Mäs que un safari, que puede ser si te encuentras con animales, y estás en su hábitat, es un paseo para disfrutar, una excursión con una embarcación africana, un mokoro, que es una
canoa.
La
principal diferencia del mokoro, conducido por Tolen, el rastreador del vehículo a motor, con la barca a motor es la tranquilidad, todo es más plácido y no hay ruido
de dicho motor. Lo único que estás a más a merced de los animales acuáticos, aunque supongo que intentarán coger rutas menos transitadas.
El paisaje es magnífico y acompaña la tranquilidad, y mi charla en inglés chapurrero con Tolen y su inglés chapurrero; nos entendemos a la perfección.
Pasamos bajo el puente sobre el agua que conduce al lodge.
Hemos
salido dos embarcaciones, la otra va con una pareja de españoles que
han llegado a mediodía, parece que al final en este viaje no solo
hablamos inglés.
Tolen encuentra una pequeña
rana, pequeña pequeñísima, que es capaz de cogerla con el loto donde
está posada para enseñármela, pero no me dio tiempo a fotografiarla. Una
pasada de pequeña y de verde, pero sobre todo, de detalle de Tolen, tanto conmigo como con la delicadeza con la que trató a la ranita.
Hacemos un pequeño alto para
tomar un refrigerio, que puede ser hasta un gin tonic, llevan un arsenal
de bebida y algo de comida y picoteo. Me hubiera gustado departir algo
más con los conductores de los mokoro, pero al final salió ganando el
español, porque creo que Tolen, al igual que había
hecho durante este trayecto con la rana y contándome cosas de su vida en el delta -ya que él ha nacido aquí-, nos hubiera enseñado mucho, y nuestras cosas españolas podían haberse comentado durante la cena, pero la situación era extraña y no podíamos cortar la conversación de los recién llegados.
Terminado
el "descanso" emprendemos la vuelta, para lo cual volvemos a pasar por
debajo del puente de madera, que en ese momento estaba siendo cruzado
por una familia de babuinos. Una preciosa imagen.
La escena en vídeo:
Comienza el atardecer y su sinfonía de colores, que además va acompañado por los cuartos traseros de un elefante. De nuevo, una foto preciosa, aunque el plano principal sea un grandísimo trasero.
Esta es la magia de la luz, que todos aquellos que hemos tenido la suerte de visitar África no olvidaremos jamás.
Todo ha ido muy rápido desde nuestra llegada a Xaranna Delta Camp, sin tiempo para comer nos fuimos a dar un precioso paseo-safari en bote, y a la vuelta de éste por fin pasamos a la
tienda-habitación para conocerla, pero de nuevo tenemos poco tiempo, hoy
es el día de no parar. Colocamos nuestra ropa, mira que fortuna que
tenía que ser poca por exigencias de vuelos y esto se hace rápidamente, nos duchamos rápidamente y ahora sí,
nos vamos a cenar, que ya es hora de comer algo de verdad.
Para
después de cenar nos han ofrecido hacer un ¡safari nocturno!, pues claro
que sí, nos apuntamos sin dudar, que tiene que ser toda una
experiencia, aunque la verdad impresiona salir a esa oscuridad
abrumadora, oscuridad que es esclarecida por las luces del coche y sobre
todo por la linterna de Tolen, el tracker, es decir, el buscador de
huellas, que va sentado en una silla en el capó del coche, ¡madre mia!, impresiona mucho el verle sentado ahí en la noche.
Primero cruzamos el puente de madera, a ambos lados agua que no se ve.
Luego por los caminos de tierra, en los que te puedes encontrar cualquier animal en cualquier momento, aunque supongo que el ruido del motor les hará esconderse, a pesar de que se hayan acostumbrado a estos animales grandes y sus sonidos.
Lo primero que vemos es un búho, pero es difícil decir su familia (posiblemente guía y tracker lo dijeron, pero no era momento de escribir nada y de memorizar tampoco), además da pena que le iluminen con el foco (la verdad es que es un momento, el justo para el disparo fotográfico y que no se vea nada en la foto) y le desconcentren de su sueño o de su vigilia alimenticia.
Una hembra de kudú, que así en solitario nos parece presa fácil para sus depredadores.
Un águila pescadora, a la espera de la mañana.
Apareció una civeta que se escondió más rápidamente de lo que podemos hacer una foto (la hay, pero más movida que el águila). Y también salieron a saludar unos hipopótamos, que también se escondieron.
Y un animal que no se esconde tan rápidamente, pero que no le ha gustado ser localizado, una hiena, que impresiona el encontrarla a estas horas nocturnas.
No
hemos tenido mucha suerte viendo animales, pero la experiencia ha sido
magnífica; y además no creo que me hubiera encantando ver
leones en esta oscuridad en busca de presas (esto puede ser) o en plena cacería (esto seguro que no).
Hemos llegado al lodge justos de tiempo, tanto que no tenemos ni un
momento para aprovechar la hora del tea time para comer algo (hay que recordar que decidimos no comernos el wrap que nos habían dado en nuestro anterior alojamiento, Chobe under canvas para tomarnos en el aeropuerto de Kasane), ya que
tenemos la primera excursión, y nuestros compañeros de travesía -una pareja estadounidense muy simpática-
nos están esperando; con lo que al decir que tenemos hambre, sinceros
que somos, nos preparan un pequeño picnic para
llevar ya que vamos a navegar por los canales del delta del Okavango en
una barca a motor. Hoy conocemos al
que será nuestro chófer y guía en los safaris,
Moses, que por supuesto también lleva su cámara de fotografía, aquí no hay que perder la ocasión de aumentar el album fotográfico.
Si ya desde el aire, durante el vuelo desde Chobe, el delta nos había emocionado, el hacerlo a pie de agua y tierra es una experiencia única, con un paisaje espectacular.
Un águila pescadora (fish eagle) nos deleita con su vuelo, no así con su pose, ya que no está quieta demasiado tiempo.
Entre la hierba se esconde un pequeño cocodrilo, digo pequeño porque los hemos visto mucho más grandes.
Vemos al pequeño e inquieto martin pescador Pio (Pied kingfisher).
Con la llegada del ocaso del sol el paisaje nos va
enseñando sus bonitos colores, sus reflejos en el agua, sus tonalidades y
contrastes… esto es precioso.
Unas orejas sobresalen del agua, una familia de hipopótamos están muy cerca, pero deciden sumergirse sin enseñarnos nada más. Para nosotros es un gran momento, porque es la primera vez que los tenemos tan cerca y tan visibles.
Un
chapoteo continúo y un crujir de hierbas le delata, un elefante está de
paseo en solitario y nos da una de las imágenes más típicas y bonitas
del delta. Nuetras sonrisas son inmensas.
El elefante decide subirse a un pequeño montículo de tierra sobre el agua, tal cual si fuera un modelo decidido a ofrecernos sus mejores poses; el rey soy yo.
Otra águila pescadora aparece en escena, aunque ahora algo más camuflada.
Ha sido un
paseo en el que hemos visto a pocos animales pero en el que hemos
disfrutado un montón con el paisaje, con la conversación con los
norteamericanos que iban con nosotros, conociendo a nuestro guía Moses y al tracker Tolen, y también de la tranquilidad después de
estar toda la mañana de trajín.
El tercer día volvimos demasiado
temprano del safari terrestre, porque nuestros compañeros, en esta ocasión españoles, tenían
concertada una actividad que nosotros no teníamos, y esto hizo que el
safari fuera demasiado corto, detalle no me gustó nada, porque si
sabían esto ¿por qué no nos habían incluido con otro grupo? ¿o
directamente solos?, que esto hubiera sido lo más normal. Teníamos demasiado
tiempo para pasar en el lodge, que sí, que es muy bonito, pero
no hemos venido hasta aquí para sentarnos, sino para salir “al campo”.
Además, si la piscina de la habitación tuviera el agua caliente, podría
haber sido una opción, pero aquello era un cubo de agua fría. ¿Caminar?,
pues si hubiera alguna ruta segura para caminar por nuestra cuenta, nos
hubiéramos aventurado, pero es que no la hay.
Así que finalmente me decido a comentarle a Moses que me parece demasiado tiempo para estar sin hacer nada
de nada en el lodge, y lo hago con viveza, demostrando no malestar,
pero sí decepción. Moses dice que va a consultar algo con la gerencia
del lodge y que ahora nos cuenta; bien, al menos nos dan una opción.
Vuelve diciendo que si queremos podemos dar una excursión en el bote a
motor, y nos parece genial, la verdad es que la primera tarde nos
maravilló el paisaje y no nos importa tener más de él.
De nuevo vemos un martin pescador Pio (¿será el mismo?, ¿lo tendrán contratado para los visitantes?)
Una cebra que siempre parece posar al escuchar ruido, pero es todo precaución.
En
el agua se escuchan soplidos y resoplidos, hay varios hipopótamos muy
cercanos. Moses es precavido, cuando los hipopótamos se sumergen, él se
aleja porque no sabe por dónde pueden volver a salir, y si lo hacen
junto a la barca podemos acabar en el agua…
Uno
de ellos decide darnos ese momento mágico que hasta el momento se había
resistido, abre su gran boca para luego sumergirse. ¡Gracias hipo!
Vegetación salpicada de animales a la que miras con más atención, como este pequeño lechwe rojo, que decide sacar sus patas del agua e ir a tierra firme.
Un elefante quiere darnos también un momento visual y fotográfico para recordar.
Es maravilloso verle cruzar frente a nosotros, aunque cuando da el giro hacia nosotros impresiona bastante, Moses está muy atento a sus movimientos porque es imposible predecir su comportamiento.
Realmente no le interesamos nada, él solo quiere alimentarse.
Las
islas salpican puntualmente los canales de agua, resulta curioso pensar
cómo cambia el paisaje con las lluvias o con la llegada del verano.
Moses decide hacerme un regalo, coge una flor de loto y primero hace un collar; con la gran hoja de la planta hace un divertido sombrero que no duda en ponerse. Lástima
que estos regalos duran lo que tardamos en llegar al lodge, ya que a lo
mejor podría intentar secarlos, pero no sería lo mismo.
Un precioso, pequeño y colorido pájaro está revoloteando, es un martin pescador malaquita (Malachite Kingfisher).
Una pareja de jacanas africanas (African Jacana) vuela un poco para acabar posándose.
Una avefría palustre (Loed-toed Lapwing).
En la sombra, camuflado por sus propios colores, un Ibis Hadada, del que no se distinguen muy bien sus colores, se intuye un verde brillante.
Papá, mamá y bebé elefante cruzan el agua, y de nuevo volvemos a tener una de esas preciosas imágenes.
Creo
que el cambio de tierra por agua fue estupendo, tuvimos una suerte
tremenda al ver animales, porque además fueron en diferentes poses y
acciones, Moses se lo curró internándose más lejos para tener más
oportunidades de ver animales, cosa que finalmente ocurrió, y esto tiene que tener su recompensa monetaria, un extra a añadir a la propina que sugieren dejar.