21 de marzo de 2012

España - La Fresneda/La Freixneda (Teruel)


Libertarias

Comienza un nuevo día y salimos desde Fuentespalda por la A-1414 hasta Valderrobres, donde tomamos la A-231 hasta La Fresneda (hay dos entradas por esta carretera, la primera creo que fue la que tomamos nosotros más que nada por ver el cartel indicador). 

Posiblemente en la Edad del Bronce o del Hierro, cuando aparecen pequeños poblados permanentes situados en cerros elevados en toda la península, pudo comenzar la ocupación de la pequeña colina de Santa Bárbara o del anejo cerro del castillo. 

Se conocen varios asentamientos ibéricos y apenas restos romanos, hispano visigodos o islámicos en esta zona aunque posiblemente existiera un pequeño asentamiento musulmán en la parte alta del núcleo urbano.

La villa fue conquistada en 1170 por Alfonso II y formó parte de la donación que el monarca hizo a la templaria Orden de Calatrava.

El 14 de diciembre de 1283 el rey Pedro III le concedió el título de villa. 

Tras la muerte de Carlos de Viana en 1462, el comendador de La Fresneda, con la ayuda de los vecinos, atacó la cercana villa de Calaceite, ferviente partidaria del príncipe, y aquel mismo año, las encomiendas de La Fresneda y Monroyo combatieron junto a la fuerzas de Juan II contra las tropas de Tortosa establecidas en Cretas. 

En 1643, durante la guerra de Els Segadors, las tropas contrarias a Felipe IV de Castilla sitiaron la villa. 

Durante la guerra de Sucesión, en 1706, la villa estaba en manos del ejército austriacista. 

Durante la primera guerra carlista, el general Cabrera se apoderó de la villa. A finales de 1839, Cabrera, antes de abandonar La Fresneda, ordenó destruir el castillo y los edificios fortificados para evitar su uso por las tropas contrarias. 

En 1911 se constituyó el Centro Republicano de La Fresneda y cinco años más tarde se creó el Centro Obrero, adherido primero al Partido Socialista. Los propietarios de las tierras, por su parte, fundaron el Sindicato Católico Agrícola, en un intento de restar fuerza a la agrupación obrera. En 1923 el Centro Obrero fue clausurado por orden gubernativa y no volvió a abrir hasta 1925; y en 1931 era controlado por la CNT y en 1922 su local fue saqueado. 

En 1936 La Fresneda era fiel a la República y se constituyó un comité revolucionario, decretándose la colectivización de las tierras y la abolición de la moneda estatal, que fue sustituida por una moneda local. Al final de la guerra, entre 1939 y 1947, se registraron movimientos maquis en la comarca y mucha gente emigró. 

Entrando a La Fresneda por la carretera la visión que se obtiene ya gusta, destacando claramente tres elementos de derecha a izquierda: iglesia, restos de castillo y ermita.  


Entramos a la villa por la calle del Pilar y nada más entrar, en una pequeña plaza, se encuentra la Capilla de la Virgen del Pilar, construida en estilo barroco a finales del siglo XVII, posiblemente sobre el solar de una antigua capilla dedicada a San Bartolomé. 

Su fachada es uno de los ejemplos más brillantes de la portada retablo-aragonesa, presentando un perfil curvo. Sobre la puerta el escudo de la villa, con un fresno, y la hornacina con la estatua de la Virgen. 

En ella se celebran las misas dominicales, ya que como veremos la situación de la iglesia parroquial es mejor para las vistas pero más difícil para llegar, sobre todo teniendo en cuenta que la juventud a misa va poco y en celebraciones por regla general, así que esta es más cómoda de acceder. 


La plaza por supuesto es la plaza del Pilar, que antes se llamaba Sanctus. Frente a la capilla una fuente. 


Continuamos andando por la calle del Pilar, a la izquierda hay soportales y a la derecha se encuentra el Palacio de la Encomienda. Cuando tras la conquista de la villa a los árabes es donada a la Orden de la Calatrava, el comendador tenía la residencia en el castillo, pero las dificultades de acceso y sus limitaciones para ser utilizado al tiempo como vivienda y almacén de los diezmos, hicieron que la residencia fuera trasladada a este palacio, que además pasó a ser la sede de la Orden en la villa.

El palacio se construyó en el siglo XVI en estilo renacentista y en la planta baja se almacenaban los diezmos, cereales vino y aceite. 

Actualmente es de propiedad privada, donde se vende aceite, y como dato curioso, tanto este palacio como el ayuntamiento están reproducidos en el Pueblo Español de Barcelona. 


Giramos desde la calle del Pilar a la calle Mayor, una calle con soportales en curva en su parte derecha que la hacen muy atractiva. 


La calle Mayor es cortada transversalmente por los típicos callejones con techos de madera entramada, y de nombres tan sugerentes como Sosiego o Silencio.

En el lado izquierdo de la calle Mayor se sitúa la antigua cárcel, las mazmorras, en la parte baja de la Casa Consistorial. Por primera vez en esta sucesión de pueblos de la comarca del Maestrazgo podemos visitar la cárcel, 1€ si se visitan la mazmorras para presos comunes y 2€ si también se visita la que llaman cárcel de lujo; por supuesto que visitamos las dos (la oficina de información se encuentra justo al lado de la cárcel y es donde se compra el ticket para la visita, que se realiza con la propia encargada de la oficina). 


La primera estancia era la vivienda del carcelero (que podía vivir con su familia, y más parece otra condena que un trabajo el habitáculo, pero para la época sería hasta un lujo tener un techo). 


Detrás de esta habitación hay otra, sin ventilación ni iluminación (la pasada sería con velas, la presente es con una linterna de la guía), donde se encuentra el pozo al que tiraban a los presos, este pozo era como una cárcel de seguridad pero seguridad no es lo que deberían sentir allí dentro precisamente. 

Por una escalera se sube a la segunda planta, desde donde se puede volver a ver el agujero del pozo, pero la oscuridad que inunda la sala de abajo no tiene nada que ver con la luz de esta sala. Por supuesto, por si no tuvieran bastante con estar encerrados en el pozo este agujero también servía para sanitario de los demás presos…mejor muerto que encarcelado. 


Los de arriba tenían vistas a la calle, un lujo comparado con los del pozo.


Salimos de la cárcel de los presos de baja clase para dirigirnos hacia el otro lado de la Casa Consistorial, por donde se entra a la que llaman cárcel de lujo, para los nobles, religiosos y militares, situada en el primer piso de este edificio.

Primero en una sala grande se ven unos paneles con información sobre la cárcel, así como un mapa de todas las mazmorras que se pueden visitar (si se encuentran abiertas claro que nosotros sólo hemos tenido la suerte de encontrar esta) en la comarca del Matarraña. 

A la cárcel se entra por una puerta pequeña (aunque realmente todas las puertas de las cárceles que hemos visto son pequeñas, bajas), cuya razón parece ser que era para que se inclinaran los altivos nobles al ser encerrados. 


La cárcel conserva su antiguo suelo de baldosas de cerámica, y en él se pueden ver los graffitis de los presos, dibujos realizados con objetos punzantes: en muchos casos árboles, se asemejan a cipreses pero ¿el árbol de La Fresneda no es el fresno?; también símbolos religiosos, como las cruces, y juegos, algo así como un tres en raya. 


Uno de estos dibujos es llamativo por su buena realización, círculos realizados a compás (mañosos algunos presos serían con los elementos de los que dispusieran) con decoración interior de hojas. 


En las paredes también se pueden ver estos graffitis, en algunos casos son los típicos del recuento de días (bastantes losas con estos “palotes”). 

Otros dibujos son más llamativos, tanto por el color rojo con el que se hicieron, utilizando óxido de hierro, como por sus formas y motivos. 


Uno de estos dibujos parece ser la representación de la Virgen de Gracia. 


Sobre todo destaca una figura de casi un metro de altura, con un curioso gorro en la cabeza…dicen que pudiera ser la representación del diablo. 


Junto a la puerta de salida dos elementos: una letrina, ya que los nobles tendrían que seguir siendo nobles en estas necesidades fisiológicas también, y la pequeña ventana por la que vigilaban los carceleros. 


Terminada la visita volvemos a donde nos desviamos para hacerla, a la calle Mayor, junto a la cárcel de los presos no tan nobles. Esta calle como es natural desemboca en la plaza Mayor, de forma curiosamente triangular. 

En la plaza destaca el edificio de la Casa Consistorial, que es uno de los más monumentales de la provincia. La construcción data de 1576 y en su fachada destacan un balcón corrido y una galería de arquillos. Las dos torres cilíndricas de los extremos, así como el almenaje, aportan un aire fortificado.  Sobre el balcón el escudo de la villa con el fresno.


En la planta inferior de la Casa Consistorial se encuentra la típica Lonja, con tres arcos que dan a la calle Mayor y uno hacia la plaza Mayor. 


Los soportales de la calle Mayor no se cortan a la altura del Ayuntamiento sino que continúan durante este tramo de la plaza, cuyo piso sigue estando a un nivel algo inferior a la plaza. En el lado opuesto hay mansiones también con pórticos en su planta inferior. 


En esta plaza se rodaron escenas de una película española, Libertarias, dirigida por Vicente Aranda, y es que parecía que el cine no nos acompañaría en este viaje, pero siempre lo hace, afortunadamente, porque me reitero en la creencia que el cine es cultura aparte de diversión. 


Al fondo de la plaza, frente al Ayuntamiento se levanta el Portal de Xifré, un portal de entrada a la villa cuando estaba fortificada que marca el vértice del triángulo que forma la plaza Mayor. 


Nosotros seguimos los carteles que indican que tomemos la calle hacia la izquierda, dejando a nuestra derecha, antes de llegar al portal, la calle Pescadería que supuestamente conduciría al barrio de la judería, pero no hay datos históricos que confirmen este dato. 


Por la calle de la izquierda antes del portal de Xifré se acaba saliendo a la calle Subida a la Iglesia, que con este nombre conduce a la que fue la iglesia parroquial de la ciudad, iglesia de Santa María la Mayor, también conocida como de la Virgen de las Nieves, situada en alto y por ello solo utilizada en ocasiones especiales, siendo la Capilla del Pilar en la que se celebran las misas como ya comenté al principio. La iglesia se construyó en los siglos XVII y XVIII en estilo barroco en el lugar que antes ocupaba una iglesia gótica de la que se reutilizaron algunas capillas laterales. 


Como cosa rara no vimos (puede que no lo viéramos porque nos lo saltáramos) un panel informativo, como nos vamos encontrando en todas las villas, sobre la construcción y detalles de la iglesia. 



Haciendo caso a la señorita que nos atendió en la oficina de turismo y nos acompañó en la visita a las cárceles, decidimos continuar el camino, que sigue subiendo y eso a pesar del fuerte aire que nos azotaba y nos impedía caminar en ocasiones.

Alcanzamos lo que sería un antiguo y pequeño cementerio perteneciente a la iglesia, con alguna lápida curiosa, cuyo dibujo más parece una mofa que de de un señor mosén como se explica en ella.


Como siempre la altura se recompensa con las vistas. 



En este camino si no estamos equivocados se pasa por el Jardín del Calvario pero allí no había jardín con lo que si lo era realmente no se podía identificar como jardín, pero claro, el tiempo y sobre todo si el viento sopla de esta manera no hay Cristo que se mantenga en pie, con lo que las flores saldrán cuando puedan.

Se alcanza el antiguo cementerio, con algunas estelas del cementerio parroquial, aunque en el suelo ya no hay muertos, se encuentran en los nichos de los muros. Fue construido en 1884 al abandonarse el existente junto a la Iglesia de Santa María, siendo utilizado hasta los años 30 del siglo XX. Desde el fondo del cementerio se ven claramente los restos del castillo y la torre de la iglesia.



Detrás del cementerio hay un prominente peñasco, posiblemente los restos de una antigua cantera, y bajo él se conserva un pozo de recogida de aguas pluviales que estuvo en uso hasta mediados del siglo XX.


El viento continúa soplando fuerte, demasiado fuerte porque o bien nos para o bien nos empuja y ninguna de las acciones nos gusta, pero decidimos continuar e intentar llegar hasta la colina donde se alza la Ermita de Santa Bárbara


Una vez comenzada la subida hay una pequeña capilla, más bien lo que queda de ella, donde los habitantes de La Fresneda han instalado en estas fechas navideñas un Belén. 


Con decisión afrontamos la subida por el camino del Calvario, una escalera en parte excavada en la roca flanqueada por su lado exterior por cipreses a los que les faltan sus ramas bajas porque eran cogidos por los vecinos en las antiguas procesiones. 


Desde este punto se obtiene una bonita panorámica del pueblo, la Iglesia de Santa María, los restos del castillo y el cementerio. 


Para por fin llegar a los restos de la ermita, que contradice los cánones de construcción de los edificios religiosos, ya que tenían la costumbre de orientarlos hacia donde nace el sol, y en este caso está orientada al noreste sin buscar la luz del astro. Está fechada en 1760 pero fue destruida durante las guerras carlistas por el general Cabrera por su importante situación estrátegica al estar situada frente al castillo. 

La entrada presenta un pórtico abierto por sus tres lados por arcos. 


Según las explicaciones recogidas por Jesús Ávila en el libro Matarraña insólito, su planta no era rectangular, sino que evoca desde arriba una cruz de ocho beatitudes basándose en la más sagrada de las cruces templarias, con lo que su construcción original entronca con esta orden, que elegirían este emplazamiento por sus connotaciones astrológicas.


La ermita fue reconstruida en 1891 pero con el paso del tiempo se fue deteriorando hasta encontrarse como la vemos. 



La localización de la ermita, se relaciona con un centro de observación astronómica relacionado con la Luna. Como ya he mencionado, la ermita se orienta hacia el Noreste, donde la Luna alcanza su posición más septentrional, posición que se repite cada 18 años y 10 días, conocida como el cielo de Saros. Este observatorio tenía como finalidad la predicción de eclipses, fenómeno astral que cuando se producía, sumía a los miembros de la tribu prehistórica en una profunda depresión, al pensar que iban a producirse catástrofes y terribles males. Saber predecir los eclipses constituía uno de los valores más importantes de la clase sacerdotal del clan, como los druidas celtas. 


Rodeamos la ermita continuando el camino del Calvario.


En la colina de Santa Bárbara se encuentran muchos detalles curiosos y copio del libro Matarraña insólito: "restos arqueológicos y antropológicos en forma de yacimientos, grabados, monumentos prehistóricos, altares de oración, grutas… pertenecientes a diferentes momentos históricos, alzados por pueblos que sabían de la fuerza y energía del enclave..." (me gusta el aura de misterio con el que está redactado el libro de Jesús Avila, con sus más y sus menos, pero tiene su enganche). 

Así, abundan las cazoletas o cullas en el paisaje alrededor de la colina, pero nosotros solo fuimos capaces de localizar una de ellas, y tenemos nuestras dudas de que sean más nuestras ganas de verla de que lo sea en sí misma porque no parece de gran profundidad y parece más obra natural que humana. Estas cazoletas hablan de la posición del sol, de los astros, de la energía…Nos recuerda, a su manera o mejor dicho a nuestra imaginación, a las lingas y yonis de Vietnam y Camboya. El ser humano, en cualquier parte del mundo, sin su misticismo parece que no puede vivir.

 
Desde el año 2003, se celebra en la colina la fiesta del solsticio de verano para disfrutar del amanecer cada 21 de junio. 


El viento no era el mejor compañero para pasear por la colina y acercarse a los bordes en busca de más cazoletas y más signos, pero aún así se pueden disfrutar las vistas. 
 
 
Lo que si vimos, y es que realmente era difícil no verlo, fue la espiral de nueve vueltas, en teoría relacionada con los templarios y como el simple juego de la oca que sería una representación del Camino de Santiago…y es que la vida si no es una espiral bien parece un círculo; aunque sobre esto se han escrito teorías y no hechos.


Bajamos de nuevo a la villa, decidiendo no acercarnos hasta las ruinas del castillo, los restos de un torreón, que aunque unas ruinas siempre nos gustan y hasta nos pueden sorprender, el viento nos hizo desistir de intentar la subida. Se ha habilitado una escalera metálica para subir a él y disfrutar de las vistas un poco más altos. 

Así que de nuevo en la villa, disfrutamos de sus calles.



Salimos dónde comenzamos, a la plaza del Pilar y dada la hora que es decidimos comer en La Fresneda, y me parece que sólo teníamos dos opciones a razón de lo visto, una era un mesón y otro era en un lugar cercano a este plaza que además nos interesaba curiosear, el Hotel El Convent


Este hotel se ha instalado en el Convento de los Mínimos. La relación de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula con La Fresneda se remonta a 1580, cuando la villa y la encomienda donan a esta orden la Ermita del Monte de la Mangranera, actual Santuario de la Virgen de Gracia (nuestra última visita en la villa que haremos al final) y lugar donde se había encontrado la figura de una Virgen. 

La orden estableció allí un monasterio pero las duras condiciones climáticas les hicieron volver a La Fresneda, iniciándose la construcción de este convento en 1593 e instalándose la comunidad de monjes en 1595. En el comienzo del siglo XVII se añadió una iglesia. 

La Guerra de Sucesión y las guerras carlistas hicieron estragos en el edificio, quedando en pie solamente la fachada y parte de sus muros exteriores. En el siglo XIX, con la Desamortización de Mendizábal el convento pasó a manos privadas, como sigue en la actualidad, conservándose la planta original con un claustro central. 


Afortunadamente nos dan de comer, y como mi estómago estaba algo revuelto no pude disfrutar de las viandas, comida y bebida, como se debía, aunque si eche en falta en la carta un buen ternasco aragonés. 
Lo que descubrimos, que desconocíamos, es una rica cerveza zaragozana, Ambar


Ya que gracias a este convento hemos conocido la existencia del Santuario de la Virgen de Gracia, después de comer nos dirigimos hacia él, siguiendo los carteles que lo indican saliendo de la población, y lo hacemos por una pista de tierra en buen estado que se adentra en el barranc de Les Canals.


Según cuenta la leyenda, una pastorcilla de Valjunquera se encontró en la cueva del monte de Mangranera la figura de una Virgen y se la llevó a su pueblo, pero al cabo de unos días la imagen desapareció para volver a este lugar, por lo que decidieron construir una ermita en honor a la Virgen de Gracia. 

En el santuario se encuentran los dos edificios principales que lo componían, la iglesia y el convento, así como  el arco de entrada al conjunto y otros edificios secundarios.



En 1580, la villa y la Encomienda de La Fresneda cedieron la ermita y su terreno a la Orden de San Francisco de Paula como vimos en el convento de Mínimos de la villa, levantando un monasterio que tuvieron que abandonar por las dificultades de habitabilidad. Este nuevo asentamiento urbano no significó el olvido de este santuario y tras varios litigios por la posesión del terreno fallados a favor de la orden, los franciscanos construyeron un nuevo convento en el siglo XVIII, distribuido en cuatro plantas y provisto de celdas y servicios para la comunidad religiosa y los peregrinos, que además se comunicaba con la capilla de la Virgen. 


A partir de 1795 se construye una gran iglesia de tres naves integrando la capilla original. Lo que en mejor estado se conserva es la fachada de dos cuerpos con la hornacina que contiene una imagen de la Virgen. 



La cabecera de la iglesia se apoya en la cueva con una girola entre ésta y el altar mayor, pero del interior no se conserva nada.



Impresiona recorrer las ruinas de la iglesia y el convento, es una sensación entre mística y película de terror, entre tristeza y alegría (si, alegría, será por la Virgen de Gracia). Existen carteles de advertencia para que no se entre por posibles derrumbamientos pero los obviamos un poco, no demasiado, que lo nuestro tampoco es jugar a ser Indianas  Jones, solo lo justo para disfrutar del tiempo y el lugar. 



Una inscripción en la fachada recuerda la funcionalidad del convento como hospedaje de peregrinos.

 
En una de las fachadas laterales del convento y en una construcción anexa se ve cómo se aprovechó la piedra de la montaña para sus construcciones. 



El santuario es un lugar para descubrir sin lugar a dudas, y para respetar, tanto sus piedras como su entorno natural. 


En La Fresneda hemos dejado bastantes lugares pendientes por conocer, sobre todo en los alrededores, pero en un solo día habría que ir a paso de marcha rápida para verlos (molinos, hornos, fuentes, el lavadero, capillas en las afueras, pozos de nieve, cruceros…) y nosotros en esta ocasión hemos venido de vacaciones de relax, sin prisas, como mucho con las pausas necesarias.

16 de marzo de 2012

España - Beceite/Beseit (Teruel)


Letras de papel

Tras nuestro paseo por el parrisal del río Matarraña volvemos a Beceite para conocer la localidad.

Los orígenes de Beceite se remontan a dos núcleos creados por los árabes, Abu Zeit y Zeit. Durante el siglo XII fue reconquistado por el rey Alfonso II de Aragón, asentándose los templarios, época de la que datan algunos portales, una parte de la iglesia y edificaciones civiles. 

Posteriormente, como muchas otras localidades de Aragón, Beceite sufrió los avatates de las guerras por su situación geográfica; concretamente, durante las guerras carlistas las tropas del General Cabrera se refugiaron en las montañas del Maestrazgo.

Beceite se desarrolló gracias a la industria del papel, con varias fábricas del mismo, saliendo de una de ellas los famosos naipes de Heraclio Fournier (la de partidas  que hemos jugado con Heraclio y no sabíamos hasta hoy su origen de papel). 

Según entramos a Beceite desde la excursión y siguiendo las indicaciones, nos encontramos con el acueducto de la acequia mayor, construido en la época decimonónica, seguramente sobre una construcción musulmana. El acueducto sirve para que las aguas de la acequia mayor salven el obstáculo orográfico del barranco del Predicadors y rieguen los campos y huertos. Está realizado en sillería y mampostería, alcanzando los 20 m de longitud y 6 m de altura. 


No hemos entrado todavía en el núcleo urbano , y nada más entrar en él hacemos una nueva parada para acercarnos a la Font de la Rabosa, un salto de agua con pozas del río Matarraña. 


Beceite, como todos los pueblos de la comarca del Matarraña nos da la bienvenida presumiendo de su denominación de origen, pero curiosamente es la única foto que tenemos de estas "presentaciones". 


Aparcamos al lado de la Ermita de Santa Ana, situada en el arrabal del puente, fuera de las murallas de la población, que recibía a los visitantes que llegaban del camino de Peñarroya


Es una construcción gótico-renacentista realizada en piedra tosca, con modificaciones realizadas en los siglos XVII y XVIII en la nave principal y en el pórtico exterior. 

Santa Ana es la patrona de las mujeres en el bello momento del parto y en Beceite es la abogada de la buena muerte (que suena tan macabro como bien si se piensa con calma, que para el final todos queremos serenidad y rapidez). 


Al lado de la ermita se encuentra el puente de piedra que cruza el Matarraña, siendo el primer puente desde su cabecera que lo hace. En este punto el río salva un desnivel importante desde su recorrido en la Vall del Prat hasta aquí; la fuerza del agua que ello provoca fue aprovechada para mover las ruedas de los distintos molinos que se instalaron a lo largo de su curso: harineros, almazaras, centrales hidroeléctricas, martinetes, papeleros…


El puente fue construido entre los siglos XV y XVI, tiene un solo ojo y mide unos 15 metros de altura. Su construcción permitió que la localidad no quedase incomunicada en caso de fuertes riadas. 

Después de la Guerra Civil la poza situada bajo el puente, La Cadolla, fue vaciada con cubos para recuperar las armas que se habían lanzado a ella y así poder aprovechar el hierro (malos tiempos de la posguerra y buen uso de las armas que no es el mal uso para el que fueron diseñadas). 

Benedicto XIII, el Papa Luna, en el año 1411 concedía a su médico particular, el converso Jerónimo de Santa Fe, los derechos del molino para paños en “Bezeyt”, perteneciente al arzobispo de Zaragoza. Esta es la primera referencia escrita sobre los molinos en Beceite. A finales del siglo XVIII y principios del XIX existió una floreciente industria del papel. En 1804 se inauguraba la última de un total de nueve fábricas; la subida arancelaria sobre el trapo con el que hacían el papel, impuesta por los Borbones durante el siglo XVIII, estimuló a los burgueses y empresarios aragoneses y catalanes de la época, que pusieron en funcionamiento en Beceite y Valderrobres trece molinos papeleros.

La fabricación artesanal producía un papel de calidad, y por ello trabajaron para Heraclio Fournier en la elaboración de naipes; fabricaron papel moneda para el estado; Goya utilizaba papel de Beceite para sus grabados…

La producción principal llegaba a los grandes centros de consumidores de Barcelona, Valencia, Madrid y Bilbao por medio de carretas en viajes que duraban varios días. 

Las primeras fábricas de papel eran de una, dos o más tinas para fabricar la pasta de papel, hasta la llegada de la pila holandesa durante el siglo XIX, que se instaló en todas las fábricas y se utilizó hasta 1970. 

En Beceite sus nueve fábricas fueron: Cremada, Martí, Molí del Toscá, Taraganya, Noguera (foto), Solfa (actualmente se ha instalado un restaurante), Batá, Morató y Pont Nou. 


El complejo industrial de la familia Noguera cesó su actividad en 1978, y con ella terminaba la época industrial papelera de Beceite, que se había iniciado 200 años antes. Esta fábrica se había llamado Miró y había empezado su actividad a mediados del siglo XVIII como Martinete de Tomás Royo, haciendo una reconversión en menos de dos décadas cambiando el martinete por un molino papelero.

Tras la Guerra Civil, la familia de papeleros Noguera comenzó su actividad industrial en Beceite, alquilando primero la fábrica de papel de Taragaña y en 1940 compraron la fábrica Miró, comprando poco después también la de Taragaña. En 2001, cesada ya la actividad la fábrica, se reconvirtió en un espacio cultural con la creación de una galería de arte, dirigida por la artista Gema Noguera. 


Entramos propiamente en la ciudad por el Portal de Villanueva, construido en el siglo XVI. En el escudo sobre el arco aparece el toro, el símbolo de Beceite y encima el nombre de Aragón con las cinco barras. 


Este portal da paso hacia la izquierda a la calle Villanueva, por la que andamos. 


En esta calle se encuentra uno de los típicos pasajes cubiertos, a cuya izquierda hay un altar de una virgen, de la que no tengo datos.



Por la calle llegamos al Portal de San Gregorio, la antigua entrada a la población, construido a mediados del siglo XII, siendo reformado en la primera mitad del siglo XIV quedando un portal apuntado de estilo gótico. 


Sobre el arco destaca el escudo de la media luna invertida, perteneciente con toda probabilidad al  primer arzobispo de Zaragoza, Pedro López de Luna. 


En su interior se abre la capilla de San Gregorio Papa, con unas puertas-ventanas labradas en madera que hacen de este portal un rincón especial y acogedor. 


Cruzando el portal se entra en la calle Llana, y la forma de codo (foto superior) afianza su carácter defensivo. 


Nada más comenzar la calle Llana a la derecha queda la calle Castellà, con arquitectura popular y solariega, pero que en esta ocasión pasamos de largo. 


Caminamos por la calle Llana hasta llegar al Portal de la calle Llana, un portal románico que seguramente fue reconstruido por los templarios cuando reconquistaron Beceite. 


De un portal a otro, alcanzamos el Portal-Ermita de San Roque, una construcción barroca de los siglos XVII-XVIII, otro rincón con mucho encanto de la localidad.


Sobre el portal la capilla dedicada al santo. 


Al igual que el portal de San Gregorio presenta puertas de madera labradas, y en esta ocasión acompañadas del detalle en una esquina de una pequeña doble campana. Estas puertas me traen recuerdos de la bonita localidad de Mirambel, que visitamos en nuestro anterior periplo por estas tierras. 


Desde este portal llegamos hasta la iglesia de San Bartolomé, construida entre los siglos XVII y XVIII sustituyendo a otra anterior de la que ya había constancia en el año 1210, de la que se conservan elementos en las fachadas laterales, un capitel de columna y una clave de bóveda de crucería. 

La construcción se adaptó al terreno desnivelado, proyectándose hacia el nuevo espacio de la plaza de la Constitución. 

Durante la Guerra Civil la iglesia sufrió un gran expolio, los retablos fueron arrancados a golpe de hacha para luego ser quemados en la plaza, el órgano del coro también fue destruido así como la escultura de piedra del santo que se encontraba en la hornacina de la fachada, que continuó vació hasta 1973. De las tumbas del suelo se sacaron los cadáveres (¿para qué estos actos?), en las paredes laterales se abrieron boquetes para hacer ventanas (tapados con cemento tras finalizar la guerra) y el recinto se utilizó como almacén. 

El sol comenzaba a caer y no era el mejor aliado para una buena foto de la fachada. 

 
Su fachada podría considerarse como una fachada-retablo, con dos cuerpos flanqueados por columnas salomónicas. 

Una historia curiosa: para colocar la nueva estatua de San Bartolomé sacaron unos cables por dos agujeros de la fachada, en el vértice del tejado, que sujetaban una polea cuyo extremo era tirado por un tractor, que al ir en macha hacía que la escultura fuera subiendo. Para que no rozasen los cables y la figura en las cornisas inferiores, mucho más sobresalientes que la pared, había atadas a la figura dos cuerdas de las que tiraban un grupo de hombres. Tras el primer intento hubo que descenderla ya que no se consiguió el suficiente balanceo para colocarla pero al segundo intento sí se logró. 


Por primera vez en esta visita de localidades del Maestrazgo las puertas de la iglesia están abiertas, y esto es porque estaban preparando la tarde de Reyes, no sé si cabalgata incluida, y su interior es sencillo, con tres naves decoradas con estucos y pinturas, pero no quisimos molestar y la visita fue rápida, más entrar y salir. 

Frente a la iglesia se encuentra el edificio del Ayuntamiento, cuya fachada y entrada principal en el siglo XVI se orientaba hacia el oeste pero en el siglo XVIII con la creación de la nueva plaza se abrió el acceso por ésta. 

Sus dependencias han albergado a lo largo de los años las escuelas, el consultorio médico y el teléfono público. 


Bajo el edificio de la Casa de la Vila se encuentra la Lonja, con cinco arcos apuntados, en la que se conserva un pequeño cuarto que pudo tener funciones de mazmorra. Es curiosa la disposición de esta Lonja al tener esos escalones que la hacen parecer un pequeño anfiteatro. 

Si no me equivoco, a la derecha en la fotografía el edificio que asoma por detrás de los arcos es La Presoneta, la antigua prisión que ahora alberga el Centro de Visitantes, pero como no nos la encontramos abierta nos saltamos esta prisión tanto en una visual más detallada como en fotografía, aunque no fue de manera consciente sino por no haber prestado más atención a los mapas que hay en los paneles de información. 

La Presoneta era el torreón que defendía el portal de entrada, portal de que no queda rastro, y que perdió su función defensiva con su transformación a cárcel. Aquí el general carlista Cabrera encerró a tres mujeres liberales como reprimenda al fusilamiento de su madre. 


Aparte de no haber consultado el mapa en su momento otra razón por la que nos saltamos La Presoneta es que teníamos en mente acercarnos hasta El Palau, parte de un antiguo palacio de los siglos XIV-XV, que fue el palacio del arzobispo de Zaragoza, siendo una obra realizada principalmente en sillería, que originalmente tenía dos torreones flanqueando el edificio. 

En este palacio los señores, los arzobispos de Zaragoza, cobraban los diezmos y primicias en especies. Con las desamortizaciones el palacio pasó a manos privadas y públicos, siendo sede para diferentes usos: baile, cine, tearo, bar…

Actualmente está dividido en tres partes, dos privadas y una municipal, siendo la sede de una asociación cultural. 


Frente al Palau se encuentra la calle Aragón, donde se pueden ver casas solariegas. 


Bajamos por la calle Aragón hasta el primer cruce en el que giramos a la izquierda para llegar hasta el Portal del Pilar, construido en 1558. 



Salimos nuevamente a la calle Aragón para terminar de recorrerla hasta su cruce con la calle Diputación. 


En la esquina de estas dos calles, Aragón y Diputación, se encuentra La Torreta, una antigua torre de vigilancia, que ahora es una casa, pero aunque intentamos dar una vuelta para tener una mejor vista no lo conseguimos, aunque creo que nos faltó dar la vuelta completa para hacerlo…


Continuando por la calle Diputación se llega hasta La Acequia, donde aparte de una acequia se encuentran el antiguo lavadero público. 



Desde aquí salimos a la calle Palacio, que sale a la calle Villanueva y que no tomamos en su momento por ser en subida y ahora ya es de bajada, con lo que hemos dado la vuelta en círculo a la villa, dejando algunos lugares pendientes y no por gusto sino por despiste. 

Beceite nos ha ofrecido piedras naturales de mano de la naturaleza y piedras realizadas por el hombre que nos hicieron pasar un día completo y agradable.