10 de abril de 2018

Myanmar - Mandalay - King Galon (fábrica de pan de oro) - Restaurante Golden Duck

Oro fino

Después de nuestra visita a Mahamuni Paya, donde hemos visto la imagen de Buda deformada por las láminas de pan de oro que se le aplica n constantemente, nos toca ir a una fábrica de este material, King Galon, para aprender algo sobre él. 

La base es un papel de bambú, y para llegar a él se tiene un gran trabajo por delante, laborioso y que lleva bastante tiempo. 


El bambú hay que limpiarlo bien, quitándole los nodos y las hojas, luego se lima para dejarlo liso. A continuación se hacen pequeños palos, que se sumergen en tinajas con agua para que se vayan ablandando (en teoría durante tres años, aunque me parece demasiado tiempo y tomé mal las notas). Luego se hace una masa que se tiene que estirar  para finamente poder cortarla en láminas pequeñas. 



Entre las láminas de papel (sobre unas 200) se introducen láminas de oro algo gruesas (el proceso de fabricación de estas láminas gruesas no lo contaron, pero es realizado con máquinas y comienza con un lingote que se va estirando y aplanando hasta poder cortarlo en láminas, que son las que llegan aquí), así se elabora un paquete de láminas de bambu y oro al que golpearan durante unos 30 minutos. Este proceso se va realizando varias veces –unas cinco horas-, según se va estirando el oro se va cortando el paquete y se realizan nuevos paquetes para golpear. El mazo con el que golpean pesa una barbaridad, yo lo cogí y me pareció un mundo levantarlo solo del suelo un palmo, así que alzarlo continuamente me parece un milagro. 




El mecanismo para medir el tiempo es el de una clepsidra o reloj de agua: un cuenco con un agujero en su base se coloca en una pequeña tinaja de agua, cuando se llena se va al fondo, cuando han pasado los 30 minutos de golpear el paquete. 


Al final de los golpeos sucesivos en los paquetes quedan láminas de oro muy finas y de forma redondeada. 


El proceso de empaquetado está a cargo de mujeres, que tienen que cortar esta lámina redondeada en pequeños trozos cuadrados principalmente, que son colocados entre nuevas hojas de papel de bambú, con gran cuidado porque son muy delicadas. 


Los paquetes ya están listos para su venta, y para aplicar a los Budas o pagodas. 


Tras ver el proceso de elaboración se pasa a la tienda, un ritual siempre tras la visita a cualquier fábrica, donde se pueden comprar artículos con este producto o directamente las láminas; el artículo más llamativo fue un tarro de crema de thanaka en la que incorporan láminas de oro. El thanaka se elabora con la corteza molida del árbol del mismo nombre, que se mezcla con agua, y que en Myanmar hombres y mujeres lo usan para protegerse del sol, extendiéndola principalmente por la cara (en ocasiones realizando dibujos artísticos, como círculos concéntricos u otras formas), pero también por los brazos y el resto del cuerpo (en menor medida).

Un tarro de thanaka sin oro, que además puede llevar perfume o no. 


Con estas primeras visitas se termina la mañana y es hora de comer, más temprano que ningún otro día, Myo nos pregunta si nos gusta el pato laqueado chino, obteniendo una respuesta afirmativa por nuestra parte, así que nos lleva a un restaurante que a él le gusta, Golden Duck


Un pato junto a una botella de whisky (la marca se adivina fácilmente) nos recibe a la puerta, que no sé yo para que esta bebida alcohólica junto al pato, que es golden y no drunk


El salón del restaurante es un amplio espacio que se nos asemeja al típico lugar de banquete de bodas de los años sesenta-setenta, en el que no hay muchos comensales. 


El pato laqueado va con todo, es decir con sus vísceras, cosa que yo no había tenido en cuenta ya que en Madrid estoy acostumbrada a comerlo limpito, así que no lo miré cuando llegó a la mesa, y cuando tome el primer bocado de mi crujiente pechuga un sabor a hígado me inundó la boca, como estos alimentos no me gustan nada, tuve que tragármelo rápidamente acompañado de un buen sorbo de cerveza. No estaba malo, porque a mi pareja le encantó, solo que a mí no me gustó por lo que os comento. 


Al pato le acompañan tres salsas: una agridulce, una con cilantro y otra con chile verde, muy picante. 


Además comimos unas ricas y crujientes verduras salteadas (a falta de pato, me hice vegetariana compulsiva); y tampoco faltaba el arroz blanco, con un camarero siempre dispuesto a servirte más (era un poco incómodo tenerlo siempre revoloteando alrededor de la mesa, pero el servicio birmano es así, diligente a más no poder). 


De postre, un contundente pastel-pudin de zanahorias. 


Precio de la comida, 13.900 kyats; 7.200 por el pato y complementos; 2.300 por la cerveza, 1.300 por el agua. 

9 de abril de 2018

Myanmar - Mandalay - Mahamuni Paya

La imagen deformada

El vuelo Yangón-Mandalay lo hemos hecho temprano, así que hemos tenido tiempo de llegar al hotel para acomodarnos algo y poco más, hemos quedado con Myo a las 10 para comenzar a explorar la ciudad, cuyos monumentos están bastante diseminados por ella, aunque hay una zona donde se concentran varios. Por supuesto el coche es nuestro aliado para hacer el paseo. 


Myo ha decidido cambiar el orden de visitas del tour, que no nos parece mal mientras se respeten todos los puntos, y empezaremos por Mahamuni Paya, también conocida como Arakan Paya, la pagoda de Arakan, dejando nuestras chanclas en el coche y pagando 1.000 kyats por cámara, ya que la entrada humana la tenemos incluida. 


Entramos por laa puerta situada al este, que da a un pasillo en el que predominan las tiendas de artesanías -las tallas de madera son preciosas, y si no hubieran sido tan pesadas, alguna podría haber venido en la maleta (lo del envío a domicilio en este caso no lo contemplamos, que hubiera sido lo más efectivo)-. También hay estatuas de Buda doradas o de bronce, así como imágenes pintadas, pero sin lugar a dudas, las tallas de madera, con esos paneles labrados son preciosos (y viendo las fotografías me arrepiento más de no haberlo comprado, que otro problema hubiera sido donde colocarlo en casa). 



Al fondo del pasillo, que se asemeja más a un pasillo de un centro comercial que al de una pagoda, el santuario principal, donde ahora también se anuncia con un panel luminoso tipo discoteca o restaurante. 


De las tiendas y las luces pasamos al esplendor dorado de la paya, este mundo de contradicciones comerciales y espirituales es un punto al que no le encontramos el equilibrio, pero somos simples occidentales. En el suelo hay sentadas principalmente mujeres, y es que hasta aquí podemos pasar las féminas, tenemos prohibido acercarnos a la imagen venerada del Buda Mahamuni (en todas las religiones cuecen las mismas habas para las mujeres). 


Los hombres sí pueden acceder a la imagen, aunque me parece que no todos, debe de haber algún tipo de restricción, permiso y orden de entrada -relacionado con "decorar" al Buda-, pero como no soy hombre no me preocupe de entender el modus operandi, ni siquiera para tener una buena fotografía. 


La imagen fue traída (robada o sustraída a la fuerza) de Mrauk U (estado de Rakhine o Arakan, de triste actualidad por la persecución de los rohingya y su expulsión al fronterizo Bangladesh) en 1784, se llevó a Amarapura hasta que Mandalay pasó a ser la capital del país. Se creía que databa del siglo I, aunque la población de Rakhine cree que corresponde a una visita que realizó Buda en el 554 a.C. a la ciudad de Dhanyawadi, que era la capital de Arakan; el rey, impresionado por las enseñanzas de Buda ordenó erigir la imagen, de bronce, con una altura de 4 m, portando una corona con incrustaciones de piedras preciosas. 


Hay algo que llama la atención en este Buda, y no solo su cara reluciente dorada, su corona y las joyas que cuelgan de su pecho; son esas bolitas a modo de picaduras de avispas en brazos y piernas. La razón es que a lo largo de los años los fieles la han ido cubriendo con láminas de pan de oro, afortunadamente han dejado libre el rostro, por lo que ahora el resto del cuerpo es una masa deforme. A la locura desmedida de cubrir las imágenes llegaremos más adelante en el viaje. 


En un video se ve mejor la imagen y como se va deformando por el acumulamiento de láminas de oro. 


Una fotografía de la imagen en 1901, cuando todavía tenía brazos y piernas. 


El mismo caso de deformidad de imágenes de Buda por cubrirlas continuamente con láminas de oro lo encontraremos en Phaung Daw Oo Paya en el lago Inle

Caminamos por los pasillos dorados que rodean el santuario que alberga la imagen, en los que hay hornacinas con pequeñas imágenes de Buda, donde lo dorado es predominante. 


La pagoda original fue construida en 1784 por el rey Bodawpaya, que además ordenó construir una calle de ladrillos desde su palacio hasta ella. En 1884 fue destruida por un incendio y fue reconstruida. 



Paseamos tranquilamente por el complejo de la pagoda, y cada vez me voy haciendo más adepta al blanco (con sus hti dorados) en lugar de al resplandeciente dorado en su totalidad.



Hay otros templos con más imágenes en su interior, y decoraciones simpáticas en su exterior. 




Los puestos planetarios están reunidos en un lugar, alrededor de una pequeña estupa y no alrededor de la estupa principal.


También hay diferentes campanas en el recinto -que no están exentas de los vándalos pintores-, y el gong, fundido a mediados del siglo XVIII con un peso de más de 5.000 Kg. Me gusta mucho la campana plana, elemento que utilizan para crear sonajeros colgantes de viento para decoración -un souvenir que veréis por todas partes-. 




Una pequeña torre aloja  en su parte superior un tambor, instrumento de llamada que no hemos visto en todas las pagodas, no sé si por no existir o por no haberle encontrado nosotros - vamos, que no lo hemos buscado y no lo hemos visto-. 



En un pabellón hay una colección de cuadros que cuenta la historia de la imagen, de su viaje desde Rakhine, y de la pagoda. 



Vemos a un pintor está en pleno proceso creativo (o de restauración). 


Antes de salir de la pagoda le pregunto a Myo por unas imágenes que no hemos visto, seis figuras jemer de bronce que fueron traídas junto a la imagen de Buda desde Rakhine, la pena es que no se puede entrar en el pabellón donde están y no las podemos ver con claridad. Se trata de tres leones, dos figuras de Shiva y una de Airavata, el elefante de tres cabezas (en Camboya los vimos en la Terraza de los Elefantes y en el templo Bayon y en Tailandia le llaman Erawan, que además era la montura del dios Indra). 


La imagen de Airavata tiene una historia de viajero incansable a su pesar, porque se trata de una adquisición ilegal. Era venerada en el templo de Angkor Wat (¡las vueltas de la historia!) en Camboya; fue llevada por los tailandeses en 1431 a Ayuthaya; en 1564 el rey birmano Bayinnaung se la llevó a Bago; en 1663 el rey Razagyi de Rakhine se la llevó a Mrauk U. Finalmente el rey Bodawpaya se la llevó a Amarapura primero y luego a Mandalay, tras la victoria sobre Rakhine en la batalla de Danyawaddy. La leyenda cuenta que si se frota una parte de la figura se puede curar el dolor en esa parte del cuerpo (viendo el elefante, tiene que haber mucho dolor de dientes en los países asiáticos por los que ha pasado la imagen ya que sus colmillos lucen relucientes). 


En las pagodas, bien dentro o en los alrededores, suele haber unos cuencos (en los más modernos hay depósitos) con agua, para que los peregrinos, fieles, mojes y visitantes puedan refrescarse (los occidentales mejor evitar este agua de origen no fiable en términos saludables). 


Para salir le pido a Myo hacerlo por otra puerta, y así cotilleamos un poco entre los puestos de venta, que no ya son de artesanías bonitas, son mucho más mundanos y de souvernirs en general, con imanes clásicos, pegatinas, ropa, bolsos, chanclas e infinidad de artículos. 



Hemos terminado la visita a la pagoda y su Buda deforme, con esos carteles anunciadores más típicos de una sala de juego. En las calles junto a la pagoda hay talleres y tiendas de artesanías, para aquellos interesados en las compras.