21 de febrero de 2017

EEUU - Las Vegas - De Las Vegas a Grand Canyon



De viaje hacia un sueño

Estamos en Las Vegas, pero pasar una semana en esta ciudad me parece un exceso, aunque es cierto que se pueden realizar escapadas a lugares cercanos para evadirse del cartón piedra, de la iluminación, de los sonidos, que por las noches siempre habrá un espectáculo o un restaurante…pero nos sigue pareciendo un exceso, así que la escapada que planeamos será más lejana, para lo que por internet alquilamos un coche y temprano en la mañana emprendimos la ruta, que la haremos directa, nada de paradas para descubrir pueblos o paisajes, solo las necesarias para el cuerpo, que no sabemos bien qué nos deparará el soleado día y por supuesto tampoco sabemos el estado de las carreteras con seguridad. 


Activamos el GPS para ir con más seguridad en la ruta y no depender de esta copiloto y su mapa. Salimos de Las Vegas por la Highway 515 para luego tomar la Interestatal 93, desde la que vemos la inmensidad del Lago Mead, surgido tras la construcción de la presa Hoover, situada a caballo entre los estados de Arizona y Nevada, de modo que pasamos del segundo al primero. 




No paramos, aunque lo suyo hubiera sido hacerlo, en el puente sobre la presa para tener una buena vista de ella, pero esto está totalmente prohibido y no es cuestión de que la policía venga a conocernos, no es el momento de este tipo de presentaciones. Continuamos nuestro viaje, lento pero seguro, y es que respetamos la velocidad a rajatabla por ese miedo escénico a que como en las películas salga el coche del sheriff para darnos el alto. Por la carretera 93 llegamos a la población de Kingman




En Kingman tomamos la Highway 40.






El paisaje va cambiando, las montañas se tiñen con algo de blanco por la nieve que ha caído recientemente, y en la carretera todavía se ven señales de la escarcha y el hielo de la mañana; y a estos elementos meteorológicos era a los que teníamos respeto, ya que el coche no lo dominamos y por muy bueno que seas conduciendo siempre hay que actuar con sentido común. 



Llegamos hasta la población de Williams, que nos atrapa desde el coche, pero decidimos que no vamos a cambiar de plan, no paramos, ya lo intentaremos a la vuelta, para la que que tenemos grandes planes de carretera y ruta, la mítica ruta 66, que recorreremos desde esta población de Williams hasta Oatman




En Williams tomamos la carretera 64 en dirección a nuestro destino soñado, el Gran Cañón del Colorado (que suene la música de película de vaqueros), Grand Canyon, teniendo nuestra base de operaciones para conocerle en Grand Canyon Village




La carretera es buena, no tanto como las anteriores, y al principio hay bastante hielo en los arcenes, lo que además quiere decir que hace frío a pesar del esplendoroso sol que nos ilumina y acompaña. 




Cuanto más al norte estamos el hielo da paso a la nieve, con un paisaje precioso (ya lo sé, la nieve me pierde). 




Llegamos a Tusayan, el pueblo más cercano al parque nacional del Gran Cañón, desde esta localidad comenzamos a sufrir un considerable atasco de coches para entrar, con lo que todo lo bien que habíamos hecho el viaje de repente se pierde, así que finalmente hicimos bien en no parar durante el camino (aunque cuanto más tarde entres menos coches lo harán, ya que los visitantes desaparecen según termina el día). 



Hay varias taquillas para pagar la entrada de 30$ por vehículo y válida para una semana. 




Entramos en Grand Canyon Village, pueblo cuyo origen se remonta a finales del siglo XIX, con la construcción de alojamientos para visitantes tras la inauguración en 1901 de una línea férrea desde Williams del Santa Fe Railway, aunque ya se habían levantado algunos hoteles a finales de 1890. Fred Harvey Company construyó un grupo de atractivos edificios que iremos conociendo en nuestros paseos. 



En la actualidad el viaje en tren desde Williams se sigue realizando y puede ser una interesante manera de llegar.


16 de febrero de 2017

EEUU - Las Vegas - Valle de Fuego



Arco iris en las rocas

Al llegar al aeropuerto McCarran de Las Vegas, tras el retraso provocado por los tornados en Dallas, casi doce horas de retraso, pasamos a recoger el coche de alquiler que habíamos reservado para esa misma mañana, teniendo en cuenta que teníamos que haber llegado el día anterior por la noche. Decidimos, dado que nuestra primera visión de Las Vegas City a plena luz del día no había sido especialmente cautivadora, salir de la ciudad y al tiempo que el conductor se familiariza con el coche, hacer una excursión a un lugar cercano, Valley of Fire, el Valle de Fuego, que ya tiene un sugerente nombre .


El valle se encuentra a solo 97 km al noreste de Las Vegas, con lo que la excursión está realmente cerca.


Ponemos el valle en el gps y que él nos lleve; salimos de Las Vegas por la Interestatal 15 y luego nos desviamos por la carretera 169. 





Se pagan 10$ por vehículo por entrar al valle, pero esta entrada tiene sus trucos, que no nos gustan nada. Con la entrada te dan un mapa del lugar para localizar sus puntos de interés (creo recordar que además te dan una pegatina para colocar en el parabrisas del coche, de modo que sea visible que has pagado la entrada).


El nombre de Valle de Fuego procede de las formaciones de arenisca roja que se pueden ver en él, formadas hace 150 millones de años a partir de enormes dunas de arena. Las fallas de la región y la constante erosión han creado el paisaje que contemplamos. 





No vamos muy sobrados de tiempo, y tampoco queremos recorrer exhaustivamente el valle, solo queremos ver algo de su paisaje, para lo que primero tomamos un camino de tierra ya que vimos un desvío, y aquí nos precipitamos un poco, porque más adelante hay otra entrada y ya es una carretera asfaltada, aunque cierto es que en esta última al final se paga para llegar hasta uno de los lugares significativos del valle, y que nosotros no haremos por la falta de tiempo (estas duplicaciones de pago, o más, no nos parecen correctas, sería preferible pagar más en la entrada y que se incluyera todo lo visitable). 


Por el camino de tierra paramos y exploramos un poco, descubriendo bonitos lugares, labrados por la erosión de la arena y el agua. En algunas ocasiones sientes como si entraras en un cuerpo humano a lo grande, o que es la puerta de entrada a un mundo paralelo o desconocido...



Muchas formaciones rocosas tienen un nombre, como sucede en las cuevas kársticas (la muestra más cercana para nosotros en España es la bonita Ciudad Encantada de Cuenca), y a otras les puedes dar el que tu imaginación te ofrezca, como esta cabeza de momia (nombre propio). 



O esta cabeza de un gigantesco animal, aunque parezca simpático (casi sacado de una película de Star Wars o de la fructífera imaginación de Jim Henson). 




Un platillo gigante que aterrizó y se petrificó (dada la cercanía de los estados de Nevada y Nuevo México, no sería descabellado, ya que en este último se encuentra la localidad de Rosswell, con alienígena incluido). 




Hay un contraste notable entre las formaciones rojizas con el paisaje marrón clásico de colinas y montículos, como si alguien armado de paciencia se hubiera dedicado a pintarlas. 


De lo que no hay duda es que se trata de un paisaje cautivador, por el que sin adentrarnos mucho paseamos tranquilamente.





Salimos del camino de tierra por el mismo lugar por el que entramos y volvemos a la carretera principal, para realizar una parada junto a las formaciones llamadas Beehives, esculpidas por la erosión, cuya figuras se asemejan a colmenas gigantes. 





Algo más adelante la carretera se bifurca: o se continúa hacia el este, donde hay otra entrada (o salida) o se toma un desvío hacia el norte, este último es el que tomamos, y tras un breve recorrido paramos para caminar un poco...Fire, Walk with with me (subtítulo de la serie de televisión Twin Peaks).






No pretendemos andar mucho, además el calzado no es el apropiado, es más urbano que de campo, y tampoco llevamos agua como para que la cosa se alargue sin darnos cuenta, aparte de la hora, que estamos cerca de la caída del sol. Lo que vemos es que la gente trepa por las rocas como cabras montesas, y seguramente las vistas que se obtienen sean buenas, lo que no tengo claro es que esté permitido hacerlo. 





Continuamos caminando, aunque para mí las señales de orientación son confusas, no sé si las flechas indican este u oeste, y si no fuera por mi compañía ya estaría perdida. Lo que es cierto es que este paisaje te cautiva, y te arrepientes de no haber llegado antes, de no haber ido preparada en equipo de calzado y avituallamiento.






Finalmente llegamos a un lugar al que queríamos ir, Rainbow Vista, donde las formaciones rocosas toman los colores del arco iris, y tal y como iluminan las rocas nuestras caras se iluminan con su visión. Precioso es poco, estamos alucinados del poder de la naturaleza, de sus minerales. 





Tras este pequeño pero fructífero paseo volvemos al coche para acercarnos hasta el centro de visitantes, donde hay una pequeña exposición del valle con fotografías de algunos de sus habitantes, habitantes que afortunadamente no me he encontrado (aunque en el fondo creo que me hubiera gustado hacerlo aunque me hubiera asustado una barbaridad). 




Y aquí se termina nuestro pequeño paseo por este precioso valle, del que nos ha quedado todo por descubrir, y donde hay muchos senderos para disfrutarle -no demasiado largos ni costosos-, pero para ello hay que venir con tiempo, y sobre todo bien preparados.