10 de julio de 2013

España - Plaza de Cibeles - Palacio de Comunicaciones / Palacio de Cibeles (Madrid)

Madrid desde el cielo

Tras la estupenda comida en el Gastro Bar Estado puro, el café en la  Rotonda del Hotel Westin Palace y la visita a la parroquia de Jesús de Medinaceli decidimos aprobar una asignatura pendiente de las muchas que tenemos en y con Madrid. Para ello llegamos hasta la archiconocida plaza de Cibeles, con la visión al fondo de la no menos popular y conocida Puerta de Alcalá


La plaza tiene su origen en los proyectos urbanísticos de Carlos III, quien encargó a su arquitecto, Ventura Rodríguez, que realizase una serie de fuentes monumentales en el recorrido que comenzaba en Atocha, seguía por el paseo del Prado y se cerraba en la plaza. La fuente fue colocada mirando hacia Atocha, sirviendo de abastecimiento de agua a la población, la plaza surgió con posterioridad, cuando se levantaron los edificios que la rodean y Madrid comenzó a crecer hacia el norte, por lo que la fuente fue trasladada a su centro y se orientó hacia la calle Alcalá.


Cibeles es una diosa de la mitología, esposa de Saturno y deidad de las fecundadas. La estatua fue realizada en 1782, según el proyecto de Ventura Rodríguez por Francisco Gutiérrez y Roberto Michel. A finales del siglo XIX se le añadieron los amorcillos que arrojan el agua a la piscina de la fuente y a mediados del siglo XX dos surtidores verticales y un chorro curvo que lanza el agua desde la estatua.

Si en Madrid hay monumentos simbólicos, sin lugar a dudas, estos dos, la Puerta de Alcalá y la plaza de Cibeles, son de los más frecuentados y fotografiados. Es más, creo que la Cibeles gana por goleada (del Real Madrid por supuesto, ya que es en esta fuente donde celebran sus victorias, mientras que el Atlético de Madrid lo hace en la cercana plaza de Neptuno) al monumento de Madrid, el oso y el madroño


En un lado de la plaza el edificio, el más majestuoso -y prepotente- para mis ojos de Madrid, con permiso de la cercana iglesia de los Jerónimos, se encuentra el Palacio de Telecomunicaciones, situado en un terreno que cubría uno de los pulmones verdes de Madrid, el Jardín del Buen Retiro -el Retiro para todo el mundo-, pero en 1903 el gobierno decidió cegarlos y realizó un concurso para levantar el palacio, comenzando las obras en 1905, según el diseño de dos jóvenes arquitectos, Palacios y Otamendi. 

El palacio se terminó en 1907 con una mezcla de estilos: plateresco, racionalista, modernista e incluso con trazas de barroquismo desenfrenado. La alta torre central le da un cierto aspecto de templo religioso, por lo que el palacio fue bautizado popularmente como Nuestra Señora de las Comunicaciones. 


Hasta el año 2007 el palacio albergó los servicios generales de correos, telegrafía y telefonía, y a partir de este año se decidió que alojara el Ayuntamiento de Madrid, siendo alcalde Alberto Ruíz Gallardón, lo que nos pareció a muchos de los madrileños una desfachatez y una prepotencia sublime del alcalde; que no quiere decir que la anterior sede del ayuntamiento no se hubiera podido quedar pequeña, pero la elección de este edificio emblemático sonaba y suena a "europeísmo acomplejado". Aparte de la razón esgrimida de más espacio para el consistorio, lo cierto es que el edificio también se había quedado grande para el uso postal y puede que este cambio sirviera no sólo para mantener su fachada en perfecto estado, sino para renovar su interior.


Como edificio de Correos había entrado en varias ocasiones, pero de joven casi niña, acompañando a mi padre a echar cartas, pero aparte de su llamativo exterior, sobre todo iluminado por las noches, del interior no recordaba nada. Afortunadamente, con el cambio de uso del edificio no se han limitado las visitas del todo, por supuesto a los despachos y dependencias del ayuntamiento no se puede pasar.




Se han conservado las mesas donde se escribían las cartas, postales, direcciones y las ventanillas de atención al público (cuantas historias escritas y no escritas en estos "pupitres"). 



La razón para visitar el palacio no es solamente esta planta baja, ya que en el resto de plantas y en varios espacios de las mismas se han habilitado diferentes exposiciones, algunas relativas al edificio y otras de arte, pero la principal razón, y nuestra asignatura pendiente, es que en el torreón central se ha habilitado un mirador (2€). Se sube en un ascensor y luego hay que subir andando 88 peldaños para obtener unas bonitas vistas. Y en esta subida si se realiza andando en lugar de en el ascensor se obtienen buenas vistas del interior del edificio, la recompensa no sólo es una visión más amplia y especial sino que en cada uno de ellos hay exposiciones diferentes, que van cambiando.



Por supuesto de la plaza y de la fuente de Cibeles. 


 
La plaza de Cibeles, la calle de Alcalá (a la derecha el Palacio de Buenavista, sede del Cuartel General del Ejército de Tierra, cubierto por una mancha verde arbolada, y a la izquierda, el edificio del Banco de España). 


Se ven con mayor cercanía y detalle las pequeñas torres del palacio de Comunicaciones; y en esta foto con más nitidez el edificio del Banco de España


La intersección de la calle Alcalá y la Gran Vía, en cuya esquina se alza otro de los edificios "estrella" de la ciudad, otro símbolo de Madrid, el Edificio Metrópolis, construido en 1911 e inmortalizado en varios de los impresionantes cuadros de Antonio López. 


 A la izquierda el Edificio de Telefónica, situado en la Gran Vía. 


 El paseo de Recoletos y al fondo las Torres Colón (coronadas por un remate verde). 


Detalle de una de las torres del palacio de Comunicaciones.


Detalle de uno de los remates pináculos de la fachada y el palacio de Linares, al que le atribuyen fantasmas en su interior. En la acutalidad alberga la Casa de America.


El antiguo patio de coches del palacio de Comunicaciones ha sido reconvertido en Galería de Cristal, un espacio cubierto por una gran bóveda acristalada, a la que se puede acceder con un horario muy restringido, y hoy no es día de visita. 


Afortunadamente durante visita a la 9ª Feria de Arte Contemporáneo pudimos acceder a esta galería construida con casi 2.000 cristales triangulares, todo diferentes entre sí (yo sinceramente esto no lo distingo).





La inmensa masa arbolada y de verdor es el Jardín del Retiro, que merece un paseo, un amplio paseo porque tiene muchos lugares a visitar y disfrutar. 


Un mundo de tejados, buhardillas y terrazas, alguna de las cuales da envidia de posesión y vistas, aparte de estar coquetamente decorada.


Al fondo el emblemático Edificio Torres Blancas, situado en la Avenida de América, obra del arquitecto Saénz de Oiza de 1961. Recibe su nombre de la idea original de utilizar hormigón blanco en la fachada, pero se desestimó por su alto coste, con lo que el blanco sólo quedo en su nombre. Es una original construcción cilíndrica que a los ojos profanos nos recuerda a una seta gigante, y aunque no andamos desencaminados por el mundo natural, la concepción se basa en los árboles.


Cuartel General del Ejército


En las plantas superiores del palacio se han instalado un restaurante y una cafetería con terraza exterior, en la que hicimos el intento de parar a tomar algo, pero como era lógico tenía el cupo completo y además gente esperando, con lo que decidimos no aumentar la cola de espera.

Bajamos del edificio y ahora no utilizamos el ascensor, lo hacemos por las escaleras, por aquello de descubrir mundo y que son solo seis-siete plantas y descubrimos que las paredes de la escalera están decoradas con azulejos, detalle que sinceramente no me esperaba.


Salimos al paseo de Recoletos, donde se celebraba una feria del libro, no la que se celebra anualmente en el Jardín del Retiro, sino una temporal. 


Paseo en el que están instaladas varias terrazas y que por la tarde-noche son un buen lugar para tomarse algo y ver a la gente pasear.


El día, sin haber estado planificado, resultó ser un buen día, tanto por el tiempo que nos acompañó, como por los lugares por los que pasamos, conocimos y en el que comimos. 




2 de julio de 2013

España - Madrid - Gastro Bar Estado puro

Tapas de altos vuelos

Tras nuestro interesante y caluroso paseo por Madrid, llegó la hora de parar no sólo para tomar unas cañas y unas tapas como hicimos en la Taberna la Dolores, sino de comer, aunque finalmente la decisión se decantó de nuevo por las tapas, y eso que pensamos que no encontraríamos sitio. Nos acercamos a la atlética y colchonera (por aquello de las celebraciones futbolísticas) Fuente de Neptuno. 


Frente a ella, formando parte del Hotel NH Paseo del Prado, Paco Roncero, del que conocimos sus maravillosas creaciones en el restaurante La Terraza del Casino, tiene un gastro bar donde comer a base de tapas y raciones, decorado entre moderno y castizo, entre ayer y hoy, entre mañana y siempre; un homenaje a la peineta (que no a hacer una "peineta").


Hay mesas altas con taburetes, pero todas están ocupadas, así que el único sitio es una barra frente a la ventana, así que aparte de comer y disfrutar de ello también cotilleáremos los paseantes, que no son pocos en esta zona de Madrid. En el exterior del local también hay una terraza bajo sombrillas, que estaba llena, aunque con comensales entrando y saliendo con bastante fluidez, incluso algunos extranjeros desconcertados ante la carta se sentaron y se levantaron.

La carta es al tiempo un sobre en el que se presentan las cubiertos. 


Para beber, y como no queremos hacer un exceso, pedimos dos copas de Somontano tinto, que resultó ser una estupenda elección, tanto en sí mismo como para acompañar la comida; y es que no siempre los vinos por copa resultan placenteros. Vienen acompañados por una lata de ¡aceitunas negras!, simpático el detalle inicial. 




Se puede pedir por tapas o raciones o elegir uno de los dos menús degustación, cosa que hacemos nosotros, sobre todo por aquello de conocer la relación cantidad-precio, aparte de no tener que volvernos locos y jugarnos a los chinos quién elige qué y cuantos. Un menú es rechazado por incluir foie, que en esta ocasión pasaré de intentar comerle, pero en él se incluía uno de los clásicos de Ferran Adrià, la tortilla de patatas del siglo XXI, con lo que la pedimos aparte y así no nos quedamos con las ganas (siento la mala calidad de las fotografías porque no se aprecia ni la textura ni los componentes con nitidez). 


La tortilla se presenta en un vaso, también puede ser una copa si se quiere dar un toque más elegante y no de taberna castiza y consta de tres capas: la de abajo es cebolla confitada, la del medio yemas de huevo y la superior una espuma de patata; finalmente se decora y aliña con un poco de aceite de oliva. Es una receta deconstruida, porque los ingredientes están juntos pero no revueltos, pero para comerla hay que hundir la cuchara hasta el fondo y con ella coger de los tres ingredientes, el resultado: auténtico y maravilloso sabor a tortilla de patatas. 




El resultado casero, que no fue el esperado en presentación por falta de consistencia en la espuma del puré de patatas, ni por las cantidades, en las Navidades de 2007 es este, ¿a que se ve bonito? (a pesar de sus carencias).


En contraposición a esta deconstrucción de la tortilla, en el Restaurante Asador El Tolmo, en Brihuega, uno de sus platos es el construido de huevos, patatas confitadas y lomo de orza; a cada sitio su plato y cada uno en nuestro paladar.

Comenzamos con el menú de degustación, con una ensaladilla rusa, que llama rusa, pero en "salaílla". Es un clásico de nuestras cocinas y nuestros bares, y el resultado en este caso son los supremos ingredientes que la componían, que no sólo de decoración y originalidad se trata.


El pan no es de horno, ni cocido ni precocido ni recalentado, lo más sencillo son unos crackers algo más crujientes y migosos que los utilizados para acompañar una tabla de quesos. 


Seguimos con la fiesta de la patata versionada en sus más clásicas presentaciones: patatas ali oli y patatas bravas.


Las patatas ali oli edición "de lujo" están coronadas con huevas de arenque, lo que les da un nuevo y diferente sabor, aunque para mi gusto le sobraba, aunque reconozco que le aporta un punto de sal y contraste. Bravo por las papas es la versión de las patatas bravas, que son algo bravas pero no en exceso; recuerdan en presentación a las papas arrugadas canarias, y se comen alegremente, tanto que hay que llevar la cuenta para que el comensal que te acompañe no se adelante y se coma tu ración. 


Otra versión de las patatas bravas tuvimos la oportunidad de degustar en el Restaurante Sergi Arola Gastro, tan de moda hoy por razones no precisamente culinarias y gastronómicas. No estaría mal tener la oportunidad de enfrentar ambas patatas bravas y realizar una carta horizontal. 

Seguimos con unos mejillones tigre, que para no ser una amante de este molusco no me desagrada. La presentación es más cómoda que la de los bares o caseras en general, ya que la masa de mejillón se presenta sobre la concha del mismo, pero no se reboza todo el conjunto. No fueron tan tigre como podían ser.



Continuando con el ingrediente de la bechamel, ya que se utiliza en los mejillones tigre, unas clásicas croquetas de jamón, que están ricas, suaves y con pequeños y sabrosos tropezonesde jamón, ingrediente que no siempre se encuentra en las croquetas, ya no sólo en forma sino en sabor, en las croquetas de todo el mundo mundial, aunque nosotros siempre recordamos, con nostalgia gastronómica y con pecado de gula, las croquetas de cocido del Restaurante Mirasierra en la localidad de Mogarraz.


El menú degustación termina con unas riquísimas mini burguers con mostaza a la antigua, una aunténtica exquisitez, que además no es una ración pequeña, dos por persona, aunque si hubieran venido dos más también habrían pasado por nuestro aparato digestivo.


Con esto se termina el menú de degustación, que podría ser algo escaso para hambrientos, pero como nosotros hicimos una parada "técnica" de tapeo antes, no pedimos ninguna ración más, que podría haber sido una cazuela de fideau que tenían ese día y que salía de cocina para bastantes mesas. 

Realmente la comida no se acaba aquí ni así, no publicado en el menú pero si formando parte del mismo llegan dos postres sorpresa. Una sopa de frutas del bosque con nata y chocolate, que estaba muy buena. 


Y una deconstrucción de algo como un pastel de zanahorias, que me sorprendió agradablemente aunque no terminé de cogerle el punto completo; y es que cuando me sacan del chocolate no termino de entrar en el mundo del postre de forma totalmente satisfactoria. 


La relación precio-calidad-cantidad-servicio es alta, muy alta: buena comida con buenos ingredientes y una magnífica presentación. Ahora no encuentro la factura, voy a seguir en su búsqueda, pero teniendo en cuenta que incluyeron los dos postres, cortesía de la casa, tres copas de vino y una botella de agua, no resultó especialmente costoso, aunque no por el precio de un menú por supuesto.

Tras la estupenda comida nos fuímos al cercano Hotel Westin Palace a disfrutar de un café en la bella Rotonda

Recomiendo este lugar para tapear y disfrutar de las tapas con una versión actual pero sin estridencias. ¡Buen provecho!




28 de junio de 2013

España - Madrid - Real Conservatorio Superior de Música - Estación de Atocha - Caixa Forum - Plaza Platería Martínez - Calle Huertas - Hotel Westin Palace - Parroquia de Jesús de Medinaceli

Paseando por las letras de Madrid

No lo hacemos muy a menudo, pero debería ser una de las rutinas a incluir en nuestra vida, pasear por la bonita y, en ocasiones caótica, ciudad en la que vivimos, Madrid o MadriZ como dicen que la pronunciamos. En la última ocasión tuvimos un día de verano más que de primavera, y eso que este año el verano está tardando en llegar y cuando parece que se quiere quedar vuelve a desaparecer... para que luego digan que no hay cambio climático. 

Comenzamos el paseo al lado del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que este es su nombre completo pero todos lo conocen como "el Reina Sofía". Se instaló en el antiguo Hospital General de Madrid, llamado Hospital de San Carlos, un grandioso (aunque no especialmente bonito, o eso siempre me ha parecido) edificio neoclásico del siglo XVIII, diseñado inicialmente por José de Hermosilla y continuado por Francesco Sabatini.  El museo fue inaugurado en 1986, y formaba parte de un amplio y complejo plan de modernización de la zona de Atocha: eliminación de un paso elevado de circulación (conocido como "Scalextric" por su similitud con los circuitos de juguetes), recuperación de la fuente de la alcachofa para la glorieta de Carlos V, plataformas de autobuses en Sánchez Bustillo, túneles de acceso al paseo Reina Cristina, modernización de la estación de Atocha y creación de un intercambiador de transportes (autobuses, metro, tren de cercanías, párking de coches) y algunos planes más que ahora no recuerdo, y es que para la carrera tuvimos que realizar un trabajo sobre el cambio en esta zona y hay cosas que se recuerdan y otras no, parece que esta es una de las que recuerdo en más del 70%. 

Nuestra intención era visitar el museo por la exposición que desde el 27 de abril al 2 de septiembre de este año el museo dedica a Dalí, pero nuestra hora de llegada ya es tardía y la cola es bastante considerable, claramente el genio Salvador Dalí tiene mucho tirón artístico y mediático, con lo que desistimos de entrar, y hasta el momento seguimos sin visitarla, y es que hay actos que aunque impliquen un coste hay que realizarlos en el momento para obtener la recompensa. 


Al frente se encuentra el edificio del Real Conservatorio Superior de Música, alojado también en un edificio que formaba parte del Hospital de San Carlos. 



En la glorieta de Carlos V, como el corazón de Atocha, se encuentra la remodelada y bonita Estación de Atocha, en la que han mantenido su estructura exterior, realizando en el interior una bonita combinación de ladrillos, hierro y cristal, recordando los primeros la estructura original de la estación. No creo que sea la estación de trenes más bonita del mundo pero creo que Rafael Moneo, el arquitecto encargado de realizar la remodelación, logró un buen diseño. 



En la esquina del Paseo del Prado con la calle Atocha se sitúa el Hotel Nacional, hotel que me trae recuerdos de boda, donde celebraron el banquete mis tíos hace ya unos cuantos (bastantes) años. Tras una etapa de abandono volvió a abrir sus puertas y renacer de su deterioro para lucir orgulloso su blanca fachada. 



Caminando por el mítico Paseo del Prado y no muy lejos de este hotel se encuentra el Caixa Forum de Madrid, un centro cultural inaugurado en 2008 para albergar exposiciones temporales, uniéndose al triángulo del arte de esta zona, formado por el Museo del Prado, el mencionado Museo Reina Sofía y el Museo Thyssen Bornemisza. 



El centro se ubica en el terreno y edificio de la antigua Central Eléctrica del Mediodía, de principios del siglo XX, y uno de los pocos complejos industriales que se conservaban (y conservan) en el casco antiguo de Madrid; y que para los ojos de muchos nunca fue importante o llamativo hasta que La Caixa adquirió la central y la reconvirtió en museo. En la pequeña plaza que se abre al Paseo del Prado durante muchos años existía una fea gasolinera, que afortunadamente con la remodelación desapareció.

En el exterior, aparte del propio edificio de ladrillos y de las esculturas que casi siempre suele haber, lo que más destaca es su impactante jardín vertical. 



En esta mezcla de arquitectura, los pilares del edificio antiguo fueron suprimidos, dejando un espacio semiabierto bajo el mismo, sustentándose con grandes bloques de acero en formas geométricas. Interesante y hasta refrescante la solución arquitectónica para darle ligereza al edificio. 




No visitamos el museo ni sus exposiciones, y en este caso no podemos achacar la culpa a la cola de acceso, que aunque había tráfico de personas no era tan importante como para que la visita no resultara fluida, sólo subimos hasta el piso superior donde se encuentra la cafetería en busca de vistas, pero allí no había, así que tan rápido como subimos bajamos. 

Seguimos subiendo por el Paseo del Prado hasta la Plaza Platería Martínez, un rincón coqueto que se llena de terrazas donde tomar un refrigerio o algo más con el buen tiempo, aunque con el malo también hay mesas y sillas, ya que la ley contra el fumador es impecable, y los vicios se pagan fuera de los locales, incluso pillando buenos constipados. De esta forma entramos en el Barrio de las Letras.



Subimos por la calle Moratín, la de la izquierda de la fotografía, hasta su cruce con la calle Santa María, otro de esos rincones coquetos que nos enseña Madrid. 



La calle Moratín desemboca en la calle Atocha y en la plaza Antón Martín, que siempre me ha parecido tener un aire a "Fortunata y Jacinta", a pesar de sus "moderneces", tanto en arquitectura como en monumentos. Es esa asociación de ideas que nunca sabes la razón pero de repente te llega y ya es difícil de no hacerla. 



Desde la calle Atocha tomamos la calle León, donde un comercio nos llama la atención, pero no por el comercio que aloja en la actualidad, ropa y complementos, sino por el que alojó en su momento, panadería y confitería.Ayer y hoy de la mano en la fachada, que no sé si por razones entrañables o económicos, que quitar rótulos tiene un costo (antes lo tenía) y a lo mejor es demasiado alto. Personalmente ni me desentona ni desagrada la ambigüedad del local.


Desde la calle León salimos a la típica calle Huertas, que allá por los años ochenta comenzó a hacerse un hueco en la noche madrileña, y con sus altos y sus bajos se sigue manteniendo, con una clientela variopinta en la que no faltan los turistas extranjeros. 



Entre la calle Huertas y la paralela Lope de Vega se encuentra el Convento de las Trinitarias Descalzas, y para verle mejor deberíamos haber pasado a la segunda calle, pero no lo hicimos, seguimos cuesta abajo por la calle Huertas. El convento fue construido en 1673 y en él se halla enterrado Don Miguel de Cervantes.



De la calle Huertas salimos a la Plaza de Jesús, donde nos tomamos unas cañas bien fresquitas y unas tapas en la castiza Taberna la Dolores, un lugar altamente recomendable para hacer un alto, refrescar y alimentar el cuerpo. Siempre llena de gente, hay que entrar y buscar un hueco en la barra, estando ojo avizor a los movimientos de la gente preparada para pagar. 

Con el paseo y las tapas el hambre nos ha acuciado, con lo que decidimos buscar un sitio, y la apuesta nos salió muy bien, acto que realizamos en el Gasto Bar Estado Puro. Tras la comida continuamos el paseo madrileño, desde la plaza de Neptuno tomamos la plaza de las Cortes y desde ella la calle Duque de Medinaceli



En el cruce de esta calle con la calle Cervantes se levanta la Parroquia de Jesús de Medinaceli. 



A la hora por la que pasamos por la puerta de la iglesia estaba cerrada, y era una de las múltiples asignaturas pendientes que tenemos con la ciudad en la que vivimos, así que volvemos por la calle Duque de Medinaceli hasta el Hotel Westin Palace (la marquesina a la izquierda en la fotografía). El hotel fue construido en 1910.



Tengo una debilidad, y es la llamada Rotonda de este hotel, un espacio bajo una cúpula de cristal de colores, que es un oasis de tranquilidad, paz y belleza. 



La cúpula tiene una decoración primaveral, con mariposas metálicas adornándola, como revoloteando las flores de los cristales. 







Decidimos tomarnos un café, a precio de mariposa de oro, pero es lo que tienen estos emblemáticos lugares, precios altos, aunque una vez al año merece la pena tener estos pequeños placeres. 


Sentados bajo la cúpula tomamos un folleto que anuncia unas cenas especiales que han comenzado a partir del 23 de abril. Como mi cumpleaños está cerca y este año por causas médicas no hemos hecho planes especiales de celebración (aunque luego lo hemos celebrado muy bien e improvisadamente), decidimos hacer una reserva para cuatro en el restaurante La Rotonda del hotel. 




Disfrutado el café y a la hora en que abren la Parroquia de Jesús de Medinaceli, nos dirigimos hacia allí. La iglesia está construida sobre el antiguo convento de trinitarios descalzos, y durante la Guerra de Independencia (1808) fue destruido y posteriormente reedificado. En 1922 fue derribado por amenaza de ruina y se levantó nuevamente en 1927, presentado el aspecto actual. 



El interior de la iglesia es muy diáfano, destacando lo que todo el mundo que entra a la iglesia viene a ver o a venerar o a pedir o a agradecer, la imagen del Cristo de Medinaceli. 



Como en cualquier otra iglesia también hay capillas laterales. 


La imagen del Cristo es de la primera mitad del siglo XVII y mide 1,73 m. Fue tallada en Sevilla y tras un periplo anticristiano por Marruecos llega a Madrid en 1682 con los Trinitarios, y lo hace con fama de milagrosa. El Viernes Santo de Semana Santa sale una procesión por las calles de Madrid que es esperada fervorosamente por miles de fieles. 

Se puede subir por unas escaleras laterales y contemplar más de cerca la imagen. 



Salimos a la calle Cervantes para continuar el paseo con un destino en mente, otra de esas asignaturas que toca aprobar hoy, el mirador que han habilitado en el palacio de Comunicaciones, antiguo edificio de Correos y actual Ayuntamiento de Madrid.