24 de abril de 2013

Corea del Sur - Parque Nacional Seoraksan - Templo Sinheungsa - Jwaebul (Tongildaebul)



El Buda Gigante

Tras nuestro pequeño viaje aéreo de bajada en el funicular y nuestro goce en un pozo por las no vistas de las montañas de Seoraksan por la niebla bajamos a tierra, encontrando un puesto de comida con ¡¡churros!!, sí, escrito en español con todas sus letras y sus "erres".


Muy cerca de la estación de funicular se sitúa el Templo Sinheungsa, construido en el año 652 pero devorado por un incendio en el año 699, restaurándose y alcanzando durante mil años una reputación importante en las enseñanzas budistas. Se salvó de ser nuevamente destruido durante la invasión japonesa de 1592 y la invasión china de 1636, pero en 1642 otro incendió lo consumió, y tres monjes, durante las peticiones solicitando su reconstrucción, dijeron que habían soñado con un viejo monje budista que les dijo que tenían que cambiar la localización del templo para evitar grandes infortunios, construyéndose finalmente en el lugar donde se encuentra actualmente. 


Accedemos al templo por la puerta Iljumun, ya tradicional a nuestros oídos el nombre que para los ojos siempre hay variaciones, aunque no en este caso.


Tras pasar la puerta, a la derecha se levanta la imponente estatua de Jwaebul (Tongildaebul). 


La estatua se eleva en una pequeña plataforma a la que se accede por una escalera de piedra custodiada por los clásicos fieros dragones. 


Ante el pedestal de la estatua se encuentran los típicos lugares donde colocar las velas y las ofrendas, y una bonita fuente decorada con "peces-tortuga-sapo".

 
La estatua de Buda está realizada en bronce, y es la más grande del mundo en este material, con una altura de 17,5 m. Su construcción comenzó en 1987 y se terminó en 1997. Aparte de por su altura destaca por su belleza, una serena belleza en su rostro, y el labrado del halo por detrás de su cabeza.



En el pedestal de la estatua, llamado de la Unificación, se encuentran labradas las figuras de monjes budistas que alcanzaron el Nirvana. 

 
Debajo de la estatua hay un santuario, al que se accede por detrás, pero en el interior, previa dejada de chubasqueros, gorros y zapatos, no se pueden realizar fotografías. El acceso está decorado con pinturas de guardianesy de historias del templo o de Buda, con lo que a pesar de ser un santuario bajo tierra mantiene los elementos típicos de decoración.


Una vez salimos del santuario continuamos el camino hacia el templo, donde surgen tres puentes cruzando el arroyo, nosotros lo cruzamos por el tercero, que creo que recibe el nombre de puente blanco o Sesimgyo, pero esta información no la he podido contrastar con seguridad y no me gustaría causar confusión o llevar a equivocaciones a posibles futuros viajeros (en internet a este puente le llaman con este nombre o con otro, por eso mis dudas).




Al arroyo se puede bajar por varios caminos, supongo que en verano para refrescarse al tiempo que se buscan piedras para formar las pagodas o los montones de las mismas, pero hoy la lluvia sigue acompañándonos con lo que no es el día para hacer excursiones ribereñas. 


Se llega hasta la en teoría segunda puerta del templo pero que creo que realmente es la tercera y que nos hemos saltado la segunda por haber tomado algún atajo. De nuevo confusión, parece que la niebla y la lluvia también me dañaron la visión ocular y el entendimiento.


Custodiada en el interior por los Cuatro Reyes Celestiales de los cuatro puntos cardinales, y por ellos creo que esta es la tercera puerta, que es donde suelen situarse.



Tras pasar la puerta, a la izquierda queda el Pabellón de la Campana, y al frente, levantado sobre pilares el santuario Bojeru, que en su interior contiene 280 bloques de madera con las escrituras de Buda; bloques como los que vimos, aunque fuera en fotografía, de la Tripitaka Koreana en el templo Haeinsa. Se pasa por debajo de este santuario para llegar al patio del templo. 



Se pasa por debajo de este santuario para llegar al patio del templo, donde se alza una linterna de piedra.



En el patio se alza una linterna de piedra y al frente el santuario principal Geukrabojeon, el Salón del Paraíso. 


En el interior se ve la triada de Amithaba Buda, Avalokitesvara -el Bodhisattva de la Compasión-, y Mahatshamaprapta -el Bodhisattva de la Sabiduría-, realizadas por el monje escultor Muyeom en 1651. 




El exterior del pabellón está decorado con pinturas, en las que se cuenta la historia de Buda, de los monjes del templo o de la construcción del mismo, cambiando la figura del típico dragón por una especie de tigre, desconocemos su relación con el templo.
 

 
A la izquierda y por detrás de Geukrabojeon, otros dos pabellones, uno de ellos a punto de comenzar a ser restaurado. 



Desde el patio se accede al pabellón de la campana. 


Sin descubrir todos los lugares del templo, porque se puede ascender algo más por la montaña para tener vistas y encontrar stupas y una pagoda de tres pisos, emprendemos el camino de vuelta. 


A la salida, y no sé porque no lo vimos al entrar, ahora a nuestra izquierda, vemos una fuente con la figura de tres tortugas por las que sale el agua. Dicen que el que bebe de esta agua calma la fatiga, pero dicho así no tiene mucho mérito, porque un buen trago de agua tras una caminata siempre es de agradecer. 


La señal que indica la ubicación de los baños es genuina asiática, de las que tanto me gustan y me hacen sonreír, cuando no reír. 


En el río también ahora vemos las pequeñas pagodas o montones de piedra formadas en el cauce del río, jugando al equlibrio y a resistir la fuerza del agua si su nivel sube.


El parque Seoraksan ofrece multitud de excursiones por él, y por un momento pensamos en hacer una corta, hasta la roca Bisondae, pero la lluvia que hemos sufrido durante todo el día, aunque ahora ha parado de hacerlo, nos hace pensar que el camino aunque corto puede estar resbaladizo, y además aunque 2 km no es mucho, si el camino no es tan fácil como parece, porque además incluye escaleras de madera, se nos puede hacer de noche y no es cuestión; aparte de que aquí ya dependeríamos de nosotros para buscarnos la llegada al hotel, por el que todavía no hemos pasado, y la responsabilidad de las maletas es nuestra. Si en lugar de lluvia hubiéramos tenido sol creo que hubiéramos intentado convecer a Sonia de acercarnos, con ella o sin ella.


En el camino de salida pasamos al lado de Jwaebul nuevamente. 


Y volvemos hacia la zona donde se toma el funicular, donde poco a poco parece que se quiere despejar la niebla y se quiere ver algo más del espectacular rocoso que nos rodea, pero son más nuestras ganas que una realidad este despeje ocular. 


Un mapa de las montañas y alguna de las rutas posibles por el Parque Nacional de Seoraksan. 



22 de abril de 2013

Corea del Sur - Parque Nacional Seoraksan - Bonghwadae - Gwongeumseong



Sopa, sopa y sopa (de agua y de verduras)

Tras nuestra visita al bonito templo Naksansa, que agradecemos inmensamente a Sonia, continuamos viaje según lo programado y al igual que nos pasó con la playa de Hajodae, la playa de Naksan, una de las mejores de la costa este, la vemos mal, rápidamente y bajo una considerable lluvia que perjudica la visión desde el coche. 


Y posiblemente también pasamos junto a la playa de Sokcho, un pueblo pesquero, que es una de las entradas al Seoraksan National Park, a la llamada parte exterior del mismo. Sokcho se encuentra solamente a 60 km de la frontera con Corea del Norte y perteneció a este país desde 1945 hasta el final de la guerra. La mayoría de la línea costera está bordeada con alambre de púas; por la noche, las luces en el agua son para atraer calamares, las luces en las playas para detectar infiltrados...¿cuantas luces habrá en estos momentos  con la amenaza norcoreana de la guerra? Pero a lo mejor esta no es la playa de Sokcho como sospecho y es otra playa cercana. 


Más o menos la cámara puede captar la imagen de dos faros "champiñón" que nos provocaron sonrisas precisamente por sus figuras. 


Sonia y el conductor están buscando un lugar donde parar a comer, paramos en una zona donde hay varios restaurantes y varias tiendas de souvenirs y artículos varios. 


En el restaurante las mujeres están muy atareadas limpiando y troceando kilos y kilos de setas pequeñas, de esas que en la mayoría de las ocasiones te encuentras en todos los platos de comida, y que a paseo pasado le encontramos similitud a la escultura en la zona de Gangnam en Seúl. 

Menos mal que vamos bien acompañados por Sonia, porque intentar pedir algo en este restaurante hubiera sido difícil, aunque es extraño que no tuvieran los platos en inglés porque es una zona muy turística. Con las fotos del exterior del restaurante siempre se podría pedir un plato señalándolo con el dedo, aunque sea de mala educación.


Dada la sopa de agua que hemos recibido en las visitas a Hajodae y al templo Naksansa, la elección de este restaurante, aparte de por la cercanía a nuestra próxima visita, es porque le pedí por favor a Sonia que comiéramos algo caliente, un guiso o sopa contundente, no sólo una sopa de acompañamiento como suelen poner.

No faltan los banchan para amenizar la rica sopa, que terminamos de cuajar al tiempo que se mantiene caliente en uno de esos hornillos que se ponen en la mesa y que conocimos en nuestro primer bulgogi en el país. Los banchan hoy no son tan conduntes como en otras ocasiones, vuelven a presentar platillos diferentes, como esa especie de "chanquetes", y ese jamón a la plancha.  


La sabrosa sopa es de verduras, infinidad de ellas flotando en el rico caldo, del que nos servimos en varias ocasiones los tres, y que nos sentó de maravilla también a los tres. 


A la salida del restaurante me paso por una de las tiendas en busca de un chubasquero de esos de plástico porque la lluvia no quiere dar tregua y no quiero realizar la siguiente visita bajo un paraguas, que siempre condiciona más los movimientos y me gusta, si es posible, tener las manos libres, para consultar la guía, para beber agua, para hacer fotografías (principalmente de recordatorio para este blog, como la guía de la guía).

El restaurante está a la entrada del Parque Nacional Seoraksan (mirar mapa), significando Seoraksan montaña de rocas cubiertas de nieves, pero estando en pleno verano las nieves brillarán por su ausencia y no por su blanco, de lo que sí "gozaremos" será de la lluvia, que sigue a su ritmo.

El parque ocupa una extensión de 354.000 km2, con verdes valles, grandes montañas, cataratas, ríos, manantiales termales y por supuesto templos budistas. Hacia el norte las montañas de Seoraksan conectan con Corea del Norte, y es el hábitat de animales en peligro de extinción. El monte Seoraksan se encuentra en la cordillera Geumgangsan, la tercera montaña más alta, con el pico Daecheonbong, de 1.708 m.
El parque nacional esta formado por el Oeseorak (Seorak exterior), la más visitada por los turistas, al estar más cercano al mar y el que nosotros visitaremos; Naeseorak (Seorak interior),  el preferido por los coreanos para realizar excursiones; y el Namseorak (Seorak del Sur).


No es el mejor día para visitar el parque, no sólo es la lluvia, es la niebla que lo envuelve con un halo misterioso y que no nos dejará tener buenas vistas, ya que en la localidad de Seorakdong tomaremos un funicular, que normalmente suele tener unas colas tremendas para subir, pero claro, los que subimos hoy es que no lo podremos hacer otro día y aunque sea para no ver más allá de nuestras narices lo hacemos. 


Una vez que hemos descendido del funicular se pueden tener vistas desde el mirador…pero eso, se pueden tener en un día claro y despejado. 


Lo que sí podemos ver es el monte Bonghwadae, a una altitud de 850 m sobre el nivel del mar. 


Y hacia allá nos dirigimos bajo la lluvia, primero por un camino acondicionado con escaleras o con el suelo cubierto por un piso de goma tal y como vimos en el cráter Sangumburi de la isla de Jeju-do, que evita los resbalones y no embarrarse el calzado, y luego subiendo por las rocas. 



Aunque la recompensa de vistas sigue siendo escasa, es más una recompensa moral que otra cosa, con lo que subimos por las rocas todo lo que podemos o nos parece aconsejable.



Una leyenda cuenta que dos hombres, Gwong y Gim, construyeron una fortaleza durante una noche para combatir a los enemigos cuando estalló la guerra, y que fue utilizada como refugio en 1254, durante el reinado del rey Gojong, cuando las tropas mongolas invadieron el país. Esta fortaleza se llama Gwongeumseong, y habrá que hacer caso a la leyenda porque aparte de las piedras naturales, de las colocadas por el hombre no hay ninguna. 


En un día con visibilidad desde aquí se pueden ver el Mar del Este y la ciudad de Sokcho, y sobre todo la inmensidad del Parque Nacional de Seoraksan, con sus montoñas rocosas. 




Visto lo visto, que ha sido más bien poco, y nos recuerda a nuestra fallida visita al monte Fuji, emprendemos el camino de regreso. 


Disfrutando si ya no del paisaje por completo, que la niebla también tiene su propio encanto, por lo menos  sí de la vegetación. 


Tomando el funicular para bajar y dar por finalizada esta visita. 


En la siguiente entrada encontraréis un mapa de la zona del Parque de Seoraksan.