6 de junio de 2016

Uzbekistán - Bukhara - Central Bazaar


Haciendo apetito

Junto al mausoleo Chashma Ayub se encuentra una de las entradas al mercado central de Bukhara, Central Bazaar, y como tenemos tiempo Oyott nos ofrece la oportunidad de entrar a curiosear. El mercado está compuesto de varios edificios, y en él encontramos mucha más variedad de artículos, ya que no solo vemos los típicos alimentarios, también hay productos de limpieza y del hogar, ropa, más bazar que nunca.
 

Entramos en el maravilloso mundo de las especias, colorido y olfativo, de las sales y saborizantes varios. 




De los frutos secos y los dulces, que nos va ofreciendo los tenderos a nuestro paso para que los probemos y compremos.






En medio algún arroz que otro. 


El rico muestrario de pan, con el que siempre se nos hace la boca agua, sabemos que está muy bueno. 


Sin esperarlo, nos topamos con una sección de embutidos, que curiosamente nos parecen chorizos y mortadelas, ¿de cerdo?, pero ni rastro de carne fresca. 


El ala dedicada a frutas y verduras, siempre una de las más extensas. 








Y por último entramos en una sección variopinta, donde no falta el arroz, kilos y kilos. 



Salimos del mercado, y Oyott se para junto a un señor que vende cd’s (piratas por si hay alguna duda), a ver si tiene el grupo que escuchamos la última noche que pasamos en Khiva, en el restaurante Silk Road. Afortunadamente lo tiene, y el mismo Oyott se encarga de la compra, y el regateo si fue oportuno, en nuestro nombre.

Caminamos por una de esas calles a las que se podría aplicar la frase de “lo estamos arreglando”. 


Curiosamente en ella encontramos algunos puestos de venta de carne, pero dado el muestrario y el mostrador es preferible no pensar que carne nos comemos en los famosos pinchos a la brasa, ¡muy hecho por favor! 


1 de junio de 2016

Uzbekistán - Bukhara - Parque Samani - Mausoleo de Ismail Samani - Mausoleo de Chashma Ayub - Museo Memorial del Imán Al-Bukhary


Santos mausoleos

Nuestro segundo día en Bukhara, comenzando las visitas por la parte oeste de la ciudad, llegando hasta el parque Samani, donde hay instaladas -una casi constante en los parques uzbekos-, algunas atracciones de feria, destacando por altura y colorido una noria, que a simple vista no ofrece mucha seguridad con esos hierros envejecidos. Llamativo nos resulta el gran anuncio de Coca-Cola, ha llegado la globalización. 



No paseamos por el parque, directamente nos dirigimos al Mausoleo de Ismail Samani o de los Samani, construido en el año 905, alrededor del cual había un cementerio. 


El mausoleo es el monumento musulmán más antiguo de la ciudad, y posiblemente una de las construcciones más robustas de la ciudad, al tiempo que una de las más interesantes y atrayentes. Tiene una estructura muy original, y afortunadamente apenas se ha restaurado, ya que sus muros de 2 m de espesor le han ayudado a conservarse, además de haber estado cubierto por tierra durante mucho tiempo, siendo descubierto en el siglo XX.


Presenta forma cuadrada, por los elementos sagrados, y tiene cuatro puertas, aunque solo una de ellas está abierta, las otras tres presentan una celosía de madera que las hace asemejarse a ventanas, además de no tener escalones. 


El edificio está decorado con símbolos zoroástricos, como círculos y cuadrados anidados. 




El interior es casi diáfano, presidido por una cúpula y decorado igualmente con símbolos. 



El mausoleo es lugar de peregrinación, y antes de ir a La Meca es una visita obligada, así como otros mausoleos uzbekos. En su interior, la tumba de Ismail Samani, que la mandó construir él mismo, fundador de la dinastía Samánida, dinastía que gobernó aproximadamente 100 años, que también alberga a su padre y uno de sus nietos.

Yo entendí que para tener buena suerte había que dar tres vueltas a la tumba en dirección de las agujas del reloj, pero cuando andaba volteando la segunda, una de las vendedoras, que estaba en el interior, se apiadó de mí y me dijo que no, que estas vueltas se dan en el exterior, alrededor del mausoleo. 


Esta mañana no fue posible obtener una de esas fotos “Kodak” del mausoleo, ya que la posición del sol no lo hacía posible, así que una tarde paseamos por la ciudad y por el parque Samani a nuestro aire y ritmo, y finalmente la obtuvimos, el reflejo del mausoleo en el estanque que hay junto a él. Creo que es uno de los edificios más bonitos del país, con o sin reflejo.


Frente al Mausoleo de Ismail Samani está el mausoleo de Chashma Ayub, una tumba construida entre los siglos XII-XVII ( entre ampliaciones y remodelaciones) junto a una fuente o pozo, que también es un importante lugar de peregrinaje.





El nombre Chashma Ayub significa manantial de Job, y la leyenda cuenta que el manantial surgió después de que el profeta Job (Ayub) clavara su bastón en este lugar cuando la ciudad estaba padeciendo una importante sequía. La leyenda ampliada cuenta que Ayub era un hombre rico de Hebrón, y para probarle Alá le envió a Shaitan (Satán), y a su vez le colmó de miseria, dolor, enfermedad y sufrimiento, haciendo que el cuerpo y la piel de Ayub fueran totalmente irreconocibles, llegando de esta forma a Bukharaa. A pesar de todo, Ayub no perdió su fe, y esperaba la misericordia de Alá mientras continuaba realizando sus oraciones. Pasado un tiempo Alá le envió al arcángel Gabriel, que le ordenó que golpeara el suelo con sus pies, tras lo cual brotó el agua del suelo, agua que curaba las úlceras de la piel. Lo que me resulta curioso de la historia es que finalmente cristianos, judíos y musulmanes tienen la misma veneración por el santo Job, ¿realmente la religión nos separa?


Es un edificio multiusos y bien aprovechado, por un lado, el pozo, al que acuden los habitantes a recoger agua o a beberla, ya que es saludable. Por otro, acoge un museo del agua, que aún siendo pequeño resulta ilustrativo e interesante.

Un mapa de los estanques de Bukhara a principios del siglo XX; y ¡madre mía!, la ciudad parecía una gran piscina a la que hubieran troceado. Lástima de la no limpieza y cuidado de estos estanques y que por ello sus aguas provocaron epidemias. 


En las paredes cuelgan fotos con porteadores de agua, cuyos odres eran los pellejos de los animales.


Mapa con los haman (baños) de Bukhara a finales del siglo XIX y principios del XX. 


Y finalmente la razón de ser llamado este lugar mausoleo, la tumba de Hafiz Hajji Gujori, un destacado experto en hadices (dichos y conversaciones del profeta Mahoma), teólogo y autor de tratados históricos, que murió en 1022. La información de esta tumba vuelve a ser confusa, según unas fuentes se trata de Gujori, y según otros de la pseudo tumba de Ayub, pero es que el honor de su enterramiento está disputado por otros lugares; yo tengo la duda de si es uno u otro, o a lo mejor incluso los dos. 


Frente al mausoleo de Chashma Ayub, el Museo Memorial del Imán Al-Bukhary, un moderno edificio diseñado por el arquitecto Zoirsho Klichev, que fue inaugurado en 2001. En medio de los dos edificios, el Central Bazaar




30 de mayo de 2016

Uzbekistán - Bukhara - Cena en una tienda textil


Vodka, cura de males digestivos

La plaza Lyabi-Hauz es extensa, porque no solo se circunscribe al estanque y su perímetro, sino que podría considerarse que la calle por la que continúa forma parte de ella, por la que circula un canal que supongo alimentar el estanque. 


A la derecha de esta plaza, según estamos situados en la fotografía, saliendo del bazar Toki Sarrafon surgen unas callejuelas, donde viven los ciudadanos de Bukhara, que no tiene nada que ver con la ciudad monumental, y por allí entramos porque se encuentra el restaurante que nos toca esta noche. Esta es la que nosotros llamábamos la cara B del país, que en una ciudad occidental nos asustaría, pero hay que ponerse otro chip mental para ver las calles y casas de Uzbekistán y de Asia en general.


A la entrada del restaurante, un zaguán abierto que huele que alimenta, y una señora terminando de hacer el plov, plato que nos encantará repetir y así vamos conociendo su diversidad. 


De aperitivos: berenjena rebozada tipo sándwich, en su interior una rodaja de tomate; ensalada de berenjena, calabacín, pimiento rojo; coliflor rebozada; y para acompañar una crema de queso (supongo que requesón, pero no me acerco a este tipo de productos ni por curiosidad bloguera). 


El mantel, con diseño típico uzbeko a aguas, telas que hemos conocido en la madraza de  Margilan y en la  fábrica de seda Yodgorlik de la misma ciudad; la vajilla bonita, de las que hemos ido conociendo durante el viaje, en nuestro paso por Rishtan



Para beber, agua y cerveza nacional o rusa que es casi lo mismo a pesar de la independencia. 


Como en el local había concentración de grupos turísticos, también la había de guías. En la habitación donde estábamos nosotros afortunadamente solo había una pareja de alemanes más, con lo que estuvimos tranquilos. Oyott nos pidió permiso para sentarse con otros guías a compartir cena y conversación, en compañía del dueño del sitio; que se quedaron es esta misma sala.

Y llegó el rico plov, que estaba muy bueno, pero que muy bueno. El dueño, amable y sonriente, nos ofreció vodka para acompañarlo, que era lo que estaban tomando en la mesa con los guías de modo compulsivo; yo decliné el ofrecimiento, más viendo la cara del alemán que estaba bebiéndolo como podía, pero mi marido se lanzó a por él, si ya tenía el estómago sueltecito, peor no podría acabar, y es más, al final de la noche ya se encontró mejor, ¡el vodka cura! 


De postre, el típico chak chak, realizado con harina, azúcar, huevos y miel, y para terminar, té, que intento servir como se debe, con los tres vuelcos. 


La cena no se ha desarrollado en un restaurante típico, al igual que en Rishtan comimos en una fábrica de cerámica, este local es una tienda donde encontrar artículos maravillosos, textiles, manteles, alfombras, pañuelos... que nos parecieron de buena factura, aunque no somos especialistas precisamente en estos menesteres; en este local se puede aplicar el refrán de no dar puntada sin hilo, un todo en uno, comida y compras. Tal y como tal estaban las salas, parecía un auténtico bazar; y a la entrada, un almacén de zapatos descontrolado, porque había que descalzarse y éramos muchos allí dentro. 



Otras salas eran más coquetas, con las típicas vitrinas uzbekas y sus objetos decorativos en ellas, como si estuvieras comiendo en el comedor de una vivienda, y no se puede negar su encanto. 


Tras la cena, dejamos que Oyott que haga su vida junto a sus compañeros, y nosotros nos volvemos caminando tranquilamente al hotel, pasando de nuevo junto a la plaza Lyabi-Hauz, tremendamente bulliciosa de lugareños, que está iluminada tenuemente, lo justo para no tropezarse con nada ni con nadie.