28 de marzo de 2011

Japón - Tokio - Templo Senso-ji (Asakusa)

En el corazón de la ciudad vieja

Después de la corta visita a los alrededores del Palacio Imperial volvemos al autobús, hay que cruzar la ciudad para ir al distrito de Asakusa y en algunos casos hay grandes atascos, con lo que se pierde mucho el tiempo con este transporte, pero un grupo grande en metro podría ser un desastre aunque la mejor opción. 

Asakusa había sido uno de los distritos más vivos de la ciudad, con su apertura al mundo occidental a partir de 1868. Aquí se abrieron los primeros cines, las primeras salas de baile y los primeros pubs, pero después de la Segunda Guerra Mundial perdió su carisma al desarrollarse otros distritos y partes de Tokio.

Próxima parada: el templo Senso-ji en Asakusa, al ser templo es budista. También se le conoce como Kannon-sama y lleva más de mil años en el mismo lugar. La leyenda cuenta que fue construido por dos pescadores en el siglo VII, después de pescar con sus redes una estatuilla de la diosa Kannon, el bodhisattva de la compasión, todos soñaron que la divinidad les pedía que construyesen un santuario. Ha sido reformado en varias ocasiones desde el siglo IX, llegando a su versión definitiva a principios del siglo XVII, que desgraciadamente fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial y el templo que hoy se ve data de 1958.

Se accede por la puerta Kaminarimon, la puerta del Trueno, con dos dioses custodiándola a cada lado, el dios del Trueno a la izquierda, Raijin, y el dios del Viento a la derecha, Fujin.



Sin lugar a dudas llama la atención su gran farol rojo, sobre el que los turistas nos detenemos para las fotos y para admirarle. 


Detrás de la cual se pasea por la sorprendente avenida Nakamise-dori, llena de puestos de souvernirs y de comida, como galletas. Los toldos se despliegan para que las compras puedan ser relajadas y nada asfixiantes por el calor. 


La avenida desemboca en una explanada pequeña al fondo de la cual se encuentra la puerta Hozomon o Puerta del Tesoro, lógicamente se utilizaba para guardar los tesoros del templo.


En la parte trasera de la puerta en lugar de guardianes hay unas enormes sandalias de paja, supuestamente las sandalias de Buda. 
 

A la izquierda de la puerta, según se entra, destaca la pagoda de cinco pisos.



Pasada la puerta Hozomon, otro pequeño pasillo con tenderetes donde colgar plegarias, comprar amuletos, tentar la suerte, y al final el templo Senso-ji.

Hacemos uno de esos gastos inútiles: un hexaedro de madera contiene palitos con números  grabados (en japonés por supuesto), que se sacude y sale uno de ellos por el agujero, ese número conduce a unas cajitas donde coger un papelito con la suerte. No la tuve mala, así que no fue tan inútil, y es que no hay nada mejor que creer o no creer.




Aquí conocemos un nuevo ritual (anda y que no hemos aprendido a hacer ritualesde todo tipo), al que me aficioné con gran alegría y devoción: hay unos grandes incensarios (a veces son pequeños, pero las menos) donde por una cantidad de dinero se deja prendido el palito, pero sin necesidad de pagar nada se tiene acceso al humo que desprenden, con las manos nos lo echamos por encima y sobre todo por nuestras partes más débiles, es el modo de alejar las desgracias y las enfermedades. 



Yo entro al templo sola, mi primera vez quitándome las playeras, que como iba preparada me las lleve de las que se abrochan con velcro para que fuera todo más rápido y fácil. A la salida leí el cártel que no se podía entrar si no era para rezar, pero no lo hice de mala fe, es más, antes de entrar había un señor y yo le miré con cara de interrogatorio, dudé en si entrar o no, y como no me dijo nada y vi a otros visitantes pues lo hice. Normalmente somos turistas obedientes, si no puede entrar, no se entra; si no se puede fotografiar no se fotografia...tanto si nos parece absurdo o no, pero cada uno en su casa tiene el derecho de poner las normas. 



Recorrimos un poco los alrededores, la parte trasera del templo, varios edificios más que lo componen y un jardín tranquilo, pequeño y coqueto con esculturas; pero este no es el jardín Dembo-in, al que se puede entrar previo pago. 



Descubrimos el símbolo que adoptó posteriormente el nazismo, la esvástica, pero que para el budismo está relacionado con el origen del mundo y sus cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. A raíz de este dato indagué sobre su origen, y esta cruz proviene del hinduismo.

 
En la zona de este templo nos queda pendiente otro santuario, el jardín mencionado de Dembo-in, y el santuario Chingodo-ji (¡¡vaya nombrecito!!), dedicado a Tanuki, el perro mapache embustero que se representa con unos enormes testículos que le permiten volar (¿primer prototipo de avión?), ¿a que promete el animalito? El caso es que luego me he hartado de ver a Tanuki, al que confundía con un tejón, pero no me fijaba bien y lo que yo pensaba que eran piernas algo raras eran lo que eran.

25 de marzo de 2011

Japón - Tokio - Torre Tokio (Roppongi) - Palacio Imperial (Maronouchi)

De una torre a un palacio


Hoy comienza el tour. Durante este viaje hemos dormido poco, lo normal para despertarse ha sido entre las seis y las siete de la mañana, cuando no antes para ir preparando maletas si la noche anterior no se quedaban listas. 

Tenemos la cita con nuestra guía, Sumitsu, a la que conocimos la tarde anterior en el hotel porque estuvo para cualquier consulta, y la aprovechamos, a las ocho de la mañana en el lobby del hotel. El desayuno del hotel recibe el nombre de desayuno occidental o de estilo western, al que le encontramos algunas carencias y exceso de orientalización en sus variedades: verduras cocidas, pescados, encurtidos...

Nos ponemos en marcha en autobús, nuestra primera parada la Torre Tokio, la versión japonesa de la Torre Eiffel, pero más alta, 330 m, (los japoneses siempre más y mejor si se puede), en blanco y naranja, que fue diseñada para las transmisiones de radio y televisión en 1958.

La torre se localiza en el distrito de Roppongi, que significa "seis árboles" pero la zona no tiene mucho verde en la actualidad. Por un lado el distrito es zona de embajadas, y por otro de discotecas, bares y restaurantes.

 
La torre tiene dos miradores, nuestra entrada sólo nos da acceso al primero, a 150 m de altura, desde el que seguimos asombrados ante la extensión de Tokio. Junto a las ventanas el suelo es de cristal en algunas losetas, para poder sentir el vértigo bajo los pies.


El segundo mirador se encuentra a 250 m de altura, y se paga un suplemento por acceder, pero Sumitsu nos dice que no tenemos tiempo para subir por nuestra cuenta, con lo que nos quedamos a medias en las vistas desde esta torre.


Siguiente parada en autobús, el Palacio Imperial (Kokyo), en el centro de la ciudad, pero no a visitar el Palacio, sino solamente el jardín exterior, que es parque público y es donde comenzamos a admirar la jardinería japonesa, en este caso con los pinos negros. 

El palacio se alza en el lugar donde estaba el castillo de Edo-jo, una fortaleza del siglo XIV, que en el siglo XVII era el castillo más grande del mundo. 

Varios incendios lo dañaron, uno de ellos con leyenda incluida, ya que se le conoce como furisade-no-kaji (kimono de manga larga): una muchacha no correspondida en su amor donó su kimono a un templo; tras su muerte fue vendido a otra muchacha, que contrajo una misteriosa enfermead y murió, hecho que se repetió hasta en tres ocasiones más, con lo que los sacerdotes echaron el furisade (kimono) a un brasero, pero al prender una ráfaga de viento lo arrojó contra el templo, provocando un incendio que destruyó casi toda la ciudad. 

El nuevo palacio data de 1968 ya que el anterior fue destruido por un bombardeo en 1945.


En los jardines llama la atención una estatua en bronce, que no sé si corresponde a un personaje en particular, ya sea emperador, samurai, guerrero o es una alegoría genérica. 


Tenemos la clásica vista del puente Nijubashi, y al fondo una torre de vigilancia. El recinto del palacio está rodeado por un foso y murallas. 


Solo vemos una de las puertas de entrada al palacio, a la izquierda en la foto, y el cambio de guardia, que no tiene nada especial, dos guardias haciendo un paseíllo sin ninguna gracia ni filigrana (el palacio solo se abre para el cumpleaños del emperador, el 23 de diciembre y el día 2 de enero). Para poder hacer una visita al recinto que no al palacio, hay que presentar una solicitud.

Nada de visitar el jardín oriental del palacio, que sí está abierto al público. Esta fue una de esas visitas algo absurdas, nos quedamos todos con cara de tontos porque esperábamos más, no ya entrar al palacio pero sí ver los jardines o el edificio desde estos, que se entiende que por seguridad no se visite, pero una visita tan rápida fue un poco desencanto para todos, porque ni tiempo tuvimos de perdernos un poco por la zona. 

Sumitsu aprieta el paso, levanta el paraguas y nos marca la hora de volver al autobús, y desde este transporte nos conformamos con las vistas del parque y las fuentes Wadakura, construidas para la boda del emperador Akihito en 1961, remodelado en 1995 para la boda del príncipe heredero. 


24 de marzo de 2011

Japón - Tokio - Shibuya

Lost in translation


Volvemos sobre nuestros pasos a la estación de Harajuku, de nuevo al metro para alcanzar un destino cinéfilo, Shibuya, un distrito de Tokio que ha crecido alrededor de una estación de tren de homónimo nombre. Las luces de la ciudad en sus edificios, las pantallas gigantes de televisión, la multitud de gente, todos los tópicos de la ciudad reunidos en un cruce.




Cruce por el que deambulaba Scarlett Johannson bajo un paraguas transparente  en Lost in translation  y aquí ya se nos cae la baba, los ojos como platos y una sonrisa en nuestros rostros, el asombro es total. ¡¡¡Que multitud de gente!!!, parecían champiñones que se reproducían continuamente esperando la oportunidad de cruzar. Subimos al Starbucks de una de las esquinas para disfrutar de la vista de este cuádruple cruce con altura y merece la pena hacerlo, desde abajo lo vimos y cruzamos como un peatón y desde aquí se ve como en una película de esas de Cine-Exin, de rápidos movimientos.

 

En la plaza de Shibuya, en una de las salidas de la estación de tren, buscamos la estatua de un perro, Hachiko, en honor al fiel amigo de un profesor universitario, al que esperaba a la salida de la estación y que siguió esperándolo después de su muerte, durante nueve años, durante los cuales eran alimentado por vecinos y transeúntes. 

La historia dio origen a una película japonesa en 1987, La historia de Hachiko, y posteriormente se ha realizado una versión americana, Siempre a tu lado Hachiko, protagonizada por Richard Gere (absténgase los de lágrima fácil). 


Y por supuesto un edificio famoso, el Edificio 109, un centro comercial que se suele ver en varias películas y en los reportajes de viajes sobre la ciudad. Es de forma cilíndrica (en la primera foto se ve sin iluminar, en esta ya le han dado al interruptor de la luz). 

 
Callejeamos por las calles de alrededor, una  explosión de luces y cárteles de neón, de anuncios de restaurantes, de gente que anuncia (grita) los productos de sus tiendas, de gente que pasea, de gente y más gente.

  
Miramos por si hay algún lugar donde cenar, pero ninguno nos convence demasiado, y aquí también habría para comentar, porque en los restaurantes son muy dados a poner la comida que sirven en los escaparates, en obras casi de arte en algunos casos, realizadas en plástico, para que sea más fácil elegir lo que se pide y se va a comer. Después de ir descartando alguno, elegimos uno que parece tener carne a la plancha, está en un quinto piso (esto de los restaurantes en plantas altas de edificios es de lo más normal) y nos lanzamos a la aventura. Conseguimos pedir y acertar, la comida está buena y la carne era a la plancha sin más, y tenemos nuestra primera ración de arroz (al que dejaré de ver durante una buena temporada) y de sopa de miso (a la que deje de ver y probar en un plis plas, aunque siempre estaba allí).


Dos anotaciones creo que necesarias: en el cuenco de arroz nunca se deben clavar los palillos de comer (esto es genérico en Asia), ya que esta posición de los palillos se asocia a los ritos funerarios; y la segunda es que nunca se paga en la mesa, para ellos es como mezclar negocios y placer, con lo que siempre se hace a la salida.

Día completado, de nuevo al metro para volver al hotel, la salida de la estación de metro  de Shinjuku es complicada y no atinamos, nos damos un agotador rodeo, que aunque interesante, acaba con las pocas fuerzas que nos quedaban.

En nuestra habitación nos espera un yukata, un pijama para dormir o estar cómodo en casa, que puede ser chaqueta y pantalón o una bata larga. 



23 de marzo de 2011

Japón - Tokio - Harajuku - Parque Yoyogi koen - Santuario Meiji-jingu

Del templo de la moda al templo de la fe


Terminamos de comer y pasamos por recepción para preguntar si nos pueden dar un mapa, llevamos uno pero siempre es mejor tener más y con indicaciones de  primera mano, y preguntamos también por la estación de metro más cercana y como llegar a ella. El recepcionista hace una indicación a una señorita, que amablemente nos acompaña hasta la puerta, sale a la calle con nosotros, nos acompaña hasta el cruce de semáforo y allí nos indica que todo recto y pasando por debajo de unos túneles llegaremos a ella, ¡¡servicio eficiente cien por cien!!, aunque casi siempre está realizado por amables y sonrientes señoritas, y los señoritos son también amables y sonrientes pero no dedicados a esta tarea.

Llegar hasta la estación fue un camino interminable, parecía que no estaba lejos, pero en Tokio las distancias no tienen nada que ver con lo anteriormente conocido, y al terminar de conocer la ciudad no me quedará más que admitir que Tokio me ha ganado la partida, lo que no han conseguido ciudades como París, Londres y Nueva York, esta lo consiguió en una sola visión desde el autobús y con los primeros pasos por ella.

Después de pasar por el túnel que lleva a la estación de Shinjuku (de tren y de metro), intentar encontrar la línea a tomar, pelearnos un poco con sacar el billete en las máquinas, entramos en el metro, para callejear nuevamente pero en esta ocasión por el submundo de la ciudad, hasta encontrar la línea que buscábamos.

El metro, merece una mención aparte, y recuerdo que este viaje es del año 2008, con lo que puede haber habido cambios. Está estructurado en tres compañías, dos de metro y una de tren, que es circular y para en los puntos céntricos más importantes; y no siempre el billete vale para todas, aunque esto todavía no lo tengo muy claro del todo porque en algún caso si nos validó el billete cuando creíamos que no, lo que es seguro es que para la línea circular sólo valen los suyos. Al sacar el billete hay que mirar el panel  de las líneas para ver el destino y la tarifa a pagar, aunque si se tienen dudas lo mejor es sacar el  billete más barato y ajustar el precio al salir, bien en las máquinas (que no lo conseguimos) o en los trabajadores que hay en cada salida, que te hacen el recálculo y a los que les pagas la diferencia y si les preguntas por cualquier cosa te responden siempre con mucha paciencia. Si el billete es válido te deja salir, pero si no lo es te cierran las puertas y tienes que validarlo de alguna de las formas mencionadas.

Lo que es realmente increíble, como ya había comentado, es que hay otro mundo debajo de la ciudad. Si pensaba que Madrid era un agujero, lo de Tokio ya no tiene nombre, es otra ciudad con miles de personas circulando de un lado para otro. Las conexiones para las líneas son interminables paseos, las salidas en cada estación otro tanto, lo que no se anda por la superficie se anda por el subsuelo.

Pero sin lugar a dudas, es un medio totalmente recomendable, eficaz, limpio, cómodo y sobre todo refrescante en verano, tanto en sus pasillos como en sus vagones, el aire acondicionado siempre listo para tonificarte del calor exterior. 

Hay billetes para todo el día, tanto para una línea sola como para combinaciones de ambas, y una tarjeta en la que se va recargando el dinero para poder seguir utilizándola,  pero dado que nunca sabíamos realmente cuantos viajes haríamos era un poco loco sacar cualquiera de las modalidades sin tener seguro si sería ventajoso o no.

Con la línea circular, Yamanote Line, nos dirigimos sin transbordos a nuestro primer destino, Harajuku, una zona principalmente frecuentada por jóvenes.


En esta zona se encuentra la peatonal calle de Takeshita-dori, lugar donde los jóvenes tokiotas compran moda de lo más alucinante, puntera y atrevida, como se puede comprobar en esta calle y allá por donde hay vida juvenil. Es una explosión de color, gente, olor, luces....Se dice que moda que ha triunfado en Occidente ha salido de esta calle. 



Desde esta calle bajamos andando por el borde del parque Yoyogi, que se encuentra enfrente, buscamos una entrada y seguimos comprobando que efectivamente las distancias prometen cansancio y más cansancio, este parque no es el Retiro, con lo que el metro será nuestro mejor aliado y tendremos que aprender a entenderlo lo más rápido posible.

Pasamos por el puente Gorin, donde se suelen concentrar los jóvenes los domingos por la tarde imitando a sus ídolos musicales, pero sólo vemos a unos cuantos sentados, hoy no es domingo.


Entramos en el parque Yoyogi-koen, es increíble entrar en estos parajes en mitad del caos urbano de gente y tráfico y encontrar el silencio, bueno silencio del todo no, porque las chicharras serán nuestras eternas acompañantes allá donde haya algo de verde. Nuestra guía, más adelante, nos comentará que hay tres tipos de ellas, clasificadas por el ruido que hacen, aunque a mí siempre me parecía el mismo insoportable “cri cri”, al que terminas inmunizándote.

Es un parque de 54 ha precioso, donde no hay mucho gentío, y el paseo es agradable. Se creó al tirar los edificios levantados por las fuerzas de ocupación estadounidenses y fue el principal escenario de los Juegos Olímpicos de 1964, de los que quedan dos estadios proyectados por Tange Kenzo.

Aparte de pasear por el parque lo que queremos visitar es el santuario Meiji-jingu, y nos encontramos con una colección de toneles de sake que nos indican que vamos por el buen camino ya que se llevan para que sean "santificados". Enfrente de los toneles unos cárteles  rectangulares en madera con las donaciones al templo, con cifras en algunos casos escalofriantes. 


Llegamos a nuestro primer torii, las puertas que avisan de la existencia de un santuario o templo (los primeros son sintoístas y los segundos budistas), que no siempre están precisamente cerca del mismo y la emoción nos embarga, luego nos acostumbraremos a verlo pero la emoción seguirá envolviéndonos porque algunos son muy especiales. El torii está construido con madera de cipreses gigantes de Taiwan, de 1.500 años de edad.



Al final del camino, el santuario, que al ser el primero nos impresiona gratamente, tanto por el lugar donde se alza como por la majestuosidad y elegancia del mismo, en madera de ciprés , con toques dorados en sus extremos y con un tejado de cobre. Es el santuario más importante de Tokio, erigido en honor del emperador Meiji, con cuyo reinado se dio el paso de la sociedad medieval a la moderna, entre 1868 y 1912. El emperador y su esposa están enterrados aquí.

Muchos de los santuarios y templos de Japón son reconstrucciones, bien porque fueron destruidos durante la Segunda Guerra Mundial, bien porque la creencia sintoísta los hace destruirlos cada 60 años como un modo de purificación o algo parecido. En el caso de este santuario fue por causa de la guerra y fue reconstruido en 1958 con donaciones de particulares. 


En la entrada de los recintos sagrados, aparte de los torii, no faltan otros detalles: un lugar donde colgar nuestros deseos o ruegos, escritos en unas maderitas con lo que el efecto  logrado es estéticamente bonito, o en unos papeles blancos hechos un lazo y colgados en árboles o verjas en otras ocasiones, lo que aporta luz y alegría. En estas maderas hay ruegos en todos los idiomas.

 
Lo que no falta nunca es un lugar donde purificarnos antes de entrar, con un rito: con el cuenco se coge agua y se lava la mano izquierda, se vuelve a coger agua y se lava la mano derecha, se coge agua otra vez con la mano izquierda y se da un buchito que no se traga, se escupe y de nuevo se coge agua para lavar finalmente la mano izquierda. Yo acabé incorporando un último acto del rito, echarme un cuenco de agua por el cuello para que me corriera y así refrescarme (no será muy religioso, pero era necesario).


En la antesala de los templos y santuarios hay una campana, bien con badajo bien con campanillas bien con una madera que golpea a modo de gong. Primero se lanza una moneda (o varias, dependiendo de la generosidad de cada uno) y con ello ya se tiene acceso a la nueva ceremonia ritual: inclinación, aplaudir dos veces, nueva inclinación; es un acto entre petición y agradecimiento.

No podemos visitar ni los jardines del santuario, que no es el parque de Yoyogi koen, sino un jardín dentro de un santuario dentro de un parque, ni el museo del tesoro, están de reformas en ambos, y además suelen cerrar a las 17 h, con lo que ya íbamos tarde de horario.

22 de marzo de 2011

Japón - Tokio - Shinjuku - Oficina del Gobierno Metropolitano y Rascacielos


Contacto Tokio

El viaje a Japón corresponde a agosto del 2008, nuestro primer viaje largo y organizado, en un tour, una prueba de fuego en todo. El vuelo lo hacemos con KLM vía Amsterdam, con once horas y media desde allí hasta Tokio, que al final se nos hizo pesado, sobre todo porque el espacio entre las butacas era realmente pequeño para tanto tiempo. 

En el avión hay que rellenar papeles de inmigración, tal cual como en EEUU, con preguntas del mismo estilo, que rayan en la absurdez porque nunca dirías “si, soy malo y vengo a hacer cosas tremendas". En el aeropuerto al presentar estos papeles, tal cual como en EEUU, te toman las huellas de los dedos índices y toman una fotografía de nuestra cara cansada por el vuelo.

Nos toca entrar en las estadísticas y nos abren una maleta para hacer un pequeño registro. Lo curioso es que en dos ocasiones se dirigen a mí para preguntarme el motivo de ir a Tokio, como si pudiera ser una inmigrante ilegal, aún viendo que voy acompañada por un hombre, al que no le preguntan nada...extraño, ¿pensarían que iba sola y el hombre solo era un conocido eventual aeronáutico?. 

En el aeropuerto nos espera nuestro contacto para el traslado contratado, que en esta ocasión se diferencia porque nos acompaña hasta la cola del Limousine Airport Bus, que nos llevará hasta el hotel. Es el transporte que se puede tomar desde el aeropuerto por todo el que llega y pasa por hoteles concertados, los más utilizados, y por las estaciones de tren. Con nuestro contacto ni japonés ni español, inglés cada uno a su modo y estilo. 


El aeropuerto está lejos de la ciudad, la autopista de acceso lleva tráfico pero no hay atascos que harían el trayecto más pesado, aun así lleva más de dos horas el llegar al hotel.

 
En el país de los dioses es el título de un libro de Lafcadio Hearn, un greco-irlandés que se afincó en un pueblo de Japón, Matsue, y se enamoró del país y de una autóctona. El comienzo del libro creo que refleja bastante bien lo que se puede esperar de Japón: 

"No deje de anotar sus primeras impresiones lo antes posible -me dijo un amable profesor inglés al que tuve el gusto de conocer después de mi llegada a Japón-, son evanescentes, ya sabe, una vez que se hayan apagado no volverán a usted; y sin embargo, de todas las sensaciones extrañas que pueda experimentar en este país, ninguna será más fascinante que esas primeras impresiones". 1890-1904.

Vamos teniendo las primeras impresiones de la ciudad a través de la ventanilla del autobús, y si ya sospechábamos que iba a ser grande, es increíblemente grande. Parezco una mosca pegada al cristal del autobús, y eso que no he pegado ojo en casi dos días, entre la noche de hacer la maleta y la noche de vuelo, pero no quiero perderme esta primera visión y sentir como Lafcadio.


Nuestro hotel, Keio Plaza, está en la zona de Shinjuku, nombre que significa "posada nueva" y que proviene de las tabernas que florecieron aquí a finales del siglo XVII, cuando la zona se convirtió en la posta más cercana a Edo (antigua capital del imperio japonés) a lo largo de la carretera que iba a los Alpes japoneses. La localidad creció rápidamente y llegó a incluir un enorme distrito de ocio ilícito, que comenzó a renovarse con la construcción de la estación en 1885.

Lo primero al entrar en la habitación del hotel es la sorpresa del baño, ¡¡¡sí, tenemos un inodoro hipermoderno!!!, con sus chorritos de agua limpiadores y con su borde calentito para los días fríos, no vaya a ser que uno se constipe; es tan moderno, que al sentarte ya suelta un chorrito de agua para inspirarte las ganas.

Como no es cuestión de comenzar a  andar mucho, y habrá que ver como se siente la ciudad y como se puede mover uno por ella, yo ya tenía la idea que no iba a ser nada fácil hacerla andando como siempre, nos damos una vuelta por los alrededores, y lo primero que visitamos es la Oficina del Gobierno Metropolitano de Tokio, dos torres de 243 m de altura diseñadas por Tange Kenzo en 1991, inspirado en las catedrales europeos para unos y en chip electrónico para otros; yo no me decanto por ninguna opción. Fueron apodadas como la torre de los impuestos, por su elevado coste de construcción de un billón de dólares. 

Realmente el complejo de la Oficina del Gobierno Metropolitano o Ayuntamiento consta de tres edificios: el Tokyo Metropolitan Building N.1 (las torres), el Tokyo Metropolitan Assembly Building (debajo en la plaza, el de la foto semicircular) y el Tokyo Metropolitan Main Buiding N.2 (estaría a la derecha en la foto).


La plaza de los Ciudadanos, a la entrada del edificio, es semicircular y muy amplia, lo que permite que la visión del edificio del Gobierno sea perfecta. Es una obra preciosa, y como se reflejan la una en la otra y los edificios de alrededor en ellas una composición artística bonita de contemplar.


Subimos a una de las torres, entrada gratuita, la que nos pilla a mano izquierda según se entra, para contemplar la ciudad desde arriba, y disfrutamos enormemente. Estamos en una zona de negocios y hay multitud de rascacielos de oficinas a nuestro alrededor. En teoría a primera hora de la mañana, cuando la contaminación todavía no es grande, el sol está detrás y el viento no soplan, se puede ver el Monte Fuji, pero nosotros no tenemos ninguno de estos requisitos, con lo que vemos la amplia ciudad y los edificios cercanos.


En primer término el Edificio Sumitomo, detrás el Edificio Mitsui de tonalidad negra, por detrás un edificio que en su base termina en curva es el Edificio Sompo Japan, uno de los emblemáticos de la zona, el edificio marrón es el Edificio Shinjuku Center y el que se parece al "pepino" de Londres o a la torre Agbar de Barcelona es el Cocoon Tower


Las tres torres corresponden al Park Hyatt Hotel, aunque no estoy segura si es solo una de las torres y el resto corresponden a oficinas u organismos.

Al salir del edificio pasamos a una especie de "cafetería" de los alrededores para ver si podemos comer algo, pero entre que no nos entendemos y que lo que vemos no nos convence, volvemos al hotel para ver si hay algo abierto, y como no estamos por empezar con las pruebas culinarias acabamos en el restaurante italiano del mismo, todavía es pronto para entrar con la comida japonesa.

21 de marzo de 2011

Japón


みんなで力を合わせれば - La unión hace la fuerza

 

Cuando surgió la idea de crear este blog más o menos tenía la idea del orden en que contaría los viajes realizados hasta el momento, no todos por supuesto pero sí los recientes, los más importantes (que no han sido muchos, tres) , que sería de forma cronológica hacia atrás, y los monográficos a ciudades, pero la actualidad, desgraciadamente, manda, y creo que es el momento de ir a Japón, como un homenaje a un país que nos sorprendió, que nos enamoró, y a una sociedad que a través de los medios de comunicación se la va conociendo, con una entereza, solidaridad, respeto, educación, honradez, que en sus calles preguntando direcciones, en sus restaurantes pidiendo comida, en sus tiendas comprando, o sencillamente paseantes con los que te encuentras, se puede conocer, y no solo a través de una tragedia como la que han sufrido, y de la que espero salgan lo más pronto posible, así es cómo viven y sienten. 

Desde aquí quiero rendir  pleitesía a un país único y maravilloso. Todo tiene su momento y ahora es el de la ayuda de todos para que lo más pronto posible los desplazados por el terremoto y principalmente por el desolador tsunami puedan recuperar sus vidas,  encontrar a sus familiares desaparecidos, y comenzar la reconstrucción de la zona devastada.

Esto lo escribí a la vuelta del viaje para un foro donde participo:

“De Japón vuelvo con la sensación de que es pasado, presente y futuro, porque como ya he comentado se mueve este país, pero sigue manteniendo su historia, sus creencias y retazos de su pasado en algunas calles o pueblos que te hacen viajar en el tiempo. Y sobre todo con el asombro (y la esperanza de contagio para el resto de la humanidad) que es un país de educación y respeto, en el que los saludos son importantes, las sonrisas imprescindibles, el timo o la estafa imposibles (alguno podría escribir casi, pero en mi caso no puedo hacerlo). Cuando veáis un autobús de japoneses que os saludan, devolverles el saludo amablemente, agitar vuestras manos y dedicarles vuestra sonrisa, porque ellos lo han hecho siempre, y no solo al viajar en autobús sino al dejarte en un taxi desde un hotel y a cada momento. Cuando ellos lo hacen en sus viajes no sólo es para demostrar su felicidad sino para compartirla y de algún modo desearte la misma, así como una forma de agradecimiento por lo que están disfrutando”

Sigo pensando lo mismo, quizás ahora matizaría lo de las sonrisas, porque no son tan abiertas como las nuestras, pero su actitud y gesto las acompaña para que mi recuerdo hable de sonrisas. 

Mi corazón está en Japón, como antes lo ha estado en Christchurch (Nueva Zelanda), Australia, Haití, Chile…no conocer no significa no sufrir con las tragedias aunque con el conocimiento se puede tener la sensación de ser más cercanas.

Una leyenda, dos bombas atómicas, una niña, una historia, un deseo, grullas de origami, que hoy de nuevo se han puesto de actualidad. 

 Las 1000 grullas

 Sadako

 

Ánimo Japón! - 頑張って日本!- Nippon kibun

España - Fuentidueña (Segovia)

De aquí a Nueva York y Miami

Una vez comidos en lugar de seguir paseando por Cuéllar, preferimos conocer otra localidad segoviana, Fuentidueña, que fue un poderoso enclave como sede de un condado. 


Aparcamos pasada esta entrada al pueblo, en una pequeña plaza donde se halla la Capilla del Pilar, que pertenecía al Palacio de los Condes de Montijo y que ha sido reconvertida en posada-restaurante.

Andando por la carretera emprendemos la subida hacia la Iglesia de San Miguel, del siglo XII, románica. 


En la iglesia destacan el ábside y la galería porticada, pero sobre todo un detalle, uno de los canecillos, muy erótico él. Estos canecillos románicos son muy comunes en algunas iglesias españolas y son realmente sorprendentes por su "locuacidad".


No muy lejos se halla la entrada al castillo, pero está cerrada, no sé si es de uso privado exclusivamente o si hay algún otro motivo por su cierre. Casi enfrente  de esta entrada están las ruinas de la Iglesia de San Martín


Alrededor de la iglesia hay una necrópolis medieval, con tumbas antropoformas excavadas en la roca y orientadas en la dirección oeste-este (este dato no sé si es importante  por si mismo o solo de situación). Se han documentado 137 tumbas y se remontan las más antiguas al siglo X. 


En 1957 el ábside de la iglesia fue vendido-intercambiado al Gobierno de los EEUU por seis pinturas de San Baudelio de Berlanga (Soria). Ahora se exhibe en The Cloisters, en Nueva York, una sección del Museo Metropolitano. 

Enfrente de la iglesia la Puerta de Trascastillo o de Alfonso VIII (la foto ya es pasada la puerta). Su nombre viene porque continuando el camino se llega a la fuente de Trascastillo, que alimentaba el castillo y la ciudad por una canalización subterránea (no llegamos a ella).


Desde la puerta se ven los campos de Castilla, así como los lienzos de murallas y parte del castillo, y a pesar de embarrarnos por intentar encontrar una entrada "secreta" al castillo no hubo manera.


Volvemos hacia el coche y afortunadamente hay una fuente en la pequeña plaza donde podemos limpiarnos nuestras botas llenas de barro, pero aún así no nos parecen lo suficientemente presentables como entrar a tomar un café y curiosear en la cafetería de la posada. En este momento no llevaba datos suficientes y nos dejamos algunos lugares en el tintero, que en esta ocasión fueron más por desconocimiento que por tiempo.

Continuamos camino hacia Sacramenia, pero ya nos comienza a llover con algo más de fuerza, hasta el momento era un chirimiri intermitente. Intentamos entrar en el Coto de San Bernardo, aunque claramente el cartel de acceso explica que hoy no es día (ni hora) de visitas, con lo que sale el guardés para invitarnos a salir amablemente. 

Aún sin haberlo conocido dejo el dato que en este coto se encuentra la iglesia y las huellas del monasterio cisterciense de Santa María la Real, cuyo claustro, refectorio y la sala capitular se vendieron en 1925 a un potentado norteamericano y desde 1951 se exhiben en Miami (mucho monumento nacional hay que ver en EEUU). 

Un dato de prensa rosa (pero que se puede aplicar a interesados), que yo desconocía al estar allí pero que una buena amiga me ha desvelado, es que en esta iglesia se celebró el matrimonio del Conde Lecquio, y creo que el lugar puede estar muy bien.


Aquí se acaba nuestra pequeña visita a estas tierras segovianas en las que nos hemos dejado muchos rincones por descubrir y algún que otro lechazo por comer.