15 de febrero de 2016

Uzbekistán - Ferganá - Parque Al Fargony


Central Park

A las 9 h de la mañana hemos quedado con Oyott y el chófer para continuar la exploración del valle de Ferganá antes de emprender la vuelta a Tashkent, y antes de comenzar el viaje Oyott nos propone visitar un parque en Ferganá que no estaba programado, y por supuesto aceptamos, los tiempos los debe controlar él, nosotros nos apuntamos a todo. El parque se llama Al Fargony,  aunque curiosamente en google aparece con el nombre de Central Park. Al parque se entra por un arco, como será normal en cada uno de los parques que visitemos en Uzbekistán. 


Junto al parque se encuentra la residencia del general Skobelev, al que se le debe la conquista de Asia Central, y en concreto del kanato de Kokand y de la ciudad de Khiva, pero también de la masacre cometida en la ciudad de Gökdepe, en Turkmenistán. En 1907 la ciudad recibió el nombre de Skobelev, para finalmente llamarse definitivamente Ferganá en 1924. 


Para ser temprano, el parque ya está bastante transitado, y en él no faltan los amplios paseos peatonales. 


Los negocios para enamorados ya están preparados, se trata de hacerse fotografías simpáticas, muy del estilo asiático, que pueden parecer algo frikis o excesivamente cursis, pero para gustos los colores. 



En el césped del parque hay varias figuras de animales, con no demasiado buen remate artístico, e incluso con falta de gusto, pero seguro que son del agrado de los niños. 



Por el parque discurre un canal de agua, que proporciona un poco de frescor, ya que por lo menos de verdad el agua corre por él. 


Hay una fuente, a la sombra de los árboles. 


Y otra fuente más espectacular, a pleno sol. 


Pasada la fuente está la impresionante estatua de Al-Farghani (Alfraganus en Europa), del que recibe el nombre el parque, que nació en Ferganá en el año 805 (aunque no hay datos suficientes para afirmarlo con rotundidad) y que fue uno de los astrónomos persas más importantes del siglo IX, además de matemático y geógrafo. Entre sus logros, junto a los astrónomos de la Academia de Al-Mamun, está la medición del diámetro de la Tierra; además escribió Elementos de Astronomía, en el que trataba el movimiento de los objetos celestes, que tuvo gran influencia en los estudios posteriores. También revisó las tablas astronómicas de Ptolomeo y escribió sobre relojes solares y astrolabios. Y nosotros sin saber nada de él hasta este momento, y eso que el cráter lunar Alfraganus recibe su nombre de Al-Farghani.

Como detalle de la estatua, Al Farghani porta en sus manos un papel con dibujos de estrellas. 

 

Como en muchos lugares del país, el parque fue realizado por iniciativa del presidente de Uzbekistán, Karimov (no creo que nada se mueva en este país sin su auspicio y supervisión). 


Junto a la estatua una representación del sistema solar, que parece que por las noches se ilumina y tiene que tener su punto el verlo, y si las luces son buenas seguro que es bonito de verdad, que otra cosa es identificar planetas.


Salimos del parque contentos con esta corta y fugaz visita sorpresa. 


8 de febrero de 2016

Madrid - Restaurante Desencaja


Viaje al centro de la Tierra

Un sábado tonto en el que después de hacer tareas varias pasamos por varios restaurantes con la intención de comer, con la mala fortuna de no encontrar mesa, ya que no habíamos reservado y era tarde, así que terminamos en uno en el que sí tenían una mesa, de nombre algo extraño, Desencaja, pero lo importante no es el nombre, lo importante es la manduca. 



En una de las paredes el nombre del restaurante, simpáticamente diseñado. 


Hay una carta, pero también hay dos menús degustación, cuyos nombres son divertidos. El primero, Viaje a la Luna, que se anuncia en un cuadro de la película homónima, de 1902. 


El otro menú, que es el que elegimos por ser más extenso (mira que somos tragones, pero hay que tener en cuenta que es tarde, tenemos un hambre feroz y además nos gusta probar comida, todos factores en positivo), Viaje al Centro de la Tierra, del que por supuesto también hay un cartel de la película de 1959.


Parece que el chef, Iván Sáez, o el decorador, o ambos son aficionados al cine, ya que aparte de los nombres tan cinéfilos del menú en el restaurante hay otros carteles de películas. Ambos menús son sorpresa total, serán cantados y contados en el momento de servirse, antes por supuesto nos han preguntado por alergias o algún alimento que nos disguste en demasía.

Haciendo honor al nombre del restaurante, para comenzar un snack box, que va servido en el interior de una caja, así que si quieres comer, ¡desencaja!



En su interior, un bote de los que se utilizan para conservas, dentro hay una crema de calabaza con brandada de bacalao (uppps, bacalao, y no es el pez que más me guste si no es fresco). 



Para acompañar la crema, la piel del bacalao frita y muy crujiente, ya no nos sorprende porque por esos restaurantes que hemos visitado hemos comido pieles o espinas, con resultados sorprendentemente ricos, como la raspa comestible en el restaurante de Ramón Freixá


Acompañamos la comida con un tinto de la Ribera del Duero que es un habitual para nosotros, Aalto


Primer entrante, migas con huevo, calabaza y morcilla (quizás calabaza de snack y de entrante no es muy afortunada elección de menú). Muy rico este plato, con diferentes texturas muy sabrosas. 


Segunda entrante, alcachofa rellena sobre crema de garbanzos y velo de panceta. Sinceramente, la presentación no es nada apetecible, parece un batiburrillo en el plato, pero luego resulta bueno en el paladar, con la mezcla de sabores. 


Tercer entrante, arroz cremoso de marisco con gambas al ajillo. De nuevo la presentación no es su mejor baza, parece que le gusta hacer "torres" de alimentos, aunque también es cierto que en fotografía se ve bastante peor que en el plato al natural. El arroz riquísimo de sabor, y la capa de gambas laminadas al ajillo le aporta un toque original. 


El plato principal de pescado, merluza asada con base de judías y veloutte de jamón (la veloutte es una salsa clara). ¡Qué verde era mi plato!, la merluza en su punto, quizás un poco justa de sal, pero a nuestra edad mejor para la salud y nuestras arterias. 


El plato principal de carne, conejo Royale con crema de espinacas, patata, boletus y trufa negra laminada. ¡Qué curiosa es la cocina!, el conejo no es un animal al que yo esté dispuesta a darle mi bendición, pero esta preparación tipo fiambre resultó ser una exquisitez, de lo mejor del menú. Y curioso para nosotros es ver la trufa laminada o rallada.


La ronda de postres comienza con un surtido de quesos, de izquierda a derecha: queso tierno de leche de cabra en ceniza vegetal, de Albacete; queso tierno de leche de vaca, de Cantabria; queso maduro de leche de oveja con ahumado de haya, de Valladolid. Si bien el queso de Valladolid es curado, normalmente el queso de cabra suele ser más intenso en paladar, por lo menos en nuestros paladares, y es el primero por el que se debe comenzar la degustación. 


De primer postre, sorbete de frutos rojo, espuma de yogur y galletas Oreo. Refrescante, por lo que se agradece, ya que a estas alturas el hambre está saciado y todo lo que venga por delante será un exceso. 


De segundo postre, coulant de chocolate con helado de Bayleys, en una decoración en el plato muy simpática (ya sé que desde que todos vemos programas de cocina estas cosas ya no nos sorprenden tanto, pero se agradecen), con las rayas de frambuesas. Desde luego, el coulant espectacular, una fina capa de bizcocho y un relleno de chocolate caliente maravilloso, de los mejores que hemos comido. 


Terminamos con un café y un té rojo, que sirven en tetera, y del mismo modo que empezamos, con una caja, pero ahora en ella viene la factura, ¡desencaja! 


Un restaurante al que llegamos por casualidad y al que ahora intentaremos acudir de vez en cuando con conocimiento de causa, ya que nos ha sorprendido, y sobre todo, gustado. 

3 de febrero de 2016

Uzbekistán - Fergana - Hotel Asia Fergana


Sesiones musicales

Tras la buena comida en Rishtan, donde hemos disfrutado de un espléndido plov, emprendemos de nuevo la marcha, nos dirigimos a la capital del valle de Ferganá, que lleva su nombre, Ferganá.  Durante el trayecto, ya que el valle es famoso por su algodón, solicito una parada junto a un campo del mismo, aunque no es la época de floración  y falta su color blanco característico, pero algo es algo, y este caso, algodón. 


Entramos en Ferganá, una ciudad que de momento nos ofrece su cara lavada de urbe moderna, aunque anclada en los sesenta-setenta, con aire muy soviético. 



Sus avenidas, por lo menos la principal donde está situada el hotel es tan amplia como las que hemos visto en Tashkent. 


El hotel es el Asia Fergana, en teoría uno de los mejores de la ciudad, con las mejores infraestructuras turísticas del valle, siendo esta una de las razones de haber llegado hasta aquí, ya que la opción de quedarnos en Kokand nos pareció más coqueta, con más posibilidades, aunque sus alojamientos fueran más sencillos.



La habitación es amplia, espartana en decoración, con una cama de colchón bajo y algo duro. 



Las vistas desde la habitación no fueron las mejores, ya que las tenemos a lo que sería el trastero exterior del hotel. 


Tras dejar las maletas y acomodar algo nuestros cuerpos del viaje, salimos primero a explorar el hotel, que está dividido en varios edificios, y a nosotros nos toca uno de los más alejados, que cuenta con su propia recepción. En principio el conjunto del hotel nos parece agradable, con una zona de jardín cuidado, algunos paseos bajo parras, y sobre todo tranquilidad, mucha tranquilidad (que se agradece para el descanso). 




Uno de estos paseos está decorado para la celebración de una boda, así lo pensamos inicialmente porque no parece muy normal que siempre esté así preparado. 


Nuestra intención era aprovechar la piscina del hotel para descansar y hacer tiempo a la vez, pero nuestro gozo en un pozo vacío. 


Hay una piscina interior, pero esto no nos apetece demasiado, así que vamos a la zona de recepción para hacer uso del wifi y comunicarnos con la familia. Allí es donde nos encontramos con la pareja de novios, pero todavía estamos cortados ante estos eventos y la fotografía la realizo a escondidas, aunque más parece que es la novia la que se escondió de mi objetivo. 


Finalmente salimos a dar un paseo y explorar los alrededores del hotel, y no hay nada, buscamos una tienda para comprar agua, y se ha acabado, no llegará hasta mañana. Frente al hotel por lo menos hay una fuente acompasada con música. 



Suena la música de la película El Padrino, en concreto Love Theme, que nos parece simpático, y otros temas occidentales, en los que todos tienen un sonido a música uzbeka, o eso nos parece a nuestros oídos, que será por el uso de sus instrumentos musicales. 



Tras la exhibición volvemos al hotel, donde nos intentamos tomar dos refrescos, pero al final será una ronda de agua, ya que al pedir una Coca-Cola me ofrecen una botella de 2 litros, así que para eso prefiero la botella de agua.

La cena la tenemos contratada en el hotel, y cada vez que pasábamos por su restaurante en nuestras idas y venidas, un vacío absoluto en sus mesas, vacío que también nos pareció de personal que lo atiende.



En la mesa no falta el pan, que como detalle es alargado y no en las roscas grandes que estamos viendo. De los panes que hemos comido durante el viaje, ha sido el que más contundente de masa nos ha parecido. 
 


Berenjenas, pimientos rojos y cebolla asados, algo así como una escalibada uzbeka. 



Coliflor rebozada con limoncillo o cilantro (vaya, parecía perejil), muy rica. 


Una sopa de pollo con verduras y tallarines muy finos, que a pesar del calor sienta bien. 


Ternera guisada con pimientos rojos y cebolla (¿aprovechando restos?), arroz blanco y ensalada de tomate con pepino. Arroz para comer, arroz para cenar…parece que estamos conjurando a la diarrea. 


De postre un pequeño trozo de bizcocho con requesón, que a mí me parece demasiado reseco, pero que de sabor estaba bueno, quizás algo dulzón. 


Una vez cenados, animo a mi marido a salir de nuevo a dar un paseo hasta la fuente, en la que ahora el agua está acompañada de la música y un juego de luces. Por la noche, entre otras, suenan Gwendoline y La nave del olvido de Julio Iglesias, aunque no cantadas por él. Alrededor de la fuente hay mucha más vida que por la tarde, a estas horas el agua aporta frescor y alegría, así que la gente se reúne junto a ella.


Hoy se ha terminado el día, que ha sido completo y extraño a la vez, de los que hay que dejar reposar la información, sobre todo humana y visual, que hemos recibido.