18 de febrero de 2011

Camboya - Angkor - Beng Mealea

Exploradores del siglo XXI


En el momento de elegir la excursión alternativa para hoy por la mañana tuve mis dudas porque por desgracia las dos opciones no estaban en el mismo camino, sino hubiéramos hecho las dos. Por un lado, Kbal Spean, el llamativo río de los mil lingas (viciosilla que es una), que tiene que ser un espectáculo bañarte con tanta linga suelta, como lo tiene que ser contemplarlas en el lecho del río y disfrutar del paisaje (he escrito paisaje).

Por otro lado, la elección que finalmente hice, el templo de Beng Mealea, no es un templo al uso, tiene su particularidad que le da su atractivo especial…Fue construido a mediados del siglo XII, bajo el reinado de Suryavarman II, con la misma planta que Angkor Wat.

Para llegar se utiliza una carretera privada, fue “construida” por un señor de una aldea y hay que amortizar el coste, aunque llamarla carretera es mucho, es un camino de tierra allanada pero el caso es que está bien acondicionada se supone gracias a este peaje.

En la entrada una indicación muy clara y no estoy segura si da confianza o la quita.


El camino hasta el templo está algo embarrado porque durante la mañana nos ha llovido, no con fuerza pero si lo justo para conseguir esto. Por supuesto nos acompañan los restos de las barandillas con nagas en este paseo de entrada.


 Al dondo el templo, cuya entrada parece no estar en muy buen estado.

 
Giramos a la derecha para buscar una entrada más segura, donde hay obreros trabajando con las piedras, poniendo orden si se puede, y niños, que llaman la atención por su juventud, supongo que más jugando que colaborando o aprendiendo.

 
Llegamos a la entrada que han habilitado, una pasarela de madera, que fue instalada para el rodaje de la película Dos hermanos de Jean Jacques Annaud, que trataba sobre dos hermanos tigres.

A la derecha de la pasarela los restos, pocas piedras en pie, de una de las bibliotecas.

 
A la izquierda la puerta apuntalada del muro galería, donde todavía se conserva su decoración.



Lo que hace especial a Beng Mealea es que es una ruina, si, así de simple, ha sido devorado y derrocado por la naturaleza, aunque ha sido limpiado de follaje y de algunos árboles, lo que le hace más fácil de visitar, perdiendo parte de su propio encanto para facilidad y seguridad de los turistas. Aquí como no hay mucho que decir ni explicar, mejor fotos de este espectacular y diferente templo, que él solo ya lo dice todo.








Continuamos andando por la pasarela, con la compañía continua de unos niños camboyanos, medio vestidos y descalzos, que corren por ella sin parar, arriba y abajo y seguimos asombrados de la fuerza de la naturaleza y de la resistencia de la piedra (¿o de la fe?)




 
En un momento Alann se para, mira por un lado, mira por otro, y al final se decide, ¡¡nos vamos de aventura!!, vamos a subirnos por las piedras y explorar el templo de otra manera, nos consulta pero no demasiado, creo que da por hecho que es lo que estamos esperando hacer, somos unos turistas clásicos.

 
Alann siempre preocupada por donde pisamos, sobre todo yo, y es normal, aparte de lo pato que soy, en las piedras hay musgo y ha llovido esta mañana, con lo que un pie puesto donde no se debe y caída segura.

Salimos a una explanada donde se encuentra la derrumbada calzada hacia la entrada principal y volvemos a trepar al templo, ahora lo hacemos por un pequeño pasillo con raíces trampas.


Para luego seguir trepando.



Entramos por el hueco de la ventana de una de las galerías.


Para trepar un poco más.

 
Y salir a gatas, en mi caso, que Alann y mi marido se levantarán pero yo preferí no correr riesgos, a la pasarela de madera.

 
Emprendemos la salida del templo por la pasarela de madera, de nuevo en compañía de los niños, entre ellos una niña preciosa de no más cinco años, era increíblemente guapa, a la que no dejo de mirar y remirar, pensando mil y una cosas, ella es astuta y se da cuenta de cómo la miro y hasta creo que ha entendido que he quedado prendado de su belleza y de su sonrisa, y me sigue, yo no llevo dinero y mi marido está muy por delante con Alann con lo que no era cuestión de ponerme a gritar. Lo único que llevo son chicles de té, pero no sé si es bueno que se los dé o no, y cuando se lo consulto a Alann ya es tarde, la chiquillería ha desaparecido y ella me dice que mejor no darles caramelos ni chucherías, que eso estropea los dientes y que ellos no pueden pagarse el dentista, aunque en este caso eran chicles sin azúcar…me quedo con una sensación triste, de impotencia, y aún hoy recuerdo con alegría y tristeza esta niña, ni el dólar ni un chicle ni un caramelo hubieran cambiado su vida, pero sí hubiera tenido su momento  de triunfo entre sus amigos.


La experiencia de conocer este templo y caminar sobre sus piedras caídas ha sido maravillosa, y creo que no me equivoqué en la elección, aunque seguramente si hubiéramos ido al río de los mil lingas estaría escribiendo lo mismo.


Alann podía haberse metido por más caminos pero ella es muy precavida y prefirió no caminar sobre piedras más complicadas y galerías derrumbadas, pero si lo hubiera hecho la hubiéramos seguido sin miedo, aunque tampoco la forzamos para ir, nos quedamos enteramente en sus manos felices y tranquilos.


Beng Mealea no suele entrar en los circuitos clásicos de Angkor, aunque turistas hay, que nos gusta ir a todos los sitios posibles, con el hándicap añadido de que es de lo más lejanos, con lo que hay que tener tiempo para llegar hasta él, pero sin lugar a dudas yo lo recomiendo, es increíblemente bello sin estar en pie ni completo y es muy divertido conocerle.    

Camboya - Siem Reap

Cenando con apsaras

Con la visita de la Terraza de los Elefantes se acaban las visitas del dia, que no han sido pocos, y cada una sorprendente, aunque sin lugar a dudas el templo del Bayon ha sido espectacular.

Alann nos comentó durante las visitas que la visita programada para mañana por la mañana  a lo mejor no resulta de todo efectiva, es a un pueblo flotante en el lago Tonle Sap, pero que el nivel de agua no es alto y que tendríamos que ir hacia otro de los pueblos que nos llevaría más tiempo, y ahora nos pregunta la decisión, ¿vamos o no?. 

En lugar de ir a los pueblos flotantes, ya los hemos visto en Vietnam, en el  Mekong y aunque humanamente es de las experiencias más satisfactorias que hemos tenido en este viaje, estamos en Angkor así que saco el plan B, una excursión a un templo no programado en el tour, pero ella o lo tiene terminantemente prohibido o le faltan tablas para hacerlo por su cuenta y quedarse con lo que nos cobren por esta visita no incluida, así que tiene que consultarlo con la agencia y ya nos dará precio.

Nos llevan al hotel, tenemos el tiempo justo para descansar un poco y ducharnos. Hoy conocemos a la manager del hotel, Cristina, una brasileña a la que le gusta presentarse a los clientes, es la primera vez que nos ocurre y es todo un detalle. Está ultimando los detalles de la fiesta del hielo que se va a celebrar en el salón-bar de la planta de abajo,  el Arts Lounge, con lo que tienen cerrado y prohibido el acceso, y a pesar de intentar echar un ojo es totalmente imposible. En esta fiesta, que es muy normal celebrarla para cualquier evento, se cuelgan bloques de hielo del techo y se mantiene una temperatura más bien baja para que no se derritan o para que lo hagan lentamente, el espectáculo es bonito, y en la página web del hotel hay fotos.

Con puntualidad Alann nos recoge para llevarnos a cenar y en el camino nos da el precio para la excursión para mañana y aceptamos. Para llegar desde el hotel al restaurante en coche el camino es largo pero ella comenta que luego volver andando es fácil pero que si queremos el conductor se puede quedar, y a pesar de su insistencia en que volvamos andando, no nos convence mucho por la misma razón que la noche anterior, la zona es muy oscura y si fuéramos en grupo no daría yuyu pero así solitos no nos apetece mucho, así que sintiéndolo por el conductor nos tendrá que esperar. 

Hoy nos toca cenar en el Teatro Apsara. A la entrada nos dan el programa que veremos y una preciosa flor de loto. Para entrar hay que descalzarse,  produciéndose un jaleo de zapatos de todo tipo y tamaño.
Este es nuestro menú:


Son mesas estilo japonés con truco, parece que te vas a sentar en el suelo pero en los laterales de la mesa hay un banco corrido para sentarse, y debajo de la mesa el agujero para poner las piernas, por lo menos no será incómodo. Y así es como nos traen el menú, todo de golpe en una bandeja para ir jugando a descubrir qué es qué.







La primera foto claramente son rollitos de primavera, así que lo que los acompañan debn ser samossas y tempuras, pero sinceramente no reconozco los demás platos como para adjudicarles su correspondiente nombre con total seguridad.





Creo que esta es la sopa de pollo con hierba limón o limoncillo. 




Creo que este es el plato de cerdo, más que nada por las especias rojas. 



El espectáculo consta de varios números, el primero es un ballet de apsaras, que aunque interesante llega a hacerse aburrido (percepción puramente personal), demasiado lento a pesar de las guapas bailarinas que lucen unos espléndidos vestidos y tocados.








El segundo número es más divertido, la danza de los pescadores, donde los chicos cortejan a las chicas, además la música es más rítmica y animada, asemeja lejanamente a nuestro folklore.









Otro número es sobre la victoria del bien sobre el mal, otro muy entretenido es una danza con cocos, y el más llamativo de todos es en el que se representa la leyenda del Ramayana, donde la princesa Sita es raptada por Ravana, y Hanuman, al servicio de su esposo, le ayuda a rescatarla.







Un vídeo popurrí de internet de todos estos números musicales danzantes.


 
Durante la cena hemos tenido como compañeros a un matrimonio francés y su hijo, entablando una conversación principalmente con él, estos franceses están resultando ser unos buenos compañeros de viaje, nada estirados y comunicativos, y es que los esterotipos no tienen porque ser verdad.

Según termina el espectáculo, previo pago de las bebidas, salimos disparados, hay autobuses y multitud de coches esperando a los turistas y esto se puede convertir en un caos para salir de aquí, con lo que lo hacemos los primeros.

En lugar de ir al hotel le decimos al chófer que nos deje cerca del mercado nocturno que se celebra en la ciudad, Psar Chaa, donde las calles no están asfaltadas y si cae la lluvia podemos salir embarrados hasta las orejas.

Hay puestos de todo, mucha ropa, artesanía, souvenirs de todo un poco, pero lo que es más curioso de todo son las piscinas de pedicura, con pequeños peces que hacen la limpieza de las pieles muertes y durezas.

A mí me apetecía probarlo pero el sentido común me aconsejaba no hacerlo, no a estas horas, ese agua no tengo yo muy claro cuánto tiempo lleva usándose y cada cuanto se cambia, además yo llego duchada pero ¿y el resto de turistas?, si hasta el momento no hemos pillado una gastroenteritis no nos pillaremos unos hongos de último momento, aunque es una espina que se me queda clavada, que puedo quitarme en Madrid ya que están importando la técnica.

En la zona del mercado hay dos calles muy concurridas, llenas de restaurantes y locales de copas, donde se encuentra el ambiente de la ciudad, Pub Street y Pub Street Alley.

Salimos de esta zona sin hacer grandes compras, pequeñas baratijas, ya que el regateo no es lo nuestro y nuestras maletas ya están a punto de explotar como para meter muchas más cosas en ellas, aunque sea un simple pantalón o una camiseta. 

Tranquilamente nos volvemos caminando al hotel, donde ya ha terminado la fiesta del hielo, y no queda rastro de lo que ha pasado allí. 

Como casi todas las noches de este viaje nos dormimos con una gran sonrisa y unos felices sueños, que hoy los vigilará la cara de media sonrisa de Jayavarman VI).