21 de enero de 2011

Vietnam - Hoi An (2) - Capilla Tran - Pozo Ba Le - Casa Tan Ky - Casa Quan Thang - Templo Quan Cong - Chua Phap Bao


Gastronomía, más historias y luces 

Hora de comer, dicen que Hoi An posee una de las mejores ofertas culinarias de todo Vietnam, la influencia china se nota en sus platos, Hieu nos lleva al Brother's Café, una casa colonial francesa habilitada como bonito restaurante.


En el interior de la casa hay varios comedores pero a nosotros nos llevan a la terraza, ya que aunque hace calor no se está mal, en las mesas un bonito detalle verde, una maceta con ¡¡arroz!!. La terraza está al lado del río.


Este es el menú, con el que Hieu hizo algo pero no sé qué, nos iban a dar uno, él lo cogió, lo leyó e hizo que lo cambiaran, no sé si por el idioma o por el contenido. Bien elegido este menú con dos platos estrellas de la cocina local.


 
Y comienza la fiesta de platos. Morning Glory es una ensalada con langostinos y tiras de cerdo que nos ayuda a montar el camarero sobre el pan de gambas chino.

 
White Rose son gambas enrolladas en papel de arroz y cocinadas al vapor, es como un dim sum y a mí estos no me gustan demasiado pero estaba muy rico y bien que me lo zampé.

 
Pescado desconocido (no lo identifico a ninguno, podía ser similar a la dorada pero no sé) al grill en hoja de banano con cúrcuma.


Tiras de cerdo en cazuela de barro, este plato estaba algo picante, no a rabiar pero si “sabrosón”.


 Verduras fritas (apio y champiñones) con jengibre.


De postre, fruta que para eso tienen variedad muy apetitosa.

Todo estaba muy rico, y además la cantidad es generosa, es imposible comerse todo eso y no reventar o quedarse tirado con una buena siesta digestiva.

Casi al terminar la comida un invitado sorpresa, yo no lo vi solo fui avisada de su presencia y ¡¡madre mía, que rata más grande!! (no se paró para posar), se nota que aquí están bien alimentadas….hoy no nos ha tocado ternera y con el cerdo la carne no se puede confundir.

Según comíamos el cielo se ennegrecía, esas nubes no auspiciaban una buena tarde y comenzaron a caer las primeras gotas. Al salir, la lluvia a granel, aquí si llueve es a lo bestia. El agua le da un aspecto muy especial a esas casas coloniales ocres-amarillas.


El planning del tour dice que por la mañana se hacen las visitas, se para a comer y de vuelta al hotel de Danang, pero Maca casi siempre tiene un plan B (cuando no tiene hasta la Z para desconsuelo de su marido), y Hieu ya me conoce a la perfección así que me pregunta, para estas cosas ya ha aprendido que soy yo la que pide, qué lugares me interesan y yo le digo unos cuantos, con lo que pasaremos la tarde en Hoi An paseando y viendo lo que nos de tiempo. 

Lo malo es que la lluvia es torrencial y los chubasqueros que Hieu nos compró en Hué se quedaron en la minivan que se tuvo que volver, los nuestros que han viajado desde Madrid para estas lluvias torrenciales están en el hotel, que hacen bulto y peso en el bolso o colgados en la cintura y  durante el día con el calor se hacen insoportables de cargar.

A nuestro joven guía parece que no le gusta mojarse y va en busca de nuevos chubasqueros, después de una negociación con varias vendedoras yo acabo con un modelito igual que en las tumbas imperiales, si me quedan bien los topos lilas ¿para qué voy a cambiar?

Atravesamos de nuevo el mercado, que la vida mercantil continúa bajo las lonas que se van llenando de agua y que a la que te descuidas descargan aunque pases cerca y te puedes llevar una ducha total

En otro nuevo detalle Hieu se para en un puesto de frutas y hoy nos toca probar el mangostán,  que ya habéis visto por fuera, que es dulce y rico. Al igual que hiciera con los rambutanes ya nos los da abiertos, y estos de partir con los dedos o las uñas son difíciles.


 
Atravesar el mercado por la calle estrecha con zanja no fue nada fácil, la zanja llevaba una corriente de agua (parece que tiene su utilidad), con lo que los pies por allí era mejor evitarla, y la poquita acera estaba bastante ocupada por los puestos y los vendedores, con lo que parecíamos equilibristas espatarrados y zigzagueantes, pero al final volvimos a salir a una calle con calzada normal para mojarnos a saco por la lluvia.

Los ciclos han parado su actividad como también parece que lo han hecho los turistas.


Antes de comenzar las visitas lo primero es volver a sacar entradas, que esta vez nos toca pagar, por la mañana estaban incluidas en el tour, creo que fueron 60.000 dongs cada uno pero no lo recuerdo muy bien. Para visitar los museos, casas, asambleas o pagodas, en su mayor parte, es necesario tener entrada, cada una da derecho a visitar un lugar, pero solo puede ser uno de cada en teoría.

La primera visita es la capilla de la familia Tran (21 Le Loi). Se entra por un patio y antes de acceder a la capilla nos quitamos los chubasqueros para no mojarla y se llega al “salón”, donde hay una legión de chicas vietnamitas para atender a los invitados, yo pregunto a Hieu si son de la familia o funcionarias trabajadoras, y contesta que de todo un poco.

La puerta central está reservada a los muertos, la derecha es para las mujeres y la izquierda es para los hombres; y nosotros solo somos turistas con lo que hemos entrado por un pasillo que hay a la izquierda de la foto.


La capilla se fundó hace más de dos siglos para honrar a los antepasados de esta familia, que viajaron desde China a comienzos del siglo XVIII. Fue construida en 1802 por un miembro de la familia que ascendió a rango de mandarín. Los descendientes actuales son la decimotercera generación.

En el altar cajas de madera con los nombres y fechas de los familiares (no tengo la certeza que puedan contener las cenizas pero pudiera ser). En el aniversario de la muerte de cualquiera se abre la caja, se quema incienso y se ofrenda comida. A la derecha del altar fotografías de estas generaciones pasadas.

El que sea santuario no implica hacer más negocio aparte del cobro de entrada que me parece justo al ser un sitio privado, además hay una tienda de souvenirs con artículos varios, donde nos llaman la atención unas monedas, supuestamente originales de un periodo dinástico, pero por 5$ poco originales son, aunque como nos gustan nos quedamos con un par de Minh Hoang (mojado el cartón por la terrible lluvia a pesar de ir guardadas en el bolso).




Con unas monedas parecidas se realiza un juego de adivinación de futuro: se lanzan tres veces en un cuenco de cerámica y si sale una vez de cara se tendrá suerte (no piden demasiado para tenerla). Resultado: mi marido de cara, Hieu de cara y yo tres bonitas cruces…espero que algo me corresponda por matrimonio. 

En la parte de atrás de la pequeña tienda hay un pequeño jardín donde una señora nos cuenta que es donde se queman las placentas de los recién nacidos de la familia, y lo hacen para evitar que los niños se peleen, como un conjuro.

En la casa muebles como ya nos hemos acostumbrado a ver, reconocer y admirar, típicos vietnamitas en madera oscura y con detalles de madreperlas. En esta ocasión los disfrutamos sentados tomando un té con caramelos de jengibre, que son caramelos blanquecinos y duros con un toque ácido e incluso picante, que no están malos pero que extrañan porque no es lo que nuestro paladar considera caramelos. Esto lo hacemos bajo la atenta mirada del patriarca de la familia Tran, con un retrato sobre nuestras cabezas.

Al salir de la capilla Hieu mira y remira el mapa, tira por una calle, tira por otra, anda perdido, uno de los sitios que le he pedido no sabe por donde está, pregunta a unos, pregunta a otros, yo le digo que no se preocupe que no es importante, pero él está picado, ¿dónde narices está esto? y al final por un callejón damos con él, y Hieu me mira con la cara más rara del mundo. Es uno de esos lugares que no son nada, pero que al confeccionar la guía me llaman la atención y si tengo la oportunidad de conocerlos pues mejor.

Es el pozo de Ba Le, del que se dice que se remonta a la época cham, y que debe su fama porque es el único sitio de donde se puede sacar agua si se quiere elaborar un auténtico cao lau. La diferencia con los pozos conocidos es que es cuadrado, por lo demás un pozo normal escondido en una callejuela que seguramente no tiene interés más que para mí, pero así soy, no todos los lugares tienen que ser bellos en sí sino que pueden ofrecer más cosas, en este caso no fue el pozo propiamente dicho, sino la vida de la ciudad escondida a los turistas, y también, porqué no decirlo, la cara de desconcierto de Hieu.


Ahora toca preguntar ¿qué es el cao lau? Una de las especialidades culinarias de Hoi An, una sopa de tallarines con brotes de soja, guisantes, hierbas (supongo que limoncillo) y láminas finas de cerdo, que se mezcla con papel de arroz crujiente y que así dicho suena apetitoso.

Pasamos pero no entramos, y esto es de libre acceso, por la casa Diep Dong Nguyen, que fue un dispensario de medicina china de hierbas y ahora vende cerámica. Se pueden ver las vitrinas de cristal desde la calle.

Lo que si visitamos es la casa Tan Ky (101 Nguyen Thai Hoc), que por la mañana pasamos por su puerta pero estaba cerrada. Es una de las casas más antiguas de Hoi An, fue edificada hace más de 200 años por un comerciante chino de Fujian y han pasado por ella siete generaciones; Tan Ky significa progreso.

Su estructura y largura es similar a las casas tubo de Hanoi, y en esta destacan los paneles con versos colocados sobre las columnas.





En una de las paredes están marcados los niveles que ha alcanzado el agua con las inundaciones y las lluvias.

La casa está llena de múltiples detalles, y como en todas las que vamos visitando, ya sean casas o tiendas o museos siempre hay una taza de té dispuesta para los invitados.

Al salir la lluvia casi ha cesado, por lo menos ahora el paseo será más tranquilo.

La última de las casas que visitamos es la casa de Quan Thang (77 Tran Phu). La casa-tienda fue construida en 1640 por un comerciante de Fujian que fue capitán y se dedicó a la venta de plantas medicinales importadas de su país. 
En ella ya no destaca la madreperla sino un retrato de Ho Chi Minh.




En todas ellas ha habido un detalle común, que conocimos en el Museo del Folklore, hay mesas que aparte de para comer se utilizan como camas, y hay camas en habitaciones que se cierran con cortinas o con estores de bambú donde siempre te puedes encontrar a alguien durmiendo o descansando con lo que te sientes totalmente un intruso molesto.

Cerca se encuentra el templo de Quan Cong (24 Tran Phu) y entramos a visitarlo. Es un templo pequeño y coqueto, muy parecido a los que hemos visto, con sus espirales de incienso ya quemados durante el día.



En él se venera al general chino Quan Cong, un símbolo de integridad, lealtad, sinceridad y justicia, con sus dos caballos, uno blanco y uno rojo, el blanco lo montaba el general antes de que le regalaran el caballo rojo, que tenía más resistencia. Parece que los caballos son animales importantes para ellos, como vimos en Hanoi en el templo de Bach Ma y el templo de Quan Thang.

Detrás del templo un patio, donde hay unos atípicos elementos decorativos, unos cañones. El patio da a una sala habilitada como museo, principalmente sobre la guerra, con fotografías, mapas y una colección de campanas en el suelo..

Salimos del templo y todavía podríamos visitar alguna casa-asamblea-templo-pagoda-museo, la entrada da derecho a cinco y llevamos cuatro, y además nos queda una asamblea importante, pero haciendo algo inusual en mí, digo que me planto, quizás tengo los ojos saturados de dragones, carpas, madreperlas, madera, columnas….y seguramente en esta asamblea hubiéramos visto nuevos detalles que nos hubieran vuelto a asombrar pero allí  en ese momento era la hora de parar, y creo que Hieu aparte de sorprenderse lo agradeció, finalmente estos turistas ansiosos tiraban la toalla y hasta las zapatillas.

Además tenemos que pasar por el taller de artesanía a recoger nuestras compras, y para allá nos dirigimos. Hieu dice que se acerca él solo, seguro que tiene una novieta por allí y le digo que es como un marinero, con una chica en cada puerta, a lo que me responde que no es la primera vez que se lo dicen...se está creando una buena fama de vietnamin-lover.

Nos deja en las puertas de una pagoda que no tengo registrada, Chua Phap Bao, y está abierta, así que nos decidimos a visitarla mientras esperamos la vuelta de Hieu.


En el patio la estatua de Lady Buda, por si no fuera bastante con la cantidad de Budas ahora también aparecen ellas. Se alza sobre un pequeño estanque, y a su alrededor detalles muy simpáticos: budas pequeñitos de aspecto travieso y una escena como sacada de un Belén, chino claro. 


Hieu llega con nuestras compras, está empeñado en llevar la bolsa él, al igual que se ofrece a llevarme el bolso siempre, y yo que no que no, si no pudiera primero se lo pediría a mi marido,. Le sigo agradeciendo su ayuda y el detalle pero esto de aprovecharse del guía para todo no me convence, prefiero estrujarlo como guía.

Nos lleva de paseo por la ciudad y le seguimos, cruzamos el puente sobre el río y nos vamos a nuevos territorios.

La calle está plagada de restaurantes, pero la razón básica por la que hemos venido es porque en esta zona hay varias tiendas de farolillos y al anochecer los encienden, y este es el motivo de no haber vuelto a Danang, no por las visitas que hemos hecho por la tarde, que ya eran suficiente motivo pero que se podían haber cuadrado por la mañana, sino porque Hieu ayer en Hué nos contó lo bonita que estaba la ciudad al anochecer con los farolillos encendidos y claro nosotros también queríamos. Para cumplir nuestros deseos, tuvo que currárselo, ya que el coche que nos trajo hasta aquí se marchó, no sé si por horarios o porqué, el caso es que él nos buscó otro coche y otro chófer, este chico sí que vale.


Dada mi petición de ir al pozo de Ba Le nos lleva al restaurante donde se sirve uno de los mejores cao lau según él, y me quedo con las ganas de probarlo, pero la comida ha sido opípara, es temprano y eso no deja de ser un caldo con tropezones caliente y sigue sin apetecer, diez grados menos de temperatura ambiente y me siento allí a reventar pero este no era el caso, que hacía un calor como todos los días a pesar de que la lluvia había refrescado durante un momento.

Aparte de los numerosos restaurantes de la ciudad también se puede comer o cenar (más adecuado lo último a pesar de los posibles mosquitos) en barcos sobre el río.

 
Nos sentamos en un restaurante-cafetería para tomarnos un café, que era lo que yo quería antes de que Hieu se pusiera a andar, recuperar líquidos y descansar. Para mí un café helado, y me da lo mismo que lleve hielo y que no sea aconsejable, quiero frescor y más frescor, además está buenísimo.

La ciudad comienza a iluminarse poco a poco, con el puente que cruza el río con faroles bien grandes.


La orilla del río nos ofrece una visión más romántica, aunque en la foto no se distinguen los farolillos y se notan más las farolas.


Hieu nos pregunta si queremos quedarnos a cenar en Hoi An, que esa fue la idea original al comenzar el día, pero decidimos que volvemos a Danang, que estamos pegajosos y cansados, una buena ducha nos vendrá muy bien, para lo cual tomamos el camino hacia el puente japonés. 

Nosotros dejamos esta bonita ciudad anclada en el siglo XVII con la esperanza de que se sigan cumpliendo las normas sobre rehabilitación y construcción para que continúe manteniendo su carácter.

Hay tours que hacen noche en la ciudad, y hubiera sido la opción más adecuada, pero a la hora de elegir los tours se hace por múltiples razones y a nosotros no nos cuadraba el que hacía una noche, otra cosa es que si hubiera sabido que íbamos a ir tan solos, hubiera cambiado algunas cosas más, pero el resort de Danang está muy bien, y no siempre se puede tener todo todito todo.

Hoy me toca dormir contando farolillos.

18 de enero de 2011

Vietnam - Hoi An (1) - Tumba japonesa - Mansión Phung Hung - Puente japonés - Barrio Francés - Museo del Folklore - Hoi Phuoc Kien - Museo de Cerámica


Comerciantes, compras e historia

Hoy nos recogen a las 9 h, esto sí que parecen vacaciones, nada de madrugones. Tenemos cambio de coche, a nuestro conductor le reclaman en Hué, ir solo dos en la minivan es una pérdida de plazas, con lo que nos dan el cambio a un coche, que siempre es más cómodo. 

Nuevamente a la carretera, a la salida se ve claramente lo que contaba sobre el crecimiento de la ciudad: hoteles de lujo construidos y construcciones en marcha, la Marbella vietnamita en marcha.

Pasamos por los antiguos hangares de la base norteamericana que se estableció en Danang.


Formaban, y siguen formando, parte del aeropuerto, aeropuerto que se hizo mundialmente famoso por unas dantescas imágenes: tras la liberación del sur por el Vietcong, soldados y civiles intentaban huir del país por las represalias, y la compañía americana World Airways fletó dos Boeing 727 para evacuarlos, haciendo caso omiso a las órdenes del Gobierno. Los que querían subir a los aviones eran más de los que podían hacerlo, con lo que hubo peleas, avalanchas, militares que a golpes o a balas impusieron su fuerza…tuvo que ser un auténtico horror. Una madre logró embarcar a su hijo lanzándolo al interior. Algunas personas se agarraron en su desesperación al tren de aterrizaje, con lo que desestabilizaron uno de los aviones y cayó al mar. Nada mejor que un vídeo para ilustrar lo relatado. 

En el camino a nuestro destino Hieu nos pregunta si queremos parar en una tumba, que él creyó que era por la que le preguntaba el día anterior, y por supuesto le decimos que sí. Por esto pienso que si nos ha llevado por todos los lugares que se le han ocurrido, los que le hemos pedido, ha estado siempre dispuesto para todo, no tiene sentido que no nos llevara  a todos los rincones de la pagoda-cueva de las Montañas de Mármol

Para llegar a la tumba tenemos que entrar por arrozales, en los que había una pareja de novios haciéndose fotos y nuestro guía nos ofrece posar con ellos, pero a mí esto me parece poco respetuoso, otra cosa hubiera sido que los novios como un detalle gracioso para ellos nos hubieran llamado.

Una cosa curiosa sobre esto de los novios y las fotos, es que normalmente las fotos las hacen antes de casarse, incluso con meses de antelación, vestidos con toda la parafernalia, yo les decía que con una vez basta, que a mí me pillan para las fotos pero no para la boda días o meses después.

A la entrada del camino recomendaciones sobre como visitar la tumba del japonés Yajirobi, comerciante del siglo XVII: vestir decentemente, no escalar ni escribir ni cavar en ella, no entrar con animales.

En el camino hacia la tumba un campesino que trabajaba en la plantación de loto se me acerca y me ofrece una flor, cosa que me deja totalmente descolocada, ya no sabes si espera algo (dinero) o no, miro a Hieu desconcertada, le agradezco al campesino y le digo que no, que muchas gracias, pero él me pone la flor en la mano y se va, creo realmente que no esperaba nada, que por algún motivo quiso hacerme ese regalo, no siempre hay razones económicas detrás aunque siempre tendamos a pensar mal (o en este caso yo pensara mal).


Otro campesino que va delante nuestro me da unos tallos de arroz, primero todo pringosos de barro, y luego lo adecenta recortando la parte de abajo. Y por supuesto me encasqueta el non la (si yo no necesito comprármelo, a mí me lo ponen), ante lo que tuve una pequeña lucha de rechazarlo con él, pero al final cedí ante mi marido y Hieu, pero estoy más mona con la flor de loto que con el sombrero para salir en el blog.

Y por fin la tumba, que está orientada hacia Japón. 


En la zona hay más tumbas de japoneses, unos cincuenta, pero esta deber ser la mejor conservada o la más fácil de acceder. 

En el camino de vuelta mi marido le ofrece dinero al campesino del arroz, pero este le dice que no, cuando Hieu nos ha adelantado el campesino se vuelve a acercar a él y se lo pide, él se lo da, y no contento con ello, se acerca a mí y me dice “money money”… que diferencias entre campesinos y modos. A la vuelta busco con la mirada al de la flor de loto porque él si se merece el “money money” pero o se ha adentrado en los arrozales o ha terminado su jornada y se ha ido a su casa.

Llegamos a Hoi An, que desde el siglo X fue un puerto comercial con los chams y durante los siglos XVI y XVII fue de los más importantes del sudeste asiático, en el que recalaban barcos holandeses, portugueses, chinos, españoles, indios, filipinos, indonesios, franceses, ingleses, americanos y japoneses…¿queda alguien por nombrar? Los occidentales llamaban al puerto Fai Fo y comerciaban con todo tipo de productos. 

A finales del siglo XVI, los señore Nguyen que gobernaban Vietnam del Sur invitaron a los japoneses y chinos a asentarse en diferentes zonas de la ciudad portuaria de Hoi An. Permanecían en la ciudad hasta el verano, cuando los vientos cambiaban de rumbo y les permitían el regreso a casa. Durante los cuatro meses que permanecían en Hoi An, los comerciantes alquilaban casas para vivienda y almacén. Con el tiempo, algunos mercaderes empezaron a dejar agentes permanentes para encargarse de los negocios durante los meses de temporada baja.  

Hoi An quedó casi destruida por completo durante la rebelión de Tay Son en el siglo XVIII, y tras su reconstrucción continuó siendo un importante puerto comercial hasta finales del siglo XIX, cuando el puerto cayó en desgracia al empezar a encenagarse el río Thu bon, y el escaso caudal impedía la navegación de los barcos. 

Haciendo honor a su fama de comercio y comerciantes nuestra primera parada es en un taller de artesanía. Antes de entrar en las compras nos enseñan el proceso de creación de la seda, Hieu nos deja en la compañía de una señorita que nos lo contará en inglés, así que algunos cosas las pillamos mejor y otras peor. 

Comenzamos con los capullos.


Continuamos con los gusanos, que están en grandes cestos con sus hojas de morera, y aquí, como supongo cientos de turistas más, le explicamos que nosotros de pequeños teníamos la costumbre de criarlos en casa (todavía no entiendo la gracia de esto, a mí nunca me gustaron). 

Los capullos son puestos a calentar en agua hirviendo para que salga el hilo del mismo con facilidad, con la polilla en su interior para que no rompa el capullo cuando ella quiere salir y así no estropear el hilo.

Para luego ir recogiéndolo con una máquina y hacer una madeja.


De aquí pasamos al telar y al tinte y nos perdimos con las explicaciones en el inglés, y pedir que lo repitiera era demasiado, para ella y para nosotros, aunque el telar es como todos los telares, con su sonido ensordecedor cuando se pone en funcionamiento.

Ahora ya directamente al ¡¡¡shopping!!!. Primero pasamos por la sección de mantelerías y luego a la sección de cuadros bordados, donde caemos con todo el equipo, y no uno, sino tres bonitos cuadros: uno con paisaje vietnamita vivido, un sampán navegando por el río; otro con el símbolo de la felicidad en letras doradas;  y el último, de una vietnamita con un ao dai blanco y melena negra dirigiéndose a un flamboyano, con el fondo negro (preciosos de verdad).

Pasamos a la locura, la sastrería, donde se elige el modelo (aoi dai, camisa, vestido, pantalón, traje….) para señora o caballero, se prueba para saber si realmente gusta como queda, se elige la tela y a medida lo confeccionan. Debería haber pasado de largo, pero me pudo la curiosidad de un ao dai de manga larga, que no me quedaba bien así que me probé otros de manga corta y ¡¡zas!!, yo caí con todo el equipo.

Lo peor es la parte de humillación pública con la toma de medidas, te lo miden todo, lo medible en un cuerpo, menos mal que cantan los números en vietnamita y solo lo entienden ellos, pero rematan ajustándote la camiseta y haciéndote una foto. La ropa estará confeccionada mañana y me la llevarán al hotel. 

Ahora necesito salir mucho por las noches para amortizar las compras.

En el taller hay más productos con los que llenar una maleta: pañuelos, farolillos, tallas de madera, cuadros de marquetería…en esta última sección decidimos cerrar la boquita y la cartera.

En total casi una hora y media de compras que podría haber sido toda la mañana, pero mejor concentrarlo todo en una tienda que en toda la ciudad, que es el paraíso de la compra de la seda y nos desviaría de todo lo que tiene esta ciudad por conocer.

Ahora podemos comenzar a visitarla con tranquilidad, porque además el bueno de Hieu se encarga de las compras ya que no podemos dejarlas en el coche, de nuevo tenemos que cambiar de transporte, el chófer tiene que irse antes porque que hemos modificado los planes del día y del tour, tendrá que venir uno nuevo a recogernos. Las deja en el taller de artesanía a su nombre para recogerlas antes de tener que volver a Danang.

¿Hay mejor propaganda para los farolillos que la propia ciudad y sus árboles?



La primera visita es la Mansión Phung Hung (Nguyen Thin Minh 4), construida en 1780, por la que han pasado ocho generaciones, que conserva los muebles originales de estilo vietnamita. El edificio se alza sobre 80 columnas.

El tejado y las claraboyas de cristal son de influencia japonesa, y como en las casas de comerciantes japoneses de Takayama no se utilizan los clavos para afianzar las vigas y columnas.



La casa también ejerce de tienda que vende de todo, como ya es normal en el país, y en la que una señorita nos va acompañando a cada paso que damos por ella, incluso nos acompaña al piso de arriba, de nuevo como en Hanoi tenemos una guardiana que te hace sentir como si te fueras llevar algo, si queremos comprar ya avisaremos pero la visita así se hace un poco incómoda aunque entiendo la seguridad y el hecho de que si necesitas preguntar algo mejor estar al lado que tener que llamar a gritos. 



Un detalle curioso es la trampilla en el segundo piso, que se utiliza para la época de lluvias e inundaciones. La razón de que tenga los agujeros no la entiendo, el caso es que en 1999 el agua subió al metro y medio de altura y en 1964 a los dos y medio, y tampoco entiendo muy bien su uso, porque subir por allí sería más peligroso que intentar utilizar las escaleras y para ver como desaparece tu casa me parece algo masoquista. 


Como buenos anfitriones nos invitan a un té caliente, que a mí me hubiera gustado más helado, pero nos lo tomamos y agradecemos. Y continuamos fijándonos en los detalles, los muebles, los altares y sus figuras…

La vista sobre los tejados es encantadora, no se puede construir en la ciudad en estilo que desentone con el ambiente y no se puede sobrepasar cierta altura, las fachadas tienen que tener tonos ocres o amarillos. Buenas medidas para mantener la ciudad a salvo de constructores antiestéticos. Además la ciudad fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1999.


Siguiendo la calle, al lado de la mansión, se encuentra el puente cubierto japonés (entrada por la calle Tran Phu o por la calle Thi Minh Khai), construido en madera a finales del siglo XVI, y uno de los monumentos más importantes de la ciudad. El puente comunicaba el asentamiento japonés con el chino y fue financiado por los primeros, aunque posteriormente los japoneses se retiraron de la ciudad por la prohibición del comercio con el exterior por el emperador Tokugawa en 1663.


Su forma es bastante arqueada y los franceses aplanaron la calzada para que el paso de los vehículos a motor fuera más fácil, y en 1986 tras una restauración afortunadamente recupero su forma original.

El puente cruza un pequeño afluente del río Thu Bon, río que se ve desde el puente.


En una de las entradas del puente dos figuras, un mono y un perro, que se explica porque se comenzó a construir durante el año del mono y se terminó durante el año del perro según el calendario chino.

 
En medio del puente una pequeña pagoda con un letrero a la entrada que reza “Puente para los transeúntes que llegan de lejos”. Los círculos rojos debajo del letrero son los ojos vietnamitas (mat cua), que están en casi todas las casas de origen chino de la ciudad, son ojos guardianes para proteger el edificio y a sus habitantes de las influencias malignas.


Cuenta una leyenda que existía un enorme monstruo marino llamado Cu que tenía su cabeza en la India, su cuerpo en Vietnam y su cola en Japón, y que cada vez que se movía producía terribles terremotos en Japón y tremendas inundaciones en Vietnam, para remediarlo se construyó este puente en pleno corazón del monstruo para matarlo, pero los habitantes de Hoi An se apiadaron del él y construyeron la pagoda para rezar por su alma.

Comenzamos a pasear por esta bonita ciudad, lo hacemos por la orilla del río.

 
En el río por un lado vemos sampanes, la realidad cotidiana, y por otro figuras gigantes, un tigre, una serpiente y una carpa, la imaginación y las leyendas. 


Casi todas las casas y antiguas tiendas ahora son nuevas tiendas, principalmente de ropa y seda, y restaurantes, todos con bonitas fachadas e interiores que apetece entrar a conocer, uno a uno, pero claro para eso hay que tener tiempo y nosotros solo tenemos este día.

La calle que da al río, Bach Dang, y principalmente su continuación y las adyacentes, es el antiguo Barrio Francés, donde se encuentran las casas coloniales, que se alternan con las casas sino-vietnamitas, y es un no parar de mirar arriba y abajo y al interior. 


Como hace un calor de muerte, el trajín de las pruebas del  ao dai y el corto paseo me han agotado y deshidratado voto por parar a tomar una cervecita, fijaros si hacía calor que necesitaba parar y ninguno de los dos solemos tomarnos muchos descansos. Lo hacemos en un local al lado del río, y  aunque no siempre sirven la cerveza tan fría como se merece el calor del ambiente, entra en el gaznate como líquido milagroso de recuperación de energía.

La siguiente visita es el Museo del Folklore, que por supuesto no es solo museo también es tienda, siempre que haya oportunidad de vender hay que aprovecharla.

En la sala de abajo una embarcación de pesca colgando e instrumentos musicales con los que nuestro guía se dedica a jugar, aparte de coquetear con todo descaro con una de las señoritas que atiende el lugar, tiene labia el chico y eso que dice que tiene novia en Saigón.


En la planta de arriba hay muebles, como una curiosa mesa que se transforma en cama y que tiene ruedas, así como maniquíes con vestidos de fiesta o  para sus procesiones. También una interesante colección de artilugios de pesca, como este donde los peces entran en la cesta en busca del cebo y ya no pueden salir. 

 
Pasamos pero no entramos por el Pabellón de Asambleas Chino, fundado en 1773 como lugar de reunión para los marineros chinos de todos los clanes y que actualmente es una escuela de lengua china para niños nacidos fuera de su país y taller artesanal.

Lo que si vamos a visitar es la pagoda Kim Son o el Hoi Quan Phuoc Kien (46 Tran Phu), donde se reunía el grupo chino fujian en el siglo XVII y que se transformó posteriormente en templo.

Una puerta da entrada a un patio al fondo del cual hay una triple puerta.


Detrás de la triple puerta otro patio, y al fondo la pagoda. 


Que aunque parezca difícil a estas alturas de templos y pagodas nos sorprende su decoración, son muchas más filigranas en los tejados y sobre todo hay figuras diferentes e incluso más divertidas en ellos.

 
En el pórtico de la entrada también hay decoraciones atípicas respecto a lo visto hasta ahora, multitud de estatuaria o cuadros con estatuas en cerámica.

Lo que más impresiona al entrar es el incienso cónico colgado del techo, es una visión preciosa, mística y nada cargante de olor. Cada uno con su cartel indicando el donante, no siempre del país, había varios de Europa y USA.

Según se entra a la derecha hay un panel con Thien Hau, diosa del mar, que alumbrándose con un farolillo cruza el mar bajo una tormenta para rescatar a un barco que se hunde, esta es su misión.

En la pared de enfrente el mural representa a los cabezas de familia de seis clanes que huyeron de Fujian a raíz del derrocamiento de la dinastía Ming, y no parecen amigables.

Caminado hacia el altar en el lado derecho se encuentra la reproducción de un junco chino como el que usaban los comerciantes, que tenía sus detallitos, casi como un Playmobil Junco.

En el altar principal por supuesto Thien Hau, vestida con un traje que parece ser le cambian cada año (ha salido coquetuela la diosa).

 
A su derecha otro altar con unas figuras que representan a las 12 comadronas, cada una de las cuales enseña a los recién nacidos una habilidad necesaria para el primer año de vida: sonreír (que bonito), mamar (sin comentarios), estar tumbado panza abajo (anda y que no saben)…Las parejas sin hijos suelen venir a rezar y pedir descendencia. Hay otras figuras más grandes, son hadas, pero no sé su finalidad, supongo que ayudarán en estas enseñanzas. 

Esta pagoda ha sido refrescante, incluso hipnótica por sus figuras, sus colores, sus estatuas diferentes, su incienso…Vértigo (el cine y nosotros vamos juntos en la vida y viajes).

 
Nuestra siguiente visita es al Museo de Cerámica, con piezas incluso rescatadas de barcos hundidos. En el patio por supuesto un mosaico de cerámica como hemos visto en otros templos. 

Enfrente del museo una bonita tienda de farolillos, ¡¡que me los ponga todos oiga!! Se ven tan bonitos que son una tentación completa, pero ya compramos uno en el taller de artesanía y no es cuestión de llenar una maleta con ellos. 

La siguiente parada, nosotros solo seguimos a Hieu de momento, es en un taller de cerámica, del museo a la práctica. Nos hacen una demostración en el torno. Son piezas pequeñas y las hacen casi a ciegas por la costumbre, pero es sorprendente ver la facilidad con la que moldean y cortan la pieza con un pequeño hilo o con los dedos.  


De aquí, donde nos encontramos un grupo de españoles, en todas partes hemos oído castellano y te sientes acompañado, Hieu nos lleva al mercado, está claro que es un punto siempre importante en las visitas y Hoi An no iba a ser menos. 

Es igual de caótico que los demás que hemos conocido, aunque no es tan grande, pero como hay una zanja en medio es más difícil caminar, porque además las bicicletas pasan por allí, todo se hace estrecho en algunos momentos y parece que te vas a caer en los tenderetes o sobre las vendedoras del suelo.




Una de esas imágenes que se nos ofrece y que en cualquier ciudad a lo mejor no llamaba tanto la atención pero allí todo es “atencionable” de otra manera, en un país donde con sólo mirar  la vida en la calle se aprende, se entretiene y se disfruta. 


Salimos del mercado y en las calles tiendas de ropa, una detrás de otra, es la ciudad de las telas y la confección a medida.