18 de abril de 2018

Myanmar - Mandalay - Sandamuni Paya - Kyauktawgyi Paya

Un Buda, dos Budas

En la zona donde están situados Shwenandaw Kyaung, Atumashi Kyaung y Kuthodaw Paya hay otros monumentos visitables que no estaban programados, así que le pido a Myo si podemos ir, y asiente, tenemos tiempo para hacerlo, nosotros conocemos más y nos evitamos tener que buscarnos la vida para el transporte. El primero de ellos es Sandamuni Paya, a la que se accede por el típico pasillo techado o pasarela. 


Como en un bucle visual volvemos a adentrarnos en un laberinto de estupas blancas coronadas con htis dorados, que se van expandiendo a partir del pasillo, como en Kuthodaw Paya. En la segunda fotografía, al fondo la colina de Mandalay, con sus santuarios y su estupa.



Tal como ocurre en la mencionada Kuthodaw Paya, alojadas en las estupas hay losas de mármol en las que están grabados comentarios del Tripitaka, las enseñanzas budistas, y aunque tiene un mayor número de estupas y losas, es llamada el “volumen 2 del libro más grande del mundo”. 



Más que las estupas y sus losas, son más importantes las de Kuthodaw Paya y por eso están protegidas por verjas, en esta pagoda se venera una imagen de hierro de Buda, la más grande realizada en este material en Myanmar, encargada en 1802 por el rey Bodawpaya, transportada en 1874 desde Amarapura, fecha en la que comenzó la construcción de la pagoda. A partir de este momento la estatua comenzó a cubrirse con oro, aunque no ha llegado a convertirse en una masa deforme como la figura de Mahamuni Paya.

El pasillo de acceso y las paredes del santuario donde está la estatua están cubiertos por mosaicos de cristal, que hoy aprendemos que no le gustan a nuestro guía (parece que somos todos algo más clásicos). 



La pagoda fue construida en el lugar donde estuvo situado temporalmente el palacio del rey Mindon Min mientras se construía el palacio de Mandalay. El rey Mindon llegó al poder tras el derrocamiento del rey Pagan Min, contando con la ayuda de su hermano menor, Kanaung. En 1886 Kanaung fue asesinado durante una revuelta promovida por dos de los hijos de Mindon, descontentos por no ser los primeros en la línea sucesoria. La pagoda se construyó en memoria de Kanaung, en el lugar donde fue asesinado junto a sus tres hijos, siendo todos enterrados aquí, aunque a principios de la década de 1990 las tumbas fueran trasladadas a un mausoleo. 


Se puede subir a la primera terraza de la estupa -que no es la estupa- ya que está construida en alto, para tener una mejor visión del mundo de estupas blancas a nuestro alrededor, y realmente es una maravilla lo que vemos. Ese suelo blanco y negro y las estupas dan al entorno la apariencia de una partida de ajedrez con piezas gigantes.



El último de los lugares por esta zona es Kyauktawgyi Paya, al sur de la colina de Mandalay, construida en 1878, donde se mezclan los mosaicos de cristales con el dorado. 


Unos guardianes custodian los pasillos de entrada. 


No paseamos por el complejo como en otras ocasiones, seguimos a Myo en su caminar, pasando por pasarelas, entradas y entre más guardianes custodiando el complejo. 




Hasta que llegamos al pabellón que alberga una imagen de Buda sentado de 8 m de altura, con un peso de 900 toneladas. 


La imagen fue tallada durante tres años en un solo bloque de mármol, bloque que fue extraído de las cercanas minas de Sagyin, y tenía unas medidas tan espectaculares que fueron necesarios trece días para que 10.000 hombres lo transportaran. Fue terminado en 1865. 




Lógicamente hay más estupas, más pabellones, más imágenes en este complejo, pero decidimos que en esta ocasión nos es suficiente con haber visto al Buda, ya que esta visita no estaba programada y agradecemos a Myo su colaboración, pero todavía queda una visitar por hacer, y su salario -ni el del chófer- no incluye que esté todo el día con nosotros a merced de todo lo que hay para ver en la ciudad, que no terminaríamos nunca. 

 

16 de abril de 2018

Myanmar - Mandalay - Kuthodaw Paya

El libro más grande del mundo

No muy lejos de Atumashi Kyaung y de Shwenandaw Kyaung, se puede llegar caminando fácilmente porque la distancia es corta -bueno, no tan fácilmente porque a estas horas de la tarde hay un sol de justicia y el calor es atroz-, se encuentra Kuthodaw Paya, con una entrada muy colorida y alegre. El lugar está incluido entre los lugares Memoria del Mundo de la Unesco.


Sigue la estructura de todas las pagodas, desde las cuatro entradas orientadas a los puntos cardinales, parten pasarelas techadas que se cruzan en el centro, algunas con más decoración que otras, utilizando los mosaicos de cristal. Nosotros entramos por la entrada sur. 



Los pasillos están decorados con pinturas en su parte superior, pero lo más destacado, al menos para nosotros, son sus puertas de madera labrada. 


A ambos lados de los pasillos surge un mundo infinito de pequeñas estupas blancas, que es como adentrarse en un mundo fantástico de paz, con la ventaja añadida de ser pocos los visitantes, porque en días y horas punta puede romperse toda la magia del lugar. El complejo tiene forma cuadrangular y sinceramente dan ganas de perderse entre sus pasillos y que el tiempo corra. 




El blanco de las estupas es roto por el verde de los árboles plantados en los pasillos de separación entre las filas de estupas, lo que además proporciona sombra y frescor. 



Cada una de estas estupas blancas, 729 en total, que reciben el nombre de Dhamma -que significa “cueva”-, contiene una losa de alabastro de 1,52 m de largo, 1,06 m de ancho y 0,15 m de espesor; en estas losas se ha grabado el Tripitaka, los quince libros que componen este canon budista, para lo que fueron necesarios más de doscientos redactores, siendo por tanto “el libro más grande del mundo”.

El Tripitaka está compuesto de tres partes, cuya traducción del pali es “tres canastas”, que corresponden a los textos de Sutta Pitaka (cesto de disciplina), Vinaya Pitaka (cesto de discursos) y Abhidhamma Pitaka (cesto de enseñanzas adicionales). Nuestro primer conocimiento de este libro budista lo tuvimos en el viaje a Corea del Sur, donde visitamos el famoso templo de Haeinsa, donde el Tripitaka está escrito en 81.258 tablas de madera, que además fue impreso con una técnica anterior a la invención de la imprenta. En número, la superioridad es de las tablas de madera contra las losas de piedra; pero las primeras son mucho más pequeñas que las segundas en tamaño.

La importancia histórica y cultural de estas losas hace que las estupas, que están numeradas, estén protegidas por vallas. La estupa 730 cuenta como se realizó este libro de piedra. 


Originalmente las letras labradas en las losas estaban bañadas con oro, pero los británicos las robaron, así como las joyas y las gemas del hti de la estupa principal. Muchas de las tablas son reconstrucciones, ya que muchas de ellas se perdieron igualmente durante la época colonial británica, ya que las utilizaron para la construcción de carreteras (que manía tenemos por no respetar nada). 


Se ha calculado que leyendo una media de ocho horas diarias, una persona tardaría 450 días en leer este libro en piedra. El rey Mindon convocó el Quinto Concilio Budista en 1871 y empleó a 2.400 monjes para que en turnos sin descanso lo leyeran, tardando en esta tarea seis meses. 


Entre las estupas un perro a la sombra descansando; en Shwenandaw Kyaung era un gato el que lo hacía. Teniendo en cuenta nuestros pies descalzos, nos produce cierta sensación incómoda pisar, pero a todo se acostumbra uno, lo importante es llevar toallitas limpiadoras por si hicieran falta. 


Volvamos al pasillo, al final del cual hay un santuario con una estatua de Buda, con un halo de luces de neón. 


Lo importante de esta paya está claro que son las estupas blancas y sus losas, pero hay mucho más, así que hay que salir a explorar el complejo. 


La construcción de la pagoda comenzó en 1857 por el rey Mindon, al tiempo que comenzaban las obras del palacio real de Mandalay, y fue realizada a imitación de la Shwezigon Paya de Nyaung U, en Bagan. Alcanza los 30 m de altura (según otras fuentes 57 m, pero no me parece tan alta). 


Curiosas y hasta teatrales son las figuras que custodian las escaleras de acceso a la estupa. 


La estupa está rodeada por los clásicos puestos planetarios


Entramos por algunos de los pabellones del complejo, para descubrir más imágenes de Buda en ellos. 


En uno de estos pabellones nos encontramos con la figura de Skinny Buda (mejor trabajo que el que vemos de camino al hotel, aunque resulta algo tétrico) y con las huellas de Buda. 




En la pasarela de entrada, cerca del cruce de los cuatro tramos, hay una maqueta del complejo; se puede ver la estructura, con la estupa central, los cuatro pasillos que conducen a ella, y las estupas blancas que la rodean. 


Durante el paseo por el complejo tuvimos la oportunidad de ver cómo se fábrica de forma artesanal la crema de thanaka para protegerse del sol, directamente con la corteza del árbol. 

13 de abril de 2018

Myanmar - Mandalay - Atumashi Kyaung

De la madera al cemento

Muy cerca de Shwenandaw Kyaunghay otro monasterio -esto es normal en Myanmar, pagodas y monasterios en una sucesión infinita-, Atumashi Kyaung, cuya visita no estaba programada pero dada su cercanía le pedimos a Myo ir. El edificio actual es una reconstrucción de 1897 ya que el original fue destruido por un incendio en 1890, cuando los británicos lo utilizaban como barracón para el ejército. La reconstrucción fue ordenada por la Junta Militar, y se utilizó a convictos como mano de obra.

El edificio presenta cinco terrazas escalonadas, por lo que sale de la norma arquitectónica hasta entonces en los monasterios budistas de la superposición de una torre principal con siete tejados, llamado Pyathat. Se asemeja algo a un gigantesco pastel de bodas con los pisos y sus colores. 


Como ya es costumbre, Myo nos hace entrar por la puerta trasera, por los bajos del edificio, que se asemeja a cualquier sótano de cualquier edificio, donde las columnas parecen las  de un parking, y donde hay una escalera de madera para subir a la planta principal. En este espacio la poca magia del edificio ha terminado de desaparecer por completo. 


Pero es mucho mejor acceder por la escalera principal, aunque los escalones quemen una barbaridad, ya que el sol los ha recalentado, así se puede disfrutar de la bonita visión de los pisos y de los pináculos con sus hti (los paraguas dorados sobre ellas). Las escaleras de acceso y las balaustradas son las originales, ya que se salvaron del incendio. 



Hay que fijarse en el pasamanos, un cocodrilo (como habíamos visto en Shwedagon Paya en Yangón) apoyado sobre una la figura de lo que se nos asemeja a una esfinge, con cuerpo de animal (león) y rostro humano. 


En muchos monumentos suele haber una placa contando la historia del mismo, una información que se agradece. 


Subimos las escaleras -lo hacemos a saltitos rápidos, las plantas de los pies se están cocinando a la parrilla- y llegamos a la terraza, donde las baldosas negras queman terriblemente, así que mejor pisar las blancas, que también queman pero algo menos, y por supuesto buscamos la zona a la sombra. Ha merecido la pena subir hasta aquí, esta terraza es un bonito lugar. 


El edificio de la sala presenta unos marcos decorativos alrededor de las puertas que me recuerdan en la lejanía al estilo manuelino de Portugal y Extremadura. 



Detalle de una figura en la puerta de entrada a la sala (¿se nota la diferencia con las imágenes labradas de Shwenandaw Kyaung?). 


Entramos en la amplia sala, muy desangelada y con cero encanto, donde hay varias personas descansando y tomando el fresco en el suelo (no los que se ven sentados, hay otros tumbados totalmente y yo diría que incluso alguno dormido; me confundo mucho con estos actos, la fe mezclada con el descanso y la nutrición, porque también hemos visto como se come en los santuarios de pagodas o monasterios). 

 


El santuario está presidido por una estatua de Buda; originalmente la estatua estaba cubierta por ropa del rey Mindon Min. 


Salimos nuevamente a la terraza e intentamos caminar por ella lo que podemos para tener diferentes ángulos de visión, pero nuestros pies no están todavía preparados para ese calor que quema nuestras plantas y tenemos que retroceder y salir cuando en un giro ya no hay sombra para cobijarnos.