22 de mayo de 2018

Myanmar - Inwa - Htilaingshin Paya

Del amarillo al blanco

Junto al monasterio Ok Kyaung se alza otro conjunto de pagoda, Htilaingshin Paya, que nos llama la atención tanto por sus formas como por su blanco descolorido, así que avisamos a Myo que vamos a subir, y él acepta, ya que es importante que lo sepa para que controle el tiempo y el espacio (solo él sabe los horarios con total seguridad). La pagoda data de la época de Bagan, por lo que es una de las más antiguas de Inwa


Subimos a su terraza y así disfrutamos de la visión de las estupas alrededor, con sus hti coronándolas. Si el viento quiere acompañar, la visita se realiza con el sonido tintineante de los hti. 




Desde la terraza se tiene una buena visión del monasterio Ok Kyaung. Contraste de colores, amarillo frente a blanco.


También se tiene una buena vista aunque lejana de la colina de Sagaing con sus estupas incontables, del puente de Ava y del más moderno puente de Yadanabon que cruzan el río Irrawaddy. 


Una pena que los dibujantes sin escrúpulos y con poco gusto hayan tomado como pizarra las columnas que sujetan la campana, los vándalos como los turistas son internacionales.


Junto a este bonito conjunto de pagodas blancas enmohecidas (que diferente es tener el moho en las paredes de casa, nunca le aplicaría el adjetivo bonito) hay otro complejo de vistosos colores o de reciente construcción o de tremenda restauración, que desistimos visitar porque habiendo visto el increíble monasterio de piedra de Ok Kyaung y haber descubierto este otro conjunto, desmerecía las visitas y era un agravio para los ojos; a lo mejor una vez terminado el conjunto colorido resulte simpático pero en este momento no nos lo pareció. Salimos en busca de nuestro guía y de nuestra carreta. 



Nuestro interesante e instructivo paseo por Inwa ha terminado y enfilamos el camino de vuelta al embarcadero. 


Parece que estamos destinados a ser los últimos en llegar a la embarcación, ya que a la ida también fuimos los últimos en embarcar. 


Volvemos a cruzar el río Irrawaddy, y pasamos junto a una de las embarcaciones turísticas que remontan el río desde Mandalay a Bagan o que realizan otros recorridos, que tiene que ser un recorrido muy interesante, dejando pasar el tiempo con tranquilidad y sin nada de prisas, disfrutando del paisaje, del río, de la vida en las orillas, de amaneceres y atardeceres… 



Desde Inwa volvemos a Amarapura para disfrutar del atardecer desde el puente U Bein, y de vuelta a Mandalay a descansar, y a tener cortes de electricidad, que se solucionan rápidamente, supongo que el hotel dispondrá de generadores capaces de volver a poner todo en funcionamiento.  

21 de mayo de 2018

Myanmar - Inwa - Ok Kyaung (Maha Aung Mye Bom San)

La madera se hizo piedra

Tras nuestro paso por Namyin, la torre vigía, continuamos nuestro paseo por Inwa en la carreta, por lo que seguimos disfrutando del paisaje y sus escenas. La población de Inwa no está concentrada en un núcleo, se encuentra más bien desperdigada por los campos de cultivo y los caminos. 


Llegamos a nuestro siguiente punto de visita, y junto a su entrada hay una alta concentración de carretas. 


El camino para las carretas de caballos (o para los vehículos a motor, que alguno hemos visto) está cortado, dos chinthes lo protegen junto a una valla con alambre de pinchos que es mucho más efectiva. 



A nuestra derecha dejamos otra pareja de chinthes y entramos por la puerta de color amarillo descolorido por la humedad. 


Nos encontramos con la hermosa visión de un edificio que nos hace sonreír, primero porque parece increíble que habiendo visto todo lo que hemos visto en el país hasta el momento y principalmente hoy en Inwa, los monumentos se van superando unos a otros, y en este momento estamos con la boca abierta por la belleza arquitectónica del conjunto así como por su color y el contraste con la vegetación que lo rodea y por el juego de luces y sombras en la tarde. Segundo porque de alguna manera, liviana que no hay que tomárselo al pie de la letra, es como si el monasterio del palacio dorado de Mandalay, Shwenandaw Kyaung, realizado en teca, se hubiera quedado de piedra. 


Maha Aung Mye Bom San, también conocido como Ok Kyaung, el monasterio de piedra, fue ordenado construir en 1822 por Nanmadaw Meh Un, esposa del rey Bagyidaw, para su abad U Po, realizándose en piedra y estuco. El terremoto de 1838 le afectó bastante y Sin Phyu Ma Sahin, una de las esposas del rey Mindon, lo hizo restaurar en 1872. También es conocido como el monasterio de los diablos pero no sé el motivo. 


Primero nos damos una vuelta por su exterior y nos fijamos en los detalles de su decoración. 





En este paseo pasamos junto al muro que rodea el monasterio y sus puertas. 


Como el monasterio se sitúa en la zona noroeste de Inwa, desde aquí tenemos vistas al puente de Ava sobre el río Irrawaddy y a la colina de Sagaing, con sus incontables pagodas. 


Paseamos entre los pilares de ladrillo sobre los que se levanta el edificio. 



Hasta que finalmente por una de las escaleras subimos hasta la terraza que rodea el monasterio. 




Una de las estupas de esta terraza contiene una imagen de Buda. 


Entramos al interior, donde un pasillo rodea el santuario principal; en la bóveda del pasillo se ve el cemento aplicado en las grietas, supongo que provocadas por el terremoto. 




Al santuario central se puede entrar por diferentes puertas, y en él hay una imagen de Buda de pie, aunque la luz no entra y es algo más oscuro, que a lo mejor a otra hora el ángulo del sol permite más luminosidad. 



La verdad es que nos tomamos nuestro tiempo recorriendo el monasterio, disfrutando muchísimo el momento y el lugar. 

Desde la cercana Htilaingshin Paya se tiene una buena y bonita visión del monasterio, con su tejado pyatthat y sus puertas decoradas. 


Inwa no deja de sorprendernos visita tras visita, lugar tras lugar, y por ella misma, por su paisaje de tranquilidad y vegetación, salvaje y cultivada.  

18 de mayo de 2018

Myanmar - Inwa - Namyin

La torre inclinada

Después de la gratificante visita a Yadana Hsemee Paya volvemos a montar en nuestra carreta y continuamos el trote, digo el paseo, por Inwa, y los niños que pueblan por sus calles (más bien caminos de tierra) nos muestran que no es una ciudad palaciega abandonada, sino que está llena de vida, como también lo demuestran sus campos de cultivo. 


Atravesamos las antiguas murallas que protegían el palacio real de Inwa y fue una bonita experiencia ya que al hacerlo en la carreta le aporta su punto curioso y del pasado. Creo que se trata de la puerta Gaung Say Daga (puerta del lavado de cabello porque los reyes acudían a este lugar a comprar productos para este acto -ya sé, suena muy raro-).
 



Atravesamos campos de cultivos, donde de vez en cuando asoma una estupa, por caminos estrechos, de modo que andar por ellos me parece complicado, a no ser que te metas en el campo para no ser atropellado por las carretas y para no tragar el polvo que su paso provoca. 






Myo está decidido a sorprendernos (había visto el mapa donde tenía señalados varios lugares), o bien es la ruta de nuestro cochero que no se sale de ella, el caso es que paramos en otro lugar de Inwa que no estaba incluido en el planning, y al que yo tenía echado el ojo, Nanmyin, la torre vigía de 27 m de altura, lo único que queda del palacio construido en 1822 por el rey Bagyidaw. 




El terremoto de 1838 derribó la parte superior, siendo reconstruida posteriormente, pero la parte inferior ha quedado muy dañada, y aunque antes se permitía subir a la torre, ahora su paso está cortado. Nuestra intención era subir, pero viendo la inclinación y los pilares con grietas creo sinceramente que no lo hubiéramos hecho finalmente aunque no hubiera estado vetado el acceso. 



Por regla general, junto a la entrada de cada monumento hay una fila de puestos de venta de artículos varios, además de personas con ellas en las manos; lo más doloroso es ver a niños con dibujos (supuestamente realizados por ellos) para venderlos, y sabes que comprarlos no es lo bueno, pero a lo mejor representa el vaso de leche de la noche…está claro que se haga lo que se haga nunca será lo acertado, pero creemos que los donativos a asociaciones u ongs serán más efectivos y posiblemente permitan la escolarización de estos niños y no su "trabajo" de vendedores. 


Ni los monjes se libran del consumismo aunque se trate de artículos creyentes.