del presidente.

 
También se pueden visitar las cocinas, que están impolutas, y se podría preparar un banquete en ellas.

Este es el despacho del presidente, ya en los pisos superiores, creo que en el segundo, donde por supuesto destaca un teléfono rojo. Desde este teléfono existía un pasillo, secreto y bien cerrado, por el que el presidente descendía a los sótanos y al búnker.


Y no estoy segura si fue aquí o en otra sala, donde el general Minh, que se había quedado en Vietnam del Sur en el poder después de la deserción del presidente y el vicepresidente, recibió a las 11.30 h del 30 de abril de 1975 al oficial del Vietcong que entró al palacio para tomarlo. La conversación entre ellos fue:

Minh – He estado esperando desde primera hora de la mañana para transferirle los poderes
Oficial – No es cuestión de transferir el poder, no se puede dar lo que no se posee

En una de las salas presentaban las credenciales los embajadores, solo recuerdo que las sillas eran rojas, pero es posible que no sea precisamente esta de la foto. Leyéndome no parezco de gran utilidad para visitar el palacio, pero su visita merece la pena históricamente y con atención a los carteles que os he mencionado se puede controlar y memorizar todo lo que se ve. 


Arquitectónicamente lo que más me sorprendió del edificio es que donde se encuentran los salones y habitaciones es en un rectángulo interno rodeado por unos amplios y altos pasillos al exterior.

 
Desde las ventanas del pasillo se obtienen unas bonitas vistas de la calle. 


Supongo que por esos techos tan altos las escaleras son “de doble piso”, es decir, se suben dos tramos para pasar de un piso a otro, y no sé si me explico bien del todo. 

Detrás de un jardín interior se encuentran las habitaciones privadas del presidente en el tercer piso, donde incluso existía un casino-bar, que no es la sala de la foto.


En el jardín de esta planta se exponen regalos que le hicieron al presidente, entre los que destacan unas tristes patas de elefante.



En el último piso se encuentra la terraza, con un helicóptero, de nuevo un UH-1. 


 
Destacan dos círculos pintados en el suelo con un mensaje en su interior, recuerdan las bombas lanzadas por un soldado survietnamita que sacó a relucir sus insignias del norte en los días finales de la guerra, vamos, un esquirol cobarde con todas las letras pero que ha pasado a héroe, cosas de la guerra y de la historia. 

Este es el texto:   At 8.30 a.m. Abril 8 First Lieutenant Pilot Nguyen Thanh Trung flew F5E and threw down two bombs at the right target here

Terminada la visita son casi las 5 de la tarde y estamos cansados, el día nos está pesando, así que decidimos hacer una última visita y elijo algo diferente, el templo de Mariamman, dedicado a la diosa hindú de la fuerza, al que llegamos bajo la lluvia, que no es tremenda como las que hemos sufrido hasta el momento pero que nos preocupa por si llega a estos extremos ya conocidos. Fue construido a finales del siglo XIX

La elección de este templo es porque es diferente, es una construcción no conocida, y aunque hay más pagodas que pueden ser visitables, esto le da y nunca mejor dicho un toque de color, con esa gopura (puerta de entrada) tan divertida. 

 
Otra razón para haber ido a este templo es más práctica, desde el palacio podemos llegar andando porque casi todas las pagodas visitables de la ciudad están alejadas y Saigón no es para caminarla y menos con horarios ajustados. 

Al entrar una señora se empeña en darme un paquete con incienso y yo lo rechazo continuamente, pero ella insiste e insiste y al final mi marido tranquilamente lo toma, él es más bueno y generoso yo, que tengo claro que esto no es un regalo y si yo quiero poner incienso lo pongo o doy un donativo pero estos modos son los que no me gustan.

El templo fue construido a finales del siglo XIX. Un patio rodea el altar central, con más imágenes de colorines representando diosas y dioses. Nos damos la vuelta al patio encendiendo los palitos de incienso y haciendo las tres inclinaciones de cabeza con ellos en la mano, aunque no tengo claro si hice las peticiones adecuadas en el incensario adecuado.

En el centro se encuentra el santuario principal, donde aparte de entrar la gente a orar también han montado un chiringuito de venta de comida, con lo que no es respetuoso hacer fotos o por lo menos no nos lo parece, incluso asomar la cabeza no nos parece conveniente. A los lados del santuario central hay otros dos, más pequeños, donde continuamente entra la gente, así que lo único fotografiable fue la decoración superior, que es tan diferente, tan colorida, tan divertida que esto no parecería un templo si la gente no estuviera haciendo sus rezos e inclinando sus cabezas.

 
Supongo que estos caballos blanco y rojo no tienen nada que ver con los de Quan Cong, pero parece que nos persiguen para dejarnos con la intriga de su propietario. 

Son las cinco y media de la tarde, llueve lo suyo, el madrugón y el día nos tienen algo cansados así que nos volvemos al hotel para intentar descansar un poco. Las maletas no necesitan mucho orden aunque mañana salimos de Saigón para volver un día después y ya en Danang las dejamos listas, pero si hay que dejar lista una de mano para no ir apurados. 

En la vuelta hacia el hotel pasamos por el Hotel Rex, donde se instalaron oficinas de la CIA y donde los militares celebraban conferencias de prensa diarias a las que los periodistas llamaban Five O’Clock Follies (la revista de variedades de las cinco) y que llegaron a conocerse como las Mentiras de las Cinco.

Saliendo del hotel por Le Loi a Dong Khoi y bajando por ésta, se halla el tramo por el que los franceses desfilaron al abandonar el país cantantdo Je ne regrette rien.


En lugar de ir por el camino recto damos algo marcha atrás para ver el Ayuntamiento, Hotel de Ville en la época francesa, construido en 1908 a semejanza del parisino (nuevamente intentaron copiar sus edificios), que es el edificio más majestuoso de la ciudad, pero no es visitable. Hoy se llama Edificio del Comité Popular y sigue albergando las oficinas de la municipalidad.


Esta zona por la que hemos paseado es donde se concentraban los burdeles y los bares de gogós durante la guerra de Vietnam, pero hoy no queda ni uno, por lo menos a simple vista. 
 
Plegamos zapatillas y nos vamos al hotel a las tareas varias, incluida la del descanso. A la hora de la cena lo intentamos en el restaurante de la planta baja, pero si es por carta tenemos que esperar más de media hora, y son casi las diez, y si no tiene que ser de buffet, en principio nos parece bien, pero cuando estamos sentados la señorita avisa que el precio por persona son 55$, yo no la entendí pero mi marido se queda a cuadros, y no por el precio en sí, sino que es una tontería pagar esto cuando no nos vamos a poner las botas. La señorita nos aconseja que lo intentemos en la cafetería, que tiene el mismo menú que ellos…cosas raras de la hostelería.

Después de la cena nos damos una vuelta por los alrededores, pero tomamos una calle que a mitad de camino no tenía nada, se volvía muy oscura y nos dimos media vuelta por aquello de ser precavidos, con lo que disfrutamos de la Ópera y del Hotel Continental  con su iluminación nocturna y poco más.



27 de enero de 2011

Vietnam - Saigón (2) Catedral de Notre Dame - Oficina Central de Correos - Mercado de Binh Tay - Templo de Thien Hau - Dong Khoi

Bonjour Saigón

Saigón es una ciudad joven, con algo más de trescientos años, pero que ha crecido y se ha desarrollado más que ninguna otra ciudad del país, llegando a ser una ciudad moderna y cosmopolita, con sus reductos vietnamitas o chinos. No en vano fue la ciudad que nació en la Indochina francesa.

En sus orígenes dependía del Imperio Jemer de Camboya, como una pequeña aldea portuaria, que comenzó a extenderse y poblarse con la llegada de chinos cantoneses perseguidos por la dinastía Manchú, que fueron apoyados por los señores de Nguyen para que colonizaran la parte norte del río Mekong. 

En 1698 se funda oficialmente Saigón, echando en 1830 a la guarnición jemer que permanecía en la ciudad. 

Al no disponer de bastiones de defensa, los franceses tomaron la ciudad en 1859, que ya estaban establecidos en Danang desde una década antes, cuando atacaron esta ciudad en defensa de los misioneros católicos que eran perseguidos. Saigón se convierte en la capital colonial  y se construyen multitud de edificios y amplios paseos. 

En 1954 el país queda dividido entre Vietnam del Sur, comunista, y Vietnam del Norte, con Dinh Diem de emperador, que con un régimen brutal dio lugar a la formación del Viet Cong. Después llegaron los americanos y la guerra. En 1976 se proclama la República Socialista de Vietnam y a Hanoi como su capital. 

A Saigón se la llama Ho Chi Minh City (para los trámites oficiales y burocráticos principalmente) y los nombres de sus calles con reminiscencia francesa o inglesa son cambiados, dejando solo algunos, como por ejemplo las dedicadas a Marie Curie o Louis Pasteur. 

Con el coche vamos al centro de la ciudad, donde comenzó Saigón a ser Saigón, paramos al lado de la Catedral de Notre Dame, pero no la visitamos aunque deberíamos porque su visita está incluida en el tour supuestamente. En el exterior de la catedral una pareja de novios se está haciendo las típicas fotos de la boda antes de la boda, ahora todo es más moderno y occidental que cuando vimos a la otra pareja en el camino hacia la tumba japonesa en ruta hacia Hoi An

Se construyó entre 1887 y 1883 con ladrillos importados de Marsella, y sus torres campanario miden 56 m (supuestamente abiertas los domingos para poder subir).


De nuevo la teoría es que se parece a la original de París pero es que….esta semejanza en esta ocasión es imposible de encontrar, Notre Dame solo hay una. 

Lo que si vamos a visitar es el bonito edificio la Oficina Central de Correos, diseñado por la empresa de Eiffel y construida entre 1886 y 1891. En la fachada destacan unos nombres, un homenaje a hombres ilustres sencillamente: Franklin, Descartes, Volta…


Su interior abovedado y con pilares de hierro pintados en verde se asemeja a una estación de tren europea del siglo XIX. Al fondo destaca el retrato del Tío Ho, no podía faltar. 

 
En coche vamos al distrito 5, Cho Lon, el barrio chino de Saigón, y donde Marguerite Duras situó la historia de El amante, aunque al no andar por él no notamos nada del ambiente melancólico e incluso peligroso que tuvo, fue un nido de ladrones, con fumaderos de opio, salas de juego y burdeles. Los tiempos han cambiado para bien y para mal. 

Nuestra primera visita en el barrio es el mercado de Binh Tay, con aires a pagoda, en su tejado, destacando la torre del reloj en la fachada. 


En el interior del mercado hay un patio, donde hay una fuente con esculturas y un monumento dedicado al chino que fundó este mercado en 1930, aunque ya en 1826 un comerciante chino construyó una estructura permanente para albergar puestos al aire libre de la zona.

¡¡Coge tu sombrero y póntelo….!! Si lo encuentras claro.



De nuevo un sinfín de puestos con artículos de todo tipo, desde ropa a objetos domésticos, pasando por supuesto por la comida con su infinita variedad de todo, más desconocido que conocido. 

Llaman nuestra atención unos huevos negros, nuestra guía dice que son de pato, y esa capa negra se consigue con ceniza de arroz mezclada con sal y sirve para conservarlos tiempo y se sirven luego en sopa. Además sirven para purificar y se suelen comer en las dietas. 



 En la mitad de un pasillo una fila de “restaurantes”, de los que sinceramente salía buen olor y buenos platos, por mí me hubiera quedado a comer allí tan ricamente, aunque hubiera sido la sopa caliente de pollo, porque para lo que comimos luego…mejor lo malo desconocido que lo no tan malo conocido por comer. 


Cerca del mercado un lugar de comidas curioso, KFC, que en realidad es Ga Ran Kentucky. En principio es la imitación vietnamita de la cadena norteamericana, pero con las siglas americanas y el cocinero tan igualito me da que a estas alturas no permitirían pirateos tan brutales para no entorpecer las relaciones comerciales, y puede que ahora sea el auténtico pollo Kentucky, aunque en el pasado, cuando los capitales no llegaban, se permitiera todo y esta cadena era imitación total, aunque es posible que el pollo no sea tan rebozado (el modo de comprobarlo era entrar y comer pero no estábamos por la labor).


Seguimos en el barrio y nuevamente en coche, con lo que bueno que sería habernos dado un paseo por él andando, nos acercan al Templo de Thien Hau o Pagoda de la Dama. A Thien Hau, la diosa protectora del mar y de los marineros, ya la conocimos en Hoi An.


Fue construido por la comunidad cantonesa de la ciudad a finales del siglo XIX y lo que sorprende, y parece mentira que lo consiga, es su elaborada decoración, en cerámica, todos bien apiñaditos para que ninguno se caiga. 

 
No faltan los guardianes del templo a cada lado, donde aparte de las figuras doradas y coloristas destaca el labrado de la madera, y los caracteres chinos pintados en ella. 

Se entra al patio y los ojos no pueden dar abasto a tanta figurita de cerámica, con unos buenos prismáticos no se escaparía ni un detalle y se puede pasar uno el día allí. Las figuras representan leyendas chinas, y con un buen chino que se las sepa debe ser entretenido ir descubriendo cada una de ellas.


Del patio al santuario, con su incienso circular dando ambiente, aunque ya está casi todo consumido.




En el altar una triple Thien Hau, tres tamaños diferentes para la diosa, si esto no es protección. 

En la salida me retraso, busco un detalle, uno de esos tan míos y tan raros, y hago que mi marido me acompañe, Tram se queda alucinada con lo que estoy buscando y no lo entiende, ella se queda más con las figuras labradas, con los dibujos intrincados, pero a mí me llamaba la atención encontrar unos bastones metálicos que corresponden a las boquillas de las mangueras utilizadas para extinguir el incendio del templo en 1898. Supongo que figuras ya hemos visto muchas y boquillas ninguna, y lo que hace diferente un templo a otro, una pagoda a otra, aparte de su arquitectura y decoración, en muchas ocasiones son estos pequeños detalles. 

Salimos del templo por un callejón, y es que en la calle principal no se puede aparcar, y por este callejón nuestro coche nos espera sin problemas, pero es raro hacerlo así. 

En todos los coches que nos han llevado los conductores llevaban sus amuletos, que si uno de campanillas, que si un Buda, pero lo de este nos hizo mucha gracia, y aunque alguna vez intenté arrancarme para preguntar el significado me parecía de mala educación y al final no lo hice, con lo que me he quedado (y ahora vosotros) con las ganas. Según una amiga es una botella pequeña de ¡¡cognac!!, Napoleon Courvoisier para ser exactos, así que como amuleto me parece raro y como animal de compañía para un conductor más todavía.



De camino al hotel nos topamos con un pequeño atasco, Tram se pone nerviosa y habla con el conductor para que de media vuelta y busque otro camino, pues tan pancho va y desde la derecha de la calzada atraviesa el atasco poniéndose casi perpendicular a los coches para salir de allí y cambiar la dirección…alucinante…y sin un solo pitido. 

Vamos al hotel, donde hacemos el registro y dejamos las maletas. Y a comer, al preguntarle a Tram donde nos llevaría, ponemos los dos cara de susto, ¡¡al Pacharán!!, ¡¡oño el Pedro de Vietnam!!, dueño al que habíamos visto en un reportaje de Españoles por el mundo, en el restaurante que también tiene en Camboya y no nos cayó en gracia…Dios los cría y ellos se juntan por el mundo. Tram extrañada por nuestras caras pregunta si no nos apetece, y le contestamos la verdad, que preferimos comida vietnamita, que ya que estamos allí, y ella se sigue sorprendiendo, pues todos los que vienen agradecen que le lleven aquí….si al final somos bichos turísticos raros, pero es que para las cenas en los hoteles siempre se puede optar por la comida occidental con lo que a mediodía se puede experimentar y probar de todo un poco ¿o no? 

 Lo que sí hice fue mirar y remirar la pata de jamón que tenían, por aquello de un sabor ¡¡español español español!!, pero no era cinco jotas sino dos y media, con lo que no pedimos una ración. Adios Pacharán. Para los que extrañen los sabores nacionales no es una mala elección, aunque para esto como en casa en ningún sitio.

Ni hotel ni maletas ni descanso, si paramos lo más seguro es que entremos en sueño profundo por el madrugón, así que  directamente a conocer algo de Saigón. En la plaza Lam Son, enfrente del hotel, al lado de la calle comercial Dong Khoi, situado en la zona más francesa de la ciudad, se encuentra el Teatro Municipal de la Ópera, que pensábamos que se podía visitar y nuevamente nos es imposible como en Hanoi, supongo que en este caso porque por las noches había actuaciones, con lo que pasamos de largo (y lo haremos en varias ocasiones).

En una esquina enfrente el Café Givral, una pastelería-restaurante de gran fama, que incluso inspiró a Graham Greene para El americano impasible, pero los tiempos corren y el edificio está clausurado por una posible demolición, así que un histórico menos en la ciudad.

Enfrente de la cafetería el Hotel Continental, construido durante la dominación francesa, y donde los corresponsales de prensa pasaban horas en la terraza, a la que llamaban Plataforma Continental. En novelas de Graham Greene y Somerset Maughan es mencionado, incluso en El americano impasible del primero los dos personajes principales se conocen en él, cuando un atentado tiene lugar en la plaza.


Llegamos hasta la Catedral de Notre Dame, y ahora si podemos visitar su interior, en el que yo esperaba encontrar algo diferente, curioso y llamativo, pero que no sé si por la hora o porque solo lo encienden en días especiales no lo encontramos. Supuestamente en las columnas y detrás de algunos santos hay tubos de neón, incluso un letrero que reza “Ave Maria”, pero allí solo había una gran nave y una gran sobriedad elegante por el toque de la madera.


En el jardín delante de la catedral la estatua de la Virgen María, que fue realizada en Roma y traída aquí en 1959, lleva el nombre de Santa María Reina de la Paz y si este nombre viene de este fecha como que no fue “mano de santa” para el país. En el 2005 muchos vietnamitas estaban convencidos de que la Virgen derramaba lágrimas milagrosas y hubo peregrinaciones hasta ella.

Sobre ella no faltan los animalitos símbolos de la paz. 

 
Damos la vuelta a la iglesia, no solo por el placer de verla sino porque es el camino más directo hacia nuestro destino, Y aquí con imaginación es más Notre Dame que en la fachada, que diferencias sigue habiendo y muchas.


En una de las calles laterales de la catedral sobresale un nuevo edificio, de los que imponen los nuevos tiempos comunistas, y es que esto es Vietnam pero no lo parece  o no es lo que te esperas.


25 de enero de 2011

Vietnam - Saigón (1) Museo de Vestigios de la Guerra

Hi Ho! El dolor de una guerra

En un primer momento teníamos el vuelo a las ¡¡6 de la mañana!!, pero supongo que se lo pensaron mejor y nos lo cambiaron a las 8 h, así que Hieu nos recoge a las 6.30 h, la hora más temprana de este tour. 

Habíamos pedido el desayuno en la habitación pensando que lo podríamos tener, pero en ningún momento llegó, tampoco lo reclamamos, el estómago lo teníamos cerrado, y al llegar a hacer el check-out en el hotel nos plantan una bolsa con el desayuno, tenemos picnic:  dos sándwiches vegetales de pavo, manzana, plátano, yogur y agua. Luego en el aeropuerto vimos más gente con las bolsas y desayunando o dejándolas en los cubos de basura.

Hieu nos ayuda a facturar las maletas y nos despedimos de él, le agradecemos su paciencia y su buena labor, ha sido un buen cómplice para nosotros. No recuerdo en qué momento, sería ayer en My Son, que le pregunté si él vendría a Saigón, y la respuesta clara es no, él trabaja en la zona central, que en ocasiones hay clientes que lo solicitan para todo el viaje, y la verdad es que visto el resultado con él no hubiera estado mal aunque de esta manera no hubiéramos conocido a ….ya llegaremos.

Desde la pista vemos los hangares que dejaron los norteamericanos, la pena es no haber tenido la oportunidad de fotografiar la larga pista que también dejaron y ahora utilizan los aviones comerciales.

Durante el vuelo nos dan agua, toallitas humedecidas y caramelos, vamos igual que en Iberia o las low cost por todos conocidos in situ o de referencias.

Nos despedimos de Danang, de su bahía, con la sensación que esta parte central ha sido maravillosa descubrirla, y con un día más en esta parte hubiéramos podido entrar en la llamada Zona Desmilitarizada, el famoso Paralelo 17, que es más historia lo que ofrece que lugares u objetos importantes (chatarra de recuerdo), pero es que esta historia es mucha historia, aunque la conoceremos de otra manera.




 
Y en un suspiro, siempre son vuelos cortos, no llegan a una hora, sobrevolamos Ho Chi Minh City (HCMC) o Saigón, que es más bonito el nombre francés, y sus alrededores, la  otrora capital de Vietnam del Sur. En julio de 1976 la capitalidad fue para Hanoi, la que había sido capital de Vietnam del Norte. 

En el aeropuerto nos espera Tram (pronunciado más o menos cham), una señora pequeñita, más mayor que nuestros jóvenes guías anteriores, con prisa para entrar en el coche por el calor que hace.

Como es temprano y no nos podemos registrar en el hotel, nos vamos directamente a comenzar con las visitas. Saigón nos sorprende, parece que hemos cambiado de país, no tiene nada que ver con el resto, aquí se encuentra la modernidad, la ciudad que quiere crecer y parecerse a sus vecinas desarrolladas asiáticas, y es la ciudad que dejó de crecer por el comunismo y que ha vuelto a renacer de sus cenizas con fuerza.

Es lo suficientemente grande como para no plantearnos el conocerla a pie como Hanoi, y además no tendremos tantos días libres como allí sino momentos sacados de las tardes, con lo que tendremos que aprovechar bien nuestros tiempos. 

Impresiona el número de motos, a más habitantes mayor número de estas, pero aquí se respetan los semáforos, en un 90% o más, con lo que circular y andar por la ciudad es más fácil, aunque pueda parecer lo contrario.

Primera visita: el Museo de Vestigios de la Guerra (Bao Tang Cheng Thich Chien Tranh), alojado irónicamente en la antigua sede del Servicio de Información de Estados Unidos.


En el exterior de su fachada una declaración de intenciones. 

 
Para comenzar a andar por este museo creo que nada mejor que un vídeo de la gran película  Apocalypse Now (ya os dije que el cine viaja con nosotros, aunque más justo sería decir que nosotros viajamos con el cine), tanto por las imágenes como por la música que acompaña, con la que podemos hacer la visita al museo. Fue una de las películas que nos contó la guerra que nadie nos había contado, después de ellas muchas más, pero ésta marcó a una generación, y sigue siendo una referencia cinematográfica.


Apoyadas sobre el muro exterior una colección de bombas y demás artilugios explosivos, que ya por sí mismas impresionan y hasta duelen, y es que la guerra es eso, dolor y muerte. 

Antes el museo se llamaba Museo de Crímenes de Guerra Americanos, pero le han cambiado el nombre, yo supongo que para no entorpecer las inversiones norteamericanas en el país ahora que éste se abre al exterior.

El museo está dividido en varias secciones: Verdades históricas, Réquiem, Vestigios de los crímenes de guerra, sistema de prisiones y una colección de fotos de dos reporteros japoneses.

Para comenzar nada mejor que un artículo de la Declaración de Independencia….de EEUU (toma golpe dialéctico directo).


En el museo hay de todo, principalmente está formado por una colección de fotos del desarrollo de la guerra, y sobre todo basado en las atrocidades de la misma, cometidas por los norteamericanos, y que ponen los pelos de punta. Cazadores exhibiendo sus presas, sin palabras.

 
En vitrinas hay armamento, minas, granadas, fusiles…supongo que para ojos militares significan algo más que para nosotros, que todo esto no se ve y se siente como turista sino como persona. 

En un pared un mapa con fotos a su alrededor, que alberga una de esas historias que NUNCA se tenían que haber producido.


El 16 de marzo de 1968 tres compañías de infantería americanas, pertenecientes a la llamada Fuerza Especial Baker, en su búsqueda de guerrilleros vietnamitas violaron, torturaron y asesinaron a 504 civiles desarmados, en su mayoría mujeres, niños y ancianos. 

Después de haber bombardeado la zona, la compañía Charlie al mando del capitán Ernest Medina llego a Son My, considerado como un bastión del Vietcong, donde no fueron atacados en ningún momento.

Los hombres del teniente William Calley, de la 1ª Sección, según avanzaban iban disparando, cargaban con bayonetas contra los que huían, lanzaban granadas de mano dentro de las casas, mataban al ganado, quemaban las casas…Reunieron a más de 100 campesinos desarmados y en la cuneta los acribillaron con ametralladoras, incluyendo a bebés.

La 2º sección al mando del teniente Stephen Brooks y la 3ª sección al mando del teniente Jeffrey La Cross cometían parecidos crímenes en aldeas cercanas.

Mientras tenían lugar estas masacres, algunos soldados violaban a mujeres y niñas, por grupos, como animales salvajes.

La Compañía Bravo a solo dos kilómetros realizaba idénticas matanzas, acribillando a los que intentaban huir por la playa.

A medida que avanzaba la mañana aquello tenía que ser el horror total, la degeneración humana completa, los helicópteros buscaban nuevas víctimas para continuar la barbarie. 

Mujeres, niños y bebés eran utilizados como blancos por los soldados, otros eran torturados lentamente con el machete de asalto, para que murieran despacio y con infinito dolor.

Al final, 504 muertos, entre ellos 182 mujeres, 17 de ellas embarazadas, 173 niños y 37 hombres mayores de 60 años.

Cuentan que un soldado norteamericano se disparó en el pie para huir de esta masacre carnicera, y que tanto él como dos pilotos de helicóptero hoy son considerados hombres distinguidos en Vietnam, por que incumplieron la orden de silenciar lo ocurrido y lo contaron, el peso de sus conciencias pudo más que el miedo y la cobardía a la repulsión pública.

Su relato fue acompañado por fotos tomadas por un reportero de guerra, y fue el punto de inflexión donde la sociedad americana reaccionó con indignación y furia contra su Gobierno y su Ejército. Al tiempo también tuvo un efecto devastador sobre la moral militar, y por supuesto no era la mejor manera de demostrar al resto del mundo que en Vietnam se luchaba en nombre del pueblo vietnamita.

A diferencia de los veteranos de la Segunda Guerra Mundial, que volvían a casa con honores y desfiles, a los que volvían de Vietnam les hacían el vacío y les llamaba asesinos de bebés.

Pero en el ejército norteamericano a pesar de todo se llevó a cabo una maniobra de encubrimiento que al cabo del tiempo llevó a varias investigaciones. Se declaró responsable al teniente Calley, se le formó consejo de guerra y fue declarado culpable de asesinato de 22 civiles desarmados. Fue sentenciado a cadena perpetua en 1971 y pasó tres años bajo arresto domiciliario. Se le concedió la libertad condicional en 1974.

Yo solo os cuento la historia, cada uno que haga las valoraciones oportunas, solo puedo deciros que esta historia es de las que hacen nudo en el alma, un nudo imposible de deshacer, y de la que el hombre no aprende, por mucho que sea el horror que se vive no se puede combatir con más horror y crueldad.

No hicimos fotos de las fotos pero aquí las tenéis si estáis interesados, My Lai

Otra de las paredes está dedicada al efecto devastador de los agentes químicos, con un desglose de los utilizados durante la guerra. Con fotos de paisajes de antes y de después de estos agentes.


Una pared completa llena de fotografías con personas que sufrieron directamente los efectos de estas armas químicas, o que genéticamente han sido afectados. Aquí no pude más, y me puse a llorar, no podía mirar. Incluso hay dos botes, no llegue a fijarme en ellos con detenimiento, con cuerpos de bebés deformes. Tram al verme me mira con cara asustada, reacciona y nos lleva hacia otro lado. Le explico que no puedo verlo, que es demasiado doloroso, pero que entiendo que es importante dar a conocer los hechos como ocurrieron, y que es la única manera, porque las palabras pueden ofrecer dudas pero las imágenes ahí perduran, con toda su crudeza. 
El napalm nos lleva de nuevo a Apocalypse Now: "I love the smell of nalpalm in the morning..."


En la sala una escultura conmovedora y muy dura, realizada con metralla, su título, Tuong Ba Me, Madre.


El museo es fácil de recorrer y entender porque todos los carteles están en vietnamita y en inglés.


Hay fotos reales que se podrían confundir con películas, que son las que nos acercaron a esta historia que a una generación nos ocultaron o nos contaron a medias o no nos contaron la verdad. 



Cuadros explicativos del desarrollo de la guerra en números, que no por ser cifras dejan indiferente.


Una foto que nos lleva a otra historia y al ya mencionado paralelo 17 y a la Zona Desmilitarizada (DMZ), que a pesar de su nombre fue de los sectores más castigados con bombas por los norteamericanos, ya que era incapaz de cortar el suministro de armas del Vietcong a través de la llamada Senda Ho Chi Minh (que partía de Laos o Camboya y a pie se transportaban por campesinos y civiles durante miles de kilómetros armas desmontadas).

La impotencia de los americanos les llevó a crear una alambrada electrificada, llamada Línea McNamara por el secretario de defensa (a la derecha en la foto de la derecha) en aquellos momentos, que cubría desde el litoral hasta el Mekong. Los astutos vietnamitas engañaban a los detectores con ruidos de motores grabados y provocaban bombardeos sin ninguna efectividad, y la línea fue abandonada.


El paralelo 17  se estableció como una línea divisoria entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur en espera de las elecciones que se tenían que celebrar en 1956 para reunificar el país. Las elecciones no llegaron a celebrarse y la zona fue escenario de las más duras batallas de la guerra.

En septiembre de 1967 el ejército de Vietnam del Norte cruzó la DMZ y rodeó la base de Con Thien, que formaba parte de la línea McNamara. EEUU respondió con nada menos que 4.000 misiones de bombardeo, lanzando más de 40.000 toneladas de bombas, llegando a allanar la ondulación del terreno. La batalla consiguió distraer la atención del ejército norteamericano de las ciudades de Vietnam del Sur, una estrategia previa a la ofensiva del Tet.

La base de operaciones de Khe Sanh acogió a 10.000 soldados norteamericanos, siendo una de las mayores bases en la DMZ. En 1968 el general Westmoreland (en la foto detrás de McNamara) empezó a acumular tropas en la base para forzar al ejército norvietnamita a un enfrentamiento directo, que el general Vo Nguyen Giap aceptó, pero en un doble juego utilizó el lugar de enero a abril de 1968 para distraer la atención de la ofensiva del Tet.

El presidente Johnson llegó incluso a pedir una maqueta de Khe Sanh y pidió por escrito la garantía de los jefes de Estado que la base resistiría el ataque.

Westomoreland se centró en Khe Sanh distraído por los ataques de los norvietnamitas, creyendo que esto era la ofensiva del Tet y desatendíó el sur del país, que era el objetivo primordial. Los norteamericanos se tuvieron que retirar y antes de marcharse enterraron, recogieron o destruyeron el material militar para que no quedara constancia de su derrota, pero aún así en la DMZ hay restos de armas y personas, a las que todavía sus familiares buscan.

“Cuando muera no iré al infierno, porque ya lo he visitado en Khe Sanh” era una frase mencionada entre los soldados norteamericanos.

Uno de los Pinochos más grande de la historia norteamericana y mundial.


Una foto que habla por sí misma, como muchas en este museo. 

 
Y una foto que necesita explicación: las botas corresponden a soldados del ejército del sur que habiendo perdido la guerra intentan huir y para ello se desprenden de todo lo que les relacione con su ejército, las botas eran una prueba más que evidente, con lo que los norvietnamitas no los pueden identificar.


El 30 de abril de 1975 el embajador norteamericano Graham Martin huyó de Vietnam.

 
Fotografías de los cráteres producidos por las bombas en los alrededores de Saigón.


En el segundo piso aparte de muchas más fotografías y pinturas, hay una exposición con las reacciones de los países a la guerra, con manifestaciones en muchos países, desde la propia USA hasta Cuba o Italia. 

De nuevo Apocalypse Now.


Una foto impacta pero la otra aterroriza, la mirada de la madre lo dice todo.


 
Todavía hay cientos de desaparecidos por los dos bandos, y los familiares de los americanos siguen buscándolos.


Hay más fotos, más historias, más tragedias, pero también un agradecimiento, a todos aquellos que hicieron posible que esta guerra no se quedara en las mentiras y saliera a la luz con toda su crudeza.

 
En la parte exterior hay reproducciones de celdas de la isla de Con Son, donde eran confinados los norvietnamitas, los revolucionarios anticolonialistas y los comunistas, primero en época francesa y posteriormente con los americanos.

Las más famosas eran las llamadas jaulas de tigre, que según lo que entendí eran de diferentes modos, podían ser en la tierra con alambres de espino a su alrededor o con el techo enrejado por el que podían vigilar a los prisioneros (esto si suena a las películas)

Directamente dentro del alambre de espino, una tortura completa

 
O sencillamente jaulas estrechas.

 
O las celdas que vimos también en la prisión de Hoa Lo en Hanoi, donde en la temporada de calor metían de 4 a 15 presos, dependiendo del tamaño (a mayor tamaño mayor número y mayor asfixia), y en la temporada de frío solo de 2 a 3 sujetos por los pies para que no pudieran moverse y no pudieran darse calor humano.

Para las mujeres existían las celdas llamadas “horno”, que eran pequeñas y calurosas, y para poder respirar se tenían que turnar para asomar su cabeza entre las maderas.

 
En el exterior del museo, justo a la entrada se encuentran aviones, tanques y demás armamento abandonado por los EEUU en su huida.


Por supuesto no pueden faltar los tanques y los helicópteros, entre ellos el famoso Huey o UH-1.

 
Estados Unidos gastó en la guerra 130 billones de dólares y abandonó en Vietnam materiales por valor de varios billones más, esto solo en el aspecto material,  ¿cómo medir el impacto en la moral de un ejército y una nación?


La sensación que me dejó este museo, aparte de la impotencia y la tristeza ante la maldad del ser humano, es que no está realizado realmente desde la paz como intentan vender, no es con paz con el sentimiento que sales de él, a diferencia del de Hiroshima, que si creo que lo ha logrado. Supongo que el lapso de años entre una guerra y otra marca la diferencia, y otra claramente es que en Hiroshima se trataba de dos bombas destructoras y en Vietnam de años de torturas y masacres, pero creo y confío en que puedan poco a poco hacer de este museo de guerra un museo de paz y que el mundo, las personas, sean capaces de evitar estas barbaridades, aunque por desgracia en la acutalidad tenemos más de lo mismo. Quizás la visión de la paz se consiga en el museo cuando cuenten todas las historias, incluidas las propias, de asesinatos y crímenes, no contra los soldados americanos sino contra su propia gente, por estar de un lado o sencillamente no estar de ninguno.

También creo que es una visita primordial en Saigón, es historia a conocer, aunque visto el mundo en el que vivimos el hombre es el animal que tropieza continuamente con las mismas piedras, y la más dura de todas siempre es su corazón. 

Una canción de la Creedance Clearwater Revival, Fortunate Son, en la que se critica que no son los hijos de los senadores, los millonarios, de los militares de élite, los que mueren en Vietnam, sino los de la clase trabajadora, que no tienen la posibilidad de encontrar una excusa para evitar la guerra (leáse por ejemplo un tal George Bush Jr).