8 de octubre de 2014

Canadá - Montréal - Rue Sainte Hèléne - Rue Saint Pierre - Rue Saint Sacrament - Rue Saint François Xavier - Rue de L'Hôpital


Abajo, izquierda, derecha, arriba




Después de nuestro paseo por el Parc Olympique, y sobre todo de la ascensión en funicular por la Tour de Montréal, comidos y algo descansados, tomamos al metro para volver a la conocida y ya familiar para nosotros Square Victoria, y desde allí bajar por la Rue McGill, cuya anchura se debe a que en esta zona se derribaron las murallas en el siglo XIX, abriendo paso entre el casco antiguo y el arrabal des Récollets, convirtiendo así esta calle en una de las más prestigiosas de la ciudad.   



Desde la Rue McGill tomamos la Rue des Récollets, con bellos edificios en estilo victoriano, pero que a pesar de su bonito aspecto no fueron construidos como viviendas, estaban destinados al comercio, almacenes donde guardar y mostrar las mercancías tanto nacionales como importadas. Puro lujo, oigan, puro lujo. En la Rue Sainte Hèléne se mantiene la iluminación a gas como en el siglo XIX, pero estamos a plena luz de la tarde y no podemos disfrutar de esta particular iluminación. En la primera fotografía el edificio aloja en la actualidad un hotel.



Rue des Récollets termina en la Rue Saint Pierre, donde destaca la fachada del Caverhill Building, una ferretería al por mayor (¡una ferretería!) que se construyó para impresionar a los clientes, con ventanas arqueadas y enmarcadas.   


Bajamos por la Rue Saint Pierre y giramos por la Rue Saint Sacrament.

En el cruce de Rue Saint Sacrament con Rue Sainte Jean se encuentra el Robert Hampson Building, con bajorrelieves en su fachada.    


Más adelante, la pequeña y coqueta Maison du Marquis Chartier de Lotbinière, construida en 1811 como vivienda de una familia acomodada, y que posteriormente fue utilizada por una empresa de importación y exportación.    


A su lado el Merchants Exchange Building, también conocido como Le Devoir por haber alojado a este diario.     


La Rue Saint Sacrament desemboca en la Rue Saint François Xavier, cruce desde donde se puede ver la torre del National Bank of Canada, en la Place d'Armes.   

En la esquina de ambas calles el edificio de la Montréal Telegraph, cuya azotea fue ocupada por cientos de cables en 1874.  

Realmente estamos impresionados con los edificios que estamos viendo, la mayoría llaman la atención, ya sea por sus fachadas planas con ventanas enmarcadas, o por sus fachadas  muy decoradas o redondeadas en las esquinas, por sus coquetos altillos o buhardillas… En la actualidad las plantas bajas de los edificios están ocupadas por galerías de arte, tiendas o restaurantes. Además, a pesar de estar en el centro del Vieux Montréal, en este pequeño entramado de calles, tan cercano a la bulliciosa y siempre concurrida Place d'Armes, los visitantes somos pocos, con lo que hacer un salto imaginario al pasado es más fácil.

Subiendo por la Rue Saint François Xavier se llega al edificio que albergó la primera Montreal Stock Exchange, la primera bolsa de valores, que desde 1966 alberga el Centaur Theatre.    


Frente a él, en la esquina de la Rue Saint François Xavier con la Rue de L’Hôpital, el Chambers Telegraph Building o C.P.R. Telegraph, construido en 1900 para albergar los servicios de telecomunicaciones de la compañía ferroviaria de la Canadian Pacific.  


La Rue de L’Hôpital recibe este nombre cuando era uno de los caminos que llegaban al hospital Hôtel Dieu, el primer hospital de la colonia. En la esquina con la Rue Sainte Jean, el Lewis Building, que albergó la sede de la Cunard Steamship Lines, destacando en lo alto de su fachada dos gárgolas.  

En la esquina contraria destaca un edificio con fachada rojiza, el Édifice Waddell, un anexo para la sede de la Sun Life Insurance Company.  



En la esquina de este edificio que da a la Rue Notre Dame vemos el local que lo ocupa, un bar de tapas español, de nombre Toro, cuya decoración era bonita y cuidada (la mayoría de los locales del Vieux Montréal la suelen cuidar) pero cuya gastronomía no probamos para hacer un juicio de cata de su españolidad. 

La fachada del Édifice Waddell a la Rue Notre Dame está unida al edificio que alojó la primera sede de la Sun Life Insurance Company, que presenta una fachada con motivos esculpidos y una torre con reloj. Algo muy normal en Montréal es utilizar la calzada para instalar una terraza, algo que nos ha sorprendido, pero claro, las aceras no dan para este uso. 


El recorrido de calles por la que es recomendable pasear para conocer sus edificios (aunque no están marcadas todas en su totalidad no es malo subir y bajar por ellas, no será una pérdida de tiempo, por lo menos asi lo creo):


6 de octubre de 2014

Canadá - Montréal - Parc Olympique - Tour de Montréal



Un olímpico despilfarro

Después del corto paseo por los arrabales de Saint Louis y Québec de nuevo hay que tomar decisiones, y al igual que hicimos ayer a estas horas más o menos cuando fuimos a los barrios de Plateau Mont Royal y Quartier Latin, decidimos que nos vamos a una zona algo más lejana, el Parc Olympique, parque diseñado para los Juegos Olímpicos de 1976, situado al este de la ciudad. Para ello tomamos el metro en Champ de Mars hasta la estación Pie IX. Al salir pedimos información en un pequeño stand junto a la estación y nos dirigimos hacia nuestro objetivo. 


Lo primero que nos encontramos es una zona completamente en obras, con lo que lo que sería una bonita visión del conjunto olímpico comienza a desmerecer, ya que los accesos están cortados y seguimos las indicaciones, que afortunadamente existen, caminando por la Avenue Pierre de Coubertin, y pasando de largo y por debajo del Estadio Olímpico, sin una buena visión del mismo, es demasiado parcial. 


Pasamos junto al bonito edificio del Centre Sportif y el del Biodôme, una concha de hormigón con forma de casco de ciclista, tiene esta forma porque durante los Juegos Olímpicos fue utilizado como velódromo. El Biodôme recibe un uso cultural, en él se recrean cuatro ecosistemas característicos de América, y debe ser una visita muy interesante, pero decidimos no hacerla. 


Nuestro objetivo es llegar a la Tour de Montréal. 


Pasamos junto a los dos cubos-torres del Planétarium Rio Tinto Alcan, nueva instalación inaugurada en abril del 2013, pero también declinamos visitarlo; está claro que la zona necesita de un día completo para disfrutar de todas sus posibilidades, ya que además, aunque algo más alejado, también se encuentra el Jardín Botánico. 



La torre, a pesar de los vericuetos por los que nos hacen ir pasando por tanta obra, se va haciendo más visible y cercana. 


En el paso hacia la torre tenemos una visión sobre las obras y parcialmente sobre el Biodôme, y ahora sí se distingue esa forma de casco de ciclista aunque sea muy parcialmente. 




Y finalmente la entrada a la torre, tras un rodeo que creo que no sería tal si no estuvieran en obras, y posiblemente la visión del estadio olímpico hubiera sido mejor. 




La Tour de Montréal (la estación más cercana a ella es Vieu) es la torre inclinada más alta del mundo, con una altura de 175 m y con una inclinación de 45º (la inclinación de la torre de Pisa es de 5º), y esta singularidad es una de las razones de haber llegado hasta aquí. Está construida en hormigón concreto (parte inferior) y acero (resto) y la relación entre estas masas es la explicación de que a pesar de estar tan inclinada se mantenga en pie (a mí no me pidáis más datos técnicos o explicatorios porque me pierdo).  




La torre se eleva en arco sobre el estadio olímpico (Le Stade), y de ella parten los 26 cables que sujetan su techo retráctil (me recuerda a la prueba indígena de colgar a un hombre por dos cuerdas sujetas por dos ganchos en los pechos, como en la película Un hombre llamado caballo). 






Desde Rue Sherbrooke Est se tiene otra visión, más despejada y con un marco de verde naturaleza en lugar de obras polvorientas, de la torre, del estadio y del Biôdome. 






Si estamos en la torre es porque se puede subir por ella en funicular (22,50 $), que asciende por el exterior para llegar a un mirador sobre la ciudad. Es el único funicular del mundo que funciona en una estructura curva, y su sistema hidráulico permite que la cabina siempre se encuentre en posición horizontal (todos estos datos también llamaron nuestra atención para venir hasta la torre).




Desde que comienza a subir el funicular comienzan las vistas, del edificio que se construyó para alojar a los deportistas de las olimpiadas (con forma de pirámide) y del Stade Saputo, nombre dado por la familia propietaria del estadio y del equipo de fútbol Montreal Impact que en él juega.  




Desde la plataforma del mirador se obtienen amplias vistas de los alrededores, del río Saint Laurent, con el puente Jacques Cartier sobre la isla Sainte Hèléne y la isla Notre Dame, así como de su frente de rascacielos, y de la zona portuaria. 


 


Sobre todo hay buenas vistas sobre Le Stade, el estadio olímpico, diseñado por el arquitecto francés Roger Taillibere, pero tanto la torre como el techo no se terminaron hasta 1987 (recordemos que los juegos se celebraron en 1976), y la ciudad sigue pagando todavía los costes, aunque en él se celebró la ceremonia de apertura. También ha acogido conciertos y la visita del Papa Juan Pablo II en 1984. 


Parece ser que el proyecto se llevo a cabo con graves deficiencias en la ingeniería, con lo que parecía condenado al desastre; el techo tenía que ser retráctil, sujeto por los cables desde la torre, pero el sistema no funcionó y tuvo que instalarse un techo estático. Además tuvieron que realizarse múltiples reparaciones, sobre todo después del desprendimiento de una viga de hormigón sobre el público asistente a un partido de fútbol americano (no hubo heridos).


El coste total de la construcción y su reconstrucción asciende a aproximadamente dos millones de dólares canadienses. 




Vistas del Biodôme (el del aspecto de casco de ciclista), a la izquierda, el Planetarium Rio Tinto Alcan, y al fondo el Arena Maurice Richard, que fue el hogar del equipo de hockey sobre hielo de los Montreal Rocket y que en la actualidad es un espacio multiusos. 






La valoración final es que si la zona no hubiera estado patas arriba por las obras nuestras sensaciones hubieran sido mejores, ya que el funicular lo que tiene curioso es subir por la torre inclinada, pero quizás el precio es demasiado caro para las vistas que se obtienen (que no es que no sean buenas, de la ciudad pero sobre todo de los edificios olímpicos), y es que los turistas tendremos que contribuir a terminar de pagar las deudas de los Juegos Olímpicos de 1976. 


Volvemos a la estación de metro, y como ya habíamos visto un lugar que no nos pareció mal para una comida de supervivencia, allí repusimos fuerzas y líquidos, que la mañana estaba siendo calurosa a más no poder. 

Mapa del parque olímpico: