3 de junio de 2011

España - Trujillo (Cáceres) (3)

La memoria del corazón

Desde la calle de las Palomas ya asoma nuestro principal destino en esta visita trujillana, la Iglesia de Santa María la Mayor, de alguna manera nuestra iglesia. En el parador preguntamos el horario de visita y nos dijeron que hasta las 20 h, pero al llegar allí a las 19.30 h nos cerraron la puerta porque esta era la última hora con el cambio de estación, así que les pedí por favor que nos dejaran entrar, contándoles la verdad, hace 20 años….y nos dejaron entrar pagando la entrada a precio de grupo, del grupo que estaba dentro. Gracias, quedarnos (sobre todo quedarme, que las mujeres somos más sentimentales y románticas)  sin entrar hubiera sido una lástima. 

Como estoy con temas personales, música, una canción, para esta visita, una canción de tuna que me cantaban de tú a tú, que no será la más bonita pero que arranca mi sonrisa y reverdece mis recuerdos. 



En el lugar donde se asienta la iglesia anteriormente existió una mezquita árabe, aunque este aspecto presenta dudas para algunos historiadores por su ubicación, demasiado visible. Cuando los cristianos reconquistaron la villa construyeron un templo sobre su antiguo solar, como era costumbre cristiana, y ponen la iglesia bajo la advocación de Santa María. Ya en el siglo XIV se celebraban concejos abiertos en el cementerio de Santa María.

En esta iglesia se celebraron solemnes funerales por Juan II de Aragón, padre del rey Católico, era el año 1479 y se encontraban los Reyes Católicos en Trujillo para terminar con el asedio del castillo y la guerra civil con la Beltraneja.

 
A finales del siglo pasado, para prevenir el cólera y la peste los edificios públicos se encalaban con cal y azufre, esta iglesia se enjalbegó y hace unos cuarenta años que se quitó la cal, por eso aparece la piedra tan limpia como recién trabajada. 

Tiene dos puertas de acceso, la que se abre a la plaza, y que está cerrada, se abre en ocasiones especiales...como la salida de unos novios ya marido y mujer como dicen los curas. 


La otra puerta está en el lateral de la derecha, mirando de frente, por la que la amable cuidadora del templo nos dejó entrar para nuestra fortuna.

 
La torre tardorrománica, la Torre Julia, es lo único que queda de la primitiva iglesia que tras la conquista de Trujillo se levantó en 1232. Esta torre se resintió ya en 1521, pero se acabó de caer en 1755 con el terremoto de Lisboa y ha sido restaurada en este siglo, en la década de los años 70. 

La torre consta de un primer cuerpo macizo y otros tres de sillería bien labradas con vanos de medio punto que a medida que ganan en altura va aumentando su número. Sus esquinas están achaflanadas y en ellas van adosadas unas columnillas, la cornisa está adornada de canecillos. 


La torre consta de un primer cuerpo macizo y otros tres de sillería bien labradas, articulados de vanos de medio punto que a medida que ganan en altura van complicándose en el número de huecos donde se alojaban las campanas. Sus esquinas están achaflanadas y en ellas van adosadas unas columnillas, la cornisa está adornada de canecillos. 

Tiene una anécdota, durante la restauración un cantero trujillano, Antonio Serdán, labró y colocó el escudo del Athletic de Bilbao, equipo del que era forofo; está colocado en el capitel de la columnilla que toca ya la cornisa, en el ángulo que da a la plazuela de los Moritos, pero no se puede ver a simple vista, desde abajo no se distingue, ya no por nuestra falta de vista, más bien por la altura. 




La iglesia es de tres naves, cubiertas con bóvedas de crucería. Cinco ventanas trilobuladas de tracería gótica iluminan el interior, las vidrieras son del siglo XX. 



En el Altar Mayor se juraban los cargos concejiles, entre los Altamirano, Bejarano y Añasco. El retablo mayor es obra de Fernando Gallego, del siglo XV, formado por tres cuerpos y siete calles de veinticinco tablas.


La iglesia estaba muy vinculada al Concejo, todavía se puede ver junto a los púlpitos del lado del Evangelio y de la Epístola los bancos corridos de piedra, muy cerca del altar, eran los asientos para el Corregidor, regidores y escribanos cuando asistían en cuerpo de Ciudad a los actos religiosos allí celebrados. Ahora los bancos corridos son utilizados para colocar a los testigos durante la celebración de los matrimonios (aunque sea a regañadientes, pero la parafernalia es lo que tiene). 

Una de las partes más bonitas es la del coro, con un rosetón por el que entra la luz. 

 
Hay pequeñas capillas de los nobles, de las familia de los Bejarano y los Altamirano. 


Un vídeo que he encontrado en youtube:

 
La sorpresa que en esta ocasión nos tiene la iglesia es que se puede subir a su torre, no a la del escudo, se sube a la que se encuentra a la izquierda de la entrada principal. Además la encargada de la entrada tiene el detalle de avisarnos, para que nos dé tiempo a subir. Suerte que no tocaron las campanas estando allí arriba. 


Disfrutemos de algunas de sus vistas:

Palacio Chaves Mendoza (Hospital de la Concepción) a la izquierda, y Alcázar de los Bejarano (al fondo). 


Castillo (ya llegaremos).


Torre Julia, Palacio de Luis Chaves el Viejo y Plaza Mayor. 


El Altamirano o Alcázar de los Altamirano (al frente en la foto, no hay más cercana porque no llegamos a verle, pasamos cerca pero nos lo saltamos) es un alcázar con dos torres, desmochadas, que pertenecían a la muralla, situado en el punto más elevado después del castillo, de ahí el nombre que le dieron de Alcazarejo (pequeño alcázar). Por su altura vigilaba los caminos y por su proximidad defendía la ronda de las Almenas y reforzaba la defensa de la puerta de San Andrés. Era un punto clave para la defensa de la población. Fue la casa-fuerte más importante de Trujillo en los siglos medievales y es el solar del linaje más privilegiado de la ciudad, los Altamirano. 


Ya que esta ha sido una visita personal y emotiva, una foto personal y un brindis muy especial, ¡¡POR TRUJILLO!!. 


2 de junio de 2011

España - Trujillo (Cáceres) (2/4)

Tras los pasos de la nobleza

Salimos de la Plaza Mayor subiendo por la Calle Cuesta de la Sangre tras pasar el Palacio de los Chaves-Sotomayor (en la foto los arcos al fondo), del siglo XVI, se alcanza la Iglesia de la Sangre de Cristo, del siglo XVII, que hoy es la Casa Parroquial, que fue construida con el dinero del inquisidor de Granada y Córdoba, don Gabriel Pizarro de Hinojosa, para que le sirviera de tumba (el nombre de la iglesia construida por un inquisidor parece de un sarcasmo demoledor). 

 
La calle termina con una de las entradas al Alcázar de Luis Chaves el Viejo o Casa de los Chaves, que presenta una estructura militar y es la casa-fuerte más grande y con más dependencias de Trujillo. Construido sobre la misma muralla, defendía el acceso a la villa por la Puerta de Santiago, que se encuentra hacia la derecha, y a la que llegaremos más adelante y por otro camino. Edificada en el siglo XIV, en el XVI pierde su carácter militar y pasa a ser un palacio renacentista más abierto al exterior, que convivirá con la estructura medieval primitiva. 

Este alcázar fue la residencia de los Reyes Católicos en las visitas que hicieron a la ciudad en 1477 y 1479. Se dice que el lema “tanto monta, monta tanto…” salió de estos muros. 


Girando a la izquierda se toma la Ronda de las Almenas. Impresionante esta ronda, solo nos faltaban los caballos para subirla.


En el paseo de esta ronda chumberas se apropian del terreno escarpado entre las rocas del berrocal sobre el que se asienta Trujillo.


Desde esta ronda se contempla la Iglesia y Convento de San Francisco, del siglo XVI, cuya portada está rematada por una espadaña. El convento fue construido sobre la mezquita que los moros de la ciudad de Trujillo tenían, la cual donaron los Reyes Católicos, «siempre que la mezquita sea para las otras oficinas o cosas necesarias para el monasterio y no sea iglesia», según lo ordenan los Monarcas en su carta. 

Tras la exclaustración de los franciscanos de la observancia en 1836, este edificio ha tenido distintos fines militares, como sección de caballos sementales del Ejército y cuartel de tropas. Después fue Instituto Técnico de Enseñanza Media y actualmente Escuela Taller para la rehabilitación del patrimonio artístico de Trujillo.

En este convento estuvo el enterramiento de la familia Pizarro: Hernando y su mujer -y al mismo tiempo sobrina- doña Francisca Pizarro Yupanqui, en una cripta que fue durante las obras de adaptación a Instituto fue tapada y que se ha intentado en varias ocasiones recuperar infructuosamente (este dato tiene sus años, con lo que no sé si se habrá conseguido).


Continuando por la ronda se llega a la Puerta de San Andrés.


Pasando la puerta se encuentra la Casa Fuerte de los Escobar,  uno de los edificios más medievales que se conservan, de los siglos XV y XVI, con dos partes claramente diferenciadas: la del XV es la que tiene la alta torre cuadrada defensiva, ya desmochada, que no conserva almenas desde el tiempo de los Reyes Católicos, y quecuenta con el mejor conjunto de ventanas góticas. Está catalogada como edificio-fortaleza dentro de la arquitectura militar de casa con torre, por su carácter defensivo. La segunda parte del edificio, donde están las ventanas con rejas de hierro de forja, es un añadido del siglo XVI.

Esta casa-fuerte defendía la puerta de San Andrés, ya que los linajes tenían por orgullo defender las puertas de la villa. La familia Escobar pertenecía al linaje de los Altamirano. En esta casa vivió María Escobar que fue la primera mujer que llevó semilla de trigo y de cebada al Perú; también nació fray Diego de Chaves, un dominico que fue confesor de Felipe II y asistió a las sesiones del Concilio de Trento.


Según se pasa el arco, a la izquierda sale una calle que desemboca en la Plaza de los Descalzos, donde se encuentra el Palacio Chaves Mendoza (Hospital de la Concepción). Este edificio, asentado en la muralla, ha pasado por muchas etapas, en primer lugar fue fortaleza defensiva, después fue palacio, que tras la invasión francesa fue abandonado por sus dueños y habitado por los franciscanos, por eso la plazuela todavía conserva el nombre de los «Descalzos» (antes se llamaba de San Andrés por la iglesia).

Últimamente ha sido Hospital de la Concepción, perteneciente a la Fundación Pizarro, fundada por Hernando Pizarro y su mujer doña Francisca para cumplir el testamento de Francisco Pizarro: era su voluntad que se hiciera una iglesia colegial y un Hospital, por lo que formaron un patronato para administrar los bienes y las fincas que dejaron para el mantenimiento de dicho hospital. Es la obra benéfica de los Pizarro que después de cinco siglos sigue cumpliendo hoy día los mismos fines benéficos con los que se fundó, ya que sigue dando actualmente todos los años dinero a Trujillo con fines benéficos.

Actualmente el palacio es una vivienda particular. El edificio ha sido totalmente modificado y lo que se conserva es ya del siglo XVII. De la época que sirvió como convento a los frailes descalzos conserva la iglesia barroca,




En el mapa que nos dieron en el parador, ya que en principio veníamos de fiesta y no de turismo, con lo que no traímos información suficiente, no se encontraba señalizada la alberca, una cisterna de agua que debió ser un baño público romano de la época del Emperador Augusto, un “natatorium romano”, que se encuentra por una calle casi escondida al ir a dar la vuelta al palacio.

En su lugar le damos la vuelta al edificio para llegar a la Plaza de la Vera Cruz, donde se encuentra el Alcázar de los Bejaranos, del siglo XIII, que se encuentra muy cerca de la puerta del Triunfo, a la que defendía. Sólo quedan la puerta y las dos torres y está catalogado dentro del tipo de edificio de arquitectura militar para defensa.

Los Bejarano vinieron de Beja (en el Algarbe portugués) a la reconquista de Trujillo y junto a los Altamirano y Añascos fue uno de los tres linajes más favorecidos por el Rey por su participación destacada en la toma de la villa. Por eso está su escudo plasmado junto con el de los otros dos linajes en la cercana Puerta del Triunfo.


La puerta del alcázar presenta un gran arco y el escudo de los Bejarano, un león rampante  en el centro y en las equinas cuatro cabezas de dragones. En ella también hay grabada una inscripción latina: "Sub umbram alarum protégenos" (bajo la sombra de tus alas protégenos). Las torres, ya desmochadas como corresponde a la pérdida de su fin militar. 






Para la película de Colón, protagonizada por Depardieu, en una de estas torres, la que está frente a la puerta del cementerio de la Vera Cruz, colocaron una cúpula metálica azul verdosa con la media luna árabe que parecía el alminar de una mezquita y en la calle del cementerio estaba el zoco o mercado árabe; con esta ambientación mora Trujillo pudo recuperar durante unos días su pasado árabe.

Continuando el muro del cementerio  y girando al final se encuentra a la Puerta del Triunfo, del siglo XIII, con una imagen de la Virgen de la Victoria dentro de la hornacina, y con los escudos de las familias Orellana, Bejarano y Añasco acompañando al de los Reyes Católicos. 

 
En 1227 se  fracasa al intentar reconquistar Trujillo, posteriormente Fernando III vuelve a intentarlo, para lo cual reúne las fuerzas de los de Santiago, Temple, Hospital, diversos fonsados y del Obispo de Plasencia, que capitaneará las huestes. Los mozárabes que vivían en la ciudad estaban avisados de este asalto.

Las huestes cristianas llegaron a Trujillo el Primero de Enero de 1232 rodeando el berrocal para impedir que llegaran alimentos o refuerzos a la ciudad. Rápidamente la población se refugió en el recinto de la Villa y los barrios cayeron en manos cristianas. Las murallas estaban bien preparadas para aguantar el asedio que se les avecinaba. Los elementos metereólogicos se aliaron un poco con los árabes, siendo más duros más duros de la cuenta, con fríos y nieblas terreras que pusieron enfermas a parte de las fuerzas cristianas mientras los moros rechazaban cuantos intentos hacían por todas partes para abatir el recinto.

El Obispo ordenó con el alba del 25 de enero un ataque conjunto por un solo punto y encomendándose a Nuestra Señora irrumpieron gritando jaculatorias contra las murallas de Poniente para abatir la Puerta... La Leyenda cuenta que un resplandor increíble aceleró la alborada desde lo alto de la Torre Julia cegando a los moros y permitiendo que Fernán Ruiz, camuflado intramuros, pudiera abrir la puerta que hiciera realidad la Victoria. Entraron los cristianos y abatieron las últimas defensas del Castillo. Yo casi que lo puedo ver, no en vano el cine nos ha recreado muchos momentos así, pero con la imaginación propia también vale.

La entrada oficial fue por esta Puerta de Fernán Ruiz o del Triunfo ,con el señor Obispo bajo palio y acompañado de los cuatro Maestres de Alcántara, Santiago, Hospital y del Temple junto al héroe de la jornada, Fernán Ruiz, flanqueados por los principales capitanes, canónicos y monaguillos diversos de la jornada increíblemente milagrosa y fría, día de San Pablo, al que posteriormente se le dedicará una capilla en la segunda fortaleza. Ahora lo que se oye es el resonar de los tambores entrando por la puerta.


Volvemos hacia la Plaza de la Vera Cruz, sin asomarnos a su cementerio, y eso que estos lugares, cuando son extraños y no cercanos en sentimiento, nos suelen llamar la atención por la belleza arquitectónica de algunas de sus tumbas y callejeamos un poco, por la calle que nos llama la atención. Si estas piedras hablaran que de historias podrían contarnos...


Para terminar dando con la fachada de la Casa de Rol Zaráte y Zuñiga, del siglo XV, de estilo renacentista y conocida como la Casa de las Palomas por el escudo. 

 
Enfrente de ella la Casa de los Chaves Calderón, del siglo XVI, donde de nuevo vuelve a aparecer un balcón de esquina, en este caso sobre la puerta de entrada que también es de esquina. 

 

1 de junio de 2011

España - Trujillo (Cáceres) (1/4)

Tras los pasos de la historia

El fin de semana del 21 de mayo se celebraban las bodas de oro de unos tíos, y esta celebración familiar nos reunió  en Trujillo, ciudad a la que mi marido y yo estamos vinculados emocionalmente de manera muy especial y a la que hacía tiempo no le hacíamos una visita, aunque seguimos sin hacerla en profundidad, entrando a todas las iglesias, casas y museos posibles, cotilleando por todas las casonas habilitadas como hoteles o restaurantes, y sin lugar a dudas se merece un paseo por ella con tranquilidad, disfrutando de todos sus monumentos, que son muchos, y de todas las vistas que ofrecen sus calles. 

Estamos vinculados a Trujillo porque en la Iglesia de Santa María la Mayor nos casamos, matrimonio del que recientemente como ya os comenté y compartí la escapada, el 19 de enero, se cumplieron ya 20 años, felices y sin perdices, pero con mucho bagaje personal. 

Además la madre de mi marido, la que llaman familia política, nunca hubo peor adjetivo para calificar una familia que es mía y siento como mía, es trujillana, así que este reportaje se lo dedico a ella:  Nena, con todo mi amor.

La antigua Turgalium perteneció al municipio romano de Castra Iulae, de la provincia lusitánica. Los visigodos apenas dejaron documentos, pero sí los árabes. La Torgiela árabe se desarrolló alrededor de su imponente castillo. En 1186 cayó en poder de Alfonso VIII y poco después la recuperaron los almohades. En 1232, quedó definitivamente bajo soberanía cristiana, según la leyenda por la intervención de la Virgen de la Victoria, patrona de Trujillo, en aquel entonces Truxellum.

A partir del siglo XIII las familias Altamirano, Bejarano, Chaves, Orellana, Pizarro, etc., se instalaron en la villa que, poco a poco, creció hasta convertirse en una gran ciudad, motivo por el cual el rey Juan II le otorgó dicho título en 1432.

Trujillo merece sobradamente el título de “cuna de conquistadores”. En los siglos XVI y XVII, gracias al dinero y mercancías que llegaban de América, la villa conoció uno de sus grandes momentos económicos e históricos. Se enriqueció tanto que el oro corría a raudales y los mercados ofrecían cientos de productos del Nuevo Mundo. Surgieron edificios, civiles y religiosos, que convirtieron a la vieja Trujillo, una ciudad de pastores y agricultores, en una ciudad señorial.

Los abusos de la Mesta y los nobles, las guerras con Portugal y las destrucciones de las tropas francesas minaron su economía y sumieron a la ciudad en un decaimiento progresivo, que se ha ido tratando de superar mediante el turismo y como núcleo regional del comercio ganadero.

Comenzamos la visita por la iglesia donde se celebró la misa por los 50 años de matrimonio, perteneciente al Convento de las Jerónimas, de finales del siglo XV, que hasta hace poco se encontraba en la Plaza Mayor, en el Palacio de San Carlos, pero dado que era muy grande para la congregación actual y el costo altísimo de su mantenimiento, se han trasladado a este edificio más pequeño, que es donde comenzó la orden a funcionar al instalarse en la ciudad. 



Al lado del altar destaca la figura orante de un caballero, ¿un conquistador?, a su espalda una lápida de un apellido muy de la tierra, Solís, de la Casa del Sol. 



El interior de la iglesia es muy coqueto, con una Virgen de Guadalupe, reconocible por su color. 

 
El parador de turismo se halla instalado en el Convento de Santa Clara, del siglo XVI. Enfrente de él se hallan las dependencias de las monjas clarisas, a las que el día anterior de la boda es menester dejar una docena de huevos para pedir un buen día soleado, que si bien  en nuestro caso el sol no salió, lo que no nos hizo fue frío, y eso es de agradecer para ser enero.






Este monasterio al igual que otros que había en Trujillo, recibieron ayudas de personajes ilustres, incluso los Reyes Católicos, Felipe II y Felipe III acudieron a visitarlo, llegando a pernoctar en alguna ocasión,  y lo dotaron de importantes beneficios. 

Según la tradición en el coro de la iglesia de este convento está enterrada doña Francisca Pizarro Mercado que fue monja en él, hija de Hernando Pizarro con Isabel de Mercado, que también fue monja en uno de los conventos de Trujillo, parece ser que en el de la Coria.

El elemento más característico y encantador del convento-parador es sin dudas el claustro, de tracería herreriana, donde persiste el antiguo pozo, y ahora hay instalados unos buenos sillones para pasar una tarde-noche al fresco.



Alrededor del claustro se encuentran algunas de las habitaciones, y por las noches aseguro que el silencio es totalmente monástico, aunque durante el día también lo llega a ser, los turistas andan de trotacaminos por la todavía desconocida Extremadura, muchos de ellos franceses. 



En la antigua espadaña del convento no anidan las campanas sino las cigüeñas, aves unidas a esta tierra de un modo muy especial. 

 
Como todas las ciudades, tiene un corazón, la Plaza Mayor, cerrada al tráfico, con los inconvenientes que ello provoca pero con la tranquilidad que se consigue. En ella se instalaban los mercados y los espectáculos públicos, desde ferias de comediantes a corridos de toros. Junto a ella crecieron los barrios árabes y judíos. 

La primitiva plaza del Arrabal se convirtió a partir del siglo XVI en una plaza señorial, de estilo renacentista, porque los viejos edificios de los mercaderes se sustituyeron por casas solariegas construidas con el oro de las Américas.




En la plaza se alza altiva y casi en movimiento la estatua ecuestre en bronce, con un peso de 6.500 kg, de Francisco de  Pizarro, regalo de un norteamericano, Carlos Rumsey, gran admirador y entusiasta del conquistador, que era muy aficionado a la escultura.

El monumento fue inaugurado en junio de 1929. La obra fue examinada antes por el gran escultor Mariano Benlliure que dijo de ella que «era una escultura perfecta que denotaba gran conocimiento de los trajes de la época, de las armas y de los acarreos». 

Existe otra estatua gemela que regalaron a Lima. En el pedestal de la estatua se puede leer: Francisco Pizarro. Conquistador del Perú.


A un lado de la plaza se encuentra la Iglesia de San Martín de Tour, del siglo XIV. En un principio era de pequeñas dimensiones, pero por exigencias del culto y por la masiva afluencia de gente fue ampliada y modificada en el siglo XVI, además de convertirse en parroquia. En esta iglesia se enterraban las familias nobles en sepulturas familiares, para lo cual daban dinero a la iglesia por tener este derecho. 

En esta iglesia ha rezado Carlos V, donde juró los fueros de Trujillo a su paso para Sevilla cuando iba a casarse con Isabel de Portugal, también oyó misa Felipe II que venía de tomar posesión de Portugal, y también pasó Felipe V.

En sus muros se colocaban las medidas oficiales del trigo, cebada y otras mercancías, los patrones por los que se debían regir para vender.

Tiene dos torres, una campanario y la otra para el reloj decorada con azulejos talaveranos.

También tiene dos puertas, una renacentista-clásica de arco de medio punto, entre columnas sobre pedestales y rematada por un frontón.


La otra puerta, gótica, es llamada de “las limas”, con un arco,  decoración de bolas (limas) y una galería de calados góticos que se abre sobre ella, donde había una imagen de la Virgen y hoy se encuentra la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.

Ante esta puerta se reunía el Concejo, con sesiones abiertas para tratar los asuntos de la vecindad y también se daban los pregones. 


Frente a la iglesia el Palacio de los Duques de San Carlos, donde destaca el balcón de esquina, encima hay un busto y debajo el escudo de la familia. Hacia un lado de la fachada hay una logia. Aquí habitaban antes las monjas del Convento de las Jerónimas. 

 
Hacia un lado de la fachada hay una logia. 


Frente al palacio, de cara a la plaza, están los soportales, que en sus tiempos estaban diferenciados por los productos que se vendían, uno de ellos era el Portal del Paño, donde pervive una tienda de tejidos. 

 
En una esquina de la plaza se encuentra el Palacio del Marqués de la Conquista, palacio renacentista del siglo XVI mandado construir por Hernando Pizarro y por su mujer, que era su sobrina, doña Francisca Pizarro Yupanqui (hija de Francisco Pizarro y de una princesa inca llamada Inés Huaylas Yupanqui), que a los 18 años se casó con su tío Hernando que tenía 52 -parece una telenovela-. 

El palacio fue construido sobre las antiguas carnicerías municipales, lo cual desencadenó un largo pleito. Los problemas de cimentación y su gran peso amenazaban con la ruina del edificio, por lo que en el siglo XVIII hubo que tomar medidas y fue Manuel de Larra Churriguera, el sobrino del gran arquitecto del churrigueresco salmantino, el que vino a Trujillo para las obras de afianzamiento.

La fachada principal consta de una primera planta porticada de cinco arcos, sobre ella hay tres pisos de cuatro ventanas cada uno, las cuales, a medida que ganan en altura, van disminuyendo en tamaño, lo que da la impresión de mayor altura.

Las ventanas están protegidas por rejas de hierro forjado y rematadas por cartelas metálicas decoradas con medallones de rostros humanos y el escudo de los Pizarro (los dos osos y el pino), el cual se repite por toda la fachada del palacio, esculpido en piedra o cincelado en hierro.

El edificio está coronado por una cornisa en cada una de cuyas peanas hay una estatuilla. En total son doce y están portando diversos instrumentos musicales, entre las que se intercalan otros elementos decorativos.


De nuevo llama la atención el bonito balcón de esquina, enmarcado por casetones alrededor, a ambos lados le flanquean dos columnas abalaustradas con decoración de calabazas y hojas de acanto, entre ellas se alojan los bustos en altorrelieve de cuatro miembros de la familia Pizarro. A la derecha Hernando y doña Francisca tocada con sombrero y a la izquierda Francisco Pizarro e Inés Huaylas Yupanqui (padres de doña Francisca). 

 
Sobre el balcón el gran escudo mantelado con las armas engrandecidas por Carlos V. Es toda una alegoría de la Conquista del Perú, en el centro el escudo de los Pizarro en pequeño, le rodean las murallas de la ciudad de Cuzco, capital del Imperio Inca, los barcos de Túmbez por ser ésta la primera ciudad inca que encontraron. También está representado Atahualpa con las manos metidas en dos cofres de oro rodeado por siete caciques indios. 

En la primera foto del Palacio del Marqués de la Conquista al fondo se ve un edificio con arcos, es el Antiguo Ayuntamiento, sede del concejo hasta el siglo XIX y actual Palacio de Justicia. 

En otra de las esquinas de la plaza se halla el Palacio de Piedras Albas, edificado en el siglo XVI sobre lo que eran los soportales del pan, con una sencilla logia de tres arcos de influencias florentinas porque los dueños de este palacio entroncaron con una familia italiana, los Piccolomini. 




Al lado del Palacio de Justicia se  encuentra la Casa del Peso Real, con una puerta entre dos columnas retorcidas, salomónicas. Es una de las muchas casas que hay en Trujillo, edificios medievales de estructura gótica a los que posteriormente se les incorporan elementos del Renacimiento y conjugan muy armoniosamente en su fachada las dos corrientes artísticas. 

En ella se pesaba la harina, el trigo, la cebada… todo lo que era pesable. En la plaza se celebraban los mercados y tenía que haber una casa que llevara el control de los pesos y las medidas para evitar los fraudes. También se la conoce como Palacio de los Marqueses de Quintanilla (es la casa a la izquierda en la foto, al fondo).


En los soportales de lado derecho de la plaza, subiendo las escaleras, donde se encuentra el Mesón la Troya y la Casa de la Cadena. La Casa de la Cadena recibe el nombre por la cadena que cuelga del dintel de su puerta, que simboliza el derecho de asilo de que gozaba esta casa por haberse hospedado en ella Felipe II a su paso por Trujillo, en marzo de 1583, cuando el rey venía de tomar posesión del reino de Portugal, queriendo su confesor, el trujillano fray Diego de Chaves, se hospedara en casa de sus familiares, en la Casa de Chaves-Orellana. Este derecho proporcionaba un privilegio mediante el cual el reo perseguido por la justicia quedaba bajo la protección del señor de la casa y mientras estuviera allí no le podían prender (en esta foto se distingue mejor la cadena).

 

31 de mayo de 2011

Japón

Valoración y enlaces


El viaje a Japón resultó formidable, no solo cumpliendo las expectativas puestas en él, sino sobrepasándolas con creces, y el país un destino espectacular. Hablando con un amigo sobre la diferencia de cultura, la verdad es que es más Europa que Asia, es la sensación que se produce en sus calles, con sus habitantes; por supuesto con sus diferencias históricas, religiosas y gastronómicas, supongo que la Asia más profunda se encuentra en otros países o en ese Japón que nos ha quedado por conocer. 

Para mí Tokio es una ciudad en la que podría vivir, así es como suelo catalogar las ciudades a la vuelta de un viaje, para disfrutarlas o para vivirlas, y en el caso de Tokio podría intentarlo,  ya hemos conocido sus dificultades, pero también su belleza y hemos sentido su imán. Kioto, por el contrario, no la elegiría para vivir, pero me gustaría volver para disfrutar de todos sus rincones con calma, para saborear más y mejor sus templos y sus jardines. Del resto del país que nos ha quedado por conocer, sería un placer poder visitarlo.

Hablando con personas que han viajado a Japón, todos tenemos la misma sensación, que es un país muy especial, y que nos marca también de manera especial, por sus adelantos, por su pasado, por sus gentes...con lo que si en algún momento podía pensar que estas sensaciones eran producidas por ser el primer viaje importante, se desvanecen, y son las que son porque son las que el país provoca.
Lafcadio Hearn fue un greco-irlandés que se afincó en un pueblo de Japón, Matsue, y se enamoró del país y de una autóctona, y escribió un libro, En el país de los dioses, con un comienzo que creo que refleja bastante bien lo que se puede esperar de Japón:

"No deje de anotar sus primeras impresiones lo antes posible -me dijo un amable profesor inglés al que tuve el gusto de conocer después de mi llegada a Japón-, son evanescentes, ya sabe, una vez que se hayan apagado no volverán a usted; y sin embargo, de todas las sensaciones extrañas que pueda experimentar en este país, ninguna será más fascinante que esas primeras impresiones". 1890-1904 

Suscribo sus palabras, con más de un siglo de existencia y todavía en vigor. 

Si queréis ir podéis hacerlo con un tour como nosotros, pero con una buena guía material y no humana, desparpajo natural, miedo cero o lo justo a lo desconocido, y con el JR Pass para los trenes se puede acceder a casi todo el país (con sus limitaciones y tomando autobuses de vez en cuando).Ya os había dejado el link, pero bueno es tenerlo siempre a mano:


Otras páginas interesantes, en inglés todas menos una:




 Airport Limousine





Si tenéis en mente el viaje para ya mismo sólo nos queda desearos ¡¡Feliz viaje!!, y si lo estáis pensando, os animamos a hacerlo en cuanto podáis, estamos seguros que no os vais a arrepentir y que la estancia se os hará corta y según regresais estareis pensando en volver una próxima vez.