4 de septiembre de 2017

Costa Rica - De Monteverde a Manuel Antonio



¡Cuidado con los cocos…!

Hoy de nuevo toca desplazamiento, las maletas aunque vamos intentando mantenerlas en orden, ya van siendo un auténtico caos, pero es lo que tiene el intentar pasar por la mayor parte de lugares posibles. A las 8 h de la mañana pasan a recogernos, y curiosamente el viaje lo realizaremos en compañía de las dos parejas con las que compartimos viaje desde Tortuguero a La Fortuna


Nuestro chófer hoy es ella, Laura, que lo primero que hace es llevarnos a la central de la empresa de transporte, tal y como habíamos escuchado en las noticias hay huelga de taxis en el país, en contra de la plataforma Uber, y se teme que las carreteras puedan ser cortadas, así que en previsión de que el viaje, de unas 4-5 horas normalmente, puede convertirse en una odisea de todo el día, ¡Ave María!, nos dan botellas de agua y unos paquetes de galletas, que no servirán de mucho si de verdad la cosa se alarga más de seis horas. Con la incertidumbre salimos de Monteverde



Volvemos a la carretera sin asfaltar, llena de baches y guijarro, por lo que el interior de la furgoneta vamos pegando botes con nuestros cuerpos, aunque el paisaje sigue siendo bonito. 





Finalmente salimos a la carretera 1, que ya está asfaltada y nuestros cuerpos se calman y relajan, y comenzamos a ver con asiduidad grupos de policías custodiando el tráfico y los posibles incidentes. A la altura de Puntarenas y Puerto Caldera es el único momento que encontramos una fila de taxistas ralentizando la circulación, pero sin problemas, y afortunadamente en ese momento van en dirección contraria a la nuestra, por lo que no nos vimos afectados; la razón de concentrar la manifestación aquí es por su puerto y actividad comercial. 




Realizamos una parada técnica para refrescarnos, aliviarnos y comprar souvenirs, ya que pasamos bastante tiempo en ella, y al final de tanto mirar y mirar acabas con algo en la mano. 




Emprendemos de nuevo el viaje y le pedimos a Laura que por favor nos haga una parada adicional, que el conductor desde Tortuguero a La Fortuna nos recomendó, en el puente de la localidad de Tárcoles, y como no va mal de tiempo, así lo hace, como muchos otros transportistas de viajeros, ya que el puente es un trajín de personas. Para al principio del puente y nos esperará al final. La razón de esta parada y este ajetreo es que el río Tárcoles es un hábitat de cocodrilos, algunos de ellos de impresionante tamaño. 






Supongo que la concentración bajo el puente es un reclamo turístico más, ya que seguramente les den comida y así se aseguran su presencia, pero al río visto así no apetece demasiado acercarse. 




El camino de costa vuelve a ofrecernos palmerales, en este caso de aceites y no de cocos, palmeras de las que se extra el tan denostado últimamente aceite de palma. 




Atravesamos varios ríos o riachuelos o cursos de agua, todos ellos desembocando al océano Pacífico, que es nuestro destino. 



Vamos viendo grandes extensiones verdes que en un principio no fuimos capaces de identificar (¡que tontos!) que son arrozales. 




En algunos puentes hay que tener cuidado con la altura y la anchura de los vehículos. 




Finalmente llegamos al destino, el pequeño pueblo de Manuel Antonio, en el municipio de Quepos, todos los viajeros nos alojaremos en el mismo hotel, el hotel Parador. Estamos en la costa central del Pacífico, en la que hay bosques tropicales, playas de arena y por supuesto, fauna y flora a doquier, en una zona en la que antaño había árboles bananeros de la United Fruit Company, que fueron reemplazados tras la plaga que los afectó en la década de 1940 por la introducción de palmeras africanas. 


Los lugareños creen que en algún lugar de la zona hay un tesoro que todavía no se ha descubierto, y esto viene porque el pirata inglés John Clipperton, que parece ser que frecuentaba por aquí, no consiguió capturar en 1670 a una flota española que había escapado de la ciudad de Panamá antes de fuera incendiada por el capitán Henry Morgan (vamos, que iban de mal en peor). Se cree que los españoles descargaron su valiosa carga en la Misión de San Bernardino de Quepo, leal a la corona española, para despistar a los piratas y evitar su abordaje. ¿Piratas del Pacífico? Clipperton murió en 1722 sin encontrar el tesoro y la misión cerró en 1746, descubriéndose sus ruinas en 1974, pero del tesoro no se sabe nada. 

Mapa de la ruta:

 

30 de agosto de 2017

Costa Rica - Monteverde - Tirolina (Canopy)



De árbol en árbol (el que quiera y pueda)

Terminada nuestro interesante y satisfactorio paseo por el Bosque Nuboso de Monteverde Monteverde, Bernie nos acerca al hotel, tenemos tiempo para comer, pero tampoco queremos darnos un atracón, que la actividad de la tarde puede provocarnos malestares estomacales, y mejor es ir ligerito, además la hora de recogida es a las 13.30 h, demasiado temprano para una comida copiosa. 


Aprovechamos el tiempo libre para pasear un poco, y así encontramos frente al hotel una cafetería-pastelería donde compramos dos bocadillos, muy ligeros de pan y contenido, y luego volvemos al hotel para esperar al transporte que nos llevará al complejo de Sky Adventures, y aprovechamos para hacer una reserva en el restaurante Laggus para cenar, ya que la comida ha sido ligera vamos a hacer una buena cena. 


Vamos a hacer un paseo por tirolinas o tirolesas, Sky Trek, así que nos ponen los cascos y los arneses, además mi marido alquila una cámara go pro para grabar la aventura. Una vez preparados se sube por un teleférico, Sky Tram, hasta la primera tirolina, que es de prueba. Durante el viaje en el teleférico nos dan ligeras instrucciones sobre cómo frenar en la tirolina, y como frenar al final de la misma, que es realmente golpear contra una protección… desde el principio la cosa no pinta bien para mí, esto no es la tirolina de juguete de Peulla, en Chile.


Lo primero es hacer una tirolina de prueba, para saber si se quiere realizar el circuito completo o no, que consta de siete tirolinas, y una vez realizada, mi decisión es no hacerlo, ya que no quiero estar superándome tirolina tras tirolina, lo que más me produce temor es el hecho de poder quedarme colgada a tanta altura, y que tengan que venir a ayudarme, o tirar con los cables para acercarme, para mí este tiempo puede significar una eternidad y un ataque de pánico. Además desde Tortuguero y mi malestar, voy medicándome contra el vértigo, y no creo que esta actividad sea precisamente a favor de su desaparición. Por último, si estoy tan concentrada en el propio deslizamiento me voy a perder la inmensidad boscosa bajo mi cuerpo, y esta es la que hay que disfrutar. Definitivamente, yo no voy, pero como siempre que yo desisto de realizar una actividad, animo a mi pareja a que la haga, no es justo que deje de hacerla cuando él lo va a disfrutar por él y por mí; además, si me animara a hacerla, él estaría más pendiente de mí, de animarme, de estar conmigo, que de disfrutarla a su ritmo y modo. 


Antes de emprender el camino de vuelta, puedo ver como el grupo se lanza por la primera tirolina, tan felices ellos. Yo me vuelvo al teleférico para descender al punto de partida, y al menos tengo algunas vistas boscosas. 





Termino el paseo cruzando uno de los puentes colgantes del complejo de Sky Adventures, el Sky Walk, al que podía haber intentando hacer el cambio, pero no me apetecía el paseo en solitario, aunque seguro que hubiera sido con compañeros desconocidos. En este complejo parece que siempre se está sobre los árboles.




Mi espera la realizo en la tienda, en una terraza viendo como otros van descendiendo, y en la cafetería. 




En esto consiste la tirolina, lanzarse y lanzarse. 





Como yo no iba en el grupo, mi pareja tuvo que emparejarse con otros compañeros en dos tirolinas, tanto porque al ser muy largas se necesita más peso, como porque el tiempo amenazaba lluvia con relámpagos, y las torres son metálicas, había que salir de allí lo más rápido posible. 


Al bajar, enseñan las fotos que realizan en la tirolina de pruebas, y todos salen en ellas con una cara de felicidad extrema, menos una, ¿adivináis quién?, ¡pues yo, por supuesto!, tengo una cara de pánico que era para haber cogido la foto de recuerdo, pero mejor que no; eso sí, al ver mi cara, mi pareja terminó de entender (que ya me conoce muy bien) el porqué de mi negativa a intentar hacer el circuito. Otra vez será, o no, nunca se sabe, en Chile pude hacerlas porque eran más cortas de recorrido, me daba más seguridad, y además no me encontraba mal físicamente. 


En fin, por lo menos uno de los dos se lo ha pasado genial, y podría haber vuelto a hacerlo una y otra vez. Al menos por la noche pude disfrutar de una buena cena en el restaurante del hotel.

7 de agosto de 2017

Costa Rica - Monteverde - Reserva Biológica Bosque Nuboso



Sin nada de nubes

Hoy a las 7 de la mañana tenemos la excursión, con lo que toca madrugar, para tener tiempo de desayunar con más o menos calma, pero con el bullicio de la cafetería del hotel no es tarea fácil encontrar esta calma. Viene a buscarnos al hotel Bernie, y en la minivan ya hay tres ingleses, y luego pasamos por otro hotel donde suben otra pareja de ingleses, parece que el idioma va a ser mayoritario y no precisamente el nuestro. Afortunadamente al llegar a la reserva nos separamos, y afortunadamente nosotros iremos solos con Bernie, ¡esto es un pleno total!


Vamos a pasear por la Reserva Biológica Bosque Nuboso de Monteverde, cuyo nombre ya es algo mágico, parece sacado de un cuento. La reserva comprende una selva que en la mayoría de las ocasiones está envuelta en una neblina, de la que por supuesto recibe el nombre, aunque hoy no es ese día, y nos hubiera gustado, por lo menos un momento, tener esa bruma mágica. Ocupa 105 km2, en los que encontrarse con bromelias, musgo, arroyos, helechos y fauna (esta siempre depende de la suerte y de estar en el momento apropiado). Está gestionada por el Centro Científico Tropical, y es de propiedad privada, ya que surgió por el empeño y el deseo de la comunidad local de preservar la zona. En teoría hay cupos de entrada, con lo que si se desea visitar por libre mejor llegar a hora temprana; en caso de hacerlo con guía (que creo que también se puede contratar allí directamente) ellos se encargan de gestionar la entrada y por tanto está asegurada. 


El paisaje de entrada es uno de los que más nos ha impactado, ese musgo que lo cubre casi todo, la humedad, lástima de la neblina que no esté presente para tener el ambiente completo, y es que en tiempos pasados el bosque solía estar cubierto por ella un 80%, pero por el cambio climático se va perdiendo, así que puede que tristemente la reserva pierda su coqueto apellido. 





En la reserva están señalizados los senderos para tener una mínima orientación, pero nosotros vamos despreocupados siguiendo los pasos de Bernie, que nos pregunta por nuestras inquietudes, a lo que contestamos que las tenemos todas, flora y fauna, todo aquello que nos quiera enseñar (verbal y visualmente) será bien recibido, nos gusta aprender y conocer. 
  



Bernie nos cuenta que, aunque pueda parecer increíble, Costa Rica sufrió una fuerte deforestación por la industria maderera, perdiendo gran parte de sus bosques, así que muchos de los que hoy podemos ver son bosques secundarios, regenerados poco a poco tras la paralización de esta industria en muchos de ellos. 




Para nuestra fortuna, y lo hemos echado en falta en las excursiones realizadas hasta el momento, Bernie va cargado con un telescopio terrestre, y gracias a ellos (humano y técnica) los animales están más a nuestro alcance; él los divisa como si no fueran nada, enfoca el telescopio y nos deja mirar. Luego por el objetivo del telescopio coloca el móvil para hacer fotografías. Gracias Bernie por tu saber y paciencia. 


Así podemos ver un bonito tucán verde o esmeralda. ¡Un tucán! ¡por fin un tucán!, y con él aprendemos el verbo perchado, es decir, posado. 




La vegetación sigue encontrando los rincones donde asentarse. 




En algunos momentos esta vegetación es una auténtica verja natural. 




En otras, parece que está tejida por una dulce ancianita con infinita paciencia; ya sé, la acción de los insectos, orugas u hormigas no tiene nada de romántico, pero es que parece que han realizado una labor de ganchillo en estas hojas. 




Volvamos a las flores un momento, una amapola de montaña, que es familia del cacao y del algodón, que además está indicada para curar las infecciones urinarias. 




Imágenes de la vegetación que nos ofrece sus mejores estampas. Todo nos parece precioso.





La mitad de un tronco vacío ha sido ocupada por el agua de lluvia, y en ella viven unos renacuajos hasta que terminen su crecimiento. La naturaleza en vivo. 




Por la forma parece el desarrollo de un helecho, por lo menos me recuerda a los que vimos en Nueva Zelanda. A mi me parece el mango de un bastón. 



Un caracol carnívoro, que con este nombre no apetece tocar ni acercarse, es como una película de terror en la que de repente el caracol abre la boca llena de dientes afilados…y...




Como en un cuento te asomas, con algo de respeto, al interior de un grandioso árbol. 





No todo son bonitas flores, grandes árboles, lindos pájaros, también hay otros animales que no me gustan nada pero que allí puestos tienen su puntito, como esta oruga cobijada de la lluvia bajo una hoja. 




Nosotros seguimos a Bernie y sus indicaciones, por lo que reflejar el recorrido que hicimos es imposible, pero sea como fuera nos llevó hasta tener la visión de una pequeña cascada. Lo mejor del momento es que a pesar del tráfico humano que había en la reserva, no estábamos todos concentrados en el mismo lugar y a la misma hora, por lo que disfrutamos de la cascada en tranquilidad.





Os presento a Bernie -un guía amante de la naturaleza, de su trabajo, de su país- en plena observación, buscando con su telescopio el ofrecernos una buena visión. 




Así nos enseña estas pequeñas y bonitas flores que reciben el nombre de labios de novia... aunque hay comentarios sobre la localización física corporal de los labios de esta novia. 




Bernie va atento a los sonidos, así puede intentar encontrar a los pájaros,  aunque en muchas ocasiones suenan por un lado y están en el contrario, un método defensivo. De esta manera nos presenta a una reinita cabecilistada




Un helecho nos serviría de refugio en caso de que se pusiera a llover. 




Bernie nos enseña a un colibrí en su nido, colibrí que no deja de moverse, como en vigilancia total, ya que debía estar incubando los huevos. 




Más adelante, Bernie se acerca a un árbol e ilumina su tronco con la luz del móvil, para luego pedirnos que nos acerquemos. 




Allí están unas mínimas bellas orquídeas lepantes, ¡espectacular!




Y en el suelo un milpiés, con cuatro patas en cada segmento, que son unos buenos colaboradores en la descomposición de las hojas y de la materia orgánica, de modo que la vida continúa. 




Por fin, nuestros ojos son bendecidos con la bonita visión de un perezoso, que ya no es una bola peluda en la lejanía, ahora es una auténtica bola peluda que se ve perfectamente. 


¡Espera! ¡No está solo! ¡Está con un bebé! La espera ha merecido la pena, y además Bernie está emocionado con la escena, que no es para menos. 



Emprendemos el camino de salida, pero Bernie comienza a correr, y nosotros detrás de él, por supuesto, que los animales no esperan para que los veas. Camuflada una serpiente lora venenosa, que es una preciosidad a pesar de su veneno hemotóxico, que no suelen producir la muerte.



También vimos algunos monos aulladores, pero más que verlos los oíamos, que estaban muy revolucionados. 


Salimos del bosque nuboso y Bernie nos deja en la cafetería, allí ya están los compañeros ingleses tomándose un café. El reclamo de este establecimiento son los bebederos para los pájaros, principalmente colibríes, bebedores que no están permitidos pero había al menos diez o quince, y no sólo paraban colibríes. 







Impresionante su infinito e incansable aleteo. 


Con este paseo por la reserva hemos disfrutado muchísimo, y nos hubiéramos quedado a pasar el día. Un mapa de los senderos de la reserva.