11 de julio de 2012

España - Miranda del Castañar (Salamanca)


En el medievo más empinado

La última localidad que visitamos en esta Sierra de Francia salmantina, tras nuestro paso rápido por Villanueva de los Condes es Miranda del Castañar, que fue cabecera del condado de Miranda, el centro señorial de toda la comarca. Llegamos casi a las cuatro de las tarde y sin comer, la mañana había cundido pero nos había llevado lo suyo y preferimos jugar a la “ruleta gastronómica” de llegar a Miranda para intentar comer lo que fuera, así por lo menos tras la comida podríamos visitarla si bebíamos, cosa que no hubiéramos podido hacer si de nuevo hubiéramos vuelto al atrayente y fascinante Restaurante Mirasierra de Mogarraz, en el que esas viandas hubieran necesitado buen vino para acompañarlas. 

Lo primero al entrar en la población es buscar un lugar donde pudieran atendernos, afortunadamente en el primero en el que entramos a base de tapas en la barra calmamos el hambre. Con esto nuestra visita por la villa comenzó como a la mitad del recorrido que tenía que haber sido, así que voy a intentar hacer un recorrido lo más práctico posible (y será más mal que bien porque no recuerdo las calles por las que caminamos, aunque no es difícil, sólo hay que subir por unas y bajar por otras). 

Desde la carretera se divisa en lo alto de la colina Miranda, aunque desde el coche y con mi torpeza fotográfica no se hace justicia completa a la visión. Desde la carretera sólo se ve el caserío apoyado en la ladera pero no se ve ni se intuye su precioso interior. La villa fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1973. 

Del año 1457 data la institución del condado de Miranda, con Don Diego de Zúñiga, título que después pasó a la Casa de Alba, viviendo la villa de Miranda del Castañar un periodo dorado como solar de nobles linajes. 


Aparcamos al lado del ya clásico ante nuestros ojos Humilladero. 


La calle que parte desde aquí conduce directamente al castillo, del siglo XV, del que se conserva la imponente torre del homenaje, pero no se puede acceder a ella, y los lienzos de las murallas que rodeaban el caserío. 



A los pies del castillo se encuentra una amplia explanada cuadrangular, el coso taurino, que se remonta al siglo XVI. 


Al igual que en San Martín del Castañar se conservan los estrechos burladeros abiertos en los muros de granito (aunque en esta ocasión éstos son algo más anchos). 



Enfilamos la subida a la villa y al recinto amurallado quedando a nuestra derecha la actual Casa Consistorial, construida en 1585, pero no destinada a este uso de gobierno municipal sino al de alhóndiga o almacén de granos. 


La muralla se conserva en buen estado, y al lado de la Casa Consistorial se abre en ella la Puerta de San Ginés de Arlés, del siglo XVI, con un arco gótico, blasonada en la parte exterior y en la parte interior acoge la pequeña imagen del santo (más parece marioneta y no quiero parecer irrespetuosa). 



La puerta se abre a una pequeña plaza de la que parte la calle principal en subida, llamada Derecha o Larga, de la que a al ir subiendo parten a derecha e izquierda calles estrechas. Se puede caminar directamente por ella y callejear o dejarse “perder” por la villa descubriendo sus tesoros, casones y rincones, de un modo o de otro se acaba callejeando. 

Si en lugar de enfilar esta calle Larga caminamos por la ronda de la muralla se alcanza la Puerta del Postigo


A cuyo lado se encuentra un pasadizo encantador de arcos góticos, con vistas al verde que inunda el paisaje alrededor de Miranda del Castañar. 



Desde estos arcos góticos girando hacia el interior se llega a una plaza irregular donde se alzan varios edificios a mencionar. Por un lado la iglesia, sencilla en su fachada, construida en los siglos XIII y XIV aunque posteriormente ha sido muy modificada. 


Frente a la iglesia se alza su torre campanario, que es exenta, construida en el siglo XVII. Se sitúa sobre un zócalo y en una zona que estaba reservada para las propiedades municipales, como el Ayuntamiento, la Cárcel Real y la Carnicería Real.  


Un detalle es el lugar donde han colocado un reloj moderno, incrustado en el lateral de un balconcillo almenado. Siempre me produce por partes iguales sonrisa y estupor estas acciones, algunas con mejor acierto que otras, pero que el reloj acaba puesto, acaba. 


Al lado de la torre  se mantiene el edificio de la Cárcel Real, que data del siglo XVI y que fue una de las mayores construcciones de Miranda. En el siglo XIX fue quemada por los franceses durante la Guerra de la Independencia, siendo rehabilitada para pasar a ser sucesivamente Casa Consistorial, Escuela Pública y Casa del Cura. A mediados de los años setenta del siglo XX pasó a manos privadas y como se puede ver ahora alberga una tienda de recuerdos, a la que entramos por si en sus muros quedaban historias, pero no fuimos capaces de sentir ninguna, y si algún secreto tenía no los compartió la señora que atendía el negocio, ya que no compramos, y hay cosas que aunque no tengan precio si tienen un justi-precio por añadidura. Sobre la fachada destaca el escudo de los Zúñiga Avellaneda. 


Casi en la plaza, un poco más abajo, se encuentra una preciosa tienda de alimentación y degustación, recuerdos, artesanía local y moderna, cosmética…Bodega La Muralla. El lugar donde la han instalado es una antigua bodega, y su propietaria, María Ángeles, nos atendió de maravilla, además sin necesidad de comprar nada cuenta la historia de la bodega, que fue construida en el siglo XVIII y estuvo en funcionamiento hasta mediados del siglo pasado aprovechando el desnivel de las calles, de modo que por gravedad y por unas mangueras y tubos convenientemente (y desafortunadamente aunque no se ve) atravesando la muralla, el vino salía fabricado directo para su venta. Se conservan cuatro cubas en el interior, y por una de ellas debéis preguntar, aunque seguro que María Ángeles os lo cuenta todo más y mejor. 


Al final entre charla y charla acabamos comprando varios productos, vino de la tierra principalmente, que aunque con La Zorra la experiencia no ha sido plenamente gratificante, hay que seguir catando esa uva rufete. Además María Ángeles nos da un mapa con los puntos de la villa más importantes y nos aconseja varios lugares que no deberíamos perdernos, uno por el enclave, y otro por ser curioso. 

No os perdáis esta visita en Miranda del Castañar, donde además realizaréis buenas compras y degustaciones. 

El primer destino recomendado por María Ángeles nos hace caminar por la calle Vivaque, con algún detalle actual que recuerda el pasado musulmán de la villa.  


Por esta calle se llega a la Puerta de Nuestra Señora, que en su parte interna acoge la imagen de la Virgen (en la fotografía no se ve, sólo se intuye el nicho). 



Saliendo por esta puerta se toma un camino que conduce a la Ermita de la Virgen de la Cuesta, del siglo XVII. 


En esta ocasión tenemos suerte, unas señoras están limpiando el interior de la ermita y les pedimos permiso para entrar, y nos lo dan, con lo que podemos contemplar un retablo barroco muy colorido que aloja a la patrona de Miranda, una talla románica del siglo XIII (los santos y vírgenes parecen todos muñecos).


Pero sin lugar a dudas para estos ojos algo profanos, y sin desmerecer el impresionante retablo que nos ha sorprendido, lo mejor de la ermita vuelve a ser el enclave en el que se localiza, y no por el enclave en sí mismo, sino por las hermosas vistas que se obtienen desde él. 


Un lugar para reflexionar, leer, rezar o cualquier verbo que se quiera conjugar. 


Desde la ermita volvemos a la Bodega La Muralla para recoger y pagar nuestras compras, que amablemente María Ángeles no las cobró y nos las guardó, un detalle de confianza en estos tiempos que corren que es de agradecer.

Bajamos de nuevo hacia la plaza de la iglesia, y allí salimos a la calle Larga


Primero caminamos por ella hasta casi su final, pasando por la esquina donde se encuentra la Casa del Escribano, con dos escudos en la fachada. 


Luego nos dirigimos callejeando por calles, algunas más estrechas que otras pero todas con rincones llenos de encanto, hasta la otra zona del camino de ronda de la muralla. 



Llegando a la última puerta que se abre en la muralla, la Puerta de la Villa, que fue en realidad por la que entramos nosotros, saliendo por la de San Ginés. 


En Miranda del Castañar, como en Mogarraz, La Alberca y San Martín del Castañar, hay que estar pendiente de los dinteles y de los blasones en las fachadas de las casas. 


Por este camino de ronda, situado en la parte derecha de la muralla, se encuentra otro de los lugares recomendados por María Ángeles, una calle muy estrecha, que originalmente no era calle sino el lugar donde tirar las aguas fecales, ya que como Miranda era lugar de vivienda de nobles no estaba bien visto soltar estas aguas en cualquier calle y que le cayeran a ellos. Realmente son dos calles en cruz, una más larga que la otra. 


Y desde aquí bajando el camino de ronda se llega a la Plaza de San Ginés con su puerta homónima, concluyendo el paseo por esta empinada y bonita villa. 


Esta noche es la cena en la bodega del hotel, y tanto vino y tanto chupito me hicieron mella, de modo que los planes de la mañana siguiente no los realizamos: acercarnos a la Peña de Francia y a Las Batuecas si el tiempo era favorable, cosa que así fue, para tener las vistas que la niebla nos impidió, y además tenía la idea de volver a Madrid dando un rodeo, es una de mis manías si se puede hacer, bajando por la zona de Las Hurdes extremeñas, sin parar en los pueblos, más que nada una toma de contacto para otro viaje. Será en otra ocasión. 

Todo lo que hemos visto en la zona de la Sierra de Francia nos impresionó, por la buena conservación de sus villas, y por supuesto nos gustó mucho, con lo que recomiendo este viaje para aquellos que no lo conozcan todavía. 


28 de junio de 2012

España - Sequeros - Villanueva del Conde (Salamanca)


Terminando la  Vuelta a la Sierra de Francia

Salimos de San Martín del Castañar y nos dirigimos a la villa de Sequeros, que conoció gran prosperidad a principios del siglo XX. Primero visitamos en las afueras de la población el Humilladero, construido en el siglo XV, que servía de despedida y bienvenida a los caminantes. 


Al lado del Humilladero se encuentra el Mirador de la Llanada, con vistas a la Sierra de la Alberca y a la Sierra de la Peña de Francia. 


Un camino por detrás del Humilladero conduce a la Iglesia del Robledo, antigua parroquia en un bonito marco de paisaje, rodeada de cipreses, que mantiene su nombre y que al tiempo también recibe el de Iglesia de la Asunción. 


Se cree que su origen se encuentra en un templo del siglo XIII que resultó destruido por un incendio a principios del XVII y que fue reconstruido en 1622. 

Un panel en el exterior informa sobre el interior, tanto de la imagen de la Virgen encontrada dentro de un roble, por eso su nombre, como  del bonito artesonado en madera en estilo mudéjar, pero por la cerradura solo vimos la sombra de la imagen de la Virgen. Como detalle mencionable, en su interior un nicho acoge las reliquias de Simón Vela, el descubridor de la imagen de la  Virgen de la Peña.


Por un lateral de la iglesia sale un camino de escalones en piedra, que dan la sensación de ser el antiguo camino por el que se llegaba a esta iglesia, además algo más adelante otro camino conduce a los lavaderos, pero por ninguno de ellos nos adentramos, ya que el tiempo corría, se acercaba la hora de comer y no teníamos nada claro cómo y dónde lo haríamos.


Tras estas visitas entramos en la población, para llegar en primer lugar a la Iglesia de San Sebastián y San Fabián, construida a finales del siglo XVIII. 


Un elemento llamativo es la Torre del Concejo, construida en la Edad Media formando parte de las Casas del Concejo. En esta torre se presentaban al Conde de Miranda los cargos y oficios municipales. Posteriormente fue modificada para incorporar el sistema de campanas. 


Algunas calles por las que paseamos son éstas, quizás no tan llamativas como en otras poblaciones, pero también con su propio encanto. 




Nuestro último paseo por el pueblo nos lleva a un pequeño y coqueto parque


Parque en el que desgraciadamente los olmos se han ido muriendo por efecto de la grafiosis. 


En el parque se encuentra la plaza de toros, siendo un lugar cuando menos curioso curioso para su emplazamiento. 


Cerca del parque, y lo vimos a la salida del pueblo pero ya no paramos en él, se encuentra el mirador de la Cruz, presidido por un crucero, desde el que se obtienen vistas de los alrededores. 
 
Volvemos a ponernos en marcha y desde la carretera vemos la localidad de Villanueva del Conde y decidimos, a pesar del hambre y del crujido de estómagos que ya teníamos, hacer una parada rápida.  



En la plaza, por un lado se ve una ermita, de la que desconozco su nombre y sus datos. 


Pero lo más destacable es el tamaño de la iglesia, supongo que ese “apellido” de la villa, de los Condes, tendrá una relación directa con ella y su tamaño, porque sin lugar a dudas es la mayor de todas las que hemos visto en la zona. 




21 de junio de 2012

España - San Martín del Castañar (Salamanca)


Nobles, castañas y un santo

Desde Cereceda de la Sierra nos dirigimos a San Martín del Castañar, donde la afluencia turística es mayor que en los pequeños pueblos por los que hemos estado, sobre todo en los puntos principales de la localidad, aunque no en el grado que lo es en La Alberca. La villa fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1982. 

Aparcamos fuera del casco urbano, por aquello de las calles estrechas, con lo que para entrar en San Martín tenemos que cruzar la vega huertana que  lo rodea, para finalmente entrar en estas calles medievales con las típicas casas de entramado de madera y barro o piedras, con balcones asomados a las calles. 


Llegamos a la Plaza Mayor, que gira en torno a una gran fuente, en cuya barandilla hay apoyada una colección de bonsáis, no sabemos si municipales o a título individual de los lugareños. La fuente era el clásico pilón, que antiguamente era el abrevadero para el ganado y también para abastecimiento de los habitantes. 


En uno de los lados de esta plaza se abre el gran soportal del antiguo palacio que poseía el Obispo de Salamanca antes de pasar estas tierras y esta población a manos del condado de Miranda. Actualmente alberga el Ayuntamiento, y en esa planta de soportales antiguamente se reunía el concejo. 



Al fondo de este soportal una escalera conduce a la parte alta de la población, donde se encuentra la alhóndiga y actualmente también hay  una cancha de deporte. 


Bajamos de nuevo a la Plaza Mayor y paseamos por sus calles, y lo que nos llama la atención en las casas de San Martín son las magníficas portadas, que delatan su pasado nobiliario, datadas entre los siglos XV y XVI. 



La calle principal desde la Plaza Mayor conduce hasta la iglesia


La portada de la iglesia es románico mudéjar, del siglo XIII, siendo reformada en los siglos XVI y XVII, destacando especialmente su esbelta espadaña. 


Rodeamos la iglesia, encontrando otra visión de la torre-espadaña y su balcón, así como rincones coquetos de las calles. 




Detrás de la iglesia por un lado se encuentra la plaza de toros, una de las más antiguas en piedra construidas en España, cuyas primeras referencias datan del siglo XVII. 


En esta plaza de toros destacan los burladeros de piedra originales, tapados ahora por unos de madera. Las aberturas de la piedra son fracamente estrechas, imposible entrar por ahí entrdito en carnes y huyendo de los cuernos de un toro. 



Por otro lado, al fondo de la calle se encuentran la antigua muralla que rodea las ruinas del castillo del siglo XV, a cuyos pies se asentó la población en un principio. 


Lo único que se mantiene en pie del castillo son dos muros de la torre del homenaje. 


El interior del recinto del castillo acoge el cementerio, un marco majestuoso para descansar en paz, aunque realmente no tanta paz porque se acude al castillo en plan turístico, pero no hace falta ser irrespetuoso con la visita y respetar tanto los que moran este lugar como a los que les presentan sus respetos.


Al estar situado el castillo en terreno algo más elevado se obtienen vistas sobre la zona alrededor de San Martín del Castañar, y es que en estas localidades de la Sierra de Francia uno de los alicientes es el emplazamiento, el paisaje. 



Entramos de nuevo en la villa y callejeamos un poco, que al fin y al cabo es de lo que se trata, aparte de ir buscando los lugares y monumentos que se lleven marcados, y por supuesto no faltan rincones coquetos de la arquitectura tradicional. 


Caminando salimos de San Martín del Castañar por el puente medieval sobre el río Canderuelo, del que no hay una fecha exacta sobre su construcción, aunque ya se le conocía en 1577,  y sobre él la calzada romana



Por la calzada se extiende un camino de Vía Crucis, pasando primero por la Ermita del Socorro





Más adelante se encuentra el Humilladero, que originalmente no tenía paredes y cobijaba una cruz, pero que por el viento, el frío y la lluvia se tuvieron que levantar los muros para proteger a los que lo visitaban y el interior también. 



A la derecha del Humilladero parte el camino de los huertos, bastante corto según las indicaciones del cartel de información, y a la izquierda parte el camino que lleva hasta La Alberca, y creo, pero no vimos ninguna señal de ello, a las ruinas del convento de Gracia, algunas de cuyas columnas vimos en la plaza del Padre Arsenio en La Alberca. No realizamos ninguna de estas alternativas de camino pero seguro que cada una de ellas, a su manera y grado, son gratificantes. 

Volvemos a entrar en la población por el camino del puente y volvemos a pasar por calles por las que ya hemos pasado, o por otras nuevas, pero siempre descubriendo su arquitectura, ahora ya con el sonido del ajetreo de los fogones que se van poniendo en marcha. 


Sobre las fachadas de las casas, al igual que en los portones, en los escudos también hay rastros del pasado nobiliario de la villa.


Salimos de Sa Martín del Castañar por donde entramos, por el camino que cruza las huertas, y algunos de sus balcones están adornados y coloridos con sus balcones de flores, detalle este que en primavera en estas casas serranas son uno de los atractivos típicos, pero como más que primavera parece que estamos en invierno es un espectáculo que nuestros ojos no han podido disfrutar en esplendor.