13 de mayo de 2013

Corea del Sur - Seúl - Palacio Changgyeonggung

El palacio que mira al este

Comenzamos un nuevo día en Seúl, y ¡será por palacios en la capital!, así que nos vamos a visitar el Palacio de Changgyeonggung (estación Hyehwa; entrada, 1.000W –mirar mapa-), y pensamos que lo mejor es ir en un taxi por aquello de ahorrar tiempo, pero ¡ah, el destino!, el taxista o el encargado de los taxis en el hotel no se creyeron que quisiéramos ir a este palacio y nos llevó al palacio Changdeokgung, que claro, la puerta nos sonaba mucho al llegar pero es que todas las puertas son muy parecidas, más grandes o más pequeñas, luego se diferencian por pequeños detalles pero no se perciben desde el coche, y cuando nosotros hicimos la visita al palacio Changdeokgung entramos y aparcamos por otra calle, con lo que nuestras referencias callejeras eran bastante confusas. 

En fin, que afortunadamente son dos palacios que se encuentran pegados, separados y unidos por un inmenso jardín, así que caminamos unos diez-quince minutos junto al muro del palacio Changdeokgung, preguntando por el camino por si lo hacíamos mal, pasamos por la puerta Seoninmun, que la están restaurando y nos parece impresionante a pesar de estar tapada, y llegamos hasta el palacio.


El palacio fue construido por el rey Sejong (1418-1450) para su padre, el rey Taejong, tras la abdicación de éste, como palacio de verano con el nombre de Suganggung, utilizándose en ocasiones como residencia para reinas y concubinas (curioso el mismo trato para ambas). Fue ampliado y remodelado en 1484 por el rey Seongjong para tres reinas viudas, utilizándose como palacio auxiliar mientras se construía el palacio Gyeongbokgung, época en la que fue renombrado como Changgyeonggung, formando un único palacio con el palacio Changdeokgung, compartiendo ambos el jardín trasero y recibiendo el nombre conjunto de Donggwol, el palacio del Este.

A diferencia de los palacios construidos durante la dinastía Joseon, Changgyeonggung tiene una particular orientación este-oeste y no norte-sur, así que tanto la puerta principal como el salón del trono se orientan al este. 

El palacio fue quemado durante la invasión japonesa de 1592, como el resto de palacios, y fue el primero en ser reconstruido, en 1616, siendo hasta 1876 el palacio principal del reino de Corea. 

En 1830 un incendio destruyó la mayoría de los edificios, por lo que el palacio fue nuevamente reconstruido en 1834. 

Durante la ocupación japonesa del siglo XX en su recinto se construyó un zoológico, un jardín botánico y un museo, recibiendo el complejo el nombre de Changgyeongwon, que significa los jardines de Changgyeong, con lo que se eliminaba la connotación palacio en el nombre, la terminación gung. Estos edificios fueron cerrados y demolidos tras la liberación del país. En 1926, el último soberano de la dinastía Joseon murió en este palacio, el rey Sunjong. 

El palacio fue restaurado de 1983 a 1986, recuperando su nombre de Changgyeonggung.  

La puerta de acceso recibe el nombre de Honghwamun, estando situada al este. Se mantiene desde la restauración de 1616, siendo similar a la puerta Dongwamun del palacio Changdeokgung, constando de dos pisos y de pilares altos; de esta similitud nuestra confusión al llegar en taxi. 


En la puerta el rey se ponía en contacto con la gente del pueblo; por ejemplo, el rey Yeongjo ante de la promulgación de la Ley del Impuesto Igualitario en 1750, salió para recoger la opinión de los campesinos y de los académicos por igual, y aunque sus ministros eran contrarios a la ley, el rey decidió implantarla tras escuchar la opinión favorable del pueblo.

Tras pasar la puerta, el ya consabido arroyo cruzado por el puente Okcheongyo, la estructura de piedra más antigua que se conserva en el recinto del palacio. 


El puente mide 9 m de largo y 6,6 m de ancho, tiene dos arcos de medio punto entre los que se encuentra una figura para espantar a los malos espíritus y recibe el nombre de Dokkaebi (yo creo que les cambian los nombres a estas figuras protectoras para volvernos locos a los visitantes). Recordamos que el centro del puente era de uso exclusivo del rey. 


Tras cruzar el arroyo y un pequeño patio por un camino empedrado donde de nuevo el carril central era para uso del rey, se alza la puerta Myongjeongmun. 


El siguiente patio tras cruzar la puerta Myongjeongmun está rodeado de corredores abiertos, donde se situaba la guardia real, y donde se realizaban preparaciones para los ritos funerarios. Al frente del patio se levanta Myongjeongjeon, el Salón del Trono, el edificio principal del palacio, construido en 1484 y por tanto el más antiguo de los salones de la dinastía Joseon que se conserva en Seúl, que se salvó del incendio de 1830 y por lo tanto el edificio que se ve corresponde a la reconstrucción de 1616, siendo de menor tamaño que los salones del trono del palacio Changdeokgung y Gyeongbokgung, porque la función original del palacio era para vivienda de las reinas viudas. 

En este pabellón tenían lugar las coronaciones reales, las bodas y los banquetes. 


En el patio dos filas de piedra al lado del camino marcan la posición donde se colocaban los oficiales según la jerarquía. 

Normalmente el salón del trono se orienta al sur en los palacios coreanos de la dinastía Joseon, pero Myeongjeongjeon se orienta al este, que podría ser por una cuestión de respeto, ya que hacia el sur se encuentra el santuario de la familia real, Jongmyo, pero también podría ser por una cuestión práctica, por la forma del terreno donde se asienta. 


En las escaleras de acceso al salón del trono, ya que este se halla en un nivel superior para confirmar su dignidad, se pueden ver dibujos de arabescos, nubes, flores, el mítico animal Haetae (protector del fuego), y en el paso reservado al rey en el centro, sin escalones, el ave fénix. A ambos lados de la plataforma donde se asienta el pabellón vasijas de hierro que se llenaban de agua, como un conjuro contra el fuego, de modo que al verse reflejados en el líquido elemento los diablos del fuego se asustaran y huyeran (lo más fácil sería usar el agua para apagar el fuego). 



En los tejados asoman las figuras zooformas de origen chino protectora, los wenshou. 


Llama la atención de la puerta su decoloración, no presenta los típicos colores dancheong, supongo que está pendiente de una renovación y es que nuestros ojos se han acostumbrado a este alegre colorido.


Los pilares del interior del salón presentan zócalos cuadrados en la parte  exterior e inferior, y redondos en la interior y superior. Las ventanas tienen dibujos geométricos que las asemejan a las islámicas, un diseño de celosía que permitía entrar la justa luz del sol. 



En el centro y al fondo del salón, el trono, tras el cual se sitúa el panel representativo de la dinastía Joseon, con el sol, la luna, pinos, cascadas y cinco montañas. 


En el techo las figuras de Bonghwang Phoenix, el símbolo de la inmotalidad y la nobleza, diferenciándose del palacio Deoksugung, donde se veían las figuras de dos dragones, animal que representa la autoridad del rey. 



A la izquierda de Myeongjeongjeon un paso abierto comunica con Munjeongjeon, edificios a su vez conectados por un corredor cubierto para protegerse de la lluvia (supongo que de uso exclusivo del rey y algunos elegidos).



En Munjeongjeon el rey atendía los asuntos de estado, reuniéndose con los oficiales de la corte, y también fue utilizado para consagrar las tabletas funerarias de los reyes tras los funerales en su honor. Al contrario que Myongjeongjeon, este pabellón se orienta al sur.

El patio de Munjeongjeon también estaba rodeado por corredores pero estos no han sido restaurados. Y precisamente en el patio se desarrolló una historia trágica el 13 de mayo de 1762: el rey Yeongjo fue informado que el príncipe Sado estaba mentalmente enfermo y que tenía un comportamiento errático y perturbado; el rey, furioso, ordenó que se encerrará al príncipe en un gran cofre de arroz, donde murió al cabo de ocho días; posteriormente, el rey, arrepentido por su acto, le concedió el título Sado al príncipe, que significa pensando en el dolor. 


En su interior el trono y el estandarte de la dinastía Joseon. 


Las vigas y el techo del salón están perfectamente restauradas y pintadas con los colores dancheong. 


Por detrás y a la derecha de Munjeongjeon asoma Sungmundang, construido aprovechando la ladera de la montaña. Era utilizado por el rey para celebrar conferencias y debates con expertos en asuntos de Estado o literatura clásica, así como para celebrar banquetes y distraerles entre asunto y asunto. 


El pabellón Sungmundang se alza sobre cinco pilares cuadrados y altos, con terrazas en dos de sus lados, norte y sur. El letrero con el nombre del pabellón fue escrito por el rey Yeongjo. 


Por detrás de Sungmundang se puede ver la muralla que rodea el recinto del palacio y tras de ella asoman los tejados del palacio Changdeokgung. 


A la derecha de Sungmundang  hay otro corredor cubierto que comunica con Myongjeongjeon. 


El corredor enlaza con la puerta Binyangmun. 



Pasada la puerta, a nuestra izquierda queda la parte trasera de Sungmunang. 


La puerta Binyangmun da paso a una explanada, en cuyo lado derecho se levanta el pabellón Haminjeong. En este momento, mapa en mano, un guía que acompañaba a dos jóvenes se acercó a preguntarnos si necesitábamos ayuda, y aunque parte del resto de la visita la hicimos casi al unísono, no hizo falta su colaboración porque realmente uno no se puede perder en este palacio, cuyas dimensiones no tienen nada que ver con el palacio Changdeokgung o el palacio Gyeongbokgung, otra utilidad hubiera sido escuchar sus explicaciones, pero por lógica no tendrían que haber sido gratis, y afortunadamente llevamos el folleto con explicaciones que se puede coger a la entrada aunque siempre se agradecen los gestos de amabilidad y de ayuda.


En este pabellón Haminjeong el rey recibía a los funcionarios del gobierno que obtenían la más alta nota en los exámenes civiles y militares. Haminjeong significa “el mundo entero está empapado de la benevolencia y la virtud del rey”, y como símbolo de este nombre, el pabellón está abierto en todas las direcciones. En él también se celebraban banquetes. 


El interior presenta la decoración propia de los pabellones, con los colores dancheong. 


Desde el lugar donde se alza el pabellón se puede ver parte del jardín, donde se encuentra una pagoda. 


Tras Haminjeong se alzan dos pabellones, a la izquierda Gyeongchunjeon, y a la derecha, Hwangyeongjeon. Cada uno de ellos tenía un anexo para alojar a los trabajadores del palacio que los atendían y también se utilizaba para almacenamiento. 


Gyeongchunjeon era el dormitorio de la viuda del rey, que también fue utilizado como sala de partos en ocasiones, naciendo en este pabellón los reyes Jeongjo y Heonjong, por lo que el primero, para conmemorar su propio nacimiento escribió la placa “Sala de Nacimiento” y la colgó sobre la entrada. De modo que no solo fue la residencia de reinas viudas, sino también de reinas y princesas. 


Hwangyeongjeon se utilizaba para los dormitorios del rey vigente y su esposa. En este pabellón fallecieron el rey Jungong y el príncipe Sohyeon. Detrás de este edificio, al norte, solían encontrarse los dormitorios de las esposas del rey fallecido, pero no se conservan. 

En este pabellón, una de las mujeres médicos que ejercieron durante la dinastía Joseon, Da Janggeum, atendió al rey Jungjong, así como a su segonda esposa, la reina Janggyeong. 


Detrás de los pabellones Gyeongchunjeon y Hwangyeongjeon, en una zona de terreno algo más elevado,  se encuentra Tongmyeongjeon, pabellón construido para la reina, que es el edificio más grande del palacio y era donde residía la familia real. Tiene una terraza en el exterior llamada woldae y el tejado no presenta la cresta cremallera, elemento arquitectónico privativo de los reyes. 

Durante los funerales de las esposas de los reyes Jungjong y Myeongjong se utilizó como sala para sus ataúdes, y durante el reinado del rey Gyeongjong sirvió como sala de consejo. 


El interior de Tongmyeongjeon presenta a los lados dos cuartos con celosías, en los que había sistema de calefacción ondol (en el suelo) y paneles separadores. 


A la izquierda de Tongmyeongjeon un pequeño jardín y un pequeño estanque de 12,8 m de largo y 5,2 m de ancho, con un puente que lo cruza de oeste a este, y el pozo del que se nutre de agua. 




A la derecha de Tongmyeongjeon, el pabellón Yanghwadang, utilizado como residencia de la reina viuda, donde recibía a los invitados, aunque el rey Injo vivió aquí cuando regresó de su refugio en la fortaleza Namhansanseong durante la invasión de Manchuria en 1636. Realmente los pabellones eran "multiuso" porque se creaban con un fin y podían tener el que conveniera a cada rey.


Hacia la izquierda de estos edificios se encuentra la puerta Hamyangmun, que comunica con el palacio Changdeokgung, y aquí hay una taquilla en la que se puede pagar la entrada o mostrar el pase que incluye la visita a cinco palacios de la capital. 

Hacia la derecha los pabellones con patios interiores de Yeongchunheon y Jipbokheon, que en la actualidad están comunicados, siendo el segundo un anexo del primero, pero originariamente eran dos pabellones separados, creyéndose que fueron unidos en la reconstrucción de 1834. 


Eran pabellones destinados a dormitorios y viviendas de las concubinas del rey. El príncipe Sado y el rey Sunjo (hijo de una concubina) nacieron en Jipbokheon, y el rey Jeongjo disfrutaba de la lectura en Yeongchunheon (¿la lectura?...) 


Hacia la derecha de estos pabellones había otros pequeños edificios, que se suponen eran residencias de damas de la corte, pero no ha permanecido ninguno en pie. 

Una vez vistos los pabellones que conforman el palacio, nos adentramos en el jardín que lo rodea al norte. 

12 de mayo de 2013

España - Las Tablas de Daimiel, Daimiel (Ciudad Real)



El milagro del agua

En La Mancha teníamos desde hace mucho tiempo una asignatura pendiente, y viendo las noticias decidimos que ya era hora de aprobarla, así que hicimos una escapada de ida y vuelta en el día a Las Tablas de Daimiel, situadas en los términos municipales de las localidades de Daimiel y Villarrubia de los Ojos, en la provincia de Ciudad Real. La superficie que ocupan ronda las 1.800 Has y las lluvias de este año la han favorecido de forma increíble. 

El humedal conocido como Las Tablas de Daimiel fue declarado Parque Nacional en el año 1973 y Reserva de la Biosfera en el 1981. Con su declaración como Parque Nacional se dio un gran paso en la conservación de uno de los ecosistemas más valiosos de nuestro planeta, asegurando así, la supervivencia de la avifauna que utiliza estas zonas como área de invernada, mancada y nidificación.

Es el último representante de un ecosistema denominado tablas fluviales, en particular Las Tablas de Daimiel se forman por la confluencia de dos ríos de distinta naturaleza, el Guadiana, de aguas dulces y carácter permanente y el Gigüela, de aguas saladas y carácter estacional. Ambos ríos al situarse en una suave depresión de terreno y sobre roca caliza (que facilita el encharcamiento) da lugar a una laguna fluvial inundada con aportes de agua subterránea, procedentes de la descarga del acuífero en la Llanura Manchega.

La vida en Las Tablas comienza de forma sencilla: el Gigüela inunda la Llanura durante el invierno, mientras que el Guadiana aporta agua procedente del Acuífero 23 durante todo el año, desde los Ojos del Guadiana (afloramientos de agua subterránea de dicho río; se encuentran situados a unos 12 Km aguas arriba de Las Tablas), que hasta el momento se habían considerado como el nacimiento del río aunque estudiar la naturaleza hace cambiar los libros sobre ella.

El denominado Acuífero 23 se extiende a lo largo de unos 5000 Km. Las Tablas han sido receptoras de sus aguas hasta la década de los años 70, cuando el impulso desarrollista de la comarca transformó los tradicionales cultivos de secano a regadío. Esta transformación en el sistema de regadío ha ocasionado que los niveles hídricos del Parque desciendan, así la superficie inundada ha sido decreciente y variable durante los últimos años.

No elegimos el mejor día, había salido con previsión de lluvia, de la que viene tan bien a Las Tablas, pero no tanto a visitarlas. A la entrada hay una caseta de información sobre la zona, principalmente de Daimiel, y un poco más adentro, otra de información del parque, donde se puede tomar un plano del parque.

Se pueden realizar varios recorridos por el parque, eligiendo nosotros el más típico, uno circular que recibe el nombre de la Isla del Pan.


Al iniciar el recorrido los juncos del humedal ya están muy secos, y por esta zona el agua no es desbordante...todavía. 


Tomamos un desvío del camino principal hacia una laguna de aclimatación de aves, desde una cabaña de madera con puestos de observación se las puede ver sin molestar mientras hacen precisamente una aclimatación al entorno para vivir en él. 


La laguna está cerrada por su parte superior por una malla metálica, porque la naturaleza es sabia y libre. 


El día tampoco nos acompañará favorablemente para ver mucha fauna, ni siquiera en esta laguna, aunque algunas aves sí asomaron sus picos y nos hicieron alguna acrobacia, como podéis ver natación desincronizada o ¿sincronizada de vigilancia?



Dentro de la cabaña hay un panel informativo con las aves que habitan Las Tablas, de modo que se puedan reconocer en el momento de verlas, o en casa al repasar las fotos. 


Volvemos al sendero, mientras el cielo cada vez se oscurece más y más, presagiando una carrera si decide soltar su carga de agua, agua que poco a poco se va haciendo más extensa en el humedal. 


El camino pasa por el agua y para ello han habilitado unas pasarelas de madera. 

 


Hay algunos cruces en las pasarelas, pero no son caminos alternativos, son pequeños miradores, aparte de para observar la inmensidad del humedal supongo que también para observar las aves, pero hoy ni ellas están por la labor de aparecer. 


El paisaje no sólo son los juncos secos del humedal, también hay zonas de un verde intenso con alguna floración. 


No todo el camino es por las tablas sobre el agua, hay zonas en las que se camina sobre tierra, hoy más bien barro, que son pequeñas islas, pasando de una a otra caminando sobre las aguas, con un paisaje realmente asombroso, estamos sobrecogidos por la belleza, simple belleza, del entorno.




La isla más grande del parque es la Isla del Pan, de la que toma nombre el recorrido que estamos realizando. 



En la isla hay dos elementos, el primero es la reconstrucción de una casilla de los pescadores y recolectores de fibras vegetales en Las Tablas, que eran construidas con piedra caliza y carrizo para el tejado. En esta vivió Bautista García Consuegra y su familia, pescador que se convirtió en el primer guarda forestal del parque. En el entorno de Las Tablas llegaron a vivir 350 familias, principalmente de la pesca de cangrejos y sobre todo con respeto al humedal. 


El otro elemento es un mirador en la parte más elevada de terreno, desde el que se obtiene no una mejor vista pero sí se tiene una mirada más amplia sobre el terreno que ocupa el parque.




En el interior del mirador se cuenta un poco la formación de Las Tablas y sobre todo el riesgo que corrieron de desaparecer por el uso agrícola de regadío, y no de secano, que se le dio al terreno, utilizando el agua del acuífero 23 y llegando a casi desaparecer los Ojos del Guadiana. 


De la isla del Pan pasamos a la isla de los Tarayes, donde hay un bosque de tarayes, árboles que se suelen encontrar en las riberas de aguas salobres, como las del río Gigüela, formando cinturones de vegetación alrededor de las islas. 



Si bien no nos obsequian los árboles con su floración, si lo hacen las ramas de algunos de ellos con los líquenes por los que han sido colonizados. 




La naturaleza nos ofrece esculturas, aunque desconozco si en algunos casos es sólo la muerte natural o la producida por los incendios que genera el terreno por las turberas de su interior, que se agudizan en épocas de sequía, y Las Tablas han pasado una temporada de escasez de agua.




Volvemos a cruzar el humedal por pasarelas, asombrándonos del alto nivel de agua, y pensando que si siguiera lloviendo no se podría ni pasear por ellas, su piso estaría anegado por el agua.




De la isla del Pan pasamos a la isla de los Tarayes. 


En esta pequeña isla hay otro puesto de observación de aves, ya no laguna de aclimatación porque está a cielo abierto. 



De la isla de los Tarayes cruzamos a la isla del Maturro. 



Desde la isla se afronta el último tramo de pasarelas sobre el humedal, cuya vegetación es más escasa y seca.



Pero donde el agua sigue siendo la reina del lugar. 



Ya de nuevo en tierra firme, de camino a la salida hay otra construcción, un majano, que se formaba con las piedras que se retiraban del terreno y que entorpecían las labores agrícolas; cuyas piedras se amontonaban sin ningún tipo de argamasa. 


En el centro de visitantes del parque hay una pequeña recreación de Las Tablas, de sus pasarelas, de su fauna, que está bien para tener una toma de contacto, pero que no reflejan lo que realmente proporciona este bello paisaje manchego. 


La lluvia nos acompañó en algunos momentos de la visita al parque, pero afortunadamente nos dio tregua y tiempo para recorrerlo sin prisa, y de disfrutar del milagro del agua. Un mapa del parque y de sus posibles itinerarios para recorrerlo, que también podéis descargar de la página del parque. 


No hicimos ningún recorrido más porque el tiempo nos apremiaba, y nos dejamos antes de entrar al parque un molino restaurado, pero teníamos reserva para comer en el cercano Almagro y ya íbamos bastante justos de tiempo. El restaurante fue seleccionado porque teníamos un buen recuerdo de un cumpleaños que celebramos allí, pero en esta ocasión salimos bastante decepcionados, no es que la comida fuera mala, pero la relación precio-calidad está sobre valorada, y a no ser que el lugar sea francamente pésimo no haré una crítica, ni buena ni mala, de él, pero está recomendado en la ciudad y por la Junta de Castilla La Mancha. 

Para compartir pedimos unos aperitivos manchegos: la típica berenjena de Almagro (las he comido mejores en la feria de mi pueblo), una pipirrana con atún (lo más rico), un pisto manchego (¡ay!, si entrara mi madre en la cocina del restaurante), unas migas con uva (las migas son tan sencillas pero tan difíciles de hacer bien, porque si llevan mucho tiempo hechas el pan se seca y no está migojo ni sabroso, es como comer paja casi), y unas gachas manchegas (que se me está haciendo difícil comerlas ricas fuera de casa, y en casa por desgracia ya no se hacen). 


Tras la comida nos dimos un pequeño paseo por Almagro, al que ya visitamos en otras ocasiones, con lo que fue más que nada para reposar la comida y en el que aprovechamos para realizar algunas compras de comestibles. 

La bonita plaza de Almagro estaba muy animada, tanto por los turistas como por los locales. 


Como el coche estaba aparcado cerca del Parador de Turismo, entramos para tomarnos un café y recordamos aquellos tiempos en los que recorríamos España de parador en parador, y este es uno de los más bonitos. El parador se encuentra en el antiguo Convento de Santa Catalina de Siena, del siglo XVII, por lo que cuenta con algunos bellos patios en su interior.


En el camino de vuelta a Madrid todavía intentamos, aunque ya suponíamos que sus puertas estarían cerradas, una visita de última hora, al Castillo de Calatrava la Vieja, ya que el de Calatrava la Nueva lo hemos visitado en dos ocasiones, siendo un lugar lleno de magia y misterio entre sus piedras. Efectivamente, el recinto ya estaba cerrado pero es un lugar que volveremos para conocer, porque desde la verja ya se le suponen historias, que espero contar por este rincón.