2 de diciembre de 2013

Chile - San Pedro de Atacama - Cordillera de la Sal - Cavernas



La sal de la vida 

A las 15 h estamos a las puertas del hotel, bueno, en realidad estamos unos minutos antes, después del sufrimiento para ser encontrados por la agencia de excursiones no queremos un susto más por hoy, que ya llegarán solos y en cuentagotas. 


Para hacer la excursión para por nosotros Marcel, un chileno de la zona central, de la región de Los Lagos, que vino de turismo a San Pedro de Atacama y se quedó enganchado en el pueblo, cautivado por sus encantos y los de sus alrededores, como una gran mayoría de guías -por lo menos los de la agencia con los que realizamos las excursiones-. Somos los primeros en ser recogidos para la excursión, el resto de turistas está en el centro de San Pedro, a las puertas de la oficina de la agencia (donde deberíamos estar nosotros si no nos hubiéramos plantado y ellos no nos hubieran dejado sin información justa y necesaria).


Para comenzar un mapa de San Pedro de Atacama y los alrededores, los más cercanos y los más lejanos. 


Fuente: sanpedrodeatacama.com

Hoy comenzamos con uno de los destinos más cercanos, el Valle de la Luna, a 2.400 m de altitud, con lo que será un modo de saber si el mal de altura nos hace estragos, aunque es más o menos la misma a la que se encuentran Calama y San Pedro de Atacama, pero hoy andaremos algo, y con el ejercicio dicen que se suele notar más.


Durante el trayecto vemos que hay gente valiente que utiliza la bicicleta como medio de transporte, y digo lo de valiente porque si en el coche nuestros cuerpos botan algo por la carretera de tierra, en una bicicleta no quiero imaginarme como quedan los huesos de descolocados si no se está acostumbrado a este medio de transporte (los huesos y donde la parte pierde su nombre). 


Llegamos hasta la Cordillera de la Sal, que bordea el Salar de Atacama por sus lados norte y oeste. La cordillera se formó hace 23 millones de años, antes el lugar donde se ubica era el fondo de un lago formado por capas de arena, arcilla y sal, que fue subiendo por los movimientos de la corteza terrestre que también dieron origen a la Cordillera de los Andes, y por estos fuertes movimientos algunas capas horizontales se colocaron en posición vertical. Por su parte, el viento y la lluvia han ido realizado una labor de erosión en las piedras.




El nombre de la cordillera, de la sal, proviene porque sus rocas poseen una gran cantidad de sulfato de calcio, un desecador natural, y le dan el aspecto de estar salpicadas con sal. 





El paisaje que vemos no tiene dudas de la razón del nombre, tanto el de valle, de la Luna (que podría ser Marte por su tono rojizo, que para mi mente es más adecuado) como de la sal. 




Nuestra primera parada es en las cavernas de sal, cuya característica es contener trozos de sal gema, cristales que se han ido formando a lo largo de los siglos por la acción de las altas presiones y por encontrarse en un ambiente sin humedad. 


Al principio el paso es ancho y abierto al exterior, pero ya Marcel va preguntando si alguien sufre de claustrofobia, y por lo menos en esta ocasión no soy la única, hay otra persona del grupo que se siente como yo (mal de muchos, consuelo de tontos que dicen, pero ayuda en la adversidad). 

Marcel avisa que una vez que entremos no podremos dar media vuelta, supongo que como parte de medida de presión, porque el circuito sin ser circular, ya que se sale por otro sitio al que entramos, termina donde está aparcado el coche, y lo más que puede pasar es que te topes con otro grupo que entre al intentar salir. 




Entrar en la caverna significa agacharse (sin llegar a ponerse continuamente en cuclillas, es más doblar la espalda para no golpearse la cabeza, sobre todo con los picos rocosos y salinos)  por hacerse el paso más estrecho y bajo, y además hay que tener cuidado porque esas piedras cortan y bien (mi espalda lo sabe), poner la mano arriba para tener constancia de la altura y no golpearse la cabeza, y sobre todo seguir la luz de la linterna de Marcel, porque hay un tramo de completa oscuridad, oscuridad que Marcel alumbra a su antojo, así consigue mantener la tensión del grupo... a mí personalmente lo que consigue es ponerme nerviosa: estar en un sitio oscuro, estrecho, bajo una montaña, rodeada de gente… no es bueno, no es nada bueno, pero si Marcel sabe hacer algo tan bien como aumentar la tensión del momento es tranquilizar a las nerviosas entre bromas e historias, se le notan las tablas de guía excursionista. 





La caverna no se diferencia mucho de otras cuevas con formaciones rocosas, la principal es la sequedad del ambiente que hay aquí en contraste con la humedad de las demás. Marcel se detiene para contarnos historias a la luz de la linterna, estamos parados en cuclillas y casi a oscuras… la situación tiene su gracia. 


En algunos momentos Marcel nos hace callarnos para sentir el ruido quebradizo de la sal, y sí, se sienten las oquedades del silencio que cantan Quilapayún. 





Marcel nos enseña un hueco en el techo, ¡esa es la salida!, ja, era una bromita porque subir por allí no es que fuera difícil, es que era imposible para alguna. 





Y por fin la salida real, que no se diferencia mucho de la anterior, aunque es más ancha y la subida es más cómoda, aunque hay que trepar como cabras montesas, bien agarrada a las rocas o a la mano de Marcel. 






Se termina trepando sobre las rocas, y como se puede, para salir al exterior. 





Esta es una de las aberturas por las que entra luz a la caverna, con lo que hay que tener cuidado por donde se pisa y no quedarse obnubilado en el paisaje para no caer por ellas. 




Se sigue ascendiendo, y el camino está perfectamente señalizado, solo hay que seguir las espaldas de los excursionistas. 




El paisaje es realmente abrumador e increíblemente precioso a pesar de su sequedad, de su rudeza. ¿Vida aquí?








Marcel nos da un pequeño rodeo para entrar en otra cueva preparado como "sala de conferencias", donde nos descubre su faceta más esotérica y filosófica, una reflexión sobre la vida en general y la vida en particular en este desierto, sobre lo que necesitamos y lo que queremos, sobre la vida exterior fuera de este planeta, ya que estando en “la Luna” los alienígenas tenían que aparecer. -esta historia más desarrollada en la entrada de este blog Teoría de la conspiración.






Volvemos al punto donde comenzamos la pequeña excursión y que ha sido una pequeña aventura para algunas que no las tenían todas consigo de ser capaces de realizarla. 





Tengo que añadir una nota explicativa: Entrar, caminar y salir de la caverna no es necesario hacerlo del modo en que lo he hecho yo, este es mi modo de particular de sentirme segura ante una eventual caída, realmente es más fácil de lo que por mis movimientos e incluso por mis palabras claustrofóbicas parece, pero estas son mis letras. Todo el grupo, excepto dos personas -una de ellas yo, por supuesto-, hicieron el recorrido sin problemas, es sencillo y corto, y a no ser que se sea especialmente alto, no resulta incómodo ir doblado en algunos tramos.



Música: Inti Illimani, Alturas

Continuamos explorando las posibilidades de la cordillera y del desierto, con sus formaciones rocosas o de arena.

1 de diciembre de 2013

Chile - San Pedro de Atacama - Hotel Altiplánico



Dormir en el desierto

El alojamiento en San Pedro de Atacama fue elegido, por su supuesta lejanía y proximidad al mismo tiempo del pueblo –ni lejos ni cerca sino todo lo contrario podría escribir después de estar allí- y por su construcción acorde con el desierto. Se trata del Hotel Altiplánico, de la misma cadena en la que hemos estado alojados, increíblemente bien, en Isla de Pascua. Había visto otros hoteles que no nos cuadraban del todo, bien por su situación, demasiado alejados, bien por su precio, demasiado elevado para el presupuesto total del viaje. Llegar hasta el hotel nos hace ver que lo de la cercanía al pueblo era más utopía que realidad (aunque hay que dar vueltas por la dirección de las calles). 


El hotel se compone de cabañas individuales para las habitaciones, que están construidas en adobe, paja y piedra, con lo que el entorno no puede estar mejor conseguido, ya que se tiene tener la sensación de estar en un pueblo del altiplano. 




En los muros exteriores de las cabañas hay decoraciones atacameñas. 






Llegar hasta nuestra habitación con las maletas, y eso que llevamos ayuda, no es un paseo fácil, porque aunque llevan ruedas van traqueteando por el camino, “trocotrontrocotron”, y además no se encuentra precisamente cerca de la recepción y zonas comunes, que es una ventaja para no sentir el ajetreo, en caso de que lo haya. 


La habitación vuelve a ser amplia y agradable. 





Según se entra, hacia la izquierda hay un pequeño pasillo, donde se encuentra el "vestidor": unas baldas abiertas y una barra con perchas, también abierta. En esta zona dejamos las maletas para que no nos molesten. También se encuentra el baño, que nuevamente nos vuelve a sorprender y de muchas maneras. Hay una ducha en el interior, quizás algo oscura, tanto por la iluminación como por el color azul demasiado oscuro que la recubre. 




Una puerta a la izquierda en el baño conduce a la otra ducha, una ducha exterior, que en principio nos apetecía más que la interna, pero es que en el desierto no hace calor todo el día, es más, de madrugada hace demasiado frío como para pensar en ducharse al aire libre sin llevar un traje de neopreno o el propio plumas. 




En esta cabaña llena de puertas nos queda una, ya que aparte de la puerta principal por la que hemos entrado, hay otra que da a una pequeña terraza, en la que se puede estar tranquilo, pero antes de sentarse hay que sacudir los cojines de la arena del desierto. Es un rincón muy coqueto. 





El hotel dispone de una piscina, en la que no tuvimos la ocasión de refrescarnos, ya que a mediodía hubiera apetecido un baño, con un agua seguramente demasiado fría. Hay suficiente sitio para que los clientes puedan tumbarse y relajarse. Además hay una barra de bar que supongo habilitarán en los días de verano, cuando la piscina esté realmente solicitada. 



En el hotel hay muchas zonas al exterior o semi-exterior donde estar, y estar realmente a gusto. Para estar al fuego por la noche con unas copas y el cielo estrellado del desierto es un buen lugar el de la segunda fotografía. 





Cuando realizamos el check-in en el hotel, preguntamos por algún sobre a nuestro nombre que hubieran dejado, y al contrario que en Isla de Pascua, no hay nada, y tenemos una excursión contratada para esta tarde, pero no sabemos el horario en el que nos recogerán, con lo que desconocemos la posibilidad de ir y volver a San Pedro (andando por supuesto, y hemos visto el largo camino hasta él), unos veinte-treinta minutos aproximadamente caminando, lo que nos daría solo la posibilidad de comer y no pasear por él, por lo que no tiene demasiado sentido esta pequeña acción.


En recepción se portan genial, como ellos dicen para agradecer: ¡Te pasaste!, porque Pamela comienza a llamar a las agencias (y hay una infinidad de ellas) de San Pedro de Atacama para saber si nos tienen registrados en alguna (llama a las más solicitadas y no estamos… ¿con quién vamos a ir?), ya que nosotros no tenemos el nombre de la agencia, solo de la agencia de Madrid y la general en Chile. Tras varios intentos infructuosos, ellos y nosotros intentamos llamar al corresponsal en Chile, tanto a un número móvil como a un fijo, y nada, al hotel no le cogen el teléfono y nosotros no establecemos línea. Comenzamos a estar un poco nerviosos, tenemos todos los días completos como para cambiar una excursión por otra o pagar la misma que tenemos contratada en esta agencia, gestionado a través del propio hotel –el precio pagado por anticipado ya lo discutiríamos-. Estamos en el limbo turístico.

Finalmente decido llamar de nuevo a la agencia de Madrid, si desde el año 2004 que contratamos con ellos no hemos necesitado de hacer ninguna llamada ni reclamo, en este viaje se pueden dar todas las llamadas que no hemos hecho si seguimos a este ritmo -ya tuve que llamar desde el aeropuerto de Madrid. Desde Madrid solucionan el tema, ellos si hablan con el corresponsal en Chile y finalmente llega un chico de la agencia para tranquilizarnos, aunque ya veremos las tranquilidades que pasamos, y darnos la hora de recogida para la excursión, en principio nos dice que nos acerquemos al pueblo, a lo que nos negamos por la premura del tiempo, en esta espera se ha ido demasiado, y si esta opción hubiera sido la más acertada para todos, a esta hora no es aceptable. Así que queda en que nos pasarán a recoger y nosotros nos quedamos con la mosca en la oreja.

Lo curioso es que tanto los transfers del aeropuerto como las excursiones están realizados por la misma agencia, por lo que el conductor que nos había traído esta mañana nos podía haber dicho algo, y si bien es cierto que no le preguntamos, fue porque en Isla de Pascua el transfer era de una agencia y las excursiones de otra, por lo que no me pareció un detalle bonito precisamente (habrá que dejar de ser tan respetuosa). Creo que estos problemas se evitarían si en el momento de entregar la documentación se entregara completa, no solo con el teléfono de un corresponsal. 

Con todo el tiempo perdido, y ganado por supuesto al haber salido del limbo turístico, en encontrar la agencia de excursiones, tenemos el tiempo justo para comer en el hotel. 


Al lado de recepción hay una pequeña sala con dos ordenadores que ofrecen conexión de internet gratuita para los clientes. Bien, nos valdrá para hacer el siguiente check-in de vuelo, que no queremos jugar con LAN, hemos aprendido la lección. También hay un salón interior, que no todo va a ser al exterior, donde normalmente se esperan los transfers y las excursiones (no siempre, que algunas se esperan en la puerta del hotel para ahorrar tiempo). 




Y por supuesto el restaurante, una amplia sala que también sirve para alojar la tienda de artesanías y souvenirs, que se exhiben en una gran vitrina.  




Vayamos a comer. Para acompañar la comida nos sirven de aperitivo chancho en piedra, una salsa parecida al pebre, pero sus ingredientes están molidos en mortero (puede que ahora directamente en batidora), cuyos ingredientes son cebolla, tomate, ajo, cilantro y chile, y curiosamente no hay chancho (como se le suele llamar al cerdo) en la salsa. No, no se ve en la foto mucha salsa, la que ha quedado pegada en la cuchara… ya os podéis suponer la razón. El pan tiene bastante más masa, es más pesado, para mi gusto me habían gustado más todos los "pancitos" que habíamos comido hasta el momento.




Decidimos no comer demasiado, seguimos manteniendo la compostura por aquello de aguantar bien las excursiones, además tenemos que evitar el mal de altura, que de momento no sentimos nada, pero las digestiones pesadas lo pueden hacer salir, así como la ingesta de alcohol, por lo que yo me decanto por un fresco jugo de frutillas (fresas). Desconocida, este viaje he sido una persona desconocida; pero él se tomo su cerveza chilena, que el mal de altura no le impresiona.


Para él, un sándwich Barros Luco, con carne de res y queso chanco (un queso graso que derrite muy bien, de muy buen sabor pero ligero). Para ella, una ensalada de jamón de llamo con dressing de mango que va acompañada de un timbal de maíz con porotos (judías). Ambos muy ricos, y es raro lo del jamón de llamo y no de llama, nunca había pensado si nuestros jamones son de cerdo o cerda ¿?, pero tiene sentido que ellas se utilicen para reproducir y ellos para ser comidos. 




Para una valoración total del hotel, diría que se queda en un “casi”, y es que un poco más cerca del pueblo, diez minutos menos de camino, y algo mejor de gastronomía y el resultado hubiera sido óptimo. Segundas partes no fueron buenas, y si el orden de los hoteles Altiplánico hubiera sido al contrario, primero este y luego el de Isla de PascuaI creo que las valoraciones no hubieran resultado con tanto agravio entre ambos.

Lo que tengo que decir es que en recepción se portaron de maravilla con nosotros, y no sólo porque nos intentaran solucionar nuestro problema con las excursiones, que nos podían haber dejado a nosotros buscarnos la vida, sino porque por la noche en la habitación hacía un frío tremendo, y eso que según llegamos al hotel en la mañana encendimos la calefacción a gas de la habitación, en previsión de lo que pudiéramos encontrar a la vuelta de la excursión ya que se notaba en el ambiente poco a poco un aire gélido , pero al volver de la excursión si bien la habitación estaba templada, que no caliente, el baño era un congelador, hasta allí no llega el calor y no hay radiador o estufa, y sólo de pensar en una ducha a las siete de la mañana (o antes) se me ponían los pelos de punta y me veía lavándome estilo gato, así que pedimos un calefactor, que tras una deliberación interna de los recepcionistas nos llevaron a la habitación. Gracias, lo encendimos primero en la habitación para ayudar a calentarla más, lástima que a la mañana siguiente saltaron los plomos y no nos ayudó en la ducha matutina, aparte de causarnos algo de temor por si volvían a saltar. Durante la mañana arreglaron los plomos y volvimos a tener luz en la habitación, y sobre todo enchufes listos para cargar las baterías de las cámaras. De nuevo, gracias, ¡os pasasteis!