29 de octubre de 2012

Corea del Sur - Templo Songgwansa (provincia de Jeollabuk-do; entre Jinan y Jeonju)



De regalo por ser buenos turistas, un templo budista

Durante la mañana hemos hecho un buen recorrido a buen ritmo, incluso ya hemos comido, así que Kim, nuestro chófer, y Sonia, nuestra guía, hablan entre ellos y deciden que como tenemos tiempo libre nos llevan a una visita extra, y nosotros encantados, porque los traslados fuera de la ciudad resultarían más cansados para planificar y utilizar, que poder se puede hacer de todo cuando se quiere y se tienen ganas. 

Continuamos viaje con el paisaje montañoso en cuyas laderas se extienden los cultivos, los inmensos arrozales. 


Cultivos de ginseng bajo carpas negras, que supongo que serán para no permitir el paso de la luz a las raíces.


Y siempre las montañas, un paisaje que no querremos ni podremos olvidar, nuestra compañía junto a Sonia y al chófer durante todo el viaje. 


Vamos a visitar y conocer el Templo Songgwansa, situado entre Jinan y Jeonju, porque hay otro templo con el mismo nombre que es uno de los más grandes del país que se encuentra cerca de la ciudad de Sumcheon, en la provincia de Jeollanam-do, y por falta de tiempo y necesidad de programación y elección no podemos ir. ¡Será por templos en Corea!

Esta visita la vamos a hacer como la hicimos nosotros, que no entramos por las puertas principales, no sé cómo porque seguíamos a Sonia, pero de repente nos encontramos en medio del complejo del templo, al lado del diferente en forma y bonito pabellón de la campana y del tambor. 


El templo fue fundado en el año 867, durante la dinastía Shilla, siendo uno de los más antiguos seguidores del budismo zen. Fue destruido durante la invasión japonesa de 1592 y reconstruido en 1620. No os puedo contar mucho sobre él y sus edificios, porque aunque había carteles explicativos en esta ocasión nos lo saltamos y en la red no encuentro información sobre él, aparte de que en el mapa que tengo de Corea tampoco figura. 

En muchos de los templos de Corea se pueden hacer estancias, templestay, de modo que ofrecen alojamiento al tiempo que un lugar de meditación y paz espiritual, con la condición de ajustarse a sus horarios (implica levantarse a las cuatro o cinco de la mañana), comidas, participar en rezos, conversaciones con el monje, colaborar en las tareas diarias…sentirse como un auténtico monje pero sin necesidad de raparse la cabeza. En esta pareja hubo discrepancia a la hora de elegir este tipo de alojamiento: él, no estaba por la labor ni de madrugar ni de trabajar en vacaciones; ella, se apunta a todo aunque le hubiera costado, pero siempre en la confianza de que de todo se aprende. 

El santuario principal es la Casa del Gran Hombre, supongo que sólo se pueden referir a Buda con este grandilocuente nombre. 


Creo que esta es una de las fotografías más repetidas por todos los turistas y locales, la base soporte de los tejados infinitos de colores dancheong, ya sean de templos o palacios. 


En el interior de de la Casa del Gran Hombre, tres estatuas doradas y grandes, acordes con el nombre, de Buda, una triada budista de las más grandes de Corea, en esta ocasión con la diferencia de tener pintado un bigote al estilo Poirot


En el patio exterior una sonriente estatua de Buda, más parece sacado de un dibujo animado que de la inspiración religiosa. 


En otro santuario, Arhatjeon o Nahanjeon, Buda se encuentra rodeado por quinientos arhats, personas que han logrado el nirvana y el pleno conocimiento de la existencia; las estatuas son de gran colorido, y sobre ellos hay más imágenes de arhats, pero en esta ocasión completamente blancos, sólo los labios destacan por su color rojo. 



El interior de otro santuario presenta unas pinturas de Buda, con sus múltiples formas y sus discípulos a los lados. 


En otro santuario se ve la imagen de Buda con una cinta verde en la cabeza, según Sonia, representa al Buda del Infierno, que supongo que no es que sea de este lugar propiamente dicho, sino que así estaría cuando viajó al infierno. 


En otro santuario o altar, porque sinceramente tengo líos de edificios y altares, con lo que a lo mejor no eran tantos edificios-santuarios, más Budas, medianos y pequeños, todos muy dorados. 



En el patio del complejo del templo se encuentra una estela sobre tortuga con cabeza de dragón desafiante; son impresionantes estas figuras, tanto en la decoración del propio animal como los dragones de la parte superior. 


En el patio también se sitúa una pagoda de piedra, y detrás se encuentra un edificio destinado o bien para dormitorios de los monjes o para realizar el templestay


Y la figura de un Bodhittsava -creo que no es Buda, pero ni confirmo ni desmiento-, que creo que no es de la compasión, pero yo con el budismo sigo completamente liada y me lío más en las visitas por Asia, por más que vea estatuas con diferentes posiciones, peinados, sombreros no termino de reconocerlas…debe ser un problema particular religioso. 


Emprendemos el camino de salida para volver a encontrarnos con el Buda gordito y simpático, el Buda de la Felicidad, rodeado de niños. Sería como en el cristianismo: “dejad que los niños se acerquen a mí”. 


Emprendemos el camino de salida del templo por el lugar normal de entrada, por sus tres puertas. Salvo en los templas budistas más recientes, como el de Jogyesa en Seúl, la tradición arquitectónica requería que se construyeran tres puertas de entrada previas al recinto sagrado. 

El interior del recinto del templo es la representación budista del reino de Buda en este mundo y el paso por las puertas era la introducción de la persona en la luz del reino de Buda, dejando detrás la vida terrena, la muerte, los dolores y los problemas mundanos (si fuera así de fácil como pasar tres puertas…)


Creo que la razón por la que Kim y Sonia eligieron este templo, aparte de la cercanía kilométrica, se encuentra en estas puertas, y no tanto en los edificios santuarios y sus interiores, que también han presentado sus diferencias. 

Como hacemos el camino de salida y no de entrada numero las puertas según su orden natural. Estas puertas reciben un nombre genérico para todos los templos. La tercera puerta, llamada Purimuri, simboliza que la verdad propagada por Buda es solo una. En ella hay cuatro guardianes gigantes, dos a cada lado, llenos de color y detalles (creo que estos son los guardianes reyes de los puntos cardinales del mundo de Buda). 


Las caras y los ojos saltones de estos guardianes-dioses protectores me recuerdan a nuestros Gigantes y Cabezudos



Bajo ellos hay unas figuras, como de “pajes”, con los ojos también tremendamente saltones, tanto que producen una sonrisa.

 
En el exterior de la tercera puerta destacan unos dibujos a ambos lados. 


Entre la tercera y la segunda puerta hay una escultura, que de nuevo nos parece simpática, con esas coletas-moños tensas, que de nuevo nos lleva a los dibujos animados o a una película de ciencia-ficción antes que a la religiosidad. 


En la segunda puerta, llamada Chonwangmun o Puerta de los Reyes Celestiales, más guardianes, no se puede estar más custodiado en este templo. Ahora van acompañados por figuras menos llamativos y sin los ojos saltones, ahora sobre una montura que asemeja a nuestros ojos a dragones-perro. 




Llegamos a la primera puerta, llamada Ilchumun, que en los templos más montañosos solía encontrarse a varios kilómetros. Al pasar esta puerta se debían concentrar los pensamientos dispersos en el respeto infinito hacia Buda. 



Un mapa del complejo del templo para saber la situación de sus edificios y santuarios. 

 
Hemos visitado un templo que parece bastante desconocido para el turismo en general que nos ha gustado mucho, sobre todo por su diversidad en imágenes, y se lo agradecemos a Kim y a Sonia, que están teniendo detalles con nosotros.



26 de octubre de 2012

Corea del Sur - Jinan - Parque Provincial de Maisan - Lago Tapyongje - Templo Geumdangsa



Para chuparse los dedos

La visita al Parque Provincial de Maisan en teoría se ha terminado con la realizada en el increíble y casi imaginario mundo pagodístico del Templo Tapsa. No volvemos por dónde entramos, con lo que nos evitamos una subida por la montaña, sino que continuamos ruta andando, hay que recordar que estamos en un parque natural y los coches no deben ni pueden circular aquí aunque alguno ha entrado.

El camino pasa junto al lago Tapyongje, con el bonito paisaje de las montañas orejudas de caballo como fondo. 



En el lago, que no es excesivamente grande, una actividad lúdica que parece que les encanta en Asia, los patinetes con forma de patos para navegar, aunque por lo que se ve hoy no es un buen día para hacer ejercicio ya que están todos los patos en fila preparados para ser abordados. 


Cualquier lugar es apropiado, por imposible que parezca, para establecer un templo, al que con seguridad sólo se llega tras una agradable caminata por ese bosque y esa montaña.


El camino llega hasta el Templo Geumdangsa, construido el año 814, gobernando la dinastía Shilla. Durante la ocupación japonesa sirvió como base para una guerrilla coreana de oposición establecida en la zona de Jinan. 

El santuario principal destaca por su tejado dorado, reluciente, brillante y deslumbrador, con el sol ayudando a brillar más. 


El tejado recuerda la proa de un barco surcando el cielo coreano. 


Ante la entrada a la tienda de artículos budistas, artesanías y souvenirs una figura a la que echaba de menos, ese Buda gordito y feliz. 


No en todos los templos hemos visto las tejas a la venta como donación y colaboración, pero supongo que en todos ellos se podrá hace; al igual que la fe mueve las piedras de las pagodas también las tejas de pizarra. 


Saliendo del recinto principal del templo, que no del recinto completo, surge un sendero repleto de restaurantes y tiendas. Son sólo las 12 de la mañana pero nuestros ojos se paran en un restaurante en particular, fuera están preparando un manjar que huele que alimenta y su visión es un canto a la gula. 


No existe mejor reclamo alimentario que el que nos penetra en la pituitaria, y que además nuestros ojos admiran con devoción mientras nuestras papilas gustativas segregan saliva sin parar. Sentido y hecho, Sonia nos pregunta si queremos comer, y nosotros encantados de ello, a pesar de ser temprano se nos ha abierto el apetito. 

Al igual que anoche en Jeonju toca comer sentados en el suelo, y aquí hay mesas con sillas en el exterior, pero a pesar de los ventiladores el calor no es agradable, y en el interior funciona el aire acondicionado. No es la mejor postura para mis rodillas, cada año más maltrechas, así que aunque pueda parecer una falta de educación no me queda más remedio que moverme continuamente para estirarlas alternativamente ante la mirada preocupada de Sonia.


La carta está en coreano y en inglés, lo difícil es entender los precios, pero como llevamos a Sonia ella se encarga de pedir lo que hace falta para los tres. 

Hoy vamos a comer galbigi, costillas (galbi) de cerdo negro adobadas a la brasa; supongo que la calidad de la foto está directamente relacionada con las ansias de hincarle los dientes a la carne. Supuestamente las costillas son de cerdo negro, que supongo se asemejan a la alimentación de nuestros cerdos ibéricos y por eso su tonalidad, pero Sonia no supo explicarnos ante nuestras explicaciones.

A este cerdo negro nos lo volveremos a comer en la isla de Jeju-do.





Nuestro surtido de platillos acompañantes banchan. Esta foto sale bien porque de donde no había que quitar ojo ni manos era de las costillas.


Sonia elabora un bibimbap sin carne, que para eso están ya las costillas, al que no le añade demasiado gochujang, salsa picante de pimientos rojos, por aquello de que somos occidentales...si llega a probar la cena de anoche hoy le pone toda la salsa. 








Nos comemos con auténtico placer gastronómico estas exquisitas costillas y sí, nos chupamos los dedos y no nos da vergüenza reconocerlo, además, los volveríamos a hacer encantados. 

Continuamos andando por la carretera con tiendas y restaurantes a ambos lados. 


Se venden raíces para elaborar infusiones, bayas secas parecidas a las famosas bayas de Goji del Himalaya, y jengibre (o eso creo). 




Algas secas, yo no las reconocería como tal dado el mundo vegetal por el que estábamos rodeados, que tienen aspecto de regaliz. 


La típica manzanilla, que desprende buen olor; lo que se encuentra al lado más parece serrín que material para realizar infusiones, pero su destino final era el segundo.


Las barbacoas de los restaurantes siguen trabajando, que los turistas están bajando de su paseo y seguro que lo hacen hambrientos.


Hay una tienda donde fabrican unos espectaculares, y en ocasiones extravagantes, muebles de madera; algunos nos parecen verdaderas obras de arte. 


Un cartel anuncia los productos estrella de alimentación de la zona de Jinan: cerdo negro (animal que yo sólo lo tenía registrado en la isla de Jeju-do), del que provenían las riquísimas costillas, un gallo, parece que peleón, y el ginseng (producto extendido por todo el país y que ahora encuentro en herbolarios como milagroso, eso sí, de procedencia coreana para que el milagro sea más efectivo). 


Nos volvemos a encontrar con las larvas de gusanos de seda, beondegi,  en pleno proceso de cocimiento, y nos sigue sin apetecer probarlas. Las conocimos más crujientes en el mercado de Namdaemun.

Salimos al aparcamiento sur del Parque Provincial de Maisan por la puerta que anuncia el templo de Geumdangsa.

  
La ruta completa desde el aparcamiento norte al aparcamiento sur pueden ser unos 3 km, y a nosotros nos ha llevado dos horas aproximadamente, entre la subida, mirar, hacer fotos….para que hagáis un cálculo aproximado de lo que puede llevar esta visita completa, teniendo en cuenta además que mi ritmo de subida en general y más en este viaje, no ha sido precisamente óptimo, más bien ha sido tirando a pésimo para mi desgracia ansiolítica de turismo y conocimiento. 

Esta no es la única ruta que se puede realizar en el Parque Provincial de Maisan, en él hay más rutas de senderismo, pasando por otros lugares de paisajes o templos, y en ese enlace las podéis encontrar.