30 de agosto de 2012

Corea del Sur - Breve historia


The land of the morning calm
 
Se acabaron las vacaciones estivales de este año 2012, cuyo destino de nuevo se ha encontrado en Asia, parece que nos ha atrapado el continente. Hemos recorrido lo que el tiempo nos ha permitido Corea del Sur, la tierra de la calma matutina, nombre dado al país y a la última dinastía que lo gobernó durante algo más de cinco siglos, por Percival Lowell, americano nacido en 1855 dedicado al comercio, que en 1883 desde Japón aceptó prestar sus servicios como secretario y consejero a la Misión Especial de Corea a Estados Unidos, la primera misión de Corea a un país occidental. Solo estuvo en el país dos meses pero esta estancia le dio la oportunidad de escribir Chosun, the land of the morning calm (chosun anglicanizado por el sistema hangeul de escritura se transforma en Joseon aunque luego se pronuncia como se escribe…esto ha sido una continua lucha de ver, leer y pronunciar), libro en el que describió la geografía, el pueblo y la cultura de un país desconocido en aquella época, y que todavía sigue siendo desconocido para una gran mayoría, que muchos de nosotros sólo conocíamos por la Guerra de Corea (guerras tras guerras en todos los países visitados, tragedias tras tragedias) y otros por el taekwondo.  

La península coreana, incluyendo Corea del Norte y Corea del Sur, tiene aproximadamente 1.000 km de longitud y 216 km de ancho, con una extensión algo mayor que la provincia de Andalucía, y se encuentra dividida entre estos dos países al norte del paralelo 38º (los paralelos nos persiguen, en Vietnam fue el más famoso paralelo 17). La península limita al norte con Rusia y China, al oeste el Mar Amarillo la separa de China y al oeste el Mar del Este con Japón (mar que en este país llaman Mar de Japón, cosa que no les gusta nada a los coreanos y por muchos motivos que pasaremos a conocer, aunque claro del este para los japoneses no puede ser porque para ellos está en el oeste…). 

 Fuente: www.lib.utexas.edu

Las montañas cubren la península en un 70%, siendo una de las regiones más montañosas del mundo, aunque muchas de sus montañas alcanzan sólo los 200 o 300 m. La península está cortada, de norte a sur, por la cordillera Daebaeksan, que corre junto a la costa este.

Corea del Sur tiene 2.413 km de costa sumamente irregular, en la que hay diseminadas más de 3.000 islas pequeñas y medianas, siendo la más grande de ellas la isla de Jeju o Jeju-do (do significa isla), situada a 100 km al sur de la península.

Como ya viene siendo costumbre en este blog toca un breve repaso histórico del país para ir conociendo mejor el país y familiarizarse con los nombres que nos iremos encontrando en nuestro periplo coreano, más cuando me reitero en que es un gran desconocido para muchos, y a algunos sólo nos contaron patrañas relacionadas con la maldad del comunismo y la bondad de los americanos apoyados por la ONU. 

Para comenzar la historia nada mejor con una buena leyenda asiática: hace mucho tiempo, cuando Hwanung, hijo del cielo, gobernaba a la población, vivían un tigre y un oso, que deseaban de todo corazón convertirse en humanos y oraban todos los días a Hwanung para que les concediera su deseo. Éste tras escuchar sus fervientes rezos les llamó y dio a cada uno 20 dientes de ajo y un ramillete de artemisa y les dijo que si podían aguantar privados del sol durante 100 días viviendo de esta comida les concedería su deseo.

El tigre renunció al poco tiempo y abandonó la cueva donde se refugió pero el oso continuó perseverante y tras 21 días Hwanung convirtió al oso en una hermosa mujer. La nueva mujer-oso recibió el nombre de Ungnyeo, que agradecida por el deseo concedido realizó ofrendas a Hwanung, pero se volvió solitaria y éste, conmovido por sus ofrendas y rezos, la tomó como esposa y tuvieron un hijo que llamaron Dangun Wanggeom, que más tarde fundaría Gojoseon en el año 2333 a.C., el primer reino de la península coreana.

Ahora vamos con la historia real. Por los restos humanos encontrados en excavaciones arqueológicas el asentamiento de humanos en Corea comenzó hace medio millón de años, durante el Paleolítico, pero estudios antropológicos han concluido que los actuales coreanos son descendientes de migraciones posteriores al Neolítico, provenientes de Asia Central, alrededor del tercer milenio a.C., siendo los nativos expulsados hacia la costa este de Siberia y las islas del norte de Japón (la historia se repite desde los tiempos remotos una y otra vez ya sea Asia o Europa o América...). 

Durante la Edad de Bronce, en torno al 1500 a.C., con el aumento de la población comienzan a surgir los primeros clanes tribales y ciudades-estado, uniéndose muchos de estos grupos alrededor del siglo IV a.C. para defenderse con éxito de la expansión militar china, creando con ello un fuerte sentimiento de identidad étnica que les permitió sentirse y permanecer culturalmente diferentes de China.

El primer reino se llamó Gojoseon, durando desde el año 2333 al 108 a.C. De él quedan muy pocos restos aunque se sabe que se instauró un código legal de ocho artículos para regular la convivencia de los que sólo se conocen tres, que me parecen sumamente interesantes: cualquiera que mate a otro será matado de inmediato; quien dañe el cuerpo de otro le compensará en grano, y quien robe las posesiones de otro se convertirá en esclavo de su víctima.

En el siglo I a.C. surgen los reinos de Goguryeo, Baekjae y Shilla, que se dividen el dominio de la península coreana y gran parte de Manchuria durante más de cinco siglos, dando comienzo al periodo de los Tres Reinos, gobernando del 57 a.C. al 668 d.C.

Goguryeo, el reino más extenso territorialmente se desarrolló como nación militarista en el norte, incluyendo tierra de Manchuria. Baekjae creció como estado aristocrático y comercial en el suroeste, manteniendo fuertes lazos con Japón y China. Shilla se estableció en la zona sureste de tierras fértiles, alejado de las invasiones chinas a las que se enfrentaban los otros dos reinos.

Goguryeo y Baekjae fueron absorbidos por Shilla en el 668 y 660 respectivamente, derrotados con la ayuda de la China Tang, aunque el primero también se escindió en un nuevo reino, Balhae, que duró del 698 al 926. En el año 676 Shilla unificó, por primera vez, la península, comenzando una época dorada hasta el año 935 para la cultura coreana y el arte budista. Fue una época pacífica en la que se desarrolló una brillante civilización que repercutió en las artes, la religión, el comercio y la educación. 

La capital de Shilla, en el área de la actual ciudad de Gyeongju, llegó a tener más de un millón de habitantes, y en esta zona se construyeron algunos de los más importantes monumentos, como el templo de Bulguksa o la gruta Seokguram.

Sobre Shilla se impuso la dinastía Goryeo, gobernando del 918 a 1392, con un gobierno aristocrático instaurado por un general que había servido a un príncipe rebelde de Shilla. El budismo se establece como religión del Estado y llega a tener una gran influencia en las esferas políticas y administrativas. El nombre de Corea es una derivación de Goryeo, aunque en esta época el nombre del país era Hanguk.

Durante la dinastía Goryeo se inventaron los tipos móviles de imprenta y la cerámica alcanzó un elevado grado de perfeccionamiento. Pero a pesar de este desarrollo cultural a medida que los templos y los monjes budistas (¡estas religiones!) fueron adquiriendo progresivamente mayor poder, las disputas de los clanes aumentaron y durante los últimos diez años de la dinastía interminables conflictos internos terminaron debilitando el reino, y como consecuencia las invasiones mongolas, que comenzaron en 1231, acabaron por convertir el país en un estado vasallo de China durante casi un siglo. 

En 1392 la dinastía Joseon reemplazó a la dinastía Goryeo hasta 1910, siendo la última dinastía de la península. Se adoptó el confucianismo como ideología del nuevo Estado y fue un periodo cultural muy significativo, con la invención, entre otros muchos inventos y avances, del alfabeto coreano conocido como hangul en 1443. Este periodo cultural se desarrolló principalmente durante el reinado de Sejong el Grande (1418-1450), el cuarto monarca de la dinastía, que además tenía gran interés por la astronomía, con lo que se construyeron relojes de sol y de agua, pluviómetros, esferas celestes y mapas astronómicos.

Hanyang, la actual Seúl, fue establecida como la capital de la dinastía en 1394.

Los monarcas de la dinastía fueron políticamente aislacionistas hasta finales del siglo XIX, limitándose durante cinco siglos sus relaciones internacionales a China, de la que Corea seguía siendo estado vasallo.

Durante este periodo se realizaron los Anales de la Dinastía Joseon, Joseonwangjosillok, un registro histórico que cubre 472 años abarcando política, diplomacia, economía, vida académica y religiosa, astronomía, geografía, música, ciencia, eventos astronómicos…siendo el más largo y continuo archivo histórico en el mundo, siendo su compleja conservación un hecho sin precedentes, y gran parte de este mérito corresponde a los reyes de la dinastía, que tomaron medidas especiales para asegurar que fuera guardado a salvo, imprimiendo cuatro copias con caracteres de metal móviles, siendo guardadas en Seúl y en depósitos especiales en montañas remotas, como Jeongjoksan, Taebaeksan, Jeokseongsan y Odaesan.

Durante este periodo se realizaron además otros registros, sobre cuestiones de interés nacional o sobre ceremonias (bodas reales, funerales, banquetes y recepciones para enviados extranjeros) o sobre las actividades de los funcionarios reales.

Estos registros por supuesto son una fuente inestimable para conocer la historia del país. 

En 1592 Japón con 200.000 soldados invade Corea en su camino hacia la conquista de China, impulsados por el monarca militarista Toyotomi Hideyoshi, y curiosamente este mismo año pisaba Corea el primer occidental, que además era el toledano Gregorio de Céspedes (Corea tan lejos y tan cerca de repente).

Durante años tropas coreanas y chinas lucharon contra las japonesas, quienes tras la muerte de Hideyoshi en 1598 se vieron obligados a retirarse, pero la península coreana quedó devastada, perdiéndose entre las llamas muchas obras de arte y edificios, comenzando un largo periodo de decadencia entre los siglos XVII y XVIII.

Y otra curiosidad histórica es que muchos de los mejores artistas coreanos, especialmente los alfareros, fueron llevados a Japón a la fuerza, lo que impulsó el desarrollo de la artesanía japonesa (no es oro nacional y propio todo lo que reluce).

El único testimonio que tienen los europeos de Corea en el siglo XVII procede de Hendrick Hamel, un marinero holandés que naufragó en las costas coreanas en 1653 con el barco Sperwer, pasando trece años de cautiverio junto a otros compañeros y que tras conseguir escapar escribió un libro sobre su aventura y desventura, sobre la cultura y las gentes de Corea, Hamel’s journal and the description of the kingdom of Korea, 1653-1666.

En 1910 de nuevo los japoneses intentan invadir Corea, en esta ocasión lo hacen con éxito y con ello ponen fin a la dinastía Joseon. Durante la ocupación Corea fue explotada como proveedora de alimentos y como fuente de obra de mano barata. En la década de los años treinta la zona septentrional de la península se desarrolló industrialmente para suministrar materiales de guerra a Japón, que había comenzado su expansión militarista por el continente asiático.

Bajo la dominación japonesa muchos coreanos emigraron a Manchuria, e incluso a Japón (este dato me asombra y produce estupor aunque supongo que fue porque la calidad de vida en Corea se había deteriorado y que su sentimiento patriótico no era tan fuerte como la necesidad de supervivencia, y que incluso en este dato se incluyen aquellos que fueron obligados a marcharse por razones militares o técnicas), y de hecho hoy de los 700.000 coreanos que viven en Japón son la principal minoría étnica del país.

El 1 de marzo de 1919 miles de coreanos fueron asesinados y encarcelados tras la lectura de una proclamación de independencia en Seúl por el Movimiento de Independencia, que promovió el establecimiento de un gobierno provisional en Shanghái así como una lucha armada organizada desde Manchuria.

Corea permaneció bajo la ocupación colonial japonesa durante 35 años, apropiándose los japoneses de tierras y cargos públicos, prohibiendo a los coreanos utilizar su propia lengua o aprender su historia, en un maquiavélico intento de borrar su cultura (pero el pasado no se borra si hay alguien que sigue teniendo fe y lo cuenta a sus descendientes). La historia de la rebelión, de la independencia y resistencia coreana se cuenta en la prisión Seodaemun en Seúl.

Una tragedia que no se ha reparado (aunque hay actos que son imposibles de reparar de ninguna manera) de un modo total y satisfactorio es el secuestro de mujeres coreanas, en muchas ocasiones niñas recién salidas a la pubertad, para satisfacer como prostitutas al ejército japonés que pululaba por la costa del Pacífico, convirtiéndolas literalmente en sus esclavas sexuales. Un libro relata la experiencia de una de estas mujeres, Las orquídeas rojas de Shanghái de Juliette Morillot, además parece que lo hace con excesivo lujo de detalles en las barbaridades cometidas (aunque si se cuenta la barbaridad no crea que sea excesivo, las verdades hay que conocerlas, ya sean en documentales o noveladas o en el medio necesario para hacernos reflexionar). En Corea es un tema algo tabú, las mujeres que regresaron al país no lo comentan, según nuestra guía la vergüenza y la tristeza les puede ante el hecho de la denuncia pública, y el país aunque lo conoce no reacciona de un modo efectivo, así que Japón ha pedido disculpas de algún modo pero ningún tipo de compensación.

El 15 de agosto de 1945 Japón se rinde a los aliados en la Segunda Guerra Mundial y se retira de la península coreana. Tras la rendición de Tokio, y de acuerdo con una propuesta de Estados Unidos, a la Unión Soviética se le encomendó el desarme del ejército japonés al norte de la península, a partir del paralelo 38º, y al ejército estadounidense se le encomendó a su vez el despliegue en la parte sur del país (como ocurrió en Europa con Alemania, pero aquí el pastel se lo repartieron entre más países europeos). El resultado, la península coreana se veía nuevamente ocupada militarmente, pero en esta ocasión por las potencias llamadas liberadoras; una vez ocupadas ambas zonas, surge la Guerra Fría entre ambos países y los desacuerdos entre ellos en la Comisión Conjunta Soviética-Estadounidense creada para coordinar la unificación del país abocó al país a una partición tras la ruptura de esta comisión en mayo de 1946. La península queda dividida en Corea del Sur y Corea del Norte, esta última incluida dentro del bloque comunista.

La cuestión coreana se expone en noviembre de 1947 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, creándose el Comité Temporal de Naciones Unidas en Corea, órgano encargado de supervisar el desarrollo de unas elecciones que deberían celebrarse a ambos lados del paralelo 38º antes de abril del año siguiente. La Unión Soviética rechazó esta decisión e impidió la entrada en la parte norte de la península, donde se establece un régimen comunista en la nueva República Democrática Popular de Corea, con Kim Il-sung como presidente, y en mayo de 1948 sólo se celebran elecciones en la parte sur, en la nueva República de Corea, eligiendo a Syngman Rhee como primer presidente.

Esta partición territorial, política e ideológica llevó dos años y medio más tarde al enfrentamiento civil, que se internacionalizó con el apoyo de Estados Unidos y Naciones Unidas a Corea del Sur, y de China y la Unión Soviética a Corea del Norte. La Guerra de Corea comienza el 25 de junio de 1950 cuando Corea del Norte invade Corea del Sur.

Al comienzo de la guerra las tropas norcoreanas avanzaron hacia el sur, pero un decisivo desembarco sorpresa en Incheon, a 50 km de Seúl, dirigido por el archiconocido general McArthur, llevó a las tropas estadounidenses, eso sí bajo la bandera de Naciones Unidas, a recuperar la capital surcoreana e iniciar la conquista de Corea del Norte. La fuerza multinacional de las Naciones Unidas se vio forzada a retroceder con la entrada de China en el conflicto, y en 1951 los combates se establecieron alrededor del ya famoso paralelo 38º; desde este momento hasta el final de la guerra, en julio de 1953, ya no volvería a haber grandes ofensivas.

A lo largo de los tres años de guerra ambas capitales, Seúl y Pyongyang, fueron conquistadas y reconquistadas en varias ocasiones (siento resultar ofensiva al pensar en el juego de mesa del Risk, pero es que es lo primero que me viene a la cabeza al escribir estas líneas). 

El general McArthur fue el comandante en jefe de las tropas de Naciones Unidas durante la primera parte de la guerra, mandato en el que llegó a sugerir el lanzamiento de la bomba atómica contra China tras la intervención de este país en el conflicto (no aprendemos de los errores, Hiroshima y Nagasaki no representaron nada en la conciencia de este general).

Sobre esta guerra y gracias a la búsqueda de información antes del viaje, y en ocasiones después para confeccionar esta crónica viajera, me he encontrado con un para mí cuadro desconocido de Picasso, Masacre en Corea, que refleja el horror de esta guerra, y que está basado en los Fusilamientos del 2 de mayo de Goya. 


El 27 de julio de 1953 se firma un acuerdo de armisticio, tras tres años y once días de guerra, quedando detrás una brutal confrontación nacional que se llevó cerca de cuatro millones de vidas, un 70% de ellas de civiles. Como si una guerra fuera poco, las dos partes se proclamaron victoriosas, y las posiciones de ambos países quedaron prácticamente idénticas a las que había el día anterior al comienzo de la guerra, el 24 de junio de 1950 (se podían haber evitado tantas cosas, tantas tragedias). Hoy, tras casi sesenta años del final de la guerra, el armisticio sigue vigente, con lo que técnicamente, Corea del Norte y Corea del Sur continúan en guerra ya que no se ha firmado ningún acuerdo de paz (y no parece que se vaya a producir en breve tras los últimos acontecimientos en Corea del Norte, más guerreros que nunca). 

De esta guerra, aparte del rastro geográfico y principalmente humano, también han quedado vestigios históricos, en Imjingak y alrededores, y en la DMZ-JSA (Zona Desmilitarizada - Área de Seguridad Conjunta). 

En Corea del Sur se realizaron incansables esfuerzos de reconstrucción en la posguerra, y de ser en 1953 una de las diez naciones más pobres del mundo, emprendió su desarrollo económico en 1962, con las exportaciones como motor de crecimiento, convirtiéndose en menos de cuatro décadas en una de las potencias más pujantes de la actualidad. Es lo que se ha llamado el “Milagro del Río Han”, en referencia al río que pasa por Seúl.

Corea del Sur es hoy el sexto productor mundial de acero, el quinto fabricante de automóviles del mundo, una gran potencia naval y la primera en chips informáticos (a pesar de su disputa perdida recientemente con Apple). Junto a Taiwan, Hong Kong y Singapur forma parte de lo que se conoce como los “cuatro pequeños tigres” de la costa del Pacífico. 

En mayo de 1961 el general Park Chung-hee da un golpe de estado y se hace con el poder, estando marcado este gobierno por un exacerbado anticomunismo que lo hace apoyar a Estados Unidos en la Guerra de Vietnam (supongo que además favor con favor se paga). 

Park es asesinado en 1979 por el jefe de los servicios secretos y tras un infructuoso intento de las fuerzas de oposición por instaurar un régimen democrático, un nuevo militar, Chun Doo-hwan toma el poder a comienzos de 1980.

La democracia llega a Corea a finales de los ochenta, ganando las primeras elecciones el delfín de Chun Doo-hwan, el ex militar Rho Dae-woo, llegando en las siguientes un civil al poder, Kim Young-sam.

En septiembre de 1991, Corea del Norte y Corea del Sur son admitidas en las Naciones Unidas.

Y la historia de las dos Coreas sigue, con hechos recientes que han hecho temblar al mundo pero que parece que no lo ha hecho tanto en la población de Corea del Sur cuando preguntamos a nuestra guía, cuya respuesta puede ser verdad o no. Aparte un nuevo conflicto se ha abierto por una isla, Dokdo, que reclama Japón y que a mí me ha recordado a nuestro islote Perejil (aunque desconozco sí hay algo más que cabras en esta isla y algo más valioso alrededor de la misma). 

La bandera nacional de Corea del Sur se llama taegeukgi, con un diseño que simboliza los principios del yin y del yang de la filosofía asiática (¡que bien suena escrito! ¡que paz espiritual te llena de golpe!). El círculo en el centro de la bandera está dividido en dos partes iguales, la mitad roja representa las fuerzas cósmicas proactivas del yang (ya me parece algo extraterrestre este yang), y la mitad azul representa las fuerzas cósmicas receptivas del yin (la hemos terminado de liar, esto suena a Encuentros en la tercera fase); las dos fuerzas juntas encarnan los conceptos del movimiento continuo, el equilibrio y la armonía que caracterizan la esfera del infinito (la primera parte suena muy bien, lo del infinito pues eso, suena a infinito).

El círculo está rodeada por un trigrama es cada esquina, simbolizando los cuatro elementos universales; de noroeste a suroeste siguiendo las aguas del reloj: cielo, agua, tierra y fuego. El fondo blanco es el emblema de la pureza del pueblo coreano y de su amor por la paz. 


Nota: siento las anotaciones que he ido escribiendo en este apunte histórico, pero es lo que tiene un blog de carácter personal, que en ocasiones damos rienda a nuestros pensamientos. 


24 de julio de 2012

España - Madrid - Restaurante Sergi Arola Gastro


Happy Birthday to me!

Para celebrar el cumpleaños de una amiga y el mío propio decidimos darnos un homenaje en uno de los llamados buenos restaurantes. Llegada la fecha elegida, 9 de junio, por problemas familiares (afortunadamente en camino de solución, lenta pero solución) nuestros amigos no pudieron acompañarnos. Nosotros decidimos ir a cenar, porque para bien y para mal la vida sigue, aunque ella por su cuenta se empeña en pararla, y si bien los parones son necesarios para descanso del alma en algunos momentos, no creo que deban ser definitivos en ningún caso. 

Cambiamos los acompañantes y nos dirigimos al restaurante Sergi Arola Gastro para conocer las creaciones de Sergi, uno de los más mediáticos cocineros-chefs de nuestro país, criado en los fogones del maestro Ferrán Adriá. 

Al llegar nos recibe un amable señor que nos abre la puerta del taxi y nos habla en inglés, no pensé yo que tenía esta pinta de extranjera, y es que el restaurante tiene fama fuera de España…ganada o no…eso es decisión de los comensales. 

Al entrar al restaurante nos recibe el equipo de camareros y Sara Fort, la esposa de Sergi, que es la directora del restaurante, que nos acompaña a nuestra mesa, muy amplia, muy cómoda, y con bonitos detalles de presentación, nada recargados. 


Mientras esperábamos a nuestros amigos mi marido se pide una copa de vino para aligerar la espera, que dejamos en manos de la suplente del sumiller; éste, Daniel Poveda, no se encuentra esta noche de sábado, dato que nos llama la atención. No importa, Rosa nos atiende muy bien, y comienza la noche con un vino de nombre precioso, A mi manera, cosecha de 2011. Con este nombre no puede estar malo, New York siempre con nosotros (ya llegará esta ciudad a este blog pero necesito mi tiempo para hacerlo) y de la mano lejana de Frank Sinatra. 

Para acompañar el vino, yo prefiero ir lenta en esto de la degustación vitivinícola para no perderme la gastronómica, nos presentan unas aceitunas de Kalamata, aunque no me saben a tal, y será porque en Grecia saben mejor...cuestión de ubicación  adecuada supongo. 


Mi marido durante la espera a que llegarán nuestros amigos lee parte de la enciclopedia de la carta de vinos, pero más por curiosidad que por elegir algunos, ya que teníamos decidido que nuestras bocas y paladares quedaran en manos del equipo del gastro. 

No hay menú de degustación sorpresa en Arola, en su lugar hay varias opciones a elegir: Menú Sergi Arola (snacks y bocados, dos entradas, un pescado y una carne), Menú Descubrimiento (snacks y bocados, una entrada, un pescado y una carne) o elegir a la carta. Nuestra elección fue dos menús Sergi Arola y dos Descubrimiento, nosotros por supuesto a por todas, que estas ocasiones hay que aprovecharlas.

Continuamos con el vino A mi manera, que resultó bueno y nos gustó a todos. Al no existir maridaje como tal la pregunta fue si preferíamos alternar blancos con tintos y nos decidimos por hacer la cena completa con tintos, por aquello de no mezclar graduaciones alcohólicas e intentar ser lo más comedidos posible, además Rosa nos lo aconsejó y una vez puesta nuestra decisión en la suya, nada más que objetar. 

Comencemos el festival gastronómico de Sergi. Lo malo es que justo antes de empezar recibí una llamada telefónica que me desconcentró y fastidió, así que esta primera parte la hice con la mente en otro lado, y hay que tener en funcionamiento todos los cinco sentidos, cuando no los seis, para intentar saborear y disfrutar estas creaciones. Para vuestra tranquilidad os diré que no fue nada grave, solo un fastidio que no era importante, solo fastidio y que por ello no puedo contar con detalle mis sensaciones iniciales como debería ser porque comía pero no estaba concentrada en ello, y las tengo demasiado difuminadas, oscurecidas. 

Negroni de fruta de la pasión, que en principio nos gusta por la evocación a Vietnam, aunque esta fruta no es precisamente la que más nos gustó allí. De estos efímeras sensaciones recuerdo una suave textura, no así un fuerte sabor a alcohol como me ocurrió en La Terraza del Casino, y seguro que algo llevaba, porque Negroni es un cóctel, así que supongo que será una versión especial de Sergi. 


Tras esta primera toma de contacto el camarero, trae dos planchas de piedra que calienta, ante nuestra sorpresa y nuestros ojos abiertos como nuestras bocas.


Sobre ellas coloca unas riquísimas coca-pizzas braseadas con aceitunas negras, con una base super crujiente, con un buen sabor a tomate y a rúcula. Poco a poco mi mente se va liberando de la llamada perturbadora, aunque todavía sigue resonando al fondo. Me gustó mucho y si llego a estar totalmente  concentrada en lo que tenía que estar la hubiera disfrutado y saboreado aún más, aunque es curioso que lo que más recuerde sea la masa.


Tras estos snacks llega la selección de los clásicos bocados, un homenaje a las tapas españolas de Sergi, con una cuidada presentación. Y un detalle a mencionar, hasta el momento comemos con los dedos aunque tenemos a nuestra disposición un tenedor pero a mí se me hace impensable tomar estas tapas y bocados de ningún otro modo que no fuera de forma manual-prensil.


Comenzamos con uno de los clásicos más conocidos de Sergi, su versión de las patatas bravas, ya estoy en forma, la visión de estas tapas me ha estimulado mis sentidos aletargados. Personalmente me esperaba más, una explosión de sabor de otra forma, pero con ello no digo que no estuvieran para chuparse los dedos, esos dedos con los que se toman las patatas para comerlas. La base de patata de una textura exquisita, quizás lo que para mí falló fue la poca bravura de la salsa, y es que el picante me gusta. Al resto de comensales les encantaron las patatas bravas, posiblemente en mi caso la expectación no fue el mejor acompañante para la degustación. 


Cornete relleno de gambas al ajillo, aquí si soy gratamente sorprendida por el sabor  de este helado con sabor a puro ajo, en teoría, según nuestro camarero el cucurucho tenía el sabor a gambas, pero ni el cucurucho ni el helado me recordaron en demasía a las gambas, un vago recuerdo más que un sabor definido. Una receta que me gustaría conocer, y que además este helado tiene múltiples variedades de ingredientes. 


Lo mejor, según toda la mesa, de estas tapas, el clásico bocata de calamares, en esta ocasión con el “pan” coloreado con la tinta del calamar. Sólo nos faltó aplaudir y hacer la ola, porque era un auténtico bocata de calamares, eso sí, con unos calamares de escándalo y un pan diferente, todo de exquisita calidad y manufacturación. Estuvimos todos de acuerdo en que queríamos el bocata entero y no sólo la muestra. Otra receta que no me importaría agenciarme. 


Terminamos esta ronda con un sándwich de tomate y jamón, que era aire en la boca, era de tanta suavidad en su composición que se deshacía en la boca; y con una “bomba” de la Barceloneta, que dejamos todos para el final porque era lo más picante en esta degustación de tapas, y que si bien tenía su punto de picante no lo era tanto como para verse forzada a beberse la copa de vino de un trago, al igual que el sándwich también era aire con sabor a patata y tomate "picantillo". Me gustará ir a la Barceloneta para probar las auténticas “bombas” ya que no tengo el gusto de haberlas probado.  


Las tapas finalizan con unos espárragos verdes en tierra de morillas, y efectivamente estas morillas, una variedad de hongos, tenían la textura de tierra, y quizás esto es lo más chocante al paladar, porque su sabor era bueno pero demasiado seco y áspero. Los espárragos eran las puntas que no podían ser muy grandes porque el recipiente en el que se sirven no admitirían mayor tamaño. Fui la que más apreció esta tapa entre los comensales, para el resto no fue de su gusto totalmente. 


Comienzan nuestras elecciones de menú, que podían haber sido más surtidas para probar todos los platos, pero también es importante al elegir decantarse por los propios gustos, sobre todo aquellas que tenemos algunos alimentos con los que no nos relacionamos bien y eso que la noche me tendrá una sorpresa de órdago. 

Raviolis de remolacha y consomé de celery, con más agrado recibido el consomé que los raviolis, cuya pasta me pareció insípida. El ravioli en su interior tenía jugo de remolacha y al romperse y soltarlo el consomé adquiría un precioso color sanguíneo (no, no es morbo gratuito). El celery es apio, y el consomé no tenía sabor agrio como suele tener esta verdura al masticarla en crudo o cocida. 


 
Dos buenos detalles al servir este plato, el primero es que tres comensales lo hemos pedido, y es servido en dos platos (soporte) diferentes, siendo yo la afortunada de tener esta escudilla de metal que le da un marco propicio al plato. 


El segundo detalle es que a uno de los comensales el plato no le hace ninguna gracia y al darse cuenta el camarero y sobre todo Sara, le ofrecen cambiárselo por otro, que será uno de los platos estrella de esta cena, pero como dos comensales lo tomaremos más adelante lo dejo momentáneamente en suspense.

El surtido del pan es presentado directamente en la mesa, en otras ocasiones se da a elegir entre varios, pero no me parece mal detalle el tener la oportunidad de probar un poco de todos sin necesidad de estar llamando a los camareros; desafortunadamente pasé bastante de este alimento y sólo probé el del tomate pero no fue un elemento necesario para acompañar la comida y no dirigí mi mano hacia este alimento básico. 


Los panes van acompañados de mantequilla, sales con sabores, a los que no le hicimos mucho caso, fue más el probar (y jugar) un poco pero no llegó a convencernos para untar el pan.


El comensal en discordia de entrada pidió molleja de ternera guisada con especies, puré de coliflor y caviar de berenjena ahumada, plato que me dio miedo pedir porque con las mollejas en pequeño me llevo más o menos bien pero a estos productos de casquería les tengo respeto cuando no miedo y algo de aversión. 

Su presentación es muy cuidada, por un lado el plato con el puré y el caviar, de gran colorido. 


Por otro, la molleja a la plancha, bien grande ella, sobre una bandeja agujereada para que suelte la grasa y sepa a lo que tiene que saber.


No llegué a probarla pero a fe del que se la comió estaba de escándalo.

Nos hemos bebido y degustado con placer dos botellas de A mi manera a nuestra manera y pedimos una nueva elección de la mano de Rosa, que nos presenta un Blas Serrano 2008, más contundente que el anterior, de mejor presencia en boca (eso dicen que se dice). 

Para los que pedimos el menú Sergi Arola nos queda otra entrada, vieira con tocino crujiente, ensalada de nabo y manzana verde, plato por el que fue cambiado el de los fallidos raviolis de remolacha. Suprema esta vieira, que no por el acompañamiento, que queda algo deslucido ante la exquisitez del molusco que te deleita hasta niveles gastronómicos de nirvana. Sobre la vieira colocan con toda la delicadeza del mundo una espuma de algo que no sé definir, pero que a la que se descuidan al colocarla se volatiliza. IMPRESIONANTE.


Es extraño lo bien que acompaña el cerdo al mar, yo sólo he cocinado medallones de rape envueltos en bacon, y es un plato que me encanta, aunque no a todos les apasiona.
 
A los comensales que no disfrutaban de esta entrada les colocaron un plato vacío, más por un orden estético de la mesa que por el hecho de poder compartir con el resto. 

Nos toca probar el último vino de la noche, no podemos quedarnos sin bebida para rematar los platos principales, en esta ocasión recibimos con sorpresa un vino mallorquín, 12 Volts, que nuevamente nos convence. Las elecciones de Rosa para esta noche nos han gustado mucho, y lo mejor es que de esta manera aprendemos o intentamos aprender más sobre este mundo tan amplio del vino. 

Turno de los pescados, para tres un lomo de mero negro asado, milhojas de patatas y cebolla tierna, leche de coco y curry Vindaloo, que yo me pedí con reparos por la leche de coco, de la que llegué a estar saturada en Camboya, pero el mero es un pez que me gusta y como desconocía la existencia de este negro pues me decanté por él. El pescado muy rico pero el aderezo lo encuentro algo insulso, con poca consistencia, poco sabor, que sería de agradecer por esa aversión a la leche de coco y a que no se desvirtúa el sabor propio del pez pero no me termina de convencer del todo. 


El tercer pescado del comensal díscolo es un chipirón de anzuelo con guisantes encebollados, que sólo por su presentación ya merecen nuestra total aprobación, pero a pesar de su apariencia maravillosa y de la cara de placer del que se lo comía no lo probé, porque ya me peleaba bastante con mi mero y todavía me faltaban las carnes para cenar. 


Turno de las carnes, de nuevo tres comensales nos decantamos por el kebab de cordero lechal, crema de pepino y yogurt, con helado de tomate especiado. El cordero riquísimo, de una suavidad y sabor estupendos, el helado de tomate un escándalo, parece que los helados no atípicos son un acierto en esta casa, pero el plato en su conjunto no me convence, el pan que rodea al kebab me es difícil de masticar, demasiado duro que no crujiente, aunque este efecto bien pudiera haber sido producido por la tardanza en comerlo, ya que entre escuchar, hablar, beber, mirar, reír…y que nuestros estómagos estaban bastante llenos y había que intentar hacer hueco posiblemente no fue el momento apropiado para disfrutarlo en conjunto. 


De nuevo el comensal en discordia acierta en su elección, hígado de pato preparado a modo de “coca” y caramelizado con verduras asadas. Al igual que me ocurrió con las mollejas, este plato fue directamente descartado de mis elecciones porque no puedo con el hígado y su fuerte sabor, pero esto no tiene nada que ver con lo conocido. La presentación ya lo presenta oculto a primera vista, pero lo mejor sin lugar a dudas es su sabor, porque en este caso, y raro en mí como en pocas ocasiones, me atreví a probarlo y a maravillarme, resultando ser soberbio, otro IMPRESIONANTE de la noche. 


Llegamos a la tanda de postres, y nos toca un prepostre sorpresa, que para mal propio no recuerdo su sabor completo, era un helado con regusto a regaliz, de eso estoy segura, porque fue un bocado de infancia (aunque no puedo dejar de comer regaliz en mi llamada edad adulta), más porque me llevó al paloduz y a tardes mordisqueando y escupiendo estos palos.


El menú Descubrimiento tiene derecho a un postre, y estas fueron sus elecciones: souflé de arroz con leche, ya que este comensal tiene una debilidad casi genética por este plato. La presentación ya es un punto favorable nuevamente, y es que si bien en casa en ocasiones intentamos ser creativos es imposible tener el arsenal de posibles platos y soportes para quedar tan bien. Respecto al arroz, no lo probé, no me ha gustado nunca y ni siquiera la curiosidad como con el sorprendente hígado de pato me llevó a hacerlo, pero a juzgar por las caras de placer del comensal estaba francamente rico, suave, no pesado, en su punto de azúcar, todo eso que dicen que es tan difícil de conseguir. 


El otro postre elegido del menú Descubrimiento fue tatín de manzana caramelizada y helado de crema de leche, mucho más sencillo en su apariencia y presentación que el arroz con leche, que de nuevo no probé pero que también recibió la aprobación. 


En el menú Sergi Arola hay opción a dos postres (un auténtico festival dulce), de primera “Nuestro mojito…”, que por supuesto no es un mojito al uso, sino una divertida, buena y rica versión del mismo, en el que no se notaba en demasía el alcohol, afortunadamente, en ocasiones es mejor quedarse corto que largo, pero ese canutillo estaba muy rico, y no es que el helado no lo estuviera, pero el canutillo ganaba por puntos. 


El segundo postre no tenía evasión alguna para estos chocoadictos, su nombre el chocolate “da la vida…”, y efectivamente chocolate no faltaba en él, y bueno estaba bueno, pero es que ese mojito nos había colmado en grado extremo y claro, las comparaciones, por muy chocoadicto que se sea al final nos hicieron decantarnos más por él. Esta noche está resultando sorpresiva en cuanto a valoraciones finales.


Para acompañar los postres y siguiendo el sentido común y el consejo de Rosa de no terminar con champán, a pesar de que yo quería cantarme el happy birthday con un brindis espumoso, nos tomamos una sorprendente sidra vasca, Malus Mama, que a mí no me disgusta pero no termina de convencernos como fin de fiesta. 

Terminamos la cena con unos cafés y para mí un rico té, Soplos de Oriente, una composición realizada por un “teófilo o teólogo” o como se llame el que se dedique a estas mixturas, que está muy rico, con un toque ligero a vainilla pero muy suave y nada dulzón. 

Para acompañar un surtido de dulces petit fours, piedras de río de caramelo (supongo, que pudieran haber tenido chocolate o cualquier otro ingrediente en su interior pero nadie las probó, así que me quedo con su aspecto exterior y lo que me parecieron), rodajas de plátano frito y sobre todo, unas trufas y unas aceitunas de trufa que estaban para haber llevado un tupper y meterlas todas, ya que era imposible, por una cuestión de espacio estomacal, el comerlas en el momento. 


El último detalle de Rosa es que me sirvió una copa de champán para brindar por mí (y por todos mis compañeros, aunque ellos pasaron de beberlo). 

La experiencia resultó gratificante aunque menos sorprendente que las manos de Paco Roncero guiadas por Ferrán Adriá en La Terraza del Casino, pero no descarto volver de nuevo a seguir probando, aunque antes me gustaría ir a otros lugares en Madrid, incluso repetir en el Casino. Un detalle feo de esta noche de sábado es que Sergi no se encontraba en los fogones, y este es uno de esos detalles que los comensales agradecen, sin desmerecer las manos cocineras en las que estuvimos esta noche.