9 de junio de 2011

Austria - Viena - Hofburg - In der Burg - Schweizertor - Schweizerhof - Stallburg - Josefsplatz - Prunksaal - Augustinerkirche - Burggaten - Heldenplatz - Neue Burg

El imperial y grandioso Hofburg


Desde Ballhausplatz se vuelve a acceder al complejo del Hofburg, aunque nosotros lo hicimos por una cuestión de logística mal planteada desde Michaelerplatz, y se entra al patio In der Burg (que significa en el castillo), con una estatua de Francisco I en el centro, rodeado por las alegorías de la Fortaleza, la Paz, la Fe y la Justicia. 


Al frente se encuentra Amalienburg, el castillo de Amalia, construido por Rodolfo II en 1575, que lleva el nombre de la viuda de José I y donde se encuentran las habitaciones de Sisi. En su fachada destacan los dos relojes, el solar y el construido por Tycho Brahe a finales del siglo XVI. A la izquierda de este edificio se halla la puerta que comunica con la Ballhausplatz.

A la izquierda (no se ve en la foto ni siquiera una esquina) se encuentra el Leopoldinischer o Ala Leopoldina, construido por el arquitecto más nombrado de Viena, Fischer von Erlach (realmente dos, padre e hijo), para unir los edificios que estaban inconexos en el complejo del palacio, y que habían quedado destruidos durante el asedio turco de 1683. Este edificio fue la vivienda de la emperatriz Maria Teresa y de su hijo José II. Actualmente es la Residencia Oficial del Presidente de la República y no se puede visitar; si ondean las banderas austriaca y europea sobre el tejado es que el presidente está presente, y este día no ondeaban. 

A la derecha la Reichskanzleitrakt o Cancillería Imperial, construido por Carlos VI en 1723, aunque el ala izquierda forma parte del antiguo castillo construido en el siglo XIII. En este edificio es donde se encuentran los apartamentos de Francisco José. 

Frente a Amalienburg una preciosa puerta renacentista, Schweizertor, con columnas de mármol rojo y negro que parecían madera; puerta que daba acceso al castillo antiguo, que estaba aislado en el origen del Hofburg. Ante la puerta se encuentra el foso, con su puente levadizo; sobre la puerta hay dos poleas redondas (a los lados del arco) que revelan la existencia de este puente. 




Esta puerta da paso al Schweizerhof o Patio de los Suizos, la parte más antigua del castillo. Su nombre se debe a la guardia suiza que custodiaba el palacio, al servicio de Maria Teresa. 

 
A la izquierda según se entra (derecha mirando la foto) se encuentra la Schweizerbrunnen, fuente construida en 1552, y al fondo, subiendo las escaleras desde la que está tomada la foto, la Burgkapelle, donde comenzó a cantar el coro de la Corte, precedente de los Niños Cantores de Viena; pero que está cerrada (abierta de lunes a jueves, pero era jueves y no tocaba). 
 
Bajo la escalera de la iglesia se halla la entrada a la Schatzkammer o Cámara del Tesoro, donde se exponen los Tesoros Secular y Eclesiásticos durante los años de reinado de los Habsburgo, pero nosotros decidimos no entrar. 


En este círculo casi vicioso que tenemos de paseo volvemos a salir a Michaelerplatz, ahora tomamos la calle Reitschulgasse, y en lugar de tomar la acera por la que subimos lo hacemos por la contraria, en la que hay unos soportales, con lo que nos topamos sin saberlo con el Stallburg, los establos reales. El edificio fue construido por Fernando I como residencia de su hijo Maximiliano II, pero nunca lo habitó y se utilizó como establos desde el principio.

 
Los establos están alrededor de un patio con tres pisos de arquerías, que gracias a unos cristales se puede ver la construcción así como a sus habitantes, los bonitos caballos Lipizzanos, una raza cruce de ejemplares españoles, árabes y bereberes, que comenzaron a criarse en Trieste, Eslovenia; los cristales son a prueba de ruidos para no molestarles.
Como curiosidad, los potros nacen con la piel oscura o negra y se convierten en blancos entre los cuatro y los diez años.

Se pueden ver los caballos cuando los llevan del Stallburg a la Escuela Española de Equitación, situada enfrente, pero nosotros no coincidimos con este ecuestre y bonito desfile, así que nos conformamos con verles en su “hotelito”. 

Al salir de los soportales se entra en Josepfsplatz, plaza por la que antes habíamos pasado pero en la que no nos detuvimos por intentar llegar a buena hora para visitar los apartamentos imperiales del Hofburg

Preside la plaza la estatua de José II, bajo cuyo reinado Austria se convirtió en una potencia europea y Viena una importante capital cultural.

En el lado derecho de la plaza (de la foto) se encuentra la Escuela Española de Equitación o Spanische Hofreitschule, aunque la entrada del público creo que no se realiza por esta puerta; donde se celebran espectáculos con los caballos lipizzanos, a los que hay que reservar con antelación, o se puede intentar asistir a los ejercicios matinales, previa compra de entrada el mismo día. Al lado de esta escuela está el Redoutensaaltrakt o Sala de Baile, donde se celebraban los bailes de máscaras, que no es visitable pero en la que esporádicamente se celebran conciertos y también conferencias del Centro de Congresos. 


Al frente se halla la Nationalbibliothek o Biblioteca Nacional, que en este caso necesita poca traducción la verdad, erigida por Von Erlach el Joven según proyecto de su padre. La fachada está rematada en el centro por la escultura de Minerva sobre su cuadriga, a la derecha Gea con la esfera terrestre, y a la izquierda Altas con la esfera celeste

A la biblioteca entramos, 7€, porque en su interior se halla la Prunksaal o Sala Suntuosa o Imperial, comenzada a construir por Von Erlach padre en 1719 y terminada por el hijo, bajo el reinado de Carlos VI. Una biblioteca impresionante, con librerías de nogal, de dos pisos, aunque sólo podemos pasear por el inferior, más quisiéramos haber subido al superior. En el centro bajo la cúpula, con una pintura que representa la Glorificación de Carlos VI, una estatua del mismo, y rodeándola cuatro bellos globos terrestres.

Una biblioteca impresionante, con librerías de nogal, de dos pisos, aunque sólo podemos pasear por el inferior, más quisiéramos haber subido al superior. En el centro bajo la cúpula, con una pintura que representa la Glorificación de Carlos VI, una estatua del mismo, y rodeándola cuatro bellos globos terrestres.




La sala tiene 77,7 m de largo, 14,2 m de ancho y una altura de 19,6 m. Cuenta con 200.000 libros de 1501 a 1850, aunque los fondos de la biblioteca en total ascienden a ocho millones de libros y objetos varios. 

El detalle curioso es que una parte de las estanterías inferiores es giratoria y da acceso a una “biblioteca oculta”. 


La visita a la biblioteca merece la pena, pero nosotros nos quedamos prendados de la Marsh Library de Dublín, menos imperial pero más coqueta, fue un flechazo desde el primer momento y es difícil de superar, aunque nunca se sabe; más comparativa por su grandeza sería la Long Hall del Trinity College, también en Dublín. 

Salimos de nuevo a Josefsplatz, en el lado de la plaza que queda por descubrir, a nuestra izquierda mirando la foto de la plaza, se halla la entrada a la Augustinerkirche, del siglo XIII pero con sucesivas reformas, que forma parte del convento del palacio. En ella se celebraban las bodas de los Habsburgo, como la María Luisa y Napoleón en 1810, aunque él no asistió, y la de Francisco José y Sisi en 1854, pero su interior no es demasiado imperial, curioso con el nivel que encontraremos en otras iglesias de la ciudad.


Si, aunque no lo parece, la iglesia es el edificio blanco que ahora vemos a la derecha en la foto, aquí se encuentra su entrada y no en la calle Augustinerstrasse. Cierran la plaza, frente a la Biblioteca el palacio Pallavicini, la casa de Harry Lime en El tercer hombre y al lado el palacio Pallfy, con la fachada color verde, donde comenzó su carrera Mozart de niño prodigio, y que actualmente acoge un centro cultural.

Entramos en la iglesia y en la nave derecha se encuentra la tumba de la princesa Maria Cristina, hija preferida de Maria Teresa, obra de Antonio Canova, aunque la tumba está vacía ya que estos Habsburgo para los enterramientos eran bien raritos ellos. 


Al final de esta nave se encuentra la entrada a la Lorettokapelle o Capilla de Loreto, donde a través de una reja se pueden ver las 54 urnas de plata que contienen los corazones imperiales de los Habsburgo, de 1637 a 1878, solo sus corazones ya que tenían la extraña costumbre de desmembrarse para ser enterrados en varios lugares, y este es el primero de ellos por el que pasamos, pero la capilla está en reformas o algo parecido porque el austriaco o el alemán no lo dominamos, con lo que no vemos estas morbosas urnas. Las vísceras restantes se encuentran en la cripta de la catedral Stephansdom.

Pasamos de nuevo por Albertinaplatz y por una calle pequeña que parece cortada salimos a una de las entradas al Burggaten o Jardín del Castillo, al que también se puede llegar desde el Schweizerhof, pero estamos empeñados en dar vueltas por los mismos lugares, y es que es complicado ir viendo todo sin repetir sobre nuestros propios pasos. 


Con el buen tiempo que hace es normal que la gente aproveche los parques y jardines.

El parque se construyó en 1819 con el nombre de Kaisergarten o Jardín del Emperador para tapar el hueco que había dejado la voladura de las murallas que hicieron las tropas de Napoleón antes de salir de Viena, y que no habían servido para evitar su entrada. En 1919, la Primera República Austriaca le cambió el nombre y lo abrió al público, ya que hasta el momento estaba reservado exclusivamente a los miembros de la Corte. 

Según entramos a la derecha se encuentra el Palmenhaus, un invernadero de estilo Jugendstil, en el que se ha instalado un café, en el que no había ninguna mesa, y en esta ocasión la buscamos, y no somos de parar todo lo que deberíamos y lo que nuestros cuerpos necesitarían, pero conocer no ocupa lugar sino tiempo.

En la parte del fondo del invernadero la Shmetteringhaus o Casa de las Mariposas, que ya ha cerrado; pero dado que en el mariposario de Amsterdam tuve mis más y mis menos con estos animalitos incluso mejor que esté cerrado, que soy muy histérica y puedo acabar a golpes de guía con ellas si se me posan (muy bonitas sus alas pero sus cuerpos no dejan de ser "agusanados"). 

Al frente según hemos entrado se encuentra la fachada posterior del Neue Burg (más adelante conoceremos más de él).


En el parque hay varias estatuas, una es la de Francisco José, muy prusiano él. 


Pero la estatua más solicitada para fotografiar y fotografiarse es la de Mozart, obra de Viktor Tilgner, de 1896.


En el parterre delante de la estatua una bonita clave de sol floral, la primavera parece querer llegar a Viena, además el tiempo está siendo espléndido, mientras que las noticias que nos llegaban de España eran de lluvias torrenciales. 











Llegando a Mozart tenemos que tener un intermedio musical:


 
Al final de la fachada posterior del Neue Burg hay un pasillo que conduce a la Heldenplatz o Plaza de los Héroes, una de las plazas más impresionantes, en grandeza, de Viena. 

 
Y por supuesto la entrada principal del Neue Burg o Nuevo Palacio o Castillo, donde se forjó la última etapa del imperio de los Habsburgo, a los cinco años de su terminación cayó el imperio.

Presenta una impresionante fachada convexa con estatuas que evocan la historia de Austria. Actualmente forma parte de la Biblioteca Nacional y aloja varios museos en su interior.


En la plaza destacan dos estatuas, la del Príncipe Eugenio de Saboya (en la foto superior), que hizo retroceder a los turcos en su segundo asedio a la ciudad en 1683, y en el centro la del archiduque Carlos (en la foto inferior), que fue el primer comandante que ganó una batalla contra Napoleón después de su ocupación en 1805, detrás de la cual asoman las torres del Neus Rathaus o Nuevo Ayuntamiento. 


En esta plaza proclamó Hitler en 1938, desde el balcón del Neue Burg, la anexión de Austria al Tercer Reich ante 70.000 vieneses, en aquellos momentos inmensamente contentos.


Con todas las distancias hacia la historia real, tanto del país como de la familia protagonista en la que se basa, una película que nos acercó a esta realidad de dos opciones políticas en Austria que enfrentó a los austriacos (el cine sigue con sus enseñanzas), Sonrisas y lágrimas (The sound of music)


A la izquierda, mirando hacia el Neue Burg, se encuentran las fachadas de la Zeremoniensaal, construido como salón del trono, y la de la Festsaal, una enorme sala de fiestas de 1.000 m2. Ambos edificios ahora forman parte del centro de congresos.

A la derecha la Äusseres Burgtor, Puerta del Castillo, un resto de la antigua bastilla bombardeada por Napoleón e inaugurada como puerta en 1824 con Francisco I. Posteriormente fue un monumento a los caídos en la Primera Guerra Mundial, y luego a los de la Segunda. 

 

8 de junio de 2011

Austria - Viena - Hofburg - Silberkammer - Museo Sisi - Kaiserappartements

Buscando a Sisi emperatriz

Continuamos en Michaelerplatz, que es donde se encuentra una de las entradas al lugar que queríamos visitar y de ahí las prisas por llegar, el Hofburg o Palacio Imperial, un complejo de 240.000 m2 de jardines, edificios y plazas, donde vivieron los Habsburgo durante más de seis siglos, desde el primer emperador, Rodolfo I en 1279, al último, Carlos I en 1918. Con el deseo de los emperadores de superar a sus predecesores se fueron añadiendo nuevos sectores.

A la plaza asoma la entrada al palacio con forma semicircular, Michaelertrakt, rematada con esculturas que representan el poder terrestre y marítimo de Austria. Están restaurando la entrada, aunque en la foto no se nota demasiado; en ella hay tres arcos de entrada entre los que se encuentran las esculturas de Los trabajos de Hércules


A ambos lados de esta impresionante fachada hay dos fuentes, la de la derecha es una alegoría de El medio terrestre, y la izquierda de El medio marino. Detalle de la primera, siempre y cuando consideremos que esta izquierda y derecha sea mirando de frente, ¡¡hemos encontrado a Gollum!!



Entramos al palacio que da a una rotonda sobre la que se ve la cúpula exterior, a mano derecha se encuentra la entrada, previo pago de 10,50€, a la Silberkammer (Platería de la Corte), el Museo Sisi y los Kaiserappartements (Apartamentos Imperiales). En el precio se incluye la posibilidad de tomar una audioguía, por la que optamos sin ninguna duda.

El recorrido comienza por la Silberkammer, con una colección extensa de vajillas, cuberterías, cristalerías, utensilios de cocina, elementos decorativos para las mesas de comedor. Impresionantes esas vajillas de plata o de oro, las porcelanas japonesas, los diseños con dibujos florales o rústicos. Les faltaba tiempo para utilizar tanto objeto. 

Curiosidades que llamaron nuestra atención: los vasos de cristal en color verde eran para los vinos del Rhin, y la ropa de casa de la corte era de color amarillo. 

Se pueden ver menús de la corte:


Aguamaniles y orinales, todos ellos muy imperiales por supuesto. 


Servilletas dobladas solo para uso del emperador, con tres huecos internos donde le colocaban tres panecillos, los otros huecos no recuerdo que en la audioguía contaran su cometido.


En otras ocasiones formaban figuras con las servilletas, cuyas dimensiones eran de 1 m x 1 m para poder conseguirlas. Estoy pensando yo que para Navidad podía hacer algo así, aunque tendríamos que utilizar todos la misma servilleta para que entrara la vajilla y la comida.

 
Hay un espectacular centro de mesa de bronce, de ¡33 m!, con sus candelabros, que fue realizado en torno a 1800. 


Otros centros de mesa son un referente al estilo religioso, con su relicario tríptico.


Terminamos esta visita, que no ha sido por orden de visión para el blog, con un barreño y una colección de jarras de plata y de cristal, con las que los emperadores obsequiaban a personas de edad avanzada los Jueves Santo, a los que les lavaban los pies, además de darles también una bolsa con 30 monedas de plata; todo ello en referencia a Judas. 


Es curioso como una visita que pensábamos que no nos llevaría mucho tiempo al final duró más, pero fue sumamente interesante, por la cantidad de piezas que se pueden ver y por las explicaciones de la audioguía. 
Se sale de esta colección para subir por la escalera del palacio,.


Al final de la escalera se entra en una sala donde hay una maqueta del complejo del Hofburg, para hacerse una buena idea de su inmenso tamaño y de los edificios que lo forman.


Para entrar en el Museo Sisi, donde ya no se pueden hacer fotos, prohibición que respetamos. En ella se desmitifica a Sisi y a Romy Schneider con su papel de la emperatriz. Se muestran tres vestidos: el de la despedida de soltera (blanco y ribetes en verde), el del viaje a Hungría (blanco con detalles azules casi negros), y uno de los que utilizó a raíz de la muerte del suicidio de su hijo Rodolfo de 30 años en Mayerling, totalmente negro, hasta los complementos como las joyas, el paraguas. 

Las joyas son reproducciones, está el famoso retrato de Winterhalter de Sisi con sus horquillas de estrellas en diamante, la farmacia ambulante con la que viajaba, el lujoso vagón de tren en el que viajaba, pero cuando lo hacía por mar le gustaba viajar en cubierta, más si había tormentas y el mar estaba bravo…todo ello mientras por la audioguía nos desgranan su extraña personalidad, romántica-meláncolica-depresiva, obsesionada con la alimentación y la delgadez, por el cuidado de su largo pelo, su rechazo a la corte, la devoción de su marido a pesar de todo…Un mundo de locos es lo que vivió esta extraña pareja, hasta que todo terminó el 10 de septiembre de 1898, cuando fue asesinada en Ginebra por un anarquista italiano.

 

Desde el museo se accede a los apartamentos imperiales-kaiserappartements, donde continúa la prohibición de realizar fotografías, que seguimos cumpliendo. Se pasa por las dependencias del archiduque Esteban, donde llama la atención por el nombre tan actual, el gabinete de los fumadores. A continuación por el ala del emperador Francisco José, con su sala de audiencias donde recibía de pie a los ciudadanos que lo habían solicitado (pocos a la vez, que si no se cansaba), el despacho y el dormitorio. Seguidamente se halla el ala de Sisi, que se encuentra en el palacio de Amalienburg, con el gabinete-dormitorio, donde destaca la cama situada en el centro, petición de la emperatriz, el despacho, la mesa-tocador donde la peinaban durante horas; la sala de gimnasio, con unas espalderas y una anilla; el baño, a la higiene le prestaba importancia y es una exhibición que se ha incorporado recientemente. Se termina en el ala de Alejandro I, donde destaca el comedor imperial, dispuesto para recibir a los invitados. 

No es una gran colección, no es un gran palacio, comparado con el de Catalina la Grande en San Petersburgo por ejemplo, pero su visita es interesante, sobre todo para conocer mejor a esta emperatriz mito. 

Se sale del palacio y del museo a Ballhausplatz, donde se encuentra la sede del canciller austriaco, que nos quedará pendiente en este viaje, donde tuvieron lugar los principales acontecimientos de la historia de Austria: las reuniones del Congreso de Viena en 1814-1815 después de las Guerras Napoleónicas y donde se concibió la reorganización de Europa según Napoleón; las deliberaciones de 1914 y el ultimátum a Serbia, que condujeron al estallido de la Primera Guerra Mundial y el asesinato del canciller Doffuss por terroristas nacional socialistas austriacos en 1934, ya que muchos austriacos miraban con “envidia” la prosperidad alemana.

Pero el Hofburg, tal y como podemos ver (o intuir) en la foto de la maqueta, encierra más edificios, no todos visitables, con lo que continuaremos en él. 

7 de junio de 2011

Austria - Viena - Kärtner Ring - Ópera Nacional - Albertinaplatz - Michaelerplatz

¡Música maestro!


Nuestro hotel se encuentra muy céntrico, en Kärtner Ring, uno de los tramos que conforman el Ring, una avenida a gusto del emperador Francisco José, que comenzó a forjarse el 20 de diciembre de 1857, con lo que Viena se llenó de obras y zanjas, y el motivo por el que  Strauss hijo compuso su Polca demoledora.


 
La orden del emperador fue así: “Es mi deseo que cuanto antes comiencen a construirse los ensanches del casco antiguo…, y se proceda al embellecimiento de mi capital imperial y residencial. Con este fin permito que se derriben las murallas y fortificaciones, así como los fosos…dejando libres los establos del Burgtor (actual Museumsquartier)…los jardines de mi palacio y el cuartel de mi nombre…”. 

El 1 de mayo de 1865, día del santo del emperador, se aprovechó el tradicional paseo de la familia imperial al Prater para inaugurar el bulevar. Todavía faltaban más de cuarenta años para que los edificios y las obras se concluyeran.

El proyecto final fue obra de tres grupos de arquitectos y el resultado resultó ser un bulevar de 4 km de largo y 56 m de ancho. Se pensó más en el embellecimiento que en la urbanización: los edificios monumentales debían estar separados, ser abarcables con la vista, estar rodeados de jardines y respirar grandeza. Creo que todo esto se consiguió a la perfección, independientemente de la mezcla de estilos de sus edificios. Los tranvías 1 y 2 recorren los 4 km del Ring, aunque por lo menos hay que hacer uno de los trayectos, ida o vuelta paseando para poder disfrutar de su arquitectura y perderse algo por sus calles laterales.

En el suelo de Kärtner Ring comenzamos a tomar contacto de la ciudad musical que es Viena. 


Pero no solo en el suelo, también las plazas son musicales, en este caso muy bien dirigidas. 

 
Estando tan musicales solo podemos dirigir nuestros pasos hacia ella, la Ópera Nacional, que fue el primer edificio que se construyó en el Ring, comenzando las obras en 1863, incluso antes de derribar las murallas. La prensa del momento comenzó a llamarla “elefante empachado”, y cuando el emperador la vio terminada, en 1868, fue bastante parco en sus emociones y palabras, era como una “caja semienterrada”, ya que a su alrededor continuaban las zanjas abiertas. 

En la fachada principal hay cinco estatuas de bronce, bajo los arcos de la logia, que representan el heroísmo, el drama, la fantasía, el humor y el amor.


Dos arquitectos fueron los encargados de este proyecto. Van der Null se ahorcó después de las críticas, y un mes después Sicardsburg murió de un infarto. 

La Ópera se inauguró el 25 de mayo de 1869, con Don Giovanni de Mozart. Una gran película nos acercó al gran genio de Mozart (seguimos unidos al cine, ciudad tras ciudad, país tras país).


 
Durante la Segunda Guerra Mundial sólo se salvo la fachada principal y una logia del interior, y a pesar de todas  las anteriores críticas negativas del emperador, de los periódicos, y de los ciudadanos, esto se consideró como una agresión a la ciudad. Se volvió a abrir en 1955 con la ópera Fidelio de Beethoven. 

Hemos llegado tarde al tour guiado que realizan a su interior, y para el siguiente queda bastante tiempo, además el tour en español está marcado con “x”, lo que nos da a entender que está lleno, aunque en el hotel no nos dijeron nada de reservas, supongo que en inglés serán más fluidas las visitas.

Está considerada una de las mejores óperas del mundo, con un magnífico auditorio, un escenario equipado con la tecnología más avanzada. Como datos curiosos: Richard Strauss fue pitado sonoramente (no conozco la obra de esta reacción), y Von Karajan decía que “no quería codirigir la orquesta con otros dos mil directores”, 2.000 es el aforo del auditorio.

En la Ópera se celebra el baile de debutantes, el último jueves de carnaval, por el que el Ayuntamiento ingresa sus  interesantes e interesados euros para que las hijas de los “importantes” de todo el mundo salgan al mundo a ser conocidas. 

A ambos lados de la Ópera hay dos fuentes, a la derecha se representa a la legendaria sirena Lorelei sustentada por las alegorías del dolor, el amor y la venganza; y a la izquierda las alegorías de la música, la danza y la alegría. En la foto la segunda. 


Salimos a Albertinaplatz, donde se encuentra el palacio construido para Alberto de Sajonia, que aloja la Colección Albertina, una de las mayores  en dibujos, grabados, acuarelas y fotografías. Su estatua en alto lo precede. 

 
En una de las esquinas del palacio una fuente la adorna, y es que en esta ciudad el agua es un elemento más de la vida, y se utiliza continuamente para construir elementos ornamentales como iremos viendo durante nuestros paseos. 


En el centro de la plaza se halla un monumento contra la guerra y el fascismo, obra de Alfred Hrdlicka de 1988, compuesto de varias esculturas. Fue realizado con granito del campo de concentración de Mauthausen, pero no hay foto porque en este momento teníamos prisa por llegar a nuestro destino por el horario, y cuando volvíamos a pasar por la plaza siempre era de noche con lo que no era fácil obtener una buena fotografía. 


Fuente: wikipedia

Impresiona la imagen detrás de la puerta, un judío de rodillas en el suelo con un cepillo fregando el suelo y rodeado por un alambre de espino, este alambre no es original de la escultura, se colocó posteriormente para que los turistas no se sentaran en ella (dato que todavía me asombra terriblemente, me parece de una necedad tremenda sentarse en una escultura que representa tal dolor). 

 
Fuente: miguel-veny.balearweb.net
 
Continuamos por Augustinerstrasse sin detenernos en los edificios que vamos viendo, y sin desviarnos por las calles que desembocan en esta, que son un auténtico imán para ir a perderse por ellas. 


Llegamos a Michaelerplatz, donde se encuentran varios lugares interesantes. Michaelerkirche es un templo del siglo XIII reformado en el XVIII, donde acudía la corte imperial; no pudimos entrar, bien porque estaba cerrada para un concierto o porque estaba cerrada por horario. En su cementerio no sólo descansaban los nobles sino hasta 4.000 cadáveres en una fosa común, en la que estuvo enterrado Mozart, y por eso en esta iglesia se estrenó su Requiem en 1791; su cuerpo luego fue trasladado y se desconoce exactamente el lugar donde se encuentra.


El edificio más llamativo sin embargo es la Loos Haus, construido en 1911 por Adolf Loos, un representante contra el gusto vienés de su época, alumno de Otto Wagner, que fue más allá que su maestro, prescindiendo de la ornamentación para optar por líneas suaves. Con este edificio desafió el gusto del emperador Francisco José, al que llamó la “Casa sin cejas” por la falta de marcos decorativos en las ventanas; por supuesto, los ciudadanos le hicieron los coros al emperador en sus críticas y la llamaron “silo”, “cárcel” o “fábrica”. Tanto disgusto le causó al emperador que decidió no utilizar nunca más la entrada Michaelertrakt al Hofburg por Michaelerplatz (ya lo veremos).



A la izquierda en la foto se puede ver (o intuir más bien entre las obras que tapan su entrada y la lejanía) el Café Griensteidl, uno de los cafés literarios de Viena, cuyo interior no era demasiado llamativo aunque si lo sean su historia y las palabras que se hayan pronunciado en sus mesas. En el centro, protegidos por una valla, se encuentran restos romanos y medievales que salieron a la luz al convertir la plaza en peatonal en 1990.