2 de julio de 2013

España - Madrid - Gastro Bar Estado puro

Tapas de altos vuelos

Tras nuestro interesante y caluroso paseo por Madrid, llegó la hora de parar no sólo para tomar unas cañas y unas tapas como hicimos en la Taberna la Dolores, sino de comer, aunque finalmente la decisión se decantó de nuevo por las tapas, y eso que pensamos que no encontraríamos sitio. Nos acercamos a la atlética y colchonera (por aquello de las celebraciones futbolísticas) Fuente de Neptuno. 


Frente a ella, formando parte del Hotel NH Paseo del Prado, Paco Roncero, del que conocimos sus maravillosas creaciones en el restaurante La Terraza del Casino, tiene un gastro bar donde comer a base de tapas y raciones, decorado entre moderno y castizo, entre ayer y hoy, entre mañana y siempre; un homenaje a la peineta (que no a hacer una "peineta").


Hay mesas altas con taburetes, pero todas están ocupadas, así que el único sitio es una barra frente a la ventana, así que aparte de comer y disfrutar de ello también cotilleáremos los paseantes, que no son pocos en esta zona de Madrid. En el exterior del local también hay una terraza bajo sombrillas, que estaba llena, aunque con comensales entrando y saliendo con bastante fluidez, incluso algunos extranjeros desconcertados ante la carta se sentaron y se levantaron.

La carta es al tiempo un sobre en el que se presentan las cubiertos. 


Para beber, y como no queremos hacer un exceso, pedimos dos copas de Somontano tinto, que resultó ser una estupenda elección, tanto en sí mismo como para acompañar la comida; y es que no siempre los vinos por copa resultan placenteros. Vienen acompañados por una lata de ¡aceitunas negras!, simpático el detalle inicial. 




Se puede pedir por tapas o raciones o elegir uno de los dos menús degustación, cosa que hacemos nosotros, sobre todo por aquello de conocer la relación cantidad-precio, aparte de no tener que volvernos locos y jugarnos a los chinos quién elige qué y cuantos. Un menú es rechazado por incluir foie, que en esta ocasión pasaré de intentar comerle, pero en él se incluía uno de los clásicos de Ferran Adrià, la tortilla de patatas del siglo XXI, con lo que la pedimos aparte y así no nos quedamos con las ganas (siento la mala calidad de las fotografías porque no se aprecia ni la textura ni los componentes con nitidez). 


La tortilla se presenta en un vaso, también puede ser una copa si se quiere dar un toque más elegante y no de taberna castiza y consta de tres capas: la de abajo es cebolla confitada, la del medio yemas de huevo y la superior una espuma de patata; finalmente se decora y aliña con un poco de aceite de oliva. Es una receta deconstruida, porque los ingredientes están juntos pero no revueltos, pero para comerla hay que hundir la cuchara hasta el fondo y con ella coger de los tres ingredientes, el resultado: auténtico y maravilloso sabor a tortilla de patatas. 




El resultado casero, que no fue el esperado en presentación por falta de consistencia en la espuma del puré de patatas, ni por las cantidades, en las Navidades de 2007 es este, ¿a que se ve bonito? (a pesar de sus carencias).


En contraposición a esta deconstrucción de la tortilla, en el Restaurante Asador El Tolmo, en Brihuega, uno de sus platos es el construido de huevos, patatas confitadas y lomo de orza; a cada sitio su plato y cada uno en nuestro paladar.

Comenzamos con el menú de degustación, con una ensaladilla rusa, que llama rusa, pero en "salaílla". Es un clásico de nuestras cocinas y nuestros bares, y el resultado en este caso son los supremos ingredientes que la componían, que no sólo de decoración y originalidad se trata.


El pan no es de horno, ni cocido ni precocido ni recalentado, lo más sencillo son unos crackers algo más crujientes y migosos que los utilizados para acompañar una tabla de quesos. 


Seguimos con la fiesta de la patata versionada en sus más clásicas presentaciones: patatas ali oli y patatas bravas.


Las patatas ali oli edición "de lujo" están coronadas con huevas de arenque, lo que les da un nuevo y diferente sabor, aunque para mi gusto le sobraba, aunque reconozco que le aporta un punto de sal y contraste. Bravo por las papas es la versión de las patatas bravas, que son algo bravas pero no en exceso; recuerdan en presentación a las papas arrugadas canarias, y se comen alegremente, tanto que hay que llevar la cuenta para que el comensal que te acompañe no se adelante y se coma tu ración. 


Otra versión de las patatas bravas tuvimos la oportunidad de degustar en el Restaurante Sergi Arola Gastro, tan de moda hoy por razones no precisamente culinarias y gastronómicas. No estaría mal tener la oportunidad de enfrentar ambas patatas bravas y realizar una carta horizontal. 

Seguimos con unos mejillones tigre, que para no ser una amante de este molusco no me desagrada. La presentación es más cómoda que la de los bares o caseras en general, ya que la masa de mejillón se presenta sobre la concha del mismo, pero no se reboza todo el conjunto. No fueron tan tigre como podían ser.



Continuando con el ingrediente de la bechamel, ya que se utiliza en los mejillones tigre, unas clásicas croquetas de jamón, que están ricas, suaves y con pequeños y sabrosos tropezonesde jamón, ingrediente que no siempre se encuentra en las croquetas, ya no sólo en forma sino en sabor, en las croquetas de todo el mundo mundial, aunque nosotros siempre recordamos, con nostalgia gastronómica y con pecado de gula, las croquetas de cocido del Restaurante Mirasierra en la localidad de Mogarraz.


El menú degustación termina con unas riquísimas mini burguers con mostaza a la antigua, una aunténtica exquisitez, que además no es una ración pequeña, dos por persona, aunque si hubieran venido dos más también habrían pasado por nuestro aparato digestivo.


Con esto se termina el menú de degustación, que podría ser algo escaso para hambrientos, pero como nosotros hicimos una parada "técnica" de tapeo antes, no pedimos ninguna ración más, que podría haber sido una cazuela de fideau que tenían ese día y que salía de cocina para bastantes mesas. 

Realmente la comida no se acaba aquí ni así, no publicado en el menú pero si formando parte del mismo llegan dos postres sorpresa. Una sopa de frutas del bosque con nata y chocolate, que estaba muy buena. 


Y una deconstrucción de algo como un pastel de zanahorias, que me sorprendió agradablemente aunque no terminé de cogerle el punto completo; y es que cuando me sacan del chocolate no termino de entrar en el mundo del postre de forma totalmente satisfactoria. 


La relación precio-calidad-cantidad-servicio es alta, muy alta: buena comida con buenos ingredientes y una magnífica presentación. Ahora no encuentro la factura, voy a seguir en su búsqueda, pero teniendo en cuenta que incluyeron los dos postres, cortesía de la casa, tres copas de vino y una botella de agua, no resultó especialmente costoso, aunque no por el precio de un menú por supuesto.

Tras la estupenda comida nos fuímos al cercano Hotel Westin Palace a disfrutar de un café en la bella Rotonda

Recomiendo este lugar para tapear y disfrutar de las tapas con una versión actual pero sin estridencias. ¡Buen provecho!




28 de junio de 2013

España - Madrid - Real Conservatorio Superior de Música - Estación de Atocha - Caixa Forum - Plaza Platería Martínez - Calle Huertas - Hotel Westin Palace - Parroquia de Jesús de Medinaceli

Paseando por las letras de Madrid

No lo hacemos muy a menudo, pero debería ser una de las rutinas a incluir en nuestra vida, pasear por la bonita y, en ocasiones caótica, ciudad en la que vivimos, Madrid o MadriZ como dicen que la pronunciamos. En la última ocasión tuvimos un día de verano más que de primavera, y eso que este año el verano está tardando en llegar y cuando parece que se quiere quedar vuelve a desaparecer... para que luego digan que no hay cambio climático. 

Comenzamos el paseo al lado del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que este es su nombre completo pero todos lo conocen como "el Reina Sofía". Se instaló en el antiguo Hospital General de Madrid, llamado Hospital de San Carlos, un grandioso (aunque no especialmente bonito, o eso siempre me ha parecido) edificio neoclásico del siglo XVIII, diseñado inicialmente por José de Hermosilla y continuado por Francesco Sabatini.  El museo fue inaugurado en 1986, y formaba parte de un amplio y complejo plan de modernización de la zona de Atocha: eliminación de un paso elevado de circulación (conocido como "Scalextric" por su similitud con los circuitos de juguetes), recuperación de la fuente de la alcachofa para la glorieta de Carlos V, plataformas de autobuses en Sánchez Bustillo, túneles de acceso al paseo Reina Cristina, modernización de la estación de Atocha y creación de un intercambiador de transportes (autobuses, metro, tren de cercanías, párking de coches) y algunos planes más que ahora no recuerdo, y es que para la carrera tuvimos que realizar un trabajo sobre el cambio en esta zona y hay cosas que se recuerdan y otras no, parece que esta es una de las que recuerdo en más del 70%. 

Nuestra intención era visitar el museo por la exposición que desde el 27 de abril al 2 de septiembre de este año el museo dedica a Dalí, pero nuestra hora de llegada ya es tardía y la cola es bastante considerable, claramente el genio Salvador Dalí tiene mucho tirón artístico y mediático, con lo que desistimos de entrar, y hasta el momento seguimos sin visitarla, y es que hay actos que aunque impliquen un coste hay que realizarlos en el momento para obtener la recompensa. 


Al frente se encuentra el edificio del Real Conservatorio Superior de Música, alojado también en un edificio que formaba parte del Hospital de San Carlos. 



En la glorieta de Carlos V, como el corazón de Atocha, se encuentra la remodelada y bonita Estación de Atocha, en la que han mantenido su estructura exterior, realizando en el interior una bonita combinación de ladrillos, hierro y cristal, recordando los primeros la estructura original de la estación. No creo que sea la estación de trenes más bonita del mundo pero creo que Rafael Moneo, el arquitecto encargado de realizar la remodelación, logró un buen diseño. 



En la esquina del Paseo del Prado con la calle Atocha se sitúa el Hotel Nacional, hotel que me trae recuerdos de boda, donde celebraron el banquete mis tíos hace ya unos cuantos (bastantes) años. Tras una etapa de abandono volvió a abrir sus puertas y renacer de su deterioro para lucir orgulloso su blanca fachada. 



Caminando por el mítico Paseo del Prado y no muy lejos de este hotel se encuentra el Caixa Forum de Madrid, un centro cultural inaugurado en 2008 para albergar exposiciones temporales, uniéndose al triángulo del arte de esta zona, formado por el Museo del Prado, el mencionado Museo Reina Sofía y el Museo Thyssen Bornemisza. 



El centro se ubica en el terreno y edificio de la antigua Central Eléctrica del Mediodía, de principios del siglo XX, y uno de los pocos complejos industriales que se conservaban (y conservan) en el casco antiguo de Madrid; y que para los ojos de muchos nunca fue importante o llamativo hasta que La Caixa adquirió la central y la reconvirtió en museo. En la pequeña plaza que se abre al Paseo del Prado durante muchos años existía una fea gasolinera, que afortunadamente con la remodelación desapareció.

En el exterior, aparte del propio edificio de ladrillos y de las esculturas que casi siempre suele haber, lo que más destaca es su impactante jardín vertical. 



En esta mezcla de arquitectura, los pilares del edificio antiguo fueron suprimidos, dejando un espacio semiabierto bajo el mismo, sustentándose con grandes bloques de acero en formas geométricas. Interesante y hasta refrescante la solución arquitectónica para darle ligereza al edificio. 




No visitamos el museo ni sus exposiciones, y en este caso no podemos achacar la culpa a la cola de acceso, que aunque había tráfico de personas no era tan importante como para que la visita no resultara fluida, sólo subimos hasta el piso superior donde se encuentra la cafetería en busca de vistas, pero allí no había, así que tan rápido como subimos bajamos. 

Seguimos subiendo por el Paseo del Prado hasta la Plaza Platería Martínez, un rincón coqueto que se llena de terrazas donde tomar un refrigerio o algo más con el buen tiempo, aunque con el malo también hay mesas y sillas, ya que la ley contra el fumador es impecable, y los vicios se pagan fuera de los locales, incluso pillando buenos constipados. De esta forma entramos en el Barrio de las Letras.



Subimos por la calle Moratín, la de la izquierda de la fotografía, hasta su cruce con la calle Santa María, otro de esos rincones coquetos que nos enseña Madrid. 



La calle Moratín desemboca en la calle Atocha y en la plaza Antón Martín, que siempre me ha parecido tener un aire a "Fortunata y Jacinta", a pesar de sus "moderneces", tanto en arquitectura como en monumentos. Es esa asociación de ideas que nunca sabes la razón pero de repente te llega y ya es difícil de no hacerla. 



Desde la calle Atocha tomamos la calle León, donde un comercio nos llama la atención, pero no por el comercio que aloja en la actualidad, ropa y complementos, sino por el que alojó en su momento, panadería y confitería.Ayer y hoy de la mano en la fachada, que no sé si por razones entrañables o económicos, que quitar rótulos tiene un costo (antes lo tenía) y a lo mejor es demasiado alto. Personalmente ni me desentona ni desagrada la ambigüedad del local.


Desde la calle León salimos a la típica calle Huertas, que allá por los años ochenta comenzó a hacerse un hueco en la noche madrileña, y con sus altos y sus bajos se sigue manteniendo, con una clientela variopinta en la que no faltan los turistas extranjeros. 



Entre la calle Huertas y la paralela Lope de Vega se encuentra el Convento de las Trinitarias Descalzas, y para verle mejor deberíamos haber pasado a la segunda calle, pero no lo hicimos, seguimos cuesta abajo por la calle Huertas. El convento fue construido en 1673 y en él se halla enterrado Don Miguel de Cervantes.



De la calle Huertas salimos a la Plaza de Jesús, donde nos tomamos unas cañas bien fresquitas y unas tapas en la castiza Taberna la Dolores, un lugar altamente recomendable para hacer un alto, refrescar y alimentar el cuerpo. Siempre llena de gente, hay que entrar y buscar un hueco en la barra, estando ojo avizor a los movimientos de la gente preparada para pagar. 

Con el paseo y las tapas el hambre nos ha acuciado, con lo que decidimos buscar un sitio, y la apuesta nos salió muy bien, acto que realizamos en el Gasto Bar Estado Puro. Tras la comida continuamos el paseo madrileño, desde la plaza de Neptuno tomamos la plaza de las Cortes y desde ella la calle Duque de Medinaceli



En el cruce de esta calle con la calle Cervantes se levanta la Parroquia de Jesús de Medinaceli. 



A la hora por la que pasamos por la puerta de la iglesia estaba cerrada, y era una de las múltiples asignaturas pendientes que tenemos con la ciudad en la que vivimos, así que volvemos por la calle Duque de Medinaceli hasta el Hotel Westin Palace (la marquesina a la izquierda en la fotografía). El hotel fue construido en 1910.



Tengo una debilidad, y es la llamada Rotonda de este hotel, un espacio bajo una cúpula de cristal de colores, que es un oasis de tranquilidad, paz y belleza. 



La cúpula tiene una decoración primaveral, con mariposas metálicas adornándola, como revoloteando las flores de los cristales. 







Decidimos tomarnos un café, a precio de mariposa de oro, pero es lo que tienen estos emblemáticos lugares, precios altos, aunque una vez al año merece la pena tener estos pequeños placeres. 


Sentados bajo la cúpula tomamos un folleto que anuncia unas cenas especiales que han comenzado a partir del 23 de abril. Como mi cumpleaños está cerca y este año por causas médicas no hemos hecho planes especiales de celebración (aunque luego lo hemos celebrado muy bien e improvisadamente), decidimos hacer una reserva para cuatro en el restaurante La Rotonda del hotel. 




Disfrutado el café y a la hora en que abren la Parroquia de Jesús de Medinaceli, nos dirigimos hacia allí. La iglesia está construida sobre el antiguo convento de trinitarios descalzos, y durante la Guerra de Independencia (1808) fue destruido y posteriormente reedificado. En 1922 fue derribado por amenaza de ruina y se levantó nuevamente en 1927, presentado el aspecto actual. 



El interior de la iglesia es muy diáfano, destacando lo que todo el mundo que entra a la iglesia viene a ver o a venerar o a pedir o a agradecer, la imagen del Cristo de Medinaceli. 



Como en cualquier otra iglesia también hay capillas laterales. 


La imagen del Cristo es de la primera mitad del siglo XVII y mide 1,73 m. Fue tallada en Sevilla y tras un periplo anticristiano por Marruecos llega a Madrid en 1682 con los Trinitarios, y lo hace con fama de milagrosa. El Viernes Santo de Semana Santa sale una procesión por las calles de Madrid que es esperada fervorosamente por miles de fieles. 

Se puede subir por unas escaleras laterales y contemplar más de cerca la imagen. 



Salimos a la calle Cervantes para continuar el paseo con un destino en mente, otra de esas asignaturas que toca aprobar hoy, el mirador que han habilitado en el palacio de Comunicaciones, antiguo edificio de Correos y actual Ayuntamiento de Madrid. 

24 de junio de 2013

Corea del Sur - Seúl - Samcheongdong - Bukchon Hanok Village



Arte, cuestas y tejados

Terminada la visita al palacio Gyeongbokgung salimos a la calle que pasa junto al muro que lo rodea por su lado este, Samcheongdong-gil o Art Gallery Street (mirar mapa; estación de metro Anguk o Gyeongbokgung), calle en la que hay bastantes galerías de arte, y en la que se está construyendo el Museo Nacional de Arte Contemporáneo. 


Esta calle, ya con el nombre en solitario de Samcheongdong, continúa cuesta arriba, y en ella hay más comercio y mucha vida en ella, y por esta zona lo que hacemos es callejear por sus calles más amplias o por algunas más estrechas, sin un rumbo definido, sencillamente un paseo tranquilo y curioseando. 




Hoy quiero comer, no como ayer que fue un picnic en el parque de la Independencia, tras la visita a la prisión Seodaemun, así que al ver los carteles en el exterior de un restaurante, instalado en una casa tradicional hanok, decidimos entrar para ver si estamos en hora, porque al final esta se nos ha vuelto a echar encima y como no tenemos a nuestra guía Sonia para estos menesteres vitales, disfrutamos de lo que vemos y no miramos demasiado el reloj, es más el reloj del estómago es el que nos hace mirar las manecillas.


Afortunadamente hay fotos de los platos que sirven y su nombre en inglés, así que nos es fácil pedir, además la señora que nos recibió pidió a su hijo que nos atendiera por aquello de poder comunicarnos en inglés. 


Nos pedimos una rica tortilla jeon, que tengo pendiente de hacer el experimento en casa a ver que nos sale, si tortilla, revuelto, o pasta confusa.


Los banchan (platillos de acompañamiento) en esta ocasión no son muy variados, kimchi de repollo y de nabo y cebolla encurtida. 


De plato principal, un rico bulgogi con champiñones, y creo que no llevaba esas setas alargadas que utilizan para todos los platos con verduras. No pedimos arroz para acompañar, con las hojas de lechuga para envolver la carne pensamos que tenemos suficiente, casi nunca nos hemos comido el cuenco de arroz completo, a no ser que fuera en bibimbap o cocinado con pollo, como el que degustamos tras la visita al Garden of Morning Calm.


Tras la rica comida seguimos callejeando entre teterías clásicas y modernas, tiendas de ropa de diseño, de joyería, de artesanía, una mezcla variopinta pero interesante, aunque daba la sensación que sus precios no eran muy asequibles. 




Curiosa y artística es la fachada de una pizzería, muy acorde con el ambiente de la zona. 


No menos curiosa aunque nos parece menos artística, la figura que reposa sobre la puerta de entrada de un edificio, no sabemos si está dedicado al arte por completo en su interior y por eso la figura o son oficinas...


De momento no nos decidimos a tomar ninguna de las calles que con unas escaleras ascienden por la ladera, queremos estar seguros antes de subir para nada, que hacer dobles esfuerzos no tienen siempre recompensas. 


Con lo que recorremos la calle hasta donde hay tiendas y gente paseando, encontrando un edificio con un estilo que nos recuerda al estilo desestructurado del arquitecto Frank Gehry, el que ha diseñado las bodegas y el hotel Marqués de Riscal, sitas en la localidad de Elciego


Encontramos un mapa donde nos confirma que una de esas calles con escaleras que ascienden conducen a la zona a la que queríamos llegar, Bukchon Hanok Village


Volvemos hacia atrás y tomamos una de esas calles al azar ya que parece que todas se comunican en un callejeo y cruce algo caótico. 


Lo primero que se obtiene desde arriba es una vista del monte Bugaksan. 


En Bukchon hay alrededor de 900 hanok, la mayor concentración de estas casas tradicionales coreanas en Seúl, y sin duda, a pesar de haberlas conocido en Jeonju y en Hahoe, merece la pena llegar hasta aquí. 




La vida de ayer arriba, la vida de hoy abajo, contraste de arquitectura, de edificios, de tejados. 


Muchos de estos hanok ahora alojan guesthouses, alojamientos que tienen que estar llenos de encanto, y muchos de ellos se recomiendan por viajeros y guías de viajes, mientras no haya que cargar con maletas cuesta arriba pueden ser una genial alternativa a los hoteles tradicionales, pero para conocer la ciudad hay que bajar a los alrededores del palacio de Gyeongbokgung para tomar el metro. 


Un amanecer con las montañas de fondo y con los tejados negros de fondo y soporte tiene que merecer la pena. 


Tras callejear, y se podría hacer mucho, por el barrio e incluso encontrar un mirador en una casa particular, que cobra lógicamente entrada y que decidimos no pagar, volvemos abajo para toparnos con otra de esas curiosas tiendas. 

 





Buscamos una estación de metro y nos dirigimos a la zona comercial de Insadong, aparte de para comprar regalos propios y para la familia, para visitar la curiosa tienda-museo del juguete, y desde Insadong salimos a Jongno y al parque Tapgol, pero las puertas de este último ya habían cerrado y no pudimos hacer la visita, con lo que dimos por finalizado el día ya que teníamos que hacer las maletas, mañana es nuestro último día en Corea y tenemos que dejarlas preparadas para salir de turismo durante el día y dejarlas en recepción, con lo que cenamos en el hotel, de nuevo volvemos a la comida norteamericana, sándwich y ensalada.