6 de septiembre de 2013

Chile - Santiago - Barrio Lastarria - Palacio Bruna - Plaza Mulato Gil de Castro - Iglesia de la Vera Cruz



Por el barrio de artistas

En Santiago vive más de un tercio de la población del país, con más de seis millones de habitantes, abarcando la ciudad 641 km2 en una cuenca situada entre los Andes al este y la cordillera costera al oeste. El río Mapocho divide la ciudad. 


Pedro de Valdivia llegó a lo que hoy es la ciudad de Santiago el 13 de febrero de 1540, festividad de Santa Lucía, asentándose junto a un cerro que dividía el río Mapocho en dos brazos y dominaba la llanura, al que le puso el nombre de la santa. 

Valdivia fundó la ciudad con el nombre de Santiago de la Nueva Extremadura el 12 de febrero de 1541, fecha en la plantó una cruz en lo que hoy es la plaza de Armas y el alarife (arquitecto o maestro de obras) Pedro de Gambo trazó las cuadras según las ordenanzas castellanas: 126 manzanas de 138 varas de lada, separadas por calles de 12 varas de ancho; la manzana central se quedó libre para la plaza; para la catedral se reservó la manzana oeste; y Valdivia se quedó con la manzana norte para su casa, el cabildo y la cárcel; las demás manzanas fueron adjudicadas a los soldados, según sus méritos. 


Pese a los continuos ataques de los indígenas, las inundaciones y los terremotos, los conquistadores no se rindieron y la población comenzó a crecer. 


Llegaron las órdenes religiosas, que establecieron sus conventos, más o menos en los lugares que ocupan actualmente y también soldados que venían a luchar contra los rebeldes indígenas de Araucanía. 


Hasta después del terremoto de 1730 no comenzó la verdadera construcción de la ciudad. En 1780 llegó desde Madrid el arquitecto italiano Joaquín Toesca para construir la catedral, y posteriormente continuó con los edificios civiles más importantes. 

De esas historias morbosas que precisamente por su morbo nos gusta leer: Toesca se casó en 1782 con una criolla adolescente, que para librarse de él lo llegó a envenenar poniéndole mercurio en un plato de espárragos; la esposa fue internada en un convento de las Agustinas, de donde “saltaba como una gata las murallas para entregarse a sus excesos libidinosos”, aunque Toesca la perdonó en repetidas ocasiones hasta encerrarla con mayor seguridad en el beaterio de Peumo en 1793 (esta historia está contada por el escritor Jorge Edwards en su novela El sueño de la historia). 


A finales del siglo XVIII el gobernador colonial Ambrosio O’Higgins, padre de Bernardo O'Higgins dictó normas para intentar eliminar la suciedad de las calles, poner orden en la plaza y transformar la cañada en un paseo, la Alameda de las Delicias, hoy Avenida Libertador Bernardo O’Higgins o la Alameda


A mediados del siglo XIX, cuando se descubrieron las minas de carbón en la costa de Concepción, de cobre en Rancagua, de plata en Chañarcillo, sus propietarios se construyeron en Santiago suntuosos palacios. Arquitectos llegados de Francia construyeron edificios al estilo de los de París de Napoleón III, estilo que se copiaba también en toda Europa. 


El aspecto de las calles quedo casi inalterado hasta que en 1872 fue elegido intendente (alcalde) Benjamín Vicuña Mackenna, que ordenó construir un “camino de cintura” para limitar la instalación de industrias “sucias”, se trazaron calles, se abrieron plazas, se adoquinaron calzadas, se regularon acequias, se construyeron puentes sobre el río Mapocho…


A medida que avanzaba el siglo XX, campesinos empobrecidos emigraban en masa a Santiago, y las clases acomodadas de la ciudad emigraban a los barrios del este (dato que se puede constatar paseando por la ciudad y viendo los edificios abandonados y/o descuidados). Surgieron multitud de asentamientos chabolistas, llamados callampas, es decir, setas, ya que aparecían de la noche a la mañana. 


En la última década del siglo XX la polución aparece en Santiago, al tiempo que se agravan las diferencias sociales, problemas que siguen intentando resolver las autoridades (ninguno de ellos resuelto). 


Nuestro paseo por Santiago comienza en el barrio donde se sitúa el hotel donde nos alojamos, el barrio Lastarria, teóricamente de moda entre artistas, actores y jóvenes creativos, que recibe su nombre de uno de sus habitantes, el escritor y pensador liberal Don José Victorino Lastarria, que además tiene el nombre de una calle, conocida sencillamente por Lastarria.


Lo primero que se encuentran nuestros ojos es el edificio del Palacio Bruna, de inspiración renacentista, fue construido a principios del siglo XX por orden del empresario salitrero Augusto Bruna, y fue diseñado parcialmente por un poeta chileno, Pedro Prado, que estudió arquitectura sin llegar a licenciarse. Actualmente es sede de la Cámara Nacional de Comercio. 




Tras ello salimos a la calle Merced, donde nos empiezan a sorprender las fachadas de sus edificios, que a pesar de estar descuidadas, desprotegidas y pintarrajeadas, hablan del esplendor arquitectónico de la ciudad, y que con una mano de pintura y otra de restauración, Santiago sería mucho Santiago, como iremos descubriendo en nuestros paseos de norte a sur, de este a oeste –y esta restauración se va haciendo lentamente, pero como a brochazos, según los designios de los nuevos ricos que al igual que ocurre en New York se van apoderando de las zonas y revitalizándolas-. Posiblemente no sería una ciudad esplendorosa pero sí realmente bella, aunque es entendible que el dinero tiene que ir a la gente, no a los edificios, aunque si la ciudad es más bonita podría atraer más turismo, y el turismo significa dinero… ¿la pescadilla que se muerde la cola? ¿falta de voluntad? La restauración va teniendo lugar, y es el turismo el que la propicia, con la conversión de estas casas en hostales, hoteles, restaurantes, locales de ocio…




Del edificio, de estilo art noveau, también destaca su trabajo en forja, tanto en las ventanas como en los balcones. 




Desde la calle Merced sale una pequeña calle peatonal en la que están comenzado a colocar puestos de librerías, que termina en la pequeña (calle y plaza es todo uno)  plaza Mulato Gil de Castro, aunque realmente la plaza también consta de un pequeño patio que ahora acoge un restaurante con sus puertas cerradas al ser hora temprana. La plaza debe su nombre al pintor limeño José Gil de Castro, un importante retratista que llegó a Chile alrededor de 1800 que se estableció en este barrio. 




En la calle destaca un edificio “otoñal”, que en primavera-verano supongo será un esplendor en la hierba, pero en este tiempo es un caserón entre bucólico y terrorífico. 




En la esquina de la plaza destaca otro edificio, en cuya planta baja antaño alojaba un restaurante y ahora no había rastro de él.




Desde la plaza sale la calle José Victorino Lastarria, en la que destacan varios lugares; en su cruce con Villacencio por un lado, una cafetería-sala de arte-tienda de artesanías, la Casa Observatorio Lastarria, y por otro el Café Biógrafo, y en la propia calle, junto a este café, el Cine El Biógrafo. Todo está cerrado, en preparación para comenzar el día, o eso suponemos. No hay fotos porque nuestra intención primera era pasear por la zona por la noche e intentar encontrarla algo más animada, pero de las intenciones a las acciones hay un trecho, y además en el caso del café las pintadas desanimaron a mi marido, le faltaba encontrarse un poco más con la ciudad para conocerla en lo bueno y en lo malo, con sus actos de vandalismo indiscriminado. 


El cine fue construido en la década de los 80 del siglo XX por una agrupación de directores de cine publicitario, que fue uno de los locales preferidos por los artistas y políticos de izquierdas, y está dedicado al cine de calidad, al cine independiente norteamericano y europeo (bueno, su cartelera creo que puede ser bastante desconcertante, con algunos títulos menos independientes). 




Más adelante en la calle surge la iglesia de la Vera Cruz, con su colorida fachada. La iglesia data de 1857, siendo diseñada en estilo neoclásico por los arquitectos Claudio Brunet des Baines y Fermín Vivaceta, aunque su color rojizo es puramente colonial. 





Continuando por la calle Lastarria se sale a la Avenida Libertador Bernardo O’Higgins, más conocida como la Alameda

Comenzamos con un paseo corto por Santiago y poco a poco iremos cogiendo fuerzas. Un mapa del recorrido:


4 de septiembre de 2013

Chile - Santiago - Lastarria Boutique Hotel



Un hotel boutique

Llegamos al aeropuerto de Santiago, Arturo Merino Benítez, Comodoro del Ejército de Aviación de Chile, del que nuestro chófer nos pregunta si le conocemos, y ante nuestra evidente respuesta negativa, nos contesta que ellos tampoco, ¡uppsss!, pero ya el enlace de la wiki habla de que fue el creador de LAN, con lo que alguna razón de peso tenía que tener para darle su nombre al aeropuerto de la capital. 


Una vez que hemos recogido el equipaje, antes de salir del aeropuerto pasamos por una oficina de cambio, vamos a cambiar euros por pesos chilenos para poder luego pasear sin problemas, hay que tener en cuenta que hoy es domingo, los bancos no abrirán y lo único que nos quedaría sería utilizar una tarjeta en un cajero, pero no nos agrada esta idea. El cambio que nos realizan es de 1€ - 650 CLP (cuyo símbolo es $, curiosidades monetarias). 


A la salida del aeropuerto nos recibe el dicharachero y buen conversador Luis, con el mantenemos una agradable charla sobre el viaje, sobre Chile, su turismo, su política, su vida social… de todo un poco y con mucha enjundia. 


Son más o menos las nueve menos cuarto de la mañana, y lo primero es ir al hotel para hacer el check-in y ver la posibilidad de entrar en la habitación, que ya sabemos la norma de no hasta las tres de la tarde (y con suerte en algunos casos a esta hora). 

El hotel que elegimos en esta primera tanda de estancias en Santiago, estancias realizadas por la logística aeronáutica y turística (todo pasa por Santiago, pero conexiones rápidas pueden resultar problemáticas y conexiones con demasiado tiempo aburridas) es el Lastarria Boutique Hotel. La elección de este hotel, instalado en una casa de 1927, aparte de por su aparente belleza interior, era su localización, cerca del centro histórico pero no dentro del propio centro, que dicen que no es muy aconsejable al anochecer, y esta lejana cercanía es lo mejor para intentar aprovechar este primer día en Santiago, ya que mañana por esa logística aérea volaremos muy temprano para empezar un periplo chileno, volaremos a Isla de Pascua




Efectivamente, la habitación no está disponible, pero como preguntando se tienen respuestas, preguntamos la posibilidad de cambiarnos en algún baño, y en la planta baja hay uno, al entrar vemos que hay una ducha, y miel sobre hojuelas, nueva pregunta, ¿podemos ducharnos?, respuesta afirmativa, y nuestros poros están dispuestos a recibir el agua limpiadora y despertadora. 


Nosotros nos vamos a descubrir Santiago una vez duchados y preparados para el fresquito tiempo en Santiago, por lo menos a primera hora de la mañana, pero como esta entrada va del hotel haremos un pequeño repaso por él, tal como hicimos a la vuelta de nuestro extenso y gratificante paseo por la capital chilena. 


La habitación es amplia, cómoda y bien decorada. En la mesita al lado de la cama una nota de recibimiento escrita a mano: Estimada Sra., Sea muy bienvenida a Lastarria Boutique Hotel. Es un placer recibirla como nuestra huésped! Que sea una experiencia única e inolvidable. Cordialmente, Rodrigo… Gracias, un bonito detalle, que aunque sea de los establecidos por norma, no deja de agradar. ¡Ah!, y me dan la bienvenida porque como yo me encargo de la logística completa del viaje las reservas suelen ir a mi nombre, pero esta es otra historia a ir desarrollando durante las siguientes entregas. 




Hay una zona  a modo de escritorio alargado, donde hay posibilidad de dejar las mil y una cosas que solemos soltar después de un paseo: cámaras, bolsos, papeles, agua…




El baño mantiene los bonitos e increíbles azulejos de la casa original en la que se aloja el hotel. 





La pequeña sala o pequeño restaurante donde sirven los desayunos (que no tendremos tiempo material de catar) o las ligeras cenas. 




Desde esta sala se accede al bonito patio iluminado de manera tenue donde se encuentra la piscina, con agua clara y apetecible, aunque no hace tiempo de bañarse, por lo menos a la hora que la conocimos. 




No tuvimos tiempo de disfrutar del hotel, de sus instalaciones, ya que tiene un pequeño spa aunque no lo conocimos (supongo que una cabina de sauna y posibilidad de masajes), fue solo una noche la que pasamos, pero nos gustó mucho y nos sentimos muy cómodos, un hotel recomendable en la ciudad y muy bien situado. En el restaurante sólo hicimos una cena, de la que salimos satisfechos pero que al ser frugal y no de platos elaborados no puede ser considerada definitoria, pero como opción para alguna noche de cansancio creo que es recomendable.

Comencemos a pasear por el barrio donde se sitúa el hotel, el barrio Lastarria.



2 de septiembre de 2013

Chile - Vuelo a Santiago



Business is business 

Tras unos meses de espera, durante los cuales hemos ido preparando el viaje, llega el ansiado día del viaje.


Volaremos con las líneas chilenas LAN, que acaban de fusionarse (más por absorción) con la TAM brasileña; compañía de la que nos hablado maravillas. Realmente el vuelo es uno de esos que llaman compartidos, lo hemos comprado con Iberia, así que el check-in lo intentamos hacer a través de esta compañía por internet, pero no es posible (ya nos había pasado anteriormente con American Airlines las Navidades pasadas), pero el mensaje en esta ocasión de la pantalla no era esperanzador: “consulte con su compañía por falta de pago o por anulación” (más o menos). Tres días antes el vuelo y los asientos, de ida y vuelta, salían perfectamente identificados, y de repente ¡voilá, desaparecidos!


El sábado por la mañana, volábamos esa misma noche, nos ponemos en contacto primero con nuestra agencia de viajes, y nos dicen que no nos preocupemos, que ellos ven el vuelo y los asientos confirmados, pero que hablaran con Iberia y nos llamarán. Estamos algo inquietos, tantos meses de preparación y ahora un susto de última hora, por supuesto, las maletas están sin hacer, darnos el atracón para luego deshacerlas sería demasiado tortura. 


Como no terminamos de tranquilizarnos, llamada tras llamada conseguimos ponernos directamente en contacto con Iberia, donde nos confirman que el vuelo sigue programado, que todo está correcto y que nuestros asientos siguen confirmados. Más tarde, recibimos la llamada de la agencia de viajes con la misma confirmación. PRIMER ERROR. 


Algo más tranquilos, aunque personalmente yo tenía la mosca en la oreja, o para ser más exactos un enjambre de abejas, nos ponemos a la tarea de hacer las maletas: dos en las que vamos repartiendo nuestra ropa para casos de pérdida, y que facturaremos, y dos de mano, no excesivamente grandes en esta ocasión (cada vez intentamos parecer menos burras de carga aunque esto tenga su susto y coste si no llegan las facturadas) para lo más imprescindible, es decir, ropa para un cambio y algunos artículos personales o que consideramos cada uno necesarios. Además vamos cargados en mano con ropa de abrigo, un cortavientos y un plumas, no fuera que hubiera problemas con las maletas y en Santiago haga demasiado frío, es raro a la par que incómodo viajar así en verano, con 30º de noche y el plumas en el brazo. 


El vuelo es a las 23.55 h, y salimos con calma de casa para dirigirnos al aeropuerto, a estas horas el tráfico aéreo es menor y suponemos que no se montaran las colas como durante el día. Todavía seguimos tranquilos aunque mi enjambre particular me seguía haciendo “zummmmmm”. 


Mostrador de LAN, nuestras mejores sonrisas, y un amable señor que estaba pululando por detrás de las señoritas que estaban realizando su trabajo abre un mostrador y nos atiende, él también con una mejor sonrisa. Todos sonreímos, ¡qué bien! Toma los pasaportes, la documentación, y empieza a tardar mucho, además de hacer una llamada, pero no escuchamos la conversación, algo se está cociendo pero nuestro optimismo nos hace seguir confiados. SEGUNDO ERROR. 


Tras una espera nos cuenta que hay un problema, que nuestros asientos de business no están confirmados y que si deseamos hacer un cambio a turista por una compensación económica ¿cómo?, vuelo y asientos confirmados desde hace seis meses y ahora sale esto. ¿Qué ha pasado?, ¡Overbooking!, ¡overbooking en business!, que han vendido más billetes de los posibles y que somos unos de los afortunados en no poder viajar en esta clase. Pues no, no admitimos el cambio ni la compensación, si decidimos viajar en esta clase, asumiendo el coste que no es ninguna tontería, tenemos nuestras razones y ahora desde luego no es el momento para no hacerlo. 


Con cara de estupor le contesto que nos habían hablado maravillas de LAN, que era una de las mejores compañías aéreas del mundo, y que ¡zas, la primera en la frente!, que hemos volado con compañías de todo tipo y que es la primera vez que nos ocurre esto, principalmente en business, que en turista ya sabemos las barbaridades que se cometen. 


Otra llamada, una nueva propuesta: nos confirma un asiento en business y el otro asiento lo deja en “stand by”, a falta de que algún samaritano viajero quiera la compensación económica y deje el asiento libre… mal, esto pinta mal. Decidimos aceptar, yo a estas alturas prefiero volar en turista y hacer el viaje soñado durante tanto tiempo; claro, que aquí comienza la discusión marital, que si yo voy en turista, no que voy yo, pero es que yo iré mejor que tú, pero es que a mí no me importa… el amor.


Colocamos las maletas para su facturación, de esto se encarga mi marido con una azafata, mientras yo hablo con el “denegador” de asientos para en un alarde de inocencia aérea intentar que consiga los dos asientos en business. Yo en este momento no me doy cuenta al estar conversando, pero mi marido luego me comentará, que antes de poner las etiquetas, la azafata lanzó las maletas sin identificar al abismo negro donde se encuentran todas. ¡¡MI MADRE!! TERCER ERROR. Llamada de la azafata para que se pare todo, la cinta, las maletas, la recepción de las mismas, y etiquetas en mano se lanza corriendo a por ellas. A maleta pasada, ahora nos reímos, e incluso lo hicimos durante la tensa espera de todo, pero la situación más parecía una cámara oculta que una realidad real. 

Para intentar tener problemas pedimos que nos hagan si es posible el check-in del viaje de ida a Isla de Pascua, había leído que estos vuelos suelen presentar overbooking y si hemos empezado así vamos a intentar llegar y sin problemas, que luego veremos si podemos salir o no. 


Con un billete en business, otro en “stand by” (suena hasta cómico) y un pase para poder entrar en la sala VIP nos dirigimos hacia el control, y como hay poca gente hacemos la prueba de pasar por la Fast Track, ya que uno de nosotros si lo puede hacer claramente. Pasamos los dos, y no creo que fuera por no mirar los billetes ni confirmar la clase, es que claramente no somos el primer caso de “stand by” ni seremos el último. 

Para poner el asunto más interesante, el vuelo además sale de la Terminal 4 Satélite del Aeropuerto de Barajas. 


En la sala VIP no hacemos incursión por la comida y las bebidas. Saco la documentación y aunque es hora casi de cierre de nuestra agencia de viajes hago una llamada para que nos asesoren y gestionen el problema. Nos atienden muy bien pero lógicamente ellos ya no pueden hacer nada, no se le pueden peras al olmo y tampoco lo pretendemos. Gracias.  


Mi marido se va encendiendo ante la posibilidad de tener que viajar separados y en clases diferentes, y como nuestro seguro teorícamente lo cubre todo, incluso la anulación personal del viaje, se está planteando el mandar el viaje a la … Decido llamar a nuestra agente de viajes, que está de vacaciones, pero que es mi amiga, y es que el hombre es el único que debería comerse sus palabras y luego atragantarse con ellas, porque cuando nos entregó la documentación me dijo que ante cualquier eventualidad que la llamara, y yo muy segura y digna le dije que no, que ella estaba en sus vacaciones y que tendría que ser algo muy gordo para que la llamara; sinceramente, no es grave lo que nos ha pasado pero para nosotros es importante.


Mi agente, mi amiga, se porta fenomenal, ella había confirmado el día anterior los vuelos, pero en esta noche habla con Iberia con todos nuestros datos, que le hemos pasado a su marido. Gracias Mónica y familia, si no escribiera este agradecimiento seríamos unos desagradecidos totales, porque hablando con vosotros hubo algo de tranquilidad y cordura por vuestras acciones, aunque nada se podía hacer, las cartas estaban echadas y había que esperar el final del juego. Yo personalmente necesitaba conocer el coste del vuelo, ya que al ser un paquete es un conjunto, y lo que no quería es que además de fastidiarnos, LAN no nos pagara al menos el coste justo (ya ni pensar en indemnización). Mónica nos da una idea, intentar cambiar el billete de LAN por uno de Iberia, así que me lanzo documentación en mano como una posesa por los pasillos de la terminal. 


En el mostrador de atención de Iberia me comentan que no hay ningún problema, que media hora más tarde que el vuelo de LAN sale un vuelo suyo a Santiago y que hay plazas disponibles en business, pero que ellos no pueden hacer el trámite, que tiene que ser LAN la que le traspase los pasajeros. Corriendo al mostrador de atención de LAN, donde no hay un alma, eso sí, lo que hay es un fajo de pequeñas tarjetas en las que premonitoriamente anuncian los pasos a seguir por el viajero en caso de overbooking. El tiempo es justo, Iberia cerrará el vuelo y nosotros nos podríamos encontrar en un limbo aéreo. 


En esta correduría de pasillos me topo (y es topar, porque casi choco con ella) con la azafata de las maletas, y le pregunto si se sabe algo de nuestro pasaje. Parece que me reconoce, ¿será por la cara descompuesta? ¿será por los pelos de loca que ya llevo?, y me responde que está todo solucionado, que los dos viajaremos en business y que el asistente que nos había atendido nos daría el billete. 


Me vuelvo a la sala VIP, la hora del embarque de LAN ya ha sido anunciada, mi marido está esperando para tomar la decisión, la última decisión, que es ir hacia la puerta de embarque y conocer nuestro destino, allí está el ansiado billete de business, y además son dos juntos, aunque nos han cambiado ventanilla y pasillo por asientos centrales, además de ponernos en la primera fila, pero a estas alturas ¿qué importa la situación de los asientos?


Tomamos posesión de nuestros codiciados asientos y pedimos un pisco sour para celebrarlo. Y sobre el pisco sour hay un debate y un conflicto entre países, que si es peruano, que si es chileno, y todo porque su origen se encuentra en el desierto del norte de Chile... Como nosotros no podemos saber su origen realmente (sospechar sí pero mejor no decir nada), sepamos en qué consiste. El pisco es un aguardiente destilado con uvas moscatel, por lo que tiene un alto contenido en azúcar, y el pisco sour se hace mezclando el pisco con jugo de limón (en ocasiones de lima), clara de huevo, angostura y azúcar, y el resultado es una bebida azucarada, ácida y alcohólica.




Mientras estoy enviando un mensaje a mi agente, mi amiga, ella me hace una llamada para saber cómo va el tema y le doy las buenas noticias. Gracias de nuevo Mónica. 


Para ir sabiendo más del país pedimos prensa nacional chilena, y además nos entregan nuestros neceseres con: calcetines, antifaz de ojos, crema para el rostro, crema para las manos, protector labial, peine, cepillo de dientes y crema, una bolsa de tela –que nos será muy útil- y un bolígrafo. 




Menos mal que nos dan de cenar en el avión porque con el ajetreo de las llamadas, el malestar de la espera y el desenlace, en la sala VIP sólo nos hidratamos. La gastronomía de LAN está en las manos de Hugo Pantano, con el asesoramiento de varios chefs, Rodrigo Sieiro, Rafael Osterling, Christian Walther, Massimo Funari; y de los vinos se encarga Héctor Vergara, el único Master Sommelier en Latinoamérica.

Tomamos ensalada verde con vegetales de la estación y jamón ibérico con oliva, alcaparras y tomates cherry (la alternativa al jamón era una sopa de calabaza, que con el calor madrileño no apetecía nada). 




De plato principal una ensalada de pollo marinado y pepinos laminados en mi caso (mi marido se decantó por un filete grillado con papas al vapor, tomate asado y berenjenas grilladas – me encanta la traducción de grill por grilladas-; y la tercera opción era un salmón a la plancha con arroz salvaje). La fiesta del verde en mi bandeja.


Acompañamos la cena con vinos chilenos, hay que ir descubriéndolos: un Altazor, Viña Undurraga, Blend, del Valle del Maipo, y un Cordillera, Viña Miguel Torres, de uva carménère, Valle del Curico. El segundo nos convence más que el primero, y a este tipo de uva le hemos cogido gran cariño durante el viaje.




De postre, helado de vainilla Mövenpick para mi marido y fruta fresca para mí. 




Durante el viaje leo un poco, literatura chilena e histórica, lectura en la que sigo enfrascada, lenta pero segura, Inés del alma mía de Isabel Allende; y me veo una película histórica de hechos más recientes, No!, sobre el plebiscito que permitió Pinochet en 1988 y con el que se podría decir que “se dio con un canto en los dientes”. 



El resto del viaje intento descansar, ya no dormir, que me resulta un imposible, a lo sumo cierro los ojos diez minutos y los abro como platos y cansados, pero por lo menos el hecho de poder estar tumbada hace que el cuerpo esté más relajado. 


Tras esta experiencia hemos aprendido nuevas cosas, y es que business is business (en sus dos acepciones, negocio es negocio, la clase-aérea- es la clase). Si bien empezamos mal y el viaje no fue todo lo confortable que debería haber sido al viajar en clase business, los nervios acabaron pasando factura y además los asientos son bastante estrechos, al estilo de la nueva business de Iberia, con lo que ni es un asiento especialmente ancho ni queda una cama especialmente ancha, pero eso sí, queda casi en horizontal, que es lo mejor para la espalda. Lo que tenemos que dar es un diez para los asistentes de cabina, el servicio simpático, atento y dispuesto, al César lo que es del César que dice el refrán. 

La cola para el control de viajeros y documentación es terrorífica, así que nos queda de otra que armarse de paciencia y adelantar a buen ritmo dado que tenían muchas taquillas abiertas y organizadas, al llegar al turno salta un número con la taquilla a la que acudir. Bienvenidos a Santiago.