23 de abril de 2014

Chile - Santiago - Hotel Noi Vitacura



Un hotel en “la milla de oro”

El último hotel elegido en Santiago, y en Chile, no fue en la mejor zona para hacer turismo, sí para hacer shopping en tiendas de grandes nombres y marcas, pero nosotros viajamos para hacer lo primero, turistear y conocer, con lo que en principio la elección no parece ser la adecuada. Se trata del Noi Vitacura, de la misma cadena que el Hotel Indigo en el que nos alojamos en Puerto Natales

El hotel está situado en el barrio de Vitacura, donde viven las familias acaudaladas, los políticos y la "aristocracia" - durante nuestra estancia salió en las noticias por haber sufrido una de estas mansiones un asalto y robo-, por las mencionadas tiendas del glamour, y donde en la avenida Nueva Costanera y alrededores se han establecido restaurantes de alta cocina chilena, que esta sí fue una razón para elegirle, aunque finalmente el cansancio pudo más que el interés gastronómico. 


Fuente: plataformaarquitectura.cl

Otras razones para elegirle, la primera es que al igual que nos ocurrió con el Hotel Intercontinental en el barrio de Las Condes, es que así sería la única manera de conocer algo esta zona (casi nada vimos, pero por lo menos sentimos su ambiente de tranquilidad y diferenciación con el resto de la ciudad); y la segunda, porque nos gustó su diseño consultando por internet. Además si durante nuestras dos estancias anteriores en Santiago hubiéramos abarcado todo el centro y sus alrededores, en el barrio Vitacura, que recibe su nombre de un jefe mapuche, había varías alternativas interesantes de museos con los que completar nuestro paso por la capital. 

El interior, y al igual que el Hotel Indigo tiene una parte central de pasillos al aire para llegar a las habitaciones, pero el resto son clásicos pasillos de hotel. No sé si se tratará de dar una sensación de uniformidad en alguna manera a la cadena de hoteles, porque sólo hemos conocido estos dos, y los arquitectos de ambos son diferentes. 


No realizamos una exploración profunda del hotel, y cuando la hicimos no íbamos cámara en mano, pero puedo contar que tiene salones para negocios, una biblioteca estilo lounge, un spa, varios restaurantes...Donde sí excursionamos fue a la terraza del último piso, un restaurante y lounge –donde además se ubica la piscina de verano-, con vistas al barrio, y decorado de forma muy agradable, para propiciar el quedarse; en teoría es un lugar de moda en las noches santiaguinas. 






No pedimos ninguna habitación especial, en algunos casos lo hacemos por la amplitud o las vistas, pero en esta ocasión nos parecía bien cualquiera, todas eran amplias. La nuestra tiene vistas a un pequeño patio-jardín interior, lo que es seguridad de tranquilidad, aunque el barrio ya es tranquilo por sí solo. 




De nuevo en esta semejanza de hoteles de cadena, el lavabo está integrado en la habitación. 


El inodoro, la amplia y abierta ducha, y la fantástica bañera se encuentran en una habitación cerrada. 


Tras acomodarnos un poco salimos a explorar nuevamente la ciudad. 


21 de abril de 2014

España - Madrid - Restaurante Vinoteca García de la Navarra - Hotel Ritz

¡Felicidades padre!

La visita al Restaurante Vinoteca Garcia de la Navarra comenzó frustada porque fue nuestra primera opción en lugar del Restaurante Palacio de Cibeles con ocasión de la 9ª Feria de Arte Contemporáneo, pero no fue posible porque cerraban los domingos, que fue el día elegido. Uno de los comensales de este día nos había dado el soplo, así que tomamos buena nota y con un buen motivo, ¡Felicidades Padre!, aquí estamos. 

La calle Montalbán es tranquila, aunque como junto a este restaurante vinoteca hay otro lugar de tapeo y comida, este tramo está bastante concurrido, sobre todo en buenos días soleados.  A la entrada del restaurante una barra donde degustar caldos y tapas, y una gran pizarra en la que encontrar las especialidades del día o las de todos los días. 

Como vinoteca que es no podía faltar una decoración alusiva, de la que también tomamos nota. 


Como estábamos de celebración y suponíamos que el lugar sería concurrido hicimos una reserva para no tener sorpresas. 


En el vino nos dejamos aconsejar ya que al ser vinoteca tienen opciones interesantes, este día fue Abadía de San Quirce, un crianza Ribera del Duero, que nos gustó a todos mucho. 


Aparte del pan tradicional, que era el ideal para mojar, había una cesta de picos que estaban de escándalo, con los que había que tener cuidado porque eran como comer pipas, empiezas y hasta que no terminas no lo dejas. 



Como todos queremos probar varios platos de la carta, decidimos que todos serán para compartir, porque de otro modo sería un zafarrancho de plato arriba y abajo, así que mejor todos al medio y a ser rápidos para no perder bocado. 

Comenzamos con unas exquisitas croquetas de trufa, de las que nos quedamos cortos en ración, lo dejamos en una por persona y hubiera sido mejor dos como mínimo. 


Un plato de tomate con ventresca de bonito, que es un plato sencillo pero si los ingredientes no son buenos el resultado no lo puede ser tampoco, pero eran buenos tomates y buen bonito, aderezados con vinagre de Módena. 


Si hubo un plato en la carta en el que hubo consenso absoluto a la primera fue con el pisto con huevo frito, ¡para chuparse los dedos!. Un pisto de verdad (y si fuera de lata que me den la marca para comprarla) que me llevó a los pistos manchegos de mi niñez (y no tan niña) como si fuera la magdalena de Proust. Si vuelvo a este restaurante, que es más que posible, creo que pediré uno para mí sola. 



Parece que en las comidas últimamente no pueden faltar ellos, unos callos a la madrileña, de los que como en las anteriores ocasiones sólo pruebo la salsa, sabrosa y con picante justo (quizás un puntito más hubiera estado bien). 


Entre las dos mujeres de la mesa, dimos cuenta de un rico rodaballo a la plancha


El plato más extraño para compartir fue un contundente potaje de garbanzos, por la mesa iban y volvían las cucharas cargadas con el rico potaje. 


Preferimos no pedir más platos e ir viendo las cantidades y la satisfacción de los comensales, y esta elección nos dejó satisfechos a los cinco comensales, pero como quedaba algo de hueco, hay tres golosones en la mesa, una selección de postres, por supuesto para compartir: canutillos de crema, flan de queso, tarta de manzana y coulant de chocolate. Muy ricos todos, y a pesar de ser chocoadicta los canutillos me gustaron más. 


Como marca personal del blog se está estableciendo la del dedo que señala. 


Bien comidos decidimos que nos tomaríamos un segundo café o lo que se terciara en otro lugar y así nos dábamos un paseo, la idea era acercarnos hasta nuestro lugar fetiche, la rotonda del Hotel Palace, pero como pasamos junto al Hotel Ritz y no lo conocíamos hubo un cambio de planes. Conseguimos sitio casi de milagro porque presentaba cupo completo.




El té o la infusión se acompañó con pastas, pero a pesar de estar ricas el estomágo no pedía más comida ni más dulce. 


El gin tonic en lugar de llevar pepino o manzana llevaba unas frambuesas. 


Para que se notara la celebración del día, un cocktail de champagne y rematamos la bonita, entrañable y gastronómica reunión familiar. 


El restaurante resultó ser una estupenda elección para la celebración, y la relación precio-calidad es muy buena, con lo que no tendremos más remedio que volver. Respecto al Ritz, nuestro corazón sigue perteneciendo al Hotel Palace, pero puede que en alguna ocasión invernal vayamos a tomar un afternoon tea por aquello de recordar nuestras divertidas y buenas experiencias en Londres y en Dublín.


15 de abril de 2014

Chile - Punta Arenas - Restaurante Sotito's Bar - Vuelo de Punta Arenas a Santiago



Cenando y volando

Hemos terminado las visitas por Punta Arenas y Obdulio nos deja en el hotel, quedando con nosotros para mañana, cuando nos pasará a buscar para llevarnos al aeropuerto. Si pasáis por Punta Arenas y necesitáis transfers al/desde el aeropuerto u otros traslados o excursiones, nosotros estuvimos muy contentos con la agencia, Emily Tours, a la que había echado un ojo para evitar el viaje en autobús de Punta Arenas a Puerto Natales y viceversa, pero sin consultar el precio ya creímos que nos iríamos de presupuesto, y aunque en coche privado se hará más cómodo, la experiencia del autobús ha sido muy buena en todos los aspectos; otra cosa es si en lugar de dos pasajeros hay mayor número con los que repartir el coste. 


No tardamos mucho en volver a salir del hotel para cenar, hay que aprovechar que hoy el viento sopla con calma. Primero nos acercamos a una recomendación de Obdulio, el Kiosco Roca en la calle Roca (para probar el choripan entre otras especialidades), una picada de mucha fama en el país, pero ya había cerrado sus puertas, así que continuamos bajando hacia la costanera en busca de un restaurante que nos recomendaron nuestros amigos chilenos, a los que conocimos en las excursiones por el Parque Nacional Torres del Paine, Sotito’s Bar.




Si el cartel iluminado tiene solera, no tiene menos el interior, que parece un salón de banquetes de los años setenta. 




Aunque la decoración puede tener su punto positivo o negativo, lo realmente importante de un restaurante es su comida.  


Como estamos en tierra marinera, seguimos el día con una ronda de mar, pedimos unos ostiones en salsa para compartir. Muy hermosos en tamaño y muy ricos en sabor.




Y media ración de centolla (por fin tenemos un encuentro y una fiesta con ella, sin contar la empanada de centolla del Mercado Municipal) para compartir, porque una nos pareció al ver pasar un plato demasiado grande. Viene la carne de la centolla lista para comer, pero no viene el caparazón preparado como se suele tomar en España como un auténtico manjar, manjar que nosotros no valoramos ni nuestros paladares tampoco, así que este plato de centolla austral solo de "carne" nos parece soberbio. Para acompañar mayonesa y rico pancito. Para grandes comilones puede parecer poca cantidad, pero de ese plato de dejaba de salir centolla, con lo que nosotros acertamos, aunque si pedimos la ración entera, estoy segura que no hubiéramos dejado nada.




Para beber, de nuevo cerveza, hoy Polar Imperial. 




A la salida del restaurante notamos el frío intenso, aunque afortunadamente el viento sigue sin soplar con demasiada fuerza, y vemos las cuerdas que en las calles cercanas a la plaza Muñoz Gamero sirven para sujetarse cuando este viento arrecia y empuja a todo lo que se encuentra, y que se lleva por delante; creo que es un detalle bastante significativo de que cuando sopla, sopla de verdad. 




Bordeamos la plaza con las bases de las farolas iluminadas de forma festiva, llegamos al hotel y a descansar para afrontar el último tramo de viaje. 





Hoy volamos desde Punta Arenas a Santiago, y es un vuelo al que dimos algunas vueltas, porque al principio de realizar el planning teníamos uno a las 9 de la mañana con escala en Puerto Montt, pero finalmente lo cambiamos, tanto por aprovechar más el tiempo en nuestro último día en Santiago como por evitarnos la escala, por un vuelo directo que salía a las ¡6.20! de la mañana. Obdulio nos recoge puntualmente, nosotros con una cara de cansancio tremenda, a las ¡4.30!. La duda era si de verdad la confirmación telefónica desde Puerto Natales había sido efectiva, y ¡aleluya!, en el mostrador nos encontramos con nuestros asientos confirmados. 


2.189 km en vuelo separan Punta Arenas de Santiago, con una duración de 3 h 20 m. Al cabo de una hora aproximadamente de vuelo nos sirven la cajita con el snack clásico de frutos secos, brownie y galletita, acompañados de café o té o alguna otra bebida. 


Nuestros asientos se encuentran en el lado izquierdo del avión, yo esperaba poder ver algo del Campo de Hielo Sur desde las alturas pero no vi nada de nada. 




Por lo menos disfruté  uno de esos bonitos amaneceres llenos de colores mágicos. 





Hasta que no llegamos a las cercanías de Santiago no tengo buenas vistas aéreas, y no es que me durmiera sino que realmente no las tuvimos, a lo mejor desde el lado derecho del avión hubiera vuelto a disfrutar con la cordillera de los Andes, como en el vuelo desde Santiago a Calama y como las tenemos justo al aproximarnos a la capital chilena. 







A las 9.40 h llegamos a Santiago, y hoy de nuevo nos espera Luis, el chófer dicharachero que nos recogió a nuestra llegada al país y comienzo de este maravilloso viaje, para llevarnos al hotel. Antes de salir del aeropuerto pasamos por el mostrador de LAN para intentar emitir los billetes de avión para mañana,  y ¡sí!, confirmamos asientos, pero de nuevo son modificados respecto a los reservados en su momento a través de la agencia de viajes.