25 de enero de 2013

Corea del Sur - Busan - Alrededor del Mercado de Jalgachi



Espectáculo visual y olfativo

Frente a un lateral del mercado de Jalgachi (mirar mapa), a la orilla del puerto, se extiende otro mercado, el de los puestos callejeros, igualmente bien estructurados y organizados, que nos recuerdan, pero sin tanta organización, a los de Hanoi, Hoi An y  los terrestres, un caos total, del delta del Mekong. Aparte de la organización, la principal diferencia es que a pesar de ser puestos callejeros se nota la higiene, la limpieza, con lo que se acrecientan las ganas de comprar en teoría con mayor segurida.


Con unas almejas de ración individual, que luchan por salir de sus conchas carceleras como previendo su destino. 


No solo de pez vive el hombre, del cerdo se aprovecha todo.


Estos podrían ser los pulpitos que se comen vivos, aunque me parecen grandes para meterlos en la boca y además no se movían, estos ya estaban finiquitados. 


Estos lomos tienen una pinta estupenda, para comerlo como si fueran solomillo, marcado por fuera y en su punto por dentro o como un buen sashimi


Los peces se presentan de forma impecable, les colocan un palo para que se mantengan abiertos y se pueda ver la limpieza, el color y la frescura del producto. 


Con dos de estos casi que se come. 


Pero también los hay de tamaños más pequeños. 


A la gallega estos pulpos estarían para chuparse los tentáculos humanos.


Estos en un vuelta y vuelta a la plancha tienen que saber a gloria bendita. 


Este mercado callejero se extiende por dos calles cubiertas de sombrillas multicolores, en una especie de arcoíris marino. 



En pescados desecados hay variedad de especies y tamaños; algunos de ellos los hemos probado en los banchan de las comidas, con mejor o peor fortuna para nuestros paladares. 



Las gambas se presentan en altas montañas y dan ganas de comerlas como si fueran pipas.


Son planchas de pescado desecado pero no sé a qué pez pertenecen, y más parecen tortitas (pancakes) pasadas de fecha. 


Los pulpos desecados se quedan como planchados, además los tentáculos grandes se separan…¿y se pueden chupar como caramelos?


Para acompañar las comidas ¿pan?, no preguntamos, solo vimos y fotografiamos. 


También se puede comer sobre la marcha o comprar el pescado a la plancha para llevarse a casa (de la segunda foto me gusta la tetera que se ve tras los pescados). 


 

Algunos cocineros visten como auténticos chefs. Y no hay que perderse el dibujo publicitario del local, estos anime me ganan el corazón y me sacan una buena sonrisa.


También se venden algas, que las hacen encurtidas y principalmente las utilizan para sopa y como banchan, o por lo menos eso es lo que me ha parecido ver en más ocasiones. 


Para finalizar el recorrido terminamos con el postre, un caramelo para endulzar.


Si no se quiere cocinar se puede recurrir a los restaurantes, cuya publicidad nos recuerda de nuevo a Osaka, a la calle Dotomburi y sus figuras exteriores, aunque en Japón eran de mayor tamaño. 


La zona del mercado está fielmente representada en algunas baldosas de las aceras con las figuras de peces y aljumas




23 de enero de 2013

Corea del Sur - Busan - Mercado de Jalgachi (2)



El milagro de los peces y las ajumas

Después de la comida abundante lo mejor hubiera sido una siesta reparadora, sí, de esas de pijama y todo, pero el turista tiene que seguir el ritmo para ver lo que se pueda, así que salimos al verdadero Mercado de Pescado de Jalgachi (mirar mapa).


El nombre del mercado proviene de las palabras jagal, pequeñas rocas, porque en la zona hay muchas de ellas, y chi, aldea junto al mar. En Jalgachi principalmente trabajan mujeres, y por lo general casadas, llamadas ajumas, que al tiempo que preparan los pescados, los venden durante todo el día, limpian sus puestos, atienden a sus familias, una verdadera casta de profesionales en todos los frentes. 


La fiesta de las pinzas (pronúnciese como en la serie Futurama).



La fiesta de los bivalvos y las conchas (la talla S no parecen conocerla mucho).






Yo me hubiera comido uno de esos lenguados (o similar) de la izquierda con sumo placer.


Algo que no probaré jamás (y nunca se debería decir jamás), la lombriz de mar o gaebul, que para mayor castigo (o placer) a los paladares se sirve y se come cruda, cortada en trozos que todavía se mueven en el plato y en las bocas…no, gracias. El pescado crudo recibe el nombre genérico de hoe (y es que “joé”, hay que tener apetito para comer cierto tipo de alimentos en esta “no-preparación”). 


Ya las conocimos en el mercado de Tsukiji de Tokio, las piñas de mar, aunque aquí me parecen más sonrosadas. 


Erizos de mar, otro plato que no me apasiona ni aquí ni allí ni en ningún lugar, y para muchos es una exquisitez. 


De estos animalitos sí me puedo poner tibia y no dejar ninguno. 


Lo que a mis ojos es un bonito pez de acuario, allí parece que es un ejemplar comestible…y es que es mejor no ver lo que te comes porque te puede provocar pena, es como cuando en Navidad en los pueblos se alimentaba a los pavos y los lindos corderitos y luego llegaba el día de cortarles la cabeza y servirlos en la mesa después de haber convivido con ellos. 


El mercado tiene dos secciones, una para pescados y mariscos frescos, por la que hemos paseado en primer lugar, y otra para mariscos desecados, aunque creo recordar que ya había una mezcla de ambos por algunas zonas. 



Las rayas abiertas a mí me impresionan, me parecen animales de estudio para un forense. 


Las anguilas enseñando sus carnes, y al fondo sus cabezas, supongo que para hacer ricas sopas de pescado, aunque los asiáticos por regla general se lo comen todo sin necesidad de buscar aprovechamientos solo para caldos. 


No sé lo qué es y realmente no me importa demasiado aunque me intriga, su aspecto me parece repugnante, aunque se asemeje un poco a un revuelto de espárragos trigueros.


En el mercado no veo unos pulpos pequeños que se sirven y comen crudos, que reciben el nombre de sannakji, y que vi en un reportaje de Españoles por el mundo, sobre todo cómo se mueven las patitas al entrar en la boca…de nuevo, no, gracias. 

Nuestra visita ha sido meramente turística y a deshora, sin el trajín que tiene que tener el mercado a primera hora de la mañana, o mejor escrito, de la madrugada, con los barcos descargando, las mujeres trabajando sin parar limpiando los pescados y colocando los puestos, las subastas…

En líneas generales me ha parecido un mercado más organizado que el mencionado de Tsukiji de Tokio, supongo que porque el edificio es más nuevo, con lo que los pasillos son más amplios, está mejor iluminado, pero mi recuerdo del mercado de Tokio es insuperable, no sólo por lo que vimos sino por lo que desayunamos, el mejor desayuno japonés sin ninguna duda. 

Salimos del grandioso mercado por la parte externa, la que da al puerto, donde comienza todo. 




Pero aquí no se termina el mercado, aparte del edificio hay otro mercado, el de los puestos en la calle, que es otro mundo.


21 de enero de 2013

Corea del Sur - Busan - Mercado Jalgachi (1)



Comer, comer y comer

Como ver la ciudad desde las alturas de la Torre Busan nos ha dado hambre, sobre todo a Sonia, que anda la pobre con el estómago dado la vuelta por los horarios, le pedimos que ya que estamos en el puerto que de nuevo ¡hoy toca pez!, para lo que nos dirigimos al Mercado de pescado de Jalgachi (mirar mapa).



En las calles por las que pasamos hay puestos con un sinfín de palanganas llenas de peces y moluscos, así como muchos restaurantes ofertando un surtido de pescados y crustáceos.





Para variar entre tanto pez, molusco y crustáceo, un puesto de frutas, con unos melocotones igualitos a los que vimos en Japón, y que luego su apariencia no tenía nada que ver con su sabor a pesar de su alto precio. 


Siguiendo con esta similitud de Corea y Japón, las calles y edificios nos recuerdan en algo al jolgorio y bullicio de Osaka en Dotomburi,aunque con grandes diferencias, ya que lo de Osaka creo que es imposible de superar. 


Entramos en el edificio del mercado de Jalgachi, y sorprendentemente tomamos el ascensor para llegar hasta el sexto piso.


En este piso hay un restaurante buffet con vistas al puerto y al mercado al aire libre bajo sombrillas que parte desde el edificio del mercado, con otra multitud más inmensa de puestos, la extensión de ya extenso mercado.


La decoración del restaurante asemeja a un añejo salón de bodas, tanto por las sillas como por las arañas que iluminan la sala. Nos sentamos a la distancia justa de los dos ventiladores que refrescan el ambiente y a los comensales. 


Por un lado se encuentra el buffet, con un amplio surtido de ensaladas, pasta, arroz, carne, rollitos de primavera o similar, la tortilla jeon que tanto nos ha gustado y de la que nos servimos generosamente, alimentos desconocidos, algunos con mejor presencia que otros, sopas…con un aviso sobre el mostrador: se cobrará un sobreprecio si se deja comida en los platos, 2.000W por 100 gr (no me parece una mala medida para la gula de muchos que luego no terminan con sus grandes platos cargados de comida, mejor hacer varios viajes y comer lo que se necesite o se quiera o se pueda).


También hay un mostrador donde se ofrece pescado, pero para mi desgracia gastronómica ningún pez grande que es lo que realmente me apetecía, incluso algún crustáceo sabrosón, lo que había eran calamares y pescados pequeños salseados. Se paga según peso. 


Por otro lado, un mostrador de carne, principalmente ternera adobada y panceta. También se paga por peso.


Sonia se encarga de elegir los alimentos, primero del mostrador de los peces, con un surtido de calamares y unas pequeñas setas, a estas setas me recordaban las esculturas que vimos en la zona del COEX

En el centro de las mesas hay una barbacoa, sobre la que se coloca un papel de aluminio, y sobre él un trozo de mantequilla para que la comida no se pegue al cocinarse. ¡Voilà, habemus comida marina!. 


Terminada la primera ronda, acompañada del surtido elegido por cada uno en el buffet, llega la segunda ronda, la de la carne: con panceta y ternera (galbi) con su hueso pegado para que le dé más sabor. Por supuesto, el papel de aluminio se cambia, para ello hay una persona que está al tanto de nuestros movimientos de platos y mandíbulas, y si es necesario llamar para pedirle lo necesario. 


Había que concentrarse para no perder comba en esta fiesta de la comida, que mis dos comensales parecían más hambrientos que yo y además eran rápidos y veloces. 


El resultado final es una guía y dos turistas saciados por completo. 


Aunque en esta ocasión hubo hasta hueco en el estómago para tomar postre, cosa que no es muy habitual en Corea, pero ya que estaban allí esos pasteles, uno les echó el diente, mientras otra se decantó por la fruta, sobre todo por esos kakis, que estaban congelados y resultaron riquísimos. 


Hago una anotación final que había leído en internet sobre comer en este mercado, y es que en los puestos del mercado, situados en la planta de abajo de este edificio, se puede comprar lo que se desee consumir y cocinar en el restaurante, bien en las mesas o bien que lo hagan en las cocinas, pagando un suplemento por el uso de la plancha. 

Una vez bien alimentados es hora de visitar el Mercado de pescado de Jalgachi.