Un paseo muy europeo
En los terrenos que
antaño ocupan patios, huertos y jardines del convento de San Francisco
se construyó un nuevo barrio al estilo europeo, el barrio París-Londres, dos calles adoquinadas con casas diseñadas
por un grupo de arquitectos en la década de 1920.
En el número 38 de la
calle Londres, en un antiguo palacete,
se encuentra el Centro Londres 38, espacio de memorias. El edificio fue utilizado durante la dictadura de Pinochet como
centro de tortura, que comenzó en septiembre de 1973 cuando fue expropiado a
las personas que lo habían adquirido en representación del Partido Socialista.
La historia de detrás
del edificio habla del terror en la dictadura: en julio de 1975,
diversos medios de comunicación nacionales reprodujeron profusa y ampliamente
una información que daba cuenta de la supuesta muerte de 119 personas, hombres
y mujeres, a manos de sus propios compañeros, producto de luchas internas o en
enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en Chile o incluso en otros
países. Claramente la realidad era otra, las personas había sido detenidas por
la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) y se encontraban desaparecidas, como lo sigue la mayor parte de ellas.
Ya contaba que
estaría cerrado por ser domingo, así que nos conformamos con leer las placas de
desaparecidos que hay en el suelo frente a su entrada, que ya por sí solas impresionan, con lo que entrar en este centro tiene que resultar especialmente duro, pero creo que necesario para expresar solidaridad.
La calle es muy
bella, y a estas horas dominicales un oasis de tranquilidad, aunque creo que
nunca debe ser un hervidero de gente, ni de propios ni de turistas. Las
fachadas de los edificios se suceden una tras otra y nuestros ojos miran
sorprendidos gratamente, y es que no es lo mismo leer las informaciones que
verlas en directo (el resultado puede resultar positivo o negativo, y en este
caso ampliamente positivo).
Algunos de los
palacetes están siendo reconvertidos para uso hotelero, lo que es bueno para
la conservación de los mismos, para revitalizar la zona y para conocer su
interior, aunque sea remodelado.
En la esquina de las
calles Londres y París, un edificio en esquina redondeada con una amplia
balconada con columnas, es fácil imaginarse la vida de postín en su interior
cuando se construyó.
Al lado del edificio anterior hay otro con una fachada que me recuerda a los palacetes venecianos. .
En este no parar de
edificios, al lado del anterior otro palacete en el que destaca, por lo menos a
nuestros ojos y al de la cámara, el farol sobre la entrada.
Tras el edificio se
abre una pequeña plazoleta, en la que el edificio al frente ha sido restaurado
como un hotel tipo boutique.
Seguimos paseando por
la calle, y a continuación de la pequeña plaza, otro edificio de fachada color ocre con una fachada curvada.
Viendo las fotos me
doy cuenta que las fachadas corresponden al lado derecho de la calle, y es que
nosotros caminábamos por el izquierdo, con lo que esto siempre hace más difícil
ver los detalles de las casas de este lado, aunque supongo que nos llamarían
menos la atención porque se ve que no cruzamos en ningún momento (lo mejor
siempre es un camino de ida y vuelta por diferentes aceras, aunque no siempre
es posible).
Al final de la calle,
y en ese lado izquierdo tan poco valorado fotográficamente, una casa que
parecen un caserón de experimentos de terror, con una decoración en su parte
inferior de piedra y un curioso y retorcido trabajo de forja.
Terminando la calle,
un edificio entre mezcla de estilo colonial, vasco, modernista… hasta se le encuentra semejanza con una iglesia.
La calle Londres
desemboca en la calle Padre Alonso de Ovalle, donde en su cruce con Santa Rosa
nos llama la atención de lo que suponemos un depósito de agua, al estilo de los
de New York, pero en este caso en lugar de un bidón gigante es una especie de
gran fuente o bañera grande.
Continuamos por la
calle Padre Alonso de Ovalle, que no ofrece nada especialmente interesante,
pero sí una visión de la ciudad en todos sus aspectos. Es una mezcla de
edificios antiguos deshabitados y abandonados, con pintadas en sus fachadas,
descampados, nuevos edificios construidos, y por supuesto, de la realidad
política que vivía Chile, inmerso en las elecciones presidenciales.
Giramos por la calle
Santa Rosa para algo más adelante encontrarnos con la casa que buscábamos, que
nos ofrece la mejor visión de su torre desde la calle Tarapacá (aunque desde la
esquina contraria hubiera sido mejor para la fotografía para tomar la fachada
principal aunque estuviera llena de pintadas y grafitis, mostrando el poco respeto arquitectónico a sus bienes).
Se trata de la
llamada Casa de los Diez, y en su
torre se reunía un grupo de más de diez amigos, intelectuales y artistas que se
formó en 1916.
Llegar hasta aquí es una de esas tonterías mías, ya que la zona es
bastante desangelada y fría, descuidada al tiempo que se están construyendo
edificios de viviendas que no parecen asequibles para todos; pero pienso que conocer una ciudad no es solo conocer sus aspectos positivos, aparte de que al salir de los circuitos más clásicos se encuentra el verdadero pulso de la ciudad, de los ciudadanos y de su crecimiento y desarrollo.
En la casa hay detalles que
captan nuestra atención, como las gárgolas.
La entrada, que se
puede ver a través de la reja que la protege, es un canto al Medievo (no hay
fotos de la entrada porque las pintadas no le gustaron al fotógrafo, además de
un semáforo colocado justo al lado de la puerta, y una farola, con una acera
estrecha, todo inconvenientes para el noble arte fotográfico).
Eso sí, curiosamente
de una de las fachadas de la casa que daba a un gran descampado con funciones
de parking y de lavado de coches, custodiado por un feroz par de perros
doberman, si hay fotografía… y es que la mente de cada uno es cómo es y nos
hace únicos.
Subimos por la calle
San Francisco hasta la calle París,
y en el cruce de ambas un nuevo edificio bonito, en este caso bien restaurado y
conservado, con balcones estilo colonial.
La calle París
también conserva algunas casas y casonas pero no nos parece tan espectacular como la
perpendicular calle Londres, aunque hay una construcción de
hierro a modo de pasadizo elevado que comunica dos edificios, ahora
pertenecientes a un hotel y a un salón de eventos del mismo.
En esta calle París
nos volvemos a encontrar con Michelle Bachelet y con su partido, ya que se
encuentra la sede del Partido Socialista de Chile, alojado en una de esas casas
con encanto.
El mapa del recorrido:
Otro barrio que visitaremos en la ciudad que sigue los pasos de copiar la arquitectura europea es el de Concha y Toro y la calle Dieciocho.
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